"Consecuencia de la globalización y el neoliberalismo en los países sujetados".
Ideas de Jose Pablo Feinmann

Seleccionadas y presentadas por el Licenciado en Ciencias de la Comunicación José Luis Visconti

Advertencia al lector: no abandone aquí la lectura. No crea que todo se complica demasiado. Entréguese al espectáculo del pensamiento. No es un show ni un vértigo. Es el exquisito espacio en que la condición humana encuentra su más alto punto.

Acaso la música pueda ir más allá. Pero sólo ella.

Georg Steiner cuenta que Heidegger, apenas terminada la guerra, por su activa militancia en el nacional-socialismo huía de los aliados y encontró amparo en casa de unos amigos. Una mujer, para sosegarlo, interpretó una sonata póstuma de Schubert. Heidegger la escuchó en sacro silencio y luego dijo:
"Nunca podremos hacer esto con la filosofía".

GLOBALIZACIÓN

La pregunta inicial sería:¿qué implica la globalización?. Se habla de una globalización a partir del acceso a la información, al derribamiento de fronteras tecnológicas, al hecho conocido al instante.

"Hemos advertido que la ponderada globalización que impulsa el Norte implica, para nosotros, una globalización en exterioridad. Nos globalizamos, pero bajo la imagen, los valores, la ideología, la economía y la agobiante y omnipresente cultura del Otro. Los teóricos de la globalización proponían que no había Otro. Pero lo hay. Esta globalización (la globalización capitalista terciaria, informática y desterritorializada aunque territorializada en Wall Street y el Pentágono, no es cuestión de engañarnos) suponía que la globalización era la unidad final y armónica de los Otros, de todos los Otros que, armonizándose, finalizaban por constituir el sistema de lo Uno: el perfecto sistema de la globalización capitalista."

La idea de globalización, entonces, supondría que se tiene acceso a todo. Pero…

"No se globaliza el Todo. Se globaliza lo uno (un Uno muy concreto: el proyecto bélico-comunicacional norteamericano) que constituye a todos los demás en tanto partes de ese Uno. De este modo, caen los Estados Nacionales, las identidades nacionales, los aranceles proteccionistas y -con ellos- cualquier posibilidad de un desarrollo industrial autónomo, de una producción y un mercado de trabajo y consumo autónomos y desaparecen también (o, al menos, así debiera serlo) las banderas nacionales."

La globalización es, por tanto, unidireccional. Pero las implicancias enunciadas en el primer párrafo, se pueden ampliar definitivamente.

"Lo primero que surge de esto es un debilitamiento considerable en la soberanía de los Estados. Si el Estado nación venía agonizando por las embestidas de la globalización mercadista, el belicismo post 11 de setiembre le ha propinado su golpe de muerte. Ya no hay fronteras. El Imperio intervendrá militarmente donde sea necesario hacerlo, y para ello se basará en sus propios criterios, sin importarle el punto de vista de los Estados nacionales, quienes, si reclaman por la autonomía de su territorio, estarán poniéndose del lado del terrorismo al entorpecer las acciones de las fuerzas del "bien"."

Ahora bien, la globalización responde a ideas que van más allá de los caprichos.

"El imperio se globaliza porque necesita hacerse cargo directamente de su producción energética. La lucha contra el terrorismo es mundial porque el imperio requiere una explotación mundial de sus recursos primarios, no puede delegarlos."

Recursos, terrorismo, un imperio que se expande. Un cóctel que lleva a un camino sin retorno.

"Esta intervención directa determina la dramaticidad del cuadro, su tragedia. Estados Unidos no puede respetar la autonomía de esa región, pues ella, autónomamente, no está capacitada para extraer los recursos energéticos que el Imperio requiere. La consecuencia de esto es la guerra. Una guerra de conquista que instale a Estados Unidos en el Golfo Pérsico; a sus empresas y, detrás de ellas, custodiándolas, a sus tropas. De aquí la funcionalidad del terrorismo como justificación de la conquista. Los estados que se conquistan son estados terroristas, estados enemigos, el Mal o sus aliados. Hay que ocuparlos en guerras de prevención. ¿Cuál es la finalidad última de estas guerras de prevención? Imponer la presencia directa del imperio en el lugar de los hechos. Así las cosas, la estrategia militar, que busca fortalecer un orden de producción eficaz, deberá ser apta para establecerse donde haga falta (en el Golfo Pérsico o en Asia Central o en Colombia) y mantenerse ahí."

CAPITALISMO Y PERIFERIA

"En rigor, el capitalismo es un sistema globalizador. Pero, en este tercer milenio, la globalización está hegemonizada por la gran revolución capitalista que la dinamiza, que la encarna: la revolución comunicacional. Al constituir ésta una poderosa generadora de imágenes, conceptos, identidades y -de un modo aplastante- subjetividades, el resultado de esta globalización capitalista es el borramiento, el arrasamiento sin más de las identidades nacionales. Las que pasan a ser folclóricas, arqueológicas, restos del pasado, rescoldos de otra historia."

Ha llegado a tal extremo la globalización, que hasta la misma Europa pertenece a la periferia. Así lo ve Feinmann cuando se refiere a su diálogo con el ministro francés Villepin, en ocasión de su visita a Buenos Aires.

"América Latina y Francia comparten ahora una misma condición: somos territorios periféricos. Ustedes ya no son el centro de la cultura universal, los pintores de hoy y los artistas en general ya no hacen el obligado 'viaje a París', van a New York. Les han metido EuroDisney. Hollywood los sofoca con su cine idiota de explosiones y efectos especiales, que ustedes ven, como nosotros vemos, como ven todos. El francés ya no es el idioma de la diplomacia. Si usted no hablara el magnífico español que habla, yo le estaría hablando en inglés. Un inglés áspero que aprendí de chico con Gary Cooper y Humphrey Bogart, no con Olivier o Gielgud. En suma, Francia, hoy, pertenece al mundo de la periferia. Un mundo arrasado por la globalización del Imperio bélico comunicacional norteamericano. Francia, hoy, está más cerca de América latina que de Estados Unidos."

Ahora, cómo se ha articulado esa globalización con el conocimiento generado en cada país, se puede analizar observando la situación de la Universidad pública.

"Básicamente hubo una rendición no sólo incondicional sino gozosa ante las teorías de desagregación de saberes, teorías que reclamaban la insularidad del conocimiento, neokantismos como el giro lingüístico, olas "vanguardistas" que proclamaban el fin de los grandes relatos, de las ideologías (lo que implicaba, siempre, separar el conocimiento de su compromiso con la realidad social), de la historia (lo que le restaba materialidad al conocimiento) y, por fin, el ataque más torpe pero más brutal: la globalización que se presentaba para arrasar las identidades nacionales; de aquí que la Universidad haya perdido su condición de "Nacional", ya que -para estos protagonistas- lo nacional remite a la nación, la nación al Estado y el Estado a la totalidad y el totalitarismo."

El totalitarismo asociado al estado es una obsesión, tanto de los Estados Unidos como de los partidos de derecha autóctonos. En esa supuesta lucha contra el totalitarismo se apoya el concepto de globalización.

"El atentado a las Torres no fue un "choque civilizatorio". No hay tal "choque civilizatorio". Hay una civilización, la Occidental, que se globaliza nihilizando a las otras. Si -como todos sabemos- Osama bin Laden es una creación de Occidente es porque Oriente (este Oriente) también lo es. Sus armas son occidentales. Fueron parte de los esquemas estratégicos de la Guerra Fría. Por decirlo claro: así como el capitalismo apoyó y armó a Hitler para contener la "amenaza roja", Occidente armó a los talibanes y demás personajes de ese complejísimo mundo también para frenar al comunismo. Los crean, ellos se les vuelven en contra, tienen que destruirlos. Caída la bipolaridad cae la necesariedad de los "aliados islámicos", a quienes tantas armas "habíamos dado", caramba."

Feinmann introduce el concepto de retaliación, que implica la respuesta a un ataque previo.

"Observemos: si la respuesta al ataque a las Torres fue la "retaliación", su continuidad es la "guerra preventiva". La "retaliación" supone el Terror. Hay "retaliación" cuando ya hubo atentado terrorista. La guerra preventiva suprime la retaliación porque, al atacar primero, impide el atentado. Lo aniquila en cualquier lugar del mundo donde (según Bush y los suyos) pueda estar gestándose."

Semejante planteo recuerda a la anécdota central de la película "Minority report", de Steven Spielberg, en donde el estado, a través de la predicción, evitaba cualquier acto criminal antes de que se produciera. En versión mucho más paranoica, ese movimiento implica una modificación del espacio del enfrentamiento: lo que se construye es una globalización real del espacio

"En algún lugar del libro de Huntington sobre el choque de civilizaciones se afirma que, durante la Guerra Fría, las guerras entre las superpotencias se dirimían en otros territorios, en espacios ajenos a los verdaderos contendientes. Esos espacios fueron básicamente los del Tercer Mundo. El atentado a las Torres lleva la guerra al corazón del Imperio y -herido en su orgullo, en la centralidad de su poderío militar y económico- el Imperio lleva la guerra a todo el planeta, la universaliza. Desde el 11 de setiembre, todo el planeta es territorio de conflicto para los EE.UU."

El riesgo está, en todo caso, en quiénes llevan adelante semejante enfrentamiento.

"El mundo está en peligro. Un gnosticismo bélico, alimentado por el miedo y la ignorancia, por la voluntad de poder y el racismo cultural, por unos petroleros bravucones y un pueblo descerebrado, por una inmensa, interminable provincia que lo ignora (como impecable provincia que es) todo de los demás y, por consiguiente, no sabrá a quiénes se mata en su nombre, en el nombre de su seguridad, ha asumido un segundo mandato en la centralidad del mundo. Esa centralidad se propone expandirse indefinidamente. No hay lugar en el que su enemigo pueda no residir. Estará en todas partes. Estará, sobre todo, ahí donde el Imperio y sus intereses decidan que está. No hay espacios neutrales. Nadie está a salvo."

Es interesante la reflexión que sigue, alrededor de la dificultad de sostener el dominio, porque conduce a la irracionalidad en lo político y a la racionalidad de lo económico.

"Un Imperio debiera saber que todo proyecto de dominación mundial es insostenible. Napoleón y Hitler eran patéticos conquistando lo que jamás podrían sostener. Ese "plus" que los llevaba hacia lo desmedido era hondamente irracional. Era ese "halo nietzscheano de locura" que León Felipe descubría en Alemania. Bush lo tiene. (Detrás posiblemente no tenga a Nietzsche sino a William James y a John Wayne). Pero una guerra no se hace sin aliados. Ni aun la superpotencia que es hoy Estados Unidos podrá conquistar el mundo. Eso lo había logrado el capital financiero. Eso era más racional: un dominio del capital respaldado por una potencia que intervendría zonalmente en determinadas áreas de conflicto."

IMPERIO

"La caída del Muro de Berlín (en la que, lejanamente, se quiso ver una aurora de libertad para el mundo) se revela, durante estos tiempos, como la caída de un muro que contenía los desbordes de la historia. Dueño absoluto del terreno, el imperio norteamericano se ha desbocado y sus nuevos enemigos se ven tan imprevisibles como lo es él."

Y de allí, a la descripción de este nuevo imperio.

"Theodor Adorno, en Minima moralia, decía que la estupidez de Hitler era una astucia de la razón. Lo mismo vale para Bush: su bobería, su torpeza, su rusticidad rural son una astucia de la razón. La historia de este imperio necesita a este Calígula. Un imperio no es sutil. Es torpe y sanguinario. Es eso que es Bush: un gigantón texano que destila petróleo, ambición y sed de venganza. Es la exacta máscara que este imperio requiere."

Ese imperio se ha establecido, según Feinmann, sobre una serie de principios que enumera puntualmente:

"Esa política se basa en los siguientes elementos: 1) Desechamiento de los valores democráticos. Lo que pedía Borges: abandonar la "superstición" de la democracia. 2) Pasaje a segundo plano de la temática de los derechos humanos. 3) Armamentismo y militarización de la economía. 4) Asunción, por parte de "América", de su rol de imperio. Lo que implica el relegamiento de Europa a un segundo o tercer plano. 5) Reorganización del mundo en base a los objetivos estratégico militares y culturales de "América". 6) Señalización de un nuevo enemigo "irrecuperable" (el "mal", según Bush y los suyos): el terrorismo y los países que lo amparan. 7) Transformación del planeta en posible zona de conflicto: el "terrorismo" puede estar en cualquier parte y "América" decidirá cuál es ese lugar. O más claramente: qué es "terrorismo" y qué no lo es. El concepto de "terrorismo" encarna la indeterminación mortífera que el concepto de "subversión" tuvo en manos de los militares argentinos. 8) Al ser el "terrorista" el "mal" no pertenece a la condición humana: no será tratado como tal. Esto abre paso a las matanzas que ya largamente se vienen realizando en Afganistán. (Los datos, los films provisorios, las versiones, todo lo que ya se sabe es escalofriante. Los oficiales "americanos" respaldan a la Alianza del Norte en las más horrendas matanzas de prisioneros y los nazis serán superados en crueldad, o sus crueldades serán rigurosamente actualizadas entregándonos a una visión desesperanzada de la historia humana como repetitividad de la masacre.) 9) Respaldo irrestricto al Estado de Israel en manos de la administración Sharon, es decir, del fascismo."

La guerra, como otro elemento de esa idea imperial, adquiere ahora características diferentes.

"Seguramente George Bush lo ignora, pero las guerras de conquista implican un retroceso histórico, un regreso al viejo colonialismo del siglo XIX, como si el capital financiero no hubiera aparecido o como si ya no alcanzara para establecer una dominación eficaz. Esta última hipótesis es altamente revulsiva y significa una alteración en los esquemas de dominio de las potencias imperiales. Todo parece indicar que -hoy, a comienzos del siglo XXI- los guerreros no conquistan los mercados para luego retirarse y mantenerlos sometidos por medio del comercio y las finanzas, sino que necesitan permanecer en ellos. O sea, la guerra es guerra de conquista, y toda guerra de conquista reclama el dominio permanente de los guerreros, la no finalización de la guerra, ya que una guerra finaliza cuando los ejércitos, aun los triunfadores o, sobre todo, ellos, se retiran. En la hipótesis de guerra de Bush los ejércitos no podrán retirarse, porque Bush ha retornado a las guerras de conquista, quiere establecer un imperio, no ya por el comercio o las finanzas, sino por la dominación directa del poderío bélico."

IMPERIO E IMPERIALISMO

"El Imperio no es el imperialismo. El Imperio es el viejo colonialismo redivivo y posibilitado por la más poderosa maquinaria de guerra de la Historia. El imperialismo era la centralización del poder en un país hegemónico y la dominación de los otros por el capital financiero. Eso que explicaron Lenin y Rudolf Hilferding. El Imperio es la organización total y totalitaria del mundo según sus intereses y la ocupación militar de los territorios indóciles."

Feinmann parte, para el análisis del imperio, de las teorías de Hard y Negri en el libro homónimo. Las refuta, comenzando por la idea de imperio descentralizado.

"El Imperio Global, según yo lo veo, está "centralizado". Está en Estados Unidos. Sobre todo porque ahí está el poder bélico más poderoso de la historia humana. Y que alguien diga si esto no es una "centralización" del poder. Negri-Hardt proponen un Imperio diseminado. Un Imperio que no tiene un "centro"."

"Así ven Hardt y Negri al Imperio: se extiende, lo abarca todo y su centro está en todas partes. No es cierto. Es una construcción para aggiornar la vieja teoría leninista del imperialismo con los oropeles posestructuralistas sin los cuales nadie toma a nadie en serio en el mundo académico, ese lugar en que el marxismo ha muerto para siempre y con él, claro, la dialéctica. Así, Hardt y Negri se presentan con el toque diseminador o deconstructivo que alienta en todos los pensadores franceses desde hace cuarenta años. Y que fructificó (con alguna torpeza, pero con la fuerza de la "moda") en el posmodernismo. Bien, no. El Imperio Global no está diseminado. Tiene raíz, no es rizomático. Y su raíz es su centro. Y su centro es el poderío bélico norteamericano."

Ahora bien, la contundencia del razonamiento de Feinmann aparece al referirse a Irak como ejemplo cabal del funcionamiento del imperio.

"La Guerra de Irak aniquila las tesis de "Imperio". El "Imperio" no es uno, no está desterritorializado. El Imperio es Estados Unidos, su maquinaria bélica, económica e informática. No se disemina, se concentra. Negri declaró en estos días que "Estados Unidos dio un golpe de Estado contra el Imperio". No, lo dio contra el libro que él y Hardt escribieron. El Imperio está groseramente "territorializado" y su "sujeto en conflicto", lejos de ser la rizomática "multitud" spinociana, se encarna en unos fanáticos tanáticos, en una vanguardia soberbia, asesina y no política."

La relación directa entre el imperio, el poder y la expansión, aparece explicitada en el siguiente texto.

"El tamaño del corazón del Imperio no es grande por su bondad o por su tolerancia o su magnanimidad sino por su poder. El tamaño del Imperio es el de su poder. Un poder que se quiere a sí mismo, que se alimenta del "odio a" sus enemigos, y del "odio de" sus enemigos y que, como la voluntad nietzscheana, sabe que para conservarse tiene que crecer constantemente. No crecer no es mantenerse. No crecer es retroceder, ir hacia atrás, perder espacios vitales. "El poder sólo es tal mientras siga siendo aumento de poder (...) Un simple detenerse en el aumento de poder, el mero hecho de quedarse parado en un grado determinadode poder es ya el comienzo de la disminución y decadencia del poder. La superación de sí mismo en el poder forma parte de la esencia del poder" (Heidegger, "La frase de Nietzsche 'Dios ha muerto'")."

IMPERIO Y GUERRA

"El Imperio Global sabe que para conservarse tiene que crecer. De aquí el vértigo armamentista: cuando un Imperio no puede detenerse se entrega, compulsivamente, a fabricar las armas que le permitirán expandirse. Ellos son los Amos y deciden a partir de sí. Al diablo con las Naciones Unidas. Ya lo acaba de decir Jean Kirkpatrick, notable nietzscheana, "No vamos a esperar que Francia o Rusia nos lo autoricen para defendernos"."

La guerra ya no se liga a la política, sino a la esencia del imperio.

"Hoy, para el imperio, la guerra no es la continuación de la política por otros medios, sino que es, sin más, la política, la única política. La política es el arte del diálogo, que instrumenta siempre el lenguaje, creación suprema de los hombres para comunicarse y comprenderse. Un imperio no quiere dialogar, quiere someter. No quiere comunicarse, quiere ser obedecido. No quiere que lo comprendan, quiere que le tengan miedo."

De allí, Bush, sus actos, la guerra otra vez como esencia…

"Bush no intenta destruir la Historia. No, al menos, de la misma manera. No busca destruirla pero busca apropiársela, que es otro modo de congelarla. Para eso se desboca en la guerra. Y todos sabemos qué es la guerra. Es risible y es siniestra la consigna de hacerle la guerra a Irak para liberarlo. Una guerra se hace para dominar, para esclavizar. Una guerra es la apoteosis de la crueldad. Maquiavelo -a la crueldad- se la recomendaba al príncipe para ganar respeto entre los suyos. Clausewitz aconsejaba reprimir toda consideración "de humanidad"."

Así es que, finalmente, por ser esencial al imperio, la guerra no tiene fin, es un círculo interminable.

"Una posguerra -una verdadera posguerra- significó siempre el retorno de la política. Se establecen límites. Se firman tratados. Cesan las hostilidades. La guerra de Irak no es la guerra de Irak. Hoy es en Irak y mañana será en Corea del Norte o en Venezuela o donde haga falta. La guerra de Irak es una declaración de guerra que el imperio le ha hecho al mundo. Su guerra preventiva es permanente. Van a vivir para la guerra. La industria de armamentos será prioritaria y todos los dólares irán a ella, ninguno a saciar el hambre y las injusticias."


"Seamos claros: aquí hay un Imperio Global, un Imperio de Amos, de creadores de valores, una sociedad de señores que destruirán todo cuanto, decidan, los perjudique. Una sociedad cuya brillante cinematografía no en vano creó héroes como Harry el sucio, como "el vengador anónimo" o como el Mike Hammer que, nietzscheanamente, decía: "Yo, el jurado". Héroes, también, sombríos, pero sedientos de limpieza, amos de la verdad y del castigo. Superhombres llenos de odio que bien podrían decir: "¡Que los débiles y los fracasados perezcan! He aquí el primer principio de nuestro amor a los hombres. Y que se les ayude a morir" (El Anticristo, parágrafo II). Héroes como Travis Bickle, el justiciero de Taxi Driver, esa película de Martin Scorsese, rigurosamente nietzscheana."

Lo que queda es, por tanto, la desmitificación de los recuerdos, la pérdida de cualquier atisbo de inocencia ante aquello que nos mostraron por años.

"Si en nuestra infancia (por la magia irresistible de Hollywood) nos habituamos a ver los "americanos" como los salvadores del mundo, si los vimos en Iwo Jima, en Guadalcanal, si vimos a Audie Murphy (el soldado más condecorado de ese ejército de la libertad y la democracia) despacharse diez o veinte nazis en un ataque de furia por la muerte de un querido compañero cuya desdicha, en el cine de barrio, también nosotros habíamos padecido, si habíamos creído en todo eso, en el valor de los marines, en que eran "buenos chicos", que mascaban chicle, que hacían bromas, se enamoraban y luchaban por la democracia y, además, siempre vencían, ahora les teníamos un miedo inexpresable. Se habían transformado en torturadores, entregaban la sabiduría del horror y la infinita vejación a soldados de Latinoamérica que codiciaban ese saber y se desvivían por aplicarlo en la modalidad del odio y la crueldad extremas. En suma, aprendimos a tenerles miedo. Cuando uno le tiene miedo a algo que antes (allá lejos, en la lejana infancia) lo había cobijado, pierde demasiadas cosas. Entre otras, la niñez."

El imperio, en fin, no es más que el Todo.

"Para el Imperio el espíritu humano se mide, absolutamente, por el tamaño del acto. Un Imperio, ante todo, se relaciona con el tamaño; el tamaño del Imperio es la totalidad. Un Imperio es siempre total y lo total nunca es pequeño. El "espíritu humano" que el Imperio encarna y expresa es inalienablemente grande. Tanto, que lo abarca todo. Tanto, que es, sin más, el Todo."

AMÉRICA LATINA Y PERIFERIA

Feinmann reflexiona sobre la globalización estableciendo que la culpa no reside solo en el imperialista invasor, sino que allí hay intervención de esa misma periferia que lo permite todo.

"Ni la "nación" era el Bien ni el imperialismo era el "Mal". Quienes pensaron las cosas de este modo, quienes las pensaron con inteligencia, siempre dijeron que el imperialismo se apoderaba de las naciones por medio de la complicidad de sus élites internas. Había una profunda interrelación entre el "monstruo de afuera" y el "monstruo de adentro", no podían existir uno sin el otro. También ahora."

De la misma manera actuaban las potencias coloniales europeas con sus colonias americanas.

"Esta Europa advierte que para seguir explotando el continente tiene que debilitarlo. Para debilitarlo, impedir su unidad. Para impedir su unidad, incorporar al proyecto neocolonial a las "burguesías" y oligarquías coloniales. Son éstas, en fin, las que proceden al desmembramiento, a la balcanización-fragmentación (posmodernización temprana y pro colonialista) de América latina."

En dónde comienza la intervención de lo interior, en dónde América se convierte definitivamente en periferia, en dominada.

"Ayacucho es el fin de la totalización (colonización) española y debió ser el inicio de la totalización americana. Pero la violencia (el asesinato político) hace "parir" otra historia que se edifica sobre los cadáveres de Sucre y Bolívar: la historia de la des-unión latinoamericana. La protagonizan sus "burguesías" locales asociadas al Imperio, que es quien verdaderamente "totaliza". Así, América latina se une por medio de la dominación, en exterioridad, como Parte sometida del Todo colonialista. Se fragmenta, se multiplica, se disemina, se -por qué no- "deconstruye" en beneficio del proyecto imperial, que la totaliza. Que la globaliza. Si alguien alguna vez pensó que la globalización imperial o colonial del capitalismo era un fructífero juego relacional entre el todo y las partes, se equivocó o mentía interesadamente. La globalización, siempre, implicó el arrasamiento, el borramiento de las particularidades nacionales. Desde los incas y los aztecas hasta hoy."
Feinmann vuelve sobre Estados Unidos, para demostrar que allí también las cosas han cambiado.

""América" abomina de su tradición democrática, o, si se quiere, abomina del mito de la democracia, que le fue fundante, constitutivo. Ese país se forjó en una lucha anticolonial, se forjó en lucha contra un imperio. Luego asumió las tesis de Tocqueville y se presentó ante el mundo como el defensor de los baluartes de la libertad, de la democracia. Con Theodore Roosevelt se quita esa máscara y encarna su nueva beligerancia histórica: "Somos una potencia y una potencia debe ser un imperio". Se es un imperio por medio de la utilización de la fuerza, de la glorificación de la guerra, de la guerra permanente, ya que un imperio no sólo lo es por lo que conquista sino por la capacidad de retener lo que conquista; para hacerlo, su espíritu bélico no debe decaer nunca: sólo por la organización permanente de la violencia el imperio no pierde sus conquistas."

La globalización ha logrado esto: la disolución de la bipolaridad política y su reemplazo por la bipolaridad guerrera.

"Cuba ya no ocupa uno de los polos o, sin duda, no lo ocupa en soledad sino desbordantemente acompañada. Un polo es Estados Unidos, un Imperio paranoico que se dice amenazado por el terrorismo internacional; el otro polo es el resto del mundo, amplio lugar en el que el terrorismo se ha desplegado, con el apoyo o la tolerancia o la indiferencia o la ineficacia de todas las naciones."

Pero, ciertamente, dentro de ello, las diferencias que establecen posibles multipolaridades complican el desarrollo del imperio.

"Rusia es un polo. Oriente medio es un polo, y qué polo. Europa es un polo. América latina otro. A la célebre frase con que Hardt y Negri comienzan su libro Imperio ("El imperio se está materializando ante nuestros propios ojos") le opondremos otra: "El Imperio se está desmaterializando ante nuestros propios ojos". La globalización no globaliza. La totalidad-totalitaria del Imperio nocierra. Estados Unidos está empantanado en Oriente medio. Y los únicos que encarnan la condición prepotente del Imperio son los banqueros y sus organismos de acción. Ese capital terciario, desterritorializado, informático que vive exigiendo a los países periféricos el pago de una deuda que los señala a ellos como cómplices de los delincuentes que la contrajeron."

ECONOMÍA Y CAPITALISMO

"Lejos, así, de haber vivido alejados de la economía hemos vivido pendientes de ella. Era lo "concreto". La economía (y sus irrefutables estadísticas: la estadística es el arma autoritaria de la economía, su cierre de diálogo, el punto exquisito en que un porcentaje explica todo) condena todo discurso con una flecha para arriba o una para abajo. O una cifra. Un número. Y así interminablemente. Los números, las estadísticas nos aplastan."
La economía es, así, la fuente de las mayores desigualdades.

"He aquí, señores, la cruel verdad: porque si la economía incluye a todos sus números nunca cierran. Porque la economía es la ciencia de la desigualdad, de los ricos, del Poder. Porque la economía ha terminado por ser la macroeconomía. La economía de los países y no de los pueblos. El equilibrio fiscal antes que el hambre. El crecimiento antes que la distribución. El pago de las deudas antes que la creación de fuentes de trabajo. Y por fin el descalabro: el mercado librado a su dinámica perversa y oligopolizadora. La especulación del capital desterritorializado. Lo que todos sabemos."

De allí que los economistas se diferencien de los políticos.

"Los economistas están presos entre sus cárceles opulentas e intransferibles, que les permiten muchas cosas: la pedantería, el dato certero y final, la posesión de la ciencia que decide "en última instancia". Pero les impide la imaginación, el vuelo político, la sensibilidad social, lo imprevisto, la incertidumbre."

Feinmann retoma a Adam Smith para establecer la relación entre capitalismo, crueldad y descubrimiento de América.

"Y Adam se larga con todo: "El descubrimiento de América y del paso a las Indias Orientales por el Cabo de Buena Esperanza son los sucesos más grandes e importantes que registran la historia de la humanidad" (Smith, p. 556). Y aparecen la vejación, la masacre, la tortura de los exquisitos europeos. Cuando la civilización mata, lo hace con más crueldad que nadie. Porque le añade a la crueldad la técnica de la crueldad. O pone la técnica al servicio de la crueldad. "En la época del descubrimiento era tan superior la fuerza de los europeos que, prevalidos de la inmunidad que ésta les confería, cometieron toda clase de injusticias en aquellos remotos países" (p. 556)."

Sin embargo, las diferencias entre las dos potencias colonislistas son notables.

"España no tiene espíritu capitalista. Roba de América y roba para el lujo de las cortes. Es el amo hegeliano confinado a la esfera del goce. Inglaterra encarna el espíritu de la laboriosidad. Sobre todo, con los piratas. Los galeones españoles se llevaban el oro de nuestra América y Drake y Morgan y Errol Flynn se lo robaban para la corona británica. Cuando Morgan se instala como gobernador de Jamaica... ¡John Locke le escribe su programa de gobierno! "Los piratas, los filibusteros, los corsarios y los bucaneros fueron los constructores de las instituciones del capitalismo que conocemos en la actualidad" (cita que tomo del gran Enrique Silberstein)."

De allí que, como no puede ser de otra manera, el sistema surja a partir de esos hombres y de esas acciones.

"El capitalismo moldea un mundo, este mundo, "a su imagen y semejanza". Este mundo es el mundo del Capital. Esto hace con el mundo, con los hombres, con la condición humana, el capitalismo cuando nada se le resiste, cuando lo moldea a su arbitrio, cuando explicita sin miramientos ni contenciones su ambición ilimitada, su pragmatismo, su moral basada en el egoísmo del sujeto económico individual, su concepción de la sociedad como un campo de enfrentamientos al que llama "libre competencia". Capitalistas del mundo, este planeta arrasado por el hambre, la desigualdad, la violencia, la inexistente distribución de la riqueza (hoy ya casi es absurdo hablar de la distribución de la riqueza, dado que lo único que existe es su concentración), la mortalidad infantil, el destrozamiento de la naturaleza sometida a la más exasperada instrumentalidad técnica, a la más avariciosa concepción de la conquista de lo natural en servicio de la riqueza de las empresas industriales, este mundo es el de ustedes, el que hacen ustedes cuando nada se les opone, cuando lo hacen "sin miramientos", a imagen y semejanza de ustedes mismos."

La base del sistema es la propiedad privada. Partiendo de los sucesos argentinos del año 2001 -corralito, corralón, devaluación- Feinmann establece las características del sistema.

"Eso, sin más, es el capitalismo: un sistema de poseedores y no poseedores cuya juridicidad está al servicio del derecho de los poseedores a poseer lo que poseen, o sea, precisamente a ser lo que son: poseedores. Lo que el poseedor posee es su propiedad, su propiedad privada, y un sistema que se funda en la legitimidad de esa apropiación debe declarar a esa propiedad inviolable. Así, el concepto de "inviolabilidad de la propiedad privada" es el concepto central de la juridicidad capitalista."

De esos elementos surge el lugar que ocupan las instituciones bancarias dentro de ese sistema.

"Un banco es el lugar donde el homo capitalista deposita su dinero, que es la expresión monetaria de la propiedad privada. Lo que el homo capitalista deposita en el banco es, sin más, su propiedad privada, que es inviolable. Ergo, si el banco es el lugar en que la inviolable propiedad privada se deposita, el banco se convierte en custodio de lo inviolable. Nada, entonces, puede haber más seguro que un banco. Sin bancos seguros, no hay capitalismo."

ECONOMÍA Y POLÍTICA

"La "verdad" del capitalismo reposa en su teoría del "mercado libre". No han salido (en lo esencial) de aquí. Que el mercado sea "libre" responde a que se rige por las leyes de la economía y no de la política, a la que desdeña y de la que desea, siempre, verse "libre". Una de las primeras acepciones de la palabra "libre" adosada a "mercado" es que éste debe verse "libre" de la política. Ser "libre" de la política es ser libre del Estado. Desde el alma misma de "La riqueza de las naciones" se escuchará siempre la plegaria industrial burguesa de Adam Smith: el capitalismo es el sistema de la "libertad perfecta" (frase dilecta de Richard Cobden), esa libertad se realiza en el mercado, el mercado se autorregula, se da su propia ley y (agreguemos) su propia "justicia", el mercado es justo porque es libre, porque todos, en él, son iguales, son competidores y sólo hay que dejarlo vivir y respirar (desarrollarse) en libertad para que satisfaga las necesidades de todos. De esto (de este dogma vertical y, como todo dogma, no cuestionable) el capitalismo (en todas sus formas: fordista o posfordista o toyotista) no ha retrocedido."

Y aún más:

"El concepto que más odia es el de "regulación". ¿Cómo va a aceptarlo si el mercado sólo funciona bien cuando es libre? "Regulación" se identificó con "Estado", "Estado" con "intervencionismo", "intervencionismo" con "nacionalismo", "nacionalismo" con "totalitarismo", "totalitarismo" con comunismo y nacionalsocialismo, esas "realizaciones" del Estado-nación en el criminal, genocida siglo XX. Con la caída del Muro los teóricos del (libre)mercado (al que identifican, por ser "libre" y "múltiple", con la democracia) instauran una "historia oficial" del siglo XX que puede leerse así: Hitler (Estado totalitario nacionalsocialista) y Stalin (Estado totalitario comunista) han sido derrotados por la causa de la libertad."

Sin embargo, allí está lo que el sistema no resuelve.

"A esta altura de los tiempos el "relato" (neo)liberal (sobre todo entre nosotros, aquí, en América latina) hace agua por demasiadas partes. Los (libre)mercadistas no atinan a explicar cómo ha sido posible que el "mercado libre", no regulado por el Estado "intervencionista", "ineficiente", "totalitario", etc., constituya sociedades con una desigualdad creciente, una pobreza extrema, una polarización alarmante que reclama -con trágica coherencia- otra vez al Estado, pero como "gendarme", como "elemento de orden", como garante (por medio de la violencia represiva) de un orden social que la dinámica propia del mercado no garantizó."

Justamente, volviendo sobre las desigualdades, la explicación se encuentra en la disyuntiva entre concentración y distribución.

"El capitalismo distribucionista siempre tuvo corta vida, dado que el capitalismo no es un sistema de distribución sino de concentración. Adam Smith no lo quería así, detestaba a los monopolios, pero el centro ético sobre el que edificó la teoría del capital (el egoísmo) llevó, inexorablemente, a hacer del capitalismo lo que fue siendo y lo que hoy, más que nunca, es: un sistema de concentración de riquezas en manos del capital financiero."

De allí que la falsa libertad de mercado pueda observarse no solamente en lo macroeconómico.

"Si alguien tiene aún la rigidez facial (es un modo de decir: caradura) de vendernos la habladuría del (libre)mercado que agarre, ya, la página de espectáculos de los diarios de esta ciudad, Buenos Aires. El mercado no es libre. Nunca fue libre y cada vez lo es menos. El mercado tiende a la concentración oligopólica y, por medio de ella, los tiburones se devoran a los pequeños peces."

Y de esa manera, se arriba a la idea de la predominancia del mercado sobre los hombres.

"El "gran relato" (utilizo deliberadamente este concepto que el francés Lyotard, en los '80, armó para liquidar el marxismo "profético" y que el posmodernismo abrazó con pasión) del capitalismo es el "gran relato" de la autonomía del "sujeto económico". El "sujeto" es el mercado: él es el que está vivo, el que crece, el que otorga un significado a las cosas y a los hombres."

Más aún, los hombres terminan, por acción del mercado, quedando reducidos a cosas.

"Vivimos, así, en un mundo de cosas destinadas a cosificar las conciencias, a proponerles, como único horizonte, el horizonte de las cosas. El capitalismo es un universo de cosas. Un universo de mercancías. No nos gusta el mundo que ha realizado y menos el que proyecta desde este presente -por decirlo a lo Benjamin- "catastrófico". Eso no significa que seamos "marxistas". Hoy nadie puede ser "sólo" marxista. Este mundo no se puede pensar sin Nietzsche, sin Freud y aun sin Heidegger. Ni sin Foucault, Lacan y hasta Derrida. Pero Marx no cesa de alimentarnos. Hacer cosas de los hombres es la consigna de una herramienta central, poderosa del capitalismo: la publicidad. El capitalismo es un sistema que produce mercancías y publicita mercancías en el modo del apresamiento de las conciencias, de su seducción, de su manipulación."

Las perspectivas que abre ese sistema no pueden ser menos alentadoras.

"Todo" hoy es capitalismo. No hay Afuera. De aquí que la catástrofe esté más que nunca a nuestras puertas. De aquí (acaso) que la feroz elite bélico-financiera que gobierna Estados Unidos esté planeando irse. La administración Bush (empeñada en seguir agostando este planeta, consumiéndolo, aniquilándolo por medio de una tecno-ciencia al servicio del lucro y la dominación) acaba de urdir una utopía: es Marte, el planeta rojo. Hay dos posibilidades. O una emigración masiva de "ciudadanos de primera". O la instalación de un "centro" de operaciones bélico-galácticas que les permita controlar "en exterioridad" el deteriorado planeta Tierra."

MODELO Y SISTEMA

"Se lo diga o no, todos acuerdan en que el modelo es el "modelo neoliberal". Así las cosas, se dibuja la imagen de un sistema capitalista capaz de ofrecer varios rostros, estos rostros variados son los posibles "modelos", de los cuales el "modelo neoliberal" sería uno de ellos. Falso. El "modelo neoliberal" no es uno de los modelos "posibles" del sistema capitalista, es el capitalismo. El capitalismo tal como ha llegado a ser, tal como es hoy, y tal como no puede dejar de ser salvo al costo de no ser más el capitalismo."
El modelo aparece, entonces, como una falsa esperanza.

"Pero la falacia del "modelo" es tranquilizadora. Permite creer (o hacer creer) que el capitalismo puede cambiar "este" modelo de concentración de riquezas y generación de pobreza extrema por "otro" que contemple más piadosamente las necesidades de los sumergidos. O sea, lo malo no es el capitalismo sino "este" rostro que ahora presenta, este rostro que es transformable, atemperable, que puede ser modelado -en manos más piadosas- hacia un rostro más amable, generoso, que nos acerque hacia "otro" modelo. O, si preferimos ser gradualistas, hacia una humanización del modelo. Los países pobres viven de la quimera de pedir esta humanización, esta piedad."

El modelo representa, por un lado, la esperanza, pero por el otro, la verdadera catástrofe.

"El neoliberalismo triunfante en 1989, el que identificó la caída del Muro con la Toma de la Bastilla, el que iba a instaurar el mercado y la globalización para todos, mata 11 millones de niños por año. No por eso considera que ha "fracasado". La Historia -decía Hegel, hondamente- avanza por su "lado malo". En un texto juvenil (La positividad de la religión cristiana, escrito en 1800), dice: "Al mirar la historia como esa mesa de matadero sobre la que se ha sacrificado la dicha de los pueblos (...) viene necesariamente al pensamiento la pregunta de para quién, para qué fin último se han llevado a cabo estos inauditos sacrificios"."

RELACIÓN NORTE / SUR

"América" ha pasado a ser América del Norte. Y América del Sur es "América del Sur" o "Latinoamérica". Esta apropiación semántica indica que la guerra pronosticada por Hegel ya se libró y que de esa guerra surgieron un ganador y un perdedor. El ganador se quedó con el nombre. El perdedor tiene que añadirle al nombre sus propias características raciales para pertenecer a él."

No solo eso: América Latina aparece como la llave de desarrollo del capitalismo.

"Nada menos que esto: sin despojo de América latina no habría capitalismo occidental. Somos el origen. La condición de posibilidad. El punto de partida. También lo es la praxis conquistadora europea y el espíritu fiero, rapaz y obstinadamente histórico del capitalismo. Pero el capitalismo se hizo por medio del saqueo. Y la víctima más fructífera de ese saqueo fue el Sur. La Periferia. Nosotros. No estamos volviendo a la Teoría de la Dependencia. Subyacía en ella una filosofía de la historia que no nos sirve hoy."


"América latina habla el español porque los españoles la conquistaron para el capitalismo. La "descubrieron" para el capitalismo. (Unico sentido en que ese concepto puede ser adecuadamente utilizado.) Este "descubrimiento" incorpora el continente a una totalidad que lo somete: la totalidad capitalista, que existió siempre, ya que el capitalismo es un sistema esencialmente totalizador, globalizado. Ese capitalismo español es desplazado por las potencias de la modernidad. España se llevaba el oro de América para el esplendor de las Cortes. Inglaterra -con sus piratas- saqueaba los galeones y ponía el oro al servicio de la burguesía, del capital comercial primero, del capital industrial después."

Pero ese elemento unificador que venía de la lengua, chocó con otros elementos.


"Trágica paradoja de América latina: su consolidación poscolonial fue posmoderna antes de ser moderna; y hasta la "modernidad" a la que consiguió acceder estuvo condicionada (debilitándola) por ese origen posmoderno, fragmentado, particularizado, multinarrativo, en suma: balcanizado. Este concepto geopolítico (balcanización) explicita la debilidad de un continente que tenía un poderoso elemento para consolidarse en el modo de la modernidad, en el modo de la totalidad. El lenguaje, nada menos."

Volvamos a la relación entre norte y sur, ahora visto desde la perspectiva de la deuda.

"La relación Norte-Acreedor/Sur-Deudor ha eternizado un proceso histórico, cristalizándolo. Esa relación no es histórica porque no transcurre, evita el transcurrir; porque no deviene, evita el devenir. Esa relación es un resultado, pero, a la vez, reproduce constantemente ese resultado, congelándolo. En suma, el ser de la deuda es sostener la deuda. El ser de la deuda es inmovilizar un momento de la historia absolutizándolo. Nosotros debemos, ellos exigen. Una relación Amo-Esclavo sostenida por un mecanismo cuantificable llamado Deuda. Una relación que sólo puede quebrarse, historizarse, des-eternizarse, eludiendo el mecanismo que la eterniza, la Deuda."

Esa relación aparece como un espejo a escala mundial, de lo que ocurrió en los Estados Unidos antes de la Guerra Civil.

"El objetivo es el siguiente: una economía que se condena al monocultivo, pierde. Pierde como perdió el Sur contra el Norte industrialista en Estados Unidos. El destino que las oligarquías criollas le impusieron a la América del Sur fue el que el Sur quería imponerle a la América del Norte: el goce de la abundancia fácil, el monocultivo y el latifundio."

"¿Por qué el Sur quiere separarse de la Unión y desata esa guerra sanguinaria entre 1860-1865? Porque los aristócratas sureños son exportadores de materias primas. Producen, pero no para el mercado interno sino para el externo. No necesitan "un país". Necesitan sus campos, sus esclavos y compradores externos. El resto, todo lo elaborado, todo lo producido por la industriahabrán de importarlo. Viven, así, de la naturaleza. No trabajan, trabajan sus esclavos. No producen, produce el suelo. Viven de "la abundancia fácil". El Norte es industrialista. Produce manufacturas, ergo: necesita un mercado interno. Tiene que crearlo. Para crearlo tiene que colonizar su propio territorio. Tenemos, aquí, la Conquista del Oeste. Las carretas de los colonos. Los ferrocarriles. Todo se orienta hacia "adentro"."

Ahora,¿cómo se entiende el desarrollo de un proceso que lleva a la desigualdad?

"Tomemos el concepto de "combinación". Marx lo utiliza para definir el tipo especial de desarrollo que tiene el capitalismo: "desigual y combinado". Pongámonos cautelosamente creativos: ¿cómo se expresó en América latina la dialéctica entre "desigualdad" y "combinación"? La "combinación" que nuestro continente establece con el Imperio instaura la "desigualdad". Porque el "pacto neocolonial" (una expresión que Halperín Donghi utiliza con justeza en su Historia contemporánea de América Latina) es, por definición, desigual. Al expresar el Imperio "las leyes generales del espíritu humano" (es decir, la centralidad) y nosotros, "nuestra condición nacional", las "leyes individuales", la dialéctica que se establece entre lo general y lo individual, entre la centralidad y la periferia o entre la totalidad y la particularidad se resuelve en beneficio de la totalidad, que "totaliza" a lo particular, lo sofoca, lo uniformiza y, desde luego, lo domina. América latina (y éste fue el error de Alberdi) no puede pensarse como "momento" particular de la totalización imperial. Tiene que crear su propia totalización. De este modo (y éste es un tema que estamos trabajando y, claro, no sólo nosotros), América latina debe construir una ontología de la periferia, cuya constitución, no bien se logra, elimina a la periferia como periferia y establece un centro autónomo, una totalización continental autónoma desde la cual entrará en relación con la totalidad imperial y con cualquiera que sea, pero sin sometérsele."

La unión continental, entonces, ha dejado de pasar por el lenguaje común y se establece a partir de la base del mecanismo de la deuda externa.

"Hoy, América latina tiene una totalización negativa que puede generar un proyecto político positivo. Nuestro continente está "unido" por la "deuda". Estamos unidos en tanto deudores del Imperio acreedor. Esa "unidad negativa" se transforma en positiva cuando América latina decide rechazar la "unidad deudora" que le otorga el Imperio e instaurar una unidad política, económica y cultural. Que todos negociemos de "uno en uno" frente al Todo es la derrota. El Todo siempre vence a las partes. La fuerza negociadora de América latina está en su unidad, nunca en su fragmentación."

Feinmann plantea desde un 2004 en el que los gobernantes parecen cambiar la perspectiva, cuáles son las posibilidades continentales.

"Porque ésta es la hora de América latina. No quiero ponerme a decir el transitado "ahora o nunca". Digamos algo más preciso, más triste: "Ahora o si no, dentro de mucho tiempo, vaya a saber cuándo, acaso alguna vez, pero lejos". Cuando una gran oportunidad se pierde (por cobardía histórica, posibilismo, excesiva "racionalidad" medrosa), la próxima se retacea, se esconde, y su dilación nos humilla y esa humillación nos hace pequeños y de la pequeñez nada sale, nadie salta. Veamos: la caída de la bipolaridad ya no fortalece al Imperio. Las filosofías post agonizan. El triunfo de las democracias liberales se hunde en la ineficacia, la miseria planetaria, las guerras "preventivas", la colonización-imperial empantanada."

ÉXITO Y FRACASO DEL CAPITALISMO:JAPON Y ARGENTINA

"Toda grandeza expresa el éxito de un proyecto. Japón, así, sería un país exitoso. La Argentina, un país fracasado. Lo que mide el éxito es el desarrollo económico. La incorporación inapelable, poderosa de la técnica, de la ciencia y de la voluntad capitalista de dominar, someter la naturaleza en beneficio del incesante crecimiento de la rentabilidad de ese sistema. No hay duda: si el éxito es eso, Japón lo ha hecho. Vayamos al centro de la cuestión: Tokio. Es el espacio del vértigo alucinatorio de la mercancía. El LSD del capitalismo terciario. Nueva York con mescalina. La existencia en el modo de la sobredosis."

"Esto es, para muchos, el éxito de Japón. Acaso lo sea. Dentro de la modalidad tecnocapitalista de rapidez, inmediatismo, vértigo de la mercancía, remisión de todos los valores de la existencia a un único valor: el dinero, eliminación del tiempo, consagración de la fulminante hipervelocidad, salto incesante de una cosa a la otra, desarraigo absoluto, incomunicación, cosificación de la relaciones humanas y control técnico-informático sobre los destinos de todos los sujetos-objeto que se descontrolan en el, sin embargo, implacable control de la ciudad-sistema, Tokio es la bandera del éxito, la avanzada de la civilización occidental. Ha llegado más lejos que Nueva York en la occidentoxicación de la vida."
Qué es, entonces, lo que pasó en Japón.

"Algo cambió desmedidamente en ese país para que se haya transitado ese camino. Japón pasó del "estar en la naturaleza" a la "voluntad de dominio". Del zen a la instrumentalidad capitalista. Del "estar" al no estar en ninguna parte: como el dinero, lo virtual, lo desterritorializado. Ese cambio civilizatorio posibilitó su triunfo."

Feinmann cita a Koichi Tsujimura, filósofo japonés, para explicar los cambios sufridos por Japón.

"Voy a citar a este zen entristecido y nostálgico con la extensión que merecen sus palabras reveladoras: "Nosotros los japoneses, desde la antigüedad, somos, en cierto sentido, hombres naturales. Es decir, en modo alguno queremos dominar la naturaleza, mientras que, en cambio, querríamos vivir y morir, en la medida de lo posible, en una manera conforme a la naturaleza. Un hombre japonés corriente dijo en su lecho de muerte: 'Estoy a punto de morir. Tal como las hojas caen en otoño'. Y un maestro zen, el progenitor, por decir así, de mi práctica zen personal, hallándose próximo a la muerte rechazó una inyección y dijo: '¿Para qué prolongar la vida de forma tan forzada?' En vez de tomar el fármaco bebió un sorbo de su sake preferido y serenamente murió". Con una certeza no, precisamente, ardua de obtener, Tsujimura concluye: "Bien mirado, aquí se advierte un llamativo contraste entre la antigua tradición espiritual japonesa y una vida determinada por la tradición espiritual europea. En suma, vivir y morir según la naturaleza: esto era, por decirlo de alguna manera, un ideal para la sabiduría japonesa antigua"."

ARGENTINA Y SU FRACASO

"Para entendernos: basta de decir que alguna vez la Argentina fue un gran país. Para que tal cosa sea posible es necesaria una clase productora progresiva, moderna, industrialista, con la mirada vuelta hacia adentro y no hacia afuera. Nosotros tuvimos una oligarquía agrícola ganadera que hizo una ciudad y un puerto: Buenos Aires. El país funcionó en tanto funcionó ese esquema precario, elemental: el de la abundancia fácil. El granero del mundo. Esa es la "nostalgia" argentina. No bien los términos de intercambio se inclinaron decididamente en favor de los productos industriales; no bien, luego de la crisis del '29, los viejos compradores de la silvestre riqueza argentina decidieron no comprar, la "grandeza nacional" se hizo añicos."
Allí están las razones del afuera, pero lo que sigue son las razones que vinieron desde adentro.

"Una republiqueta amasada entre la gula infinita del capital financiero (especulativo antes que productor, enemigo de la producción y enemigo del consumo, que reside en el mercado interno al que ha llevado a la inexistencia) y los políticos que han transformado a la política en una carrera de enriquecimiento personal, transformando, para eso, a su clase en personera servil y cómplice de las empresas financieras. De modo que basta de perder tiempo con patrioterismos estériles. Somos una republiqueta. Y también somos la fuerza que niega, que se opone a los que han hecho del país una republiqueta y dice: "Que se vayan todos". Somos, así, acaso algo parecido a las multitudes antiglobalizadoras con que sueñan Negri y Virno."

El rol de la oligarquía es aún más preciso.

"La oligarquía argentina se parece a los cuatro burgueses obscenos de La gran comilona de Marco Ferreri. Lejos de ella la locura de "comer hasta morir". No, esto tiene un componente nietzscheano que los de aquí, no. Nuestra oligarquía de los ganados y las mieses se educó para el goce. No hizo un país, hizo una ciudad tan bonita y elegante como un palacete francés. O como un perfume. El resto, condenado al atraso, la derrota y la ignorancia, se lo entregó a caudillos torpes, sometidos a sus dictámenes, autoritarios, feudales. Esa gente, los Juárez, los Saá, los Taboada, los Saadi, son impensables sin la política centralista de Buenos Aires."

"Es una clase capitalista, pero no es burguesa. Se diferencia, así, de los que hicieron el capitalismo norteamericano: los burgueses progresivos del industrialismo norteño. No, esta oligarquía se liga, por su espíritu, por su esencial ociosidad, por su explotación de la abundancia fácil, por su ajenidad a todo posible desarrollo industrial, a los caballeros del Sur, a los que perdieron la guerra, allá, en el Norte y, perdiéndola, le abrieron paso al capitalismo productor, agresivo, de los norteños, que querían un país, una industria productora y un mercado interno consumidor. Nuestra oligarquía porteña sólo quería exportar carnes y trigo; era una clase ultramarina, miraba hacia afuera en lo económico y en lo cultural. No quería crear un país, quería gozarlo."

"En suma, en 1912 (en medio de la orgía bullanguera del Primer Centenario) la oligarquía se gasta casi un 10 por ciento del total de sus exportaciones en viajar. No en reinvertir, no en crear industrias, fuentes de trabajo. No en, al menos, sustituir importaciones. No, la idea de un país con industrias le era por completo ajena. Pensaba siempre vivir de la abundancia fácil. Observemos: el concepto de la "reinversión" (esencialmente capitalista-productor-progresivo) le estaba vedado. Una clase entregada al goce compulsivo no reinvierte, gasta. O dilapida. No fueron industriales, fueron turistas."
Feinmann se plantea, entonces, el dilema. Ser granero del mundo, de los otros, conllevaba el riesgo de una intervención más directa.

"¿Qué habría pasado si la Argentina de los Mitre y los Sarmiento y los Avellaneda y los Roca no hubiera podido extraer sus materias primas en la cantidad, rapidez y efectividad con que Inglaterra las necesitaba? Podría haber sido por dos motivos: 1) o por no haber podido sofocar las resistencias internas y mantener el país en el desorden, o 2) por ineficacia productiva, por no poder elaborar todo lo que el Imperio requería. Aquí, la intervención británica habría debido ser más directa. O enviar misiones militares para sofocar a los disidentes. O intervenir directamente en la producción para, digamos, optimizarla de acuerdo con las necesidades crecientes del Imperio."
La diferencia con Inglaterra en el proceso de constitución de un país.

"Algo salió mal. Para nosotros, digo. Los ingleses se dedicaron a la industria. Alimentaron a su proletariado y fabricaron máquinas y máquinas herramientas. Y cierto día, a fines de la década del '20 del siglo ídem, los términos de intercambio aniquilaron el valor de las mieses y la tierra fértil, los campos generosos del país de la abundancia fácil no sirvieron para mucho. Y nosotros, que inventamos el liberalismo, fuimos sus víctimas."
"¿Por qué? Porque nos dejamos envolver por "el carácter hipócrita común a todos los sermones liberales" (Marx, ob. cit.). Porque no fuimos proteccionistas, lo que nos habría permitido ser industriales y no hundirnos no bien se hundieron los valores de las industrias primarias, ligadas a la tierra, al pasado, al feudalismo. Y Marx lo había dicho: "El sistema proteccionista es el medio para crear en un pueblo la gran industria (...) Por eso vemos que en aquellos países en que la burguesía comienza a imponerse como clase, en Alemania, por ejemplo, hace grandes esfuerzos por implantar aranceles protectores". Pero en Alemania estaba Bismarck, y aquí nuestra ociosa, dispendiosa oligarquía ganadera y nuestra timorata burguesía importadora. Así, ni con Dios."
La cuestión es hacia dónde va la historia hoy.

"Hoy, pareciera que la historia no tiene elementos para ir hacia ningún lado. Ni aun hacia el lado oscuro del terror y de la muerte. Ni aun hacia la plenitud, o hacia una sensata integración. ¿Qué posibilitó los gobiernos integracionistas, ampliados de Yrigoyen y Perón? Las clases populares tuvieron una adecuada, una muy funcional cobertura política. Yrigoyen integró bien a la "chusma ultramarina" en un partido de centro, que les daba cobijo. También Perón dio impecable cobertura política a los "grasitas" de las migraciones internas por medio de un partido que exhibió, en sus mejores momentos, comprensión social y hasta generosidad. En el '30, los fascistas de Uriburu son la encarnación vernácula de una lucha internacional que el capitalismo, en su modalidad fascista, emprende contra el comunismo. Y en el '55, y en el '66, y en el '76, los militares representan la posibilidad de "extirpar" el conflicto y resolverlo; de la peor manera, de acuerdo, pero se quiebra el "empate inmovilista". Que es el que hoy tenemos."
La idea de desigualdad parece asentarse desde lo clasista, en el rechazo a la integración.

"Como sea, la oligarquía jamás estará satisfecha con Yrigoyen. Es el integracionismo, y la oligarquía le tiene alergia al integracionismo: siempre implica conceder, atarse las manos, perder velocidad para los buenos negocios, respetar legalidades que debilitan su poder omnímodo."

Justamente,la integración parece ser un elemento de contención histórica para la oligarquía y para el ejército.

"Cuando la casa se amplía, ya sea por el integracionismo yrigoyenista o por el Estado de Bienestar peronista o por los primeros intentos de la democracia del '84, el Ejército permanece en un segundo plano. Pero cuando los conflictos aparecen, cuando aparecen y se tornan ingobernables, cuando "las moscas" comienzan a pedir más de lo que los dueños de la casa están dispuestos a entregar, o cuando los "integradores" no pueden controlarlas, los dueños de la casa desvían la mirada y otra vez miran hacia donde, siempre que la casa peligró, miraron: hacia los poseedores de las armas, hacia los que cuidan la casa y los intereses de sus dueños."

La solución siempre ha sido esa: desagregar, impedir, evitar lo que entorpezca.


"¿Piensan los dueños de la casa alimentar a las moscas? No parece. Los dueños de casa, como siempre, piensan antes en el "caos absoluto" que en la democratización de la riqueza que podría evitarlo. Y cuando piensan en el "caos absoluto", piensan en el Ejército como solución. Antes que saciar el hambre, prefieren fusilarlo."
No hay que olvidar que, a fin de cuentas, el ejército fue, en muchos momentos de la historia argentina, el gobierno.

"En suma, el Estado burocrático terrorista condena y tortura. Kafka -en La colonia penitenciaria- escribió un texto estremecedor sobre esa práctica: un aparato que -dolorosamente- escribe en el cuerpo desnudo del condenado la sentencia de su "culpa". Y, entre nosotros, Pilar Calveiro, en un libro que está a la altura de los de Primo Levi, describió el "tormento" en los campos argentinos como nadie: "Fue la ceremonia iniciática (...) la tortura era la clave, el eje sobre el que giraba toda la vida del campo (...) En síntesis, la tortura como eje del trabajo de inteligencia fue altamente productiva y eficiente" (Poder y desaparición, Colihue)."
Y desde el gobierno, se encargaron de borrar cualquier atisbo de oposición.

"Aquí hay un solo demonio. No hubo una guerra. Hubo, con la excusa de reprimir a un aparato de guerrilla urbana en franco desbande, un plan de alto rigor y de implacable metodología que consistió en asesinar o desaparecer (modalidad del asesinato que resta -ante el mundo- como distintiva de la Junta argentina, al punto que "desaparecido" se dice sencilla y directa y estremecedoramente en español o, más exactamente, en "argentino" en los idiomas extranjeros) a todos aquellos que se oponían o podían oponerse al sistema económico, social y político que la Junta -acompañada por sus numerosos cómplices civiles- vino a instaurar."
Pero la aparición del ejército y el liberalismo en la historia argentina de los últimos años, no es casual, sino que obedece a un plan sistemático.

"Verlo es muy simple y si alguien no lo puede ver acaso sea porque no quiere o no le conviene. Primero: a partir de 1975 se instala el Estado (neo)liberal, corrupto y mafioso. Esto se intensifica fuertemente en los noventa. Segundo: este Estado crea desempleo, marginalidad, exclusión, hambrientos. Tercero: esto crea delincuencia. Cuarto: el Estado (neo)liberal arma una policía poderosa. (La policía crece, en un país, en relación directa al crecimiento de la pobreza.) Quinto: esa policía se sustantiva. Se corporativiza. Se vuelve un ejército mafioso, temible e ingobernable. Sexto: se llega, por fin, a una sociedad en la que sólo hay ricos, policías y delincuentes. Los ricos les pagan a los policías para que maten a los delincuentes. Los policías, luego de hacerlo, quieren más y empiezan a secuestrar y matar a los ricos. Los ricos le piden protecciónal Estado. Pero el Estado es débil porque fue reducido para no entorpecer el mercado, que debe ser "libre". Nada puede hacer contra una policía que los ricos tornaron poderosa para protegerse de los pobres. Una perfecta catástrofe."

El lugar del estado en las últimas décadas ha contribuído a la catástrofe. Feinmann lo liga con la construcción del gobierno como una familia mafiosa.

"En el Estado Mafioso la "familia" es la clase política ligada (o sometida) al poder económico, controlando el Poder Judicial y asociando a la policía a los beneficios del rentable negocio de vaciar el país. El Padrino se instala en la cumbre del poder estamental (es, nada menos, que el que preside, el "presidente") y el país se convierte en el botín de la nueva "familia", que ya no es "paralela" a nada, sino que ocupa la centralidad de todos los poderes: el económico, el político, el judicial y el represivo. Si el nuevo Padrino es hábil (y con frecuencia lo es), dejará caer algunas migajas del saqueo festivo sobre la población. Acaso increíblemente, pero con una ética áspera y deleznable, la población (o, si se quiere, "la gente") puede llegar a elegir tres veces al Padrino para que siga presidiendo los destinos del país con el que él y su "familia" se enriquecen, empobreciéndolo."

EL MENEMISMO COMO ÉTICA

"No obstante, cierto día, alboraba el año 1989, los "guarangos", los que entraban en los salones tropezando con los muebles, dijeron a la derecha, a la pragmática derecha argentina: "Queremos asociarnos con ustedes. Poner nuestras bases sociales al servicio de sus planes económicos. Darles lo que nunca tuvieron, apoyo popular. Un movimiento plebeyo, pero con las ideas de ustedes". Había nacido el menemismo. El menemismo es la glorificación del realismo político."
Feinmann relaciona al menemismo con una claudicación de la ética.

"Porque la falta de imperativos, de valores, de una ética fuerte, nos ha traído hasta donde estamos: al abismo de la ética. Por el contrario, la ética liviana, "indolora", "sin culpa ni sanción", el "posdeber" que arrasó la década del '90, engendró la más liviana, indolora de las éticas: la menemista."
Y esa ética, propia de los 90, está relacionada con el éxito individual antes que con el desarrollo colectivo.

"Uno de los valores esenciales de la ética minimalista, indolora, posmoral, hedonista, entregada jubilosamente a la superficialización de la culpa y a desligar a los sujetos de toda incómoda relación con una ética que requiera la obligación y la sanción en vez de la felicidad narcisista del "todo está permitido" ha sido el valor del "éxito". Ahí estaban, muy orondos, los campeones del éxito en los '90. Ser era ganar. Ser era ganarles a los otros. Ser era ser más que los demás. Ser era (en su punto más excelso) salir en la tapa de Gente entre los personajes del año. Todos esos "personajes" lo eran, del año, porque habían triunfado, tenido éxito."

"Esta ética que inaugura el menemismo (aliándose al liberalismo económico) impregna la ética política de los noventa y aún se prolonga. Es la ética que dice "primero los negocios, luego lo demás". Es una ética que desideologiza. El capitalismo, en verdad, se ha mostrado, a lo largo de su historia, extraordinariamente capaz para anteponer los negocios a cualquier otra consideración. ¿Cuántos capitalistas del "mundo libre", de las "democracias occidentales", hicieron negocios con Hitler? El capital no tiene ideología, tiene intereses."

EL PERONISMO

"Todo aquel que visita este país se desgasta interrogando a algunos de sus habitantes sobre qué "es" el peronismo. Creo que hay que empezar a responder que esa pregunta no es, ante todo, peronista. El peronismo no "es". Nada más claro: lo ha dicho desde sus orígenes. Siempre se definió -por medio de la creatividad conceptual de su creador, que fue, a la vez, su principal y casi excluyente pensador orgánico- como un "movimiento" y no como un "partido".
Así, Feinmann liga al peronismo con la Revolución de Mayo a través de la idea de la máscara.

"De esta forma, el peronismo se remonta a los orígenes más originarios de nuestra historia. Nuestra historia nace con una máscara. La máscara nace con la argentinidad. La Revolución de Mayo no se presenta como eso que "es": un movimiento separatista del poder real español. No: miente, simula, se "enmascara". "Nuestro Rey Fernando", dice, "está en manos de la perfidia de los Bonaparte. Lamentamos que no pueda gobernarnos. Lo haremos, de aquí en más, nosotros pero en su nombre". Nuestro movimiento independentista nace enmascarado, se pone la máscara de Fernando VII y lleva adelante la emancipación con la máscara del opresor."
Qué es ser peronista. Feinmann parte de dos frases pero hace centro en la definición que dio Lorenzo Miguel, lider histórico de la Unión Obrera Metalúrgica.

"O la del líder sindical Lorenzo Miguel: "Ser peronista es comer tallarines los domingos con la vieja". Las dos frases -sobre todo la segunda- tienen mucho de fascismo.(…) La de Miguel es claramente nacionalsocialista y fue dicha para atacar a los zurdos de la Jotapé: nada de ideologías extrañas, el peronismo no es la lucha de clases, ni es la revolución, es la familia (la "vieja"), la comida de la buena clase obrera inmigrante y laboriosa (los "tallarines") y el día que Dios nos dio a los cristianos (enemigos todos del comunismo ateo) para descansar (el "domingo")."
La idea del peronismo como movimiento es llevada,entonces, al extremo.

"Entonces, si Menem-Macri son el peronismo y Kirchner-Ibarra son el peronismo, esto significa que pueden serlo porque pertenecen a un todo que no entrega identidad, que no tiene determinaciones internas, claras. Así, el peronismo puede contener a todos porque es la nada. El ser libre de determinaciones ("lo indeterminado", como dice Hegel) se priva de una posible identidad. El peronismo en tanto identidad política partidaria está tan muerto como el radicalismo. Uno murió por exceso, por desaforada laxitud, por serlo todo. El otro murió por carencia, por ser nada, por extinción."
El problema es que lo que terminó entrando en el peronismo fue aquello que originariamente combatía.

"Pero en el movimiento originario de Perón entraban la clase obrera, los sindicatos, el Estado, la burguesía nacional y el sector pro-industrialista del Ejército. No entraba la oligarquía. La oligarquía fue entrando y entrando hasta que se instaló con Menem. Con Menem y con el PJ y los sindicatos y todos los complacientes políticos y empresarios que acompañaron al exitoso riojano y su fiesta impúdica. Hoy no es un "movimiento". Es un aparato de poder -enorme, sin duda- que la sociedad identifica con la vieja política entendida en términos de corrupción, mafia y negociados."

EL POST-MENEMISMO

"En la Argentina no hubo un capitalismo industrial con intereses nacionales. Al no existir ese capitalismo (y ser derrotado por una clase especuladora, financiera y corrupta) tampoco existió un desarrollo obrero. Al no existir un desarrollo obrero... no existió un Lula. Lula, de este modo, seenorgullece de las siguientes cosas: 1) En Brasil, "milagro brasileño" mediante (encarnado por una clase capitalista industrial a cuyo frente estuvo Delfim Netto), se consolidó un proyecto capitalista nacional. Un capitalismo que se alejó de la especulación financiera ligada al capital supranacional y se esforzó en crear un mercado interno. 2) Al necesitar de un mercado interno consumidor este capitalismo nacional necesita dos cosas: obreros que trabajen en sus industrias y una población con nivel adquisitivo, el suficiente, al menos, como para sostener la producción de las empresas nacionales. 3) El Estado, lejos de achicarse, se pone al servicio de este proyecto y lo defiende de la banca inter-nacional, extranjerizante, des-nacionalizante. De la banca del capitalismo financiero de mercado que no quiere países con industrias, sino espacios territoriales para invertir sus capitales desterritorializados. 4) Se explica así que en la fórmula del PT confluyan un obrero (Lula Da Silva) y un poderosísimo capitalista (José Alencar)."


"Si Hobbes viera esta Argentina diría que estamos en pleno "estado de naturaleza". En plena "guerra de todos contra todos". Incluidos contra excluidos. Gente "honesta" contra "delincuentes". La herramienta que posibilitaba salir del "estado de naturaleza" era, en Hobbes, el renunciamiento: todos entregaban algo de sí para que el "contrato" -base de una sociedad posible- se tornara efectivo. Pero entre los delitos centrales que obliteraban el "contrato", Hobbes señalaba muchos que pertenecen a las clases propietarias."

"Y, por último, no se pierdan esto, es el pensamiento de un humanista, de un tipo que es un filósofo y no un fascista que pide balas y muertos: "Cuando un hombre es privado del alimento o de otra cosa que le es necesaria para vivir, y no puede procurar su propia conservación como no sea cometiendo un acto que va contra la ley, como cuando, en épocas de gran penuria, toma comida por la fuerza, o roba lo que no puede obtener por dinero o por caridad, en defensa de su vida, está excusado totalmente" (p. 259)."

PIQUETEROS Y ASAMBLEAS

"Cortar una ruta no es violencia, es un acto de fuerza. Como lo era una huelga. Ocurre que los piqueteros no pueden hacer huelgas porque no tienen trabajo, porque son desocupados, porque la huelga es la herramienta de lucha de un proletariado con inserción en un aparato productivo al que, con esa huelga, puede detener, de aquí su fuerza. Pero, ¿qué aparato productivo podrían detener los piqueteros si en este país el aparato productivo fue arrasado? ¿Qué huelga podrían desatar si ya no son obreros, y no lo son porque ya no hay industrias? Entonces cortan las rutas. Los cortes de ruta son a los obreros desocupados de hoy (los piqueteros) lo que la huelga era a los obreros ocupados de ayer, que podían frenar un aparato productivo porque había uno y ellos pertenecían a él. Lo único que pueden bloquear los piqueteros es una ruta. De aquí la profunda legitimidad de ese acto."
Otra cosa ha sido la clase media y su reacción ante la crisis.

"La reacción inicial de la clase media de las cacerolas es contra el "estado de sitio". Ese gesto rebelde tiene una lectura alentadora: por medio del "estado de sitio" el Estado envía a los ciudadanos a sus casas. Los encarcela en sus domicilios. El Presidente que (abrumado por su torpeza infinita, por su maldad boba y por la perversidad cuasi adolescente y ególatra de sus asesores) decreta ese "estado de sitio" despierta la furia social. Se gana la calle. Se gana la plaza. Se desafía y derrota la orden del Estado represor. (Que, igualmente, reprime: el opaco De la Rúa es el Presidente con más muertos de la democracia. ¿En qué anda eso?) Queda establecida una actitud, una modalidad política de la sociedad: ocupar el espacio público."
Las asambleas, que intentaron establecer una horizontalidad política, chocan incluso con sectores de la izquierda.

"La llamada "izquierda argentina" se presentó, con todo su aparataje, en las Asambleas. El vecino del 7º A le dijo al del 4º B: "Oia, mirá: somos comunistas". Habían ido a la Asamblea a buscar una identidad y la paleoizquierda les traía una. ¿Por qué no fue la paleoizquierda a revisar o actualizar su identidad en las Asambleas? Si la potencia se define por su capacidad constituyente, ¿por qué la paleoizquierda fue ya "constituida"? Porque la paleoizquierda es la paleoizquierda por estar constituida de una vez y para siempre. Es parminídea: es lo que es. Nada la hará cambiar. Se postula revolucionaria, pero ideológicamente su pathos es el de los fósiles. Son pocos y sólo depositan la certeza de su unidad en el dogma. Si uno va a una Asamblea de vecinos que buscan una identidad debe ir abierto, debe acompañar esa búsqueda, esa incerteza incluso. Pero esto implica el peor de los riesgos: cambiar, repensarlo, no todo, pero mucho o algo. Y esto, a la paleoizquierda, le da vértigo y miedo."
De izquierda o de derecha, la política argentina ha demostrado que no le importa el progreso, sino otras cosas.

"Hay algo que une a todos: todos quieren el poder. Y harán lo que sea para lograrlo. No debería sorprender, por ejemplo, que un peronista neoliberal de hoy sea un estatista y populista de la primera hora mañana. O que un fascista amante de la mano dura, con pasado procesista, abandone al candidato populista-feudal e integre las huestes del todopoderoso neoliberal ulltramediático en cuanto le convenga. O que el sosegado socialdemócrata se haga populista. O que el neoliberal ultramediático se una al productivista patagónico. O que el misterioso hombre del Litoral se decida en un momento por una variante y luego por otra, según cuál lo acerque más a la meta ansiada: el poder. No hay ideología, hay conquista del poder. En verdad, se podría afirmar que están todos unidos, tal como lo dice la marcha partidaria, ya que todos quieren lo mismo y lo quieren para ellos, para los peronistas. Todo los diferencia, pero lo fundamental los une. Una vez arriba seguirán negociando. Pero todo queda en la familia. El poder y el odio."
Feinmann establece ciertas coordenadas para entender, en primera instancia, qué es un partido político.

"Un partido es una parte, una parte no es el todo. El partido, entonces, es una parte que ha decidido diferenciarse. Un partido es una diferencia. Una diferencia con todo lo otro que es. Alguien pertenece a un partido porque adhiere a una determinada visión de la política. Esta "determinación" le entrega al partido una mayor tendencia a lo identitario. Al cabo, si tengo una identidad es porque, negativamente, ella se define por no ser todo lo que ella es. Una vez establecido que mi identidad es una diferencia que propongo entre la parte que elijo como propia y el todo sólo me resta explicitar por qué mi parte no es el todo. Es decir, qué es mi parte. No sólo en qué se diferencia sino cómo se identifica: cuál es su ser."

Y de allí, llega a diferenciarlo del movimiento.

"Un partido se basa en una teoría, esa teoría expresa su racionalidad. Un movimiento populista se expresa en una serie de formulaciones vitales, de valores, de propuestas que buscan despertar más la adhesión sentimental, la emocionalidad que la fría apodicticidad de la razón. De aquí que requiera la figura del líder como punto único de confluencia. El líder es al movimiento lo que el juramento es al partido. Los partidarios de un partido juran su fidelidad a una norma, a una legalidad estamental que se expresa en ideas, axiomas, valores no negociables. En cuanto tal: únicos, claros, estables. El juramento hace "ser" al partido lo que es. El movimiento, ahí donde el partido ubica al juramento, pone al "líder"."
El líder es, en definitiva, quien resume la diversidad de ese movimiento.


"La práctica del "conductor" es la de la unidad de lo diverso. Unir lo diverso es sumar. Sumar es acumular poder. De aquí que el peronismo haya acudido al concepto de "movimiento". Un movimiento es elástico, se mueve, se expande, incorpora y no excluye. Un movimiento -si se permite decirlo así- más que ser, deviene. El movimiento no "es", el movimiento es acción, movilidad, inclusión constante, expansión ilimitada. El movimiento es devenir puro."

Las asambleas son formas diferentes de movimiento, donde la ausencia de un líder parece entrar en contradicción con las formas habituales de hacer política.

"Cuando, desde la base de la protesta, se dice que ese artículo decimonónico está perimido, no se dice que lo está la democracia sino solamente el artículo que postula la democracia por representación-delegación como única vía de expresión para la sociedad. Justamente las experiencias asambleístas (que son experiencias fácticas de democracia directa) niegan la representación delegativa para asumir, en sí, la autorrepresentación y, al hacerlo, dicen ejercer un rostro más verdadero y fresco y profundo de la democracia. En suma, las asambleas han surgido para reforzar la democracia, para darle nuevos contenidos, vitalidades de las que carecía, jamás para negarla, suprimirla, para decir que está perimida o inservible. Por el contrario, el asambleísmo se alimenta de la democracia, es inconcebible sin una profunda fe en ella. La horiaontalidad de la asambleas es una afirmación del axioma fundante de la democracia: todos valen lo mismo, tienen los mismos derechos, toda voz es tan digna de ser escuchada como cualquier otra, ya que no hay voces privilegiadas."
De allí que aparezca la idea de contrapoder.

"El concepto político más rico que surgió desde las jornadas de diciembre fue el del contrapoder. También es el que hoy se impone revisar. Podríamos definir la idea del contrapoder como la de una política que se ejerce al margen de la tradicional estrategia revolucionaria de la toma del Estado."

Sin embargo, allí aparecen los problemas principales del horizontalismo.

"Pareciera -adelantándome- que la horizontalidad perenne culmina en la impotencia, en la asamblea interminable, en la discusión paralizante. Un punto de vista funda una dictadura. Mil, la imposibilidad de una organización. El problema del horizontalismo radica en que, si no se resuelve, desemboca en la parálisis. Ocurre que, para resolverse, pareciera tener que negarse a sí mismo y establecer estructuras con algún nivel de verticalidad."
Y la única solución parece radicar en un liderazgo que provenga desde afuera de ese movimiento.

"La democracia directa no dio un liderazgo, acaso por esencia no pudiera darlo. El rizoma deleuziano -por su vocación horizontalista, por su abominación del pensamiento arborescente, por su postulación de varios centros y su desdén por lo Uno- no alcanza aún a hacer de la "multitud" un sujeto político con protagonismo direccionado. Surge, entonces, el "emergente externo". Viene de "afuera". Pero hace lo que pedían los de "adentro"."

La idea a la que apela Feinmann para establecer la nueva relación entre el gobierno y la multitud es la del director de orquesta.

"Entre tanto, la metáfora (sin duda desafiante) de la orquesta sinfónica puede dinamizar el debate, siempre y cuando, insisto, no se la reduzca al simplismo de la "batuta totalitaria". Pero, en un apresurado esquema, la cuestión sería así: hay una partitura (un texto fundacional, constituyente) que todos acuerdan interpretar. Hay una gran orquesta dispuesta a hacerlo. Para ello ha elegido a un director que combine sus esfuerzos, que armonice sus disonancias, que busque la afinación perfecta de cada instrumento (ni un solo metal sonó inadecuado en la interpretación de Mussorgsky). El director está al frente del organismo orquestal. El director sería: 1) El Estado; 2) La clase dirigente. Dirigen pero saben que lo hacen porque han sido elegidos para hacerlo y que, en caso de hacerlo mal, la orquesta los expulsa. ¿Cómo? Se va. Imaginemos la situación: un director dirige mal, la orquesta, harta de la situación, se levanta y se va del escenario. El director queda solo. No tiene a quién dirigir. En su soledad radican su impotencia y su derrota."
Hasta este momento, esa relación se ha manifestado de otra manera.

"El Estado argentino nunca pidió perdón. Jamás se le ocurrió que tenía que pedirlo por algo o por alguien. Un Estado no pide perdón. Puede otorgarlo, puede negarlo. Cuando lo otorga incurre en una cierta piedad olímpica, la bondad súbita de un dios. Cuando lo niega, encarcela o mata. El Estado moderno es una creación de la razón moderna para armonizar o -mejor dicho- administrar la furia bestial de los hombres, esa que los lleva a ser lobos de sus semejantes."

"El Estado es la racionalización de la bestialidad humana. Para ejercer esa función tiene que ser congénitamente represivo. Para administrar esa represión tiene que ser instrumentalmente racional. La "cárcel" aparta de la sociedad a quienes no se someten al "contrato". El "manicomio" a quienes se apartan del camino seguro, transparente de la razón."

Ahora bien, qué significa la política en ese contexto y cuál es su función.

"Porque la política es, en última o primera instancia, el arte de participar en la polis para que la polis sea mejor, su cultura prospere, la gente coma, los pobres amainen como los guapos de Celedonio Flores, la vida tenga valor y sentido, el trabajo se respete. Paremos aquí. Llegamos a un punto que quema. El trabajo. Una sociedad se crea y se organiza para crear trabajo. "Con el sudor de mi frente", se dice. "Con mis propias manos". "Lo que tengo me lo gané". Parte esencial de la cultura política actual: la revalorización del trabajo, del esfuerzo. Vale la pena romperse las asentaderas. (Escribí asentaderas para no escribir "el culo", que no da bien. Pero, en rigor, lo que uno se rompe es "eso".) Sin embargo, para que un tipo sienta eso (que vale la pena romperse "eso") tiene que saber que todos se lo rompen. El Poder (y en esto el capitalismo heredó las alharacas rumbosas de la monarquía) se engalana demasiado, desborda pompa y circunstancia. Los funcionarios se lo creen. Les ponen una secretaria y se van a los caños. Les ponen una alfombra y ya caminan distinto, como pavos reales patéticos. Les ponen veinte teléfonos y no atienden a nadie. Tener poder es incluirse en un mecanismo creado para que nadie llegue a uno. (Y su triste contracara: que uno no llegue a nadie.) Este contexto ya los hace sentir "distintos". No son "hombres comunes". Y aquí el riesgo de la corrupción ya es grande."

Feinmann establece además, las diferencias entre la clase política y los intelectuales, planteando la necesidad y la tolerancia mutua entre ambos.

"Fijemos lo siguiente: el político suele incurrir en un exceso de realidad y en una carencia de ideología. El intelectual (acaso los ejemplos de Castelli y Guevara lo hayan explicitado) incurre en una carencia de realidad y en un exceso de ideología. Esta situación debiera acercarlos, ya que cada uno puede otorgarle al otro lo que carece, o aquello que es, pongamos, su "punto débil". Sin embargo, no. Cada uno cree que el otro representa "excesivamente" aquello que le da identidad. El intelectual cree que el político concede demasiado al pragmatismo, a la sumatoria a-crítica, a los pactos, a los abrazos, a las fotos con personajes unívocamente detestables, al aparatismo, a las concesiones a las boberías mediáticas o, sin más, a medios canallas "que la gente lee y en los que hay que estar". El político cree que el intelectual sobreactúa su sentido crítico, que busca una pureza imposible, una pureza que es casi la negación de la política, que jamás será un "orgánico", que antepone las ideas a la realidad, que desconoce las asperezas de lo real, del poder, de los grandes aparatos nacionales e internacionales con los que hay, necesariamente, que "dialogar"."

"Nada de esto es necesariamente así. Un intelectual deberá entender que un político tiene que negociar permanentemente, pactar, dialogar, conciliar. Pero -con obstinación, a destiempo o no, siempre incómodamente- señalará que hay cosas que no se pactan ni se negocian. Ya que hacerlo es dejar de ser lo que se quiere ser. Y éste es el punto definitivo: ¿qué queremos ser? Y aquí es donde entran las ideas, las certezas, y, desde luego, la ética. Un movimiento político debe decidir qué es -ante todo- lo esencial. Aquello que no se negocia. Aquello que no transforma al Otro en el enemigo pero sí en un adversario cuya identidad no es la nuestra. Y para saber qué identidades no son nuestras tenemos que elegir una propia, explicitarla, exponerla. "Nosotros somos esto porque no somos aquello." Y aquí, sin vueltas, urgentemente, el político necesita de los verdaderos intelectuales. El costo que tiene que pagar es uno solo: respetarles su libertad, su conciencia crítica. Y hasta diría: exigirla."
El problema aparece ante la ausencia de una postura crítica en esa relación.

"Lo más oscuro, lo más imposibilitante entre políticos e intelectuales es la figura del cortesano. El cortesano es un burócrata servil del poder cuya misión es justificarlo. Siempre le dirá al Soberano que lo que hace está bien, ya que lo domina el pavor de la crítica y sus peligros: quedar fuera del círculo "íntimo" y sus privilegios, o jamás poder entrar en él. Estos personajes pululan en el poder. En la política. Son los grandes enemigos del pensamiento crítico. Los que viven consagrados a bloquearlo. A que llegue al Soberano. Y el político es sensible a la adulación, a la obediencia, al acatamiento. Tanto, como los intelectuales. O, sin más, como los patéticos seres humanos, hambrientos todos, o casi todos, de adulaciones y obsecuencias."

¿Cuál es, entonces, la solución posible para la política?

"Gran momento, para usted y para el país que necesita gente como usted. Porque algo está cambiando y puede cambiar. Sólo un consejo. Cuando llegue a un lugar a "participar", "poner el hombro", salir de su pegajosa soledad, de su solipcismo onanista, tiene que hacer una pregunta y no otra. La que tiene que hacer es: "¿En qué puedo servir? ¿En qué puedo ayudar? ¿Qué necesitan de mí?" La que no tiene que hacer es la que han venido haciendo los políticos desde hace ya demasiados años. La pregunta que definió el modelo de político abominado por la sociedad del "Que se vayan todos". Usted sabe. Esa pregunta. La que hicieron Manzano, Grosso, Nosiglia. La que hizo todo el taimado batallón depredador menemista. La que hizo el Anticristo no bien asomó su cabezota a este mundo. La que hizo la Ingeniera Alsogaray el mismito día en que el Ingeniero, dulce papá al cabo, la tomó entre sus manos impunes. Esa pregunta. La pregunta del político argentino: "¿Dónde está la lata?"."
De allí se desprende la necesidad de dar el ejemplo en los actos.

"Hay, ya, que elegir tres de esas fortunas delincuenciales. No voy a dar nombres. Pero supongo que cualquiera piensa en María Julia Alsogaray o en ese señor tan pintoresco y algo excedido de peso que responde al nombre de Gostanian. Ese dinero, el Estado nacional (previo juicio y castigo de los depredadores) lo incauta y lo destina a paliar el hambre en el gran Rosario, en el conurbano o a crear fábricas y fuentes de trabajo. Esto no es economía, es política. Pero tendría un apoyo mayoritario implacable por parte de la ciudadanía."

PROPUESTAS SUPERADORAS