TEMA 1
Filosofía, Anarquista Disciplina.
TEMA 2
La intuición irracional y los bordes del silencio.
TEMA 3
METAFORAS POR FUERA DE LA CULTURA POSTMODERNA
Jorge Ermácora
Profesor de Filosofía
Entre Ríos
Argentrina
Filosofía, Anarquista Disciplina.
Cuando
se intenta enseñar Filosofía, resulta imposible debatirse entre
Filosofía como "Historia de la Filosofía" o Filosofía
como disciplina que consiste esencialmente en "pensar."
El primer tema, plantea el problema de quedar enmarcado en el ámbito
de la "escolarización" de la Filosofía como Historia
del pensamiento. La representación de corrientes, autores y problemas
principales, sus posibles soluciones, frente a "una ausencia" de
la Filosofía como "actividad" exclusiva del "pensar."
De este modo, la Filosofía se ve absorbida por el "academicismo"
y especialmente, por el trabajo de escritorio; lectura y escritura.
Algo distinto se presenta en el horizonte de la Filosofía de la Historia.
Donde las corrientes, sus representantes, sus problemas, y sus discusiones,
están orientadas hacia una comprensión que tiende al futuro,
a la interpretación del pensamiento acaecido, con la intención
de ser pensado "mirando" el porvenir.
La Filosofía de la Historia, reivindica para sí, la cuestión
del "pensar" filosófico sobre el pensar filosófico.
Manteniendo de este modo, viva la "arteria" del pensamiento, que
consiste esencialmente en "pensar". Pues, al fin y al cabo, en esto
estriba la seria e inútil Filosofía.
Sin embargo, la Historia de la Filosofía, tiene acceso a una fuente
de intuición y reserva que no es posible en la Filosofía de
la Historia. Algo que se aprende de inmediato en la Historia de la Filosofía,
es el "intuir" y comprender, el caudal inabordable que representa
el contenido de la Historia del pensamiento filosófico.
Este serio problema, solo se puede atenuar, con cierto rigor a la hora de
comprometerse con la misma Historia de la Filosofía. Y simplemente
nos indica, el camino de pensar, leer, y escribir con reserva.
Por otro lado, la Filosofía de la Historia nos obliga en cierto modo,
a servirnos de esquemas y lecturas demasiados simplistas, llegado el momento
de sintetizar los problemas para volver a pensarlos. Cuestión ésta,
poco sincera con relación al pensamiento transcurrido.
Un problema
que la Filosofía de la Historia tiene necesidad de contemplar, justamente
es éste. El de pensar la Historia del pensamiento filosófico,
en un marco de conciencia de contenido histórico y de mucha reserva
al avanzar con la ineludible cuestión del "pensar".
¿Cómo enseñar Filosofía sin caer solamente en
Historia de la Filosofía?. No puede ser este un problema de contenido
filosófico. Este tema reside en la actitud del hombre para con la Filosofía.
Entendida ésta, como actividad primeramente del "pensar".
La Filosofía es una disciplina que tiene que ver con el rigor en la
lectura y en la escritura, pero fundamentalmente con el rigor en el "pensar".
En el "pensar" en términos filosóficos.
De todas formas, el problema no está tanto en como escolarizar la Filosofía
sino, en advertir, que lidiamos con una disciplina que es esencialmente anarquista.
Pues, no guarda para sí, ni autoridad legítima, ni autoritarismo,
solo rigor en el pensamiento.
La Filosofía, así entendida, como no reconocimiento de autoridad
alguna. Está destinada al apartado rincón de la soledad y no
tolerancia. Por ser seria e inútil. Pero también, por no poder
sobrevivir al orden, a la autoridad, a la institución, al academicismo,
a la figura del sujeto-supuesto-saber, a lo supuesto y a lo convencional.
Quien habla de lo que es tabú y destroza lo totémico es intolerable.
Quien ve el mundo como un gran fárrago y lo da vuelta es despreciado.
Quien se acerca a la Filosofía simpatiza con la anarquía.
La Filosofía en la institución se vuelve un "juego inofensivo
de criaturas". Pues se le quitan las dos armas más importante
que posee el "pensar"; la seriedad y la inutilidad.
En la institución la Filosofía está destinada a no ser
filosofía, sino a ser un "juego" simple y decadente de contenidos.
Solo fuera de la institución la Filosofía es Filosofía.
Pensar anarquizante, acracia. Una vez expulsada de la institución,
se advierte de inmediato en la Filosofía la falta de reconocimiento
de alguna autoridad que es principio originario en ella. Se contempla de este
modo, la seriedad e inutilidad que la caracterizan. Dejando al descubierto
el peligro que reside en su interior: tomar con seriedad a la inutilidad.
Un prójimo del pensar: George Santayana.
"En
cuanto la Filosofía es la libre búsqueda de la sabiduría,
surge dondequiera que los hombres de carácter y penetración,
cada uno con su particular experiencia o hobby, miran en torno de este mundo.
Que los filósofos sean profesores es un accidente y casi una anomalía.
La libre reflexión acerca de todo es un hábito que imitar pero
no una materia a exponer; y un sistema original, si el filósofo tiene
uno, es algo oscuro, riesgoso, no probado y no maduro para ser enseñado,
aunque tampoco hay mucho peligro de que alguien lo aprenda. El filósofo
genuino -como se complacía en decir Royce- se aventura solo como el
rinoceronte... Si los filósofos han de ganarse la vida y no mendigar
(como alguno de ellos han juzgado más acorde con su vocación),
sería más seguro para ellos, pulir lentes, como Spinoza, o sentarse
con una gorra negra y una barba blanca a la puerta de un museo poco frecuentado...
En el mejor de los casos, el verdadero filósofo puede cumplir muy imperfectamente
su misión, que consiste en timonearse a sí mismo, a lo sumo
a unos pocos compañeros voluntarios que pueden encontrarse en el mismo
barco. No le es fácil gritar ni dirigirse a una multitud; debe permanecer
silencioso por largas temporadas, pues observa estrellas que se desplazan
lentamente y en trayectorias que es posible, aunque difícil, predecir;
y el tritura todas las cosas en su corazón, como si fuese un lagar,
hasta que su vida y el secreto de ella fluyen juntos para afuera."
La Filosofía dada de baja.
El pensar
filosófico es una respuesta que se da en el diálogo a la palabra.
¿Qué palabra?. La de una época. Cada época tiene
sus propias palabras, sus ilusiones, todo un ideal puesto en palabras. Toda
una época puesta en ideas.
Zeitgeist: espíritu de la época, o de los tiempos en alemán.
El filósofo en tanto le es posible, toma distancia de este espíritu,
y dialoga críticamente con él. Toma distancia necesaria como
cuando el lenguaje nos separa del mundo para poder nombrarlo. Pero a fin de
cuentas y mediados por el lenguaje seguimos en el mundo, tanto o más,
como también el filósofo lo hace atado al espíritu de
su tiempo.
Pensar para él es estar en diálogo con la época. Es dar
una respuesta crítica a la palabra de una época.
Tristemente, este diálogo del filósofo con la época es
silenciado. Silenciado por la figura del sujeto-supuesto-saber, y por las
"Filosofías" en lugar del "pensar" filosófico.
Así tiene lugar la "Filosofía dada de baja". Aquella
en la que se sabe donde sus representantes, en un tumulto de "jornada
filosófica" harán su aparición. La Filosofía
de columna de diario, la de revista exprés y la de salón de
"charla". Aquella que poco tiene del pensar anarco. Que mucho tiene
de cánones, de metodología, y de escritorio.
El espíritu de la época como diálogo del filósofo
con su tiempo ha sido ocultado, callado y ensordecido. No por las habladurías
de los mass-media, sino por el ámbito que más cercano se cree
al él. El ámbito académico.
La Filosofía dada de baja, constituye el avasallamiento del espíritu
anarquista. Que "debe" ser descontrolado y desordenado en el seno
del pensar, para que la Filosofía no sea nombrada, sino para que se
piense filosóficamente. Entonces así, no puede haber consenso
institucional, control académico sobre una Filosofía fragmentada.
Que poco tiene que ver con el Zeitgeist con el cual el filósofo dialoga
una vez sumergido en el "bosque".
¿Porqué la Institución no puede otorgar el título de filósofo?
De acuerdo
con la Historia de la Filosofía y la Filosofía de la Historia.
Notamos que el pensamiento filosófico es una tensión entre lo
retrospectivo prospectivo. Una "batalla dialéctica" sobre
lo que ya ha sido pensado y lo que todavía espera ser pensado. O que
tal vez, se pueda llegar a pensar.
La suerte de estas dos áreas disciplinadas, al abordar de distinta
formas el corpus de la Filosofía, convertida ésta también
en disciplina, residió en su carácter práctico para poder
apropiarse de los conocimientos que conformaban dicho corpus.
Pues, entre todas las incisiones realizadas para poder deslindar, acomodar,
poseer, transmitir y producir los saberes filosóficos, la Historia
de la Filosofía y la Filosofía de la Historia, resultaron ser
las más prometedoras para que la disciplina llamada Filosofía,
se convierta en materia específica que se pueda enseñar en las
universidades y demás instituciones.
En esta "transformación", que la historiografía del
siglo XIX practica sobre el "cuerpo filosófico", se dan a
conocer dos rivales pesados de la Filosofía; la única verdad
de la uni-versi-dad, y lo ins-titu-ido de la institución.
Ahora bien, para que la Filosofía pueda germinar, para que pueda realizarse
como actividad del pensar. Es preciso que se aparte del nombramiento, que
tome distancia de la enunciación. Es necesario que el concepto de Filosofía
se haga humo en las bocas de los hombres y en los grandes salones. Para que
en los márgenes, en los límites y bordes, pueda advenir la figura
del filósofo. La imagen del hombre con mirada traslúcida que
se dedica a pensar.
Dar con la Filosofía es encontrar la necesidad de pensar. Pensar en
Filosofía es ver con una lente especial, la del esfuerzo reflexivo,
el vacío de una época, la oscuridad insondable en la que se
mueven los hombres de un determinado cuento histórico.
Esta necesidad de reflexionar, de atravesar todas las épocas junto
con las vísceras de la propia vida, poco tiene que ver con el espectro
universitario e institucional de la Filosofía de escuela. Pues, porque
ahí, donde se nombra, se exige, y se retiene el saber histórico
de la Filosofía. Ahí, donde se violenta su aparición,
justamente ahí, "la dama" se complace en no aparecer.
El genuino pensar filosófico no pertenece al "centro", no
depende de la institución ni de la sociedad, no busca consenso, ni
intenta amigarse con las distintas formas de políticas gubernamentales,
menos aún si se trata de democracias. Es por el contrario anarquista
y surge en los bordes más aislados del consenso social.
Ortega y Gasset hablando no de una Filosofía anarquista, pero sí
de una Filosofía que surge fuera del "andamiaje" social dice;
"Esta necesidad de filosofar que siente el individuo creador es la auténtica
y original. En él, no en la sociedad, está el origen de la Filosofía
y su auténtica o radical realidad."
A el ámbito que más cercano se cree al pensar filosófico,
tan solo porque lo nombra, el ámbito académico, a ese lugar
no se deben dirigir las miradas sedientas del "pensar," ahí
está anquilosado el pensar.
El "pensar" gusta y rebasa de vida, cuando un espíritu "extraordinario"
se complace en jugar mirando en su derredor de modo "extraordinario".
Todo lo que el filósofo puede traer a "escena", tiene que
ver, como afirma Santayana, con lo que el puede triturar en su corazón
para luego hacer fluir hacia fuera. El verdadero motor del pensar, trabaja
aquel material más intimo y "brillante". Aquel mismo que
el pensador comienza a sublimar, lidiando siempre en un determinado terreno,
en un preciso lugar.
"Se piensa no solo estando en una fecha determinada y en un preciso lugar,
sino desde un puesto social que unas veces es el centro de la sociedad, otras
es arriba, otras es abajo y, en ocasiones, es un puesto fuera de ella: cárcel
o destierro."
La Filosofía exige al hombre autenticidad, silencio, serenidad, y un
tono de seriedad. Sobre todo exige reflexión. Que resulta a los ojos
de la empresa funcional y técnica del mundo occidental, un tesoro vedado.
Abogar por la Filosofía, es apostar por el "pastor del ser"
y no por el "dueño del ente". (Heidegger)
Difícilmente pueda sobrevivir el Filósofo al encierro de la
"institución". No conviene que un torbellino ronde las inmediaciones
de lo social, y hasta que estas dos enemistades pervivan como tal, nunca podrá
la institución acelerar trámite de título para tan osado
oficio.
¿Qué oficio?
Muchas
profesiones tienen el carácter de oficio. El saber desenvolverse en
una determinada actividad y llevarla a cabo todos los días, guste o
no guste, y en cierto tiempo del día para ganarse la vida. Así
también, parece que el "filósofo" corre en la gran
batalla funcional y profesional, y se dice de él que se "ocupa"
en Filosofía.
En realidad la Filosofía no es ni profesión ni oficio. Ni mucho
menos el filósofo se ocupa en Filosofía. Tendríamos que
decir que la Filosofía es una actividad; la de pensar, y también
que es un hábito; el de no saber cuando comienza y cuando termina la
reflexión.
No se puede "hacer" Filosofía o "dedicarse" a ella
cuando se quiere. Bien esto puede ser; leer sobre Filosofía, investigar,
o escribir sobre ella. Pero el encantamiento del mundo no tiene horarios de
ingreso ni de salida, es un encantamiento casi siempre inoportuno, que vuelve
al pensar extraordinario y extraño, y siempre sustento rico para la
Filosofía.
La vida del filósofo en poco se distingue de su vida, y su Filosofía
con esmero no le deja vivir; "...escribió una vez Fichte: filosofar
quiere decir propiamente, no vivir: vivir quiere decir propiamente no filosofar..."
Pensar en Filosofía, es romper con los cristales cotidianos que dan
forma a la imagen del mundo. Es anticiparse a la conciencia cosificada en
ideas que se toman como presupuesto para "levantar" el mundo circundante.
Ahora bien, quizá solo sea romper o emancipar la conciencia, tan solo
para armar nuevos ventanales o para cosificar nuevas ideologías. Pero
si esto es así, al menos el filósofo reivindica para sí
el valor de "perder la vida en la batalla".
Por estas líneas es que debemos entender eso de que la Filosofía
no deja vivir. Pues la pregunta paraliza al que la enuncia, y ésta
no consiste en que el pensante pregunte, sino, en que el habla de la pregunta
decida por eso y en tal momento preguntar. Haciendo al filósofo testigo
de lo que comparece en su derredor y luego testigo de su propia vida.
Ante las puertas finales.
No puede
haber "paz" en el universo filosófico. El iluso que tira
por doquier los ropajes de su época, cultura y sociedad, está
destinado a errar por el mar "simbólico e imaginario". Sabiendo
de por vida, que lo inabordable de lo "real", solo es el tablero
de juego donde él se comporta como un péndulo.
¿Qué significa sino, demoler el último supuesto, como
si fuese el peldaño final en donde nos sostenemos en puntillas de pie?
O mejor. ¿Qué actitud podemos adoptar, sabiendo que las caídas
de las ideologías no dejan ver ni un destello de lo "real".
Puesto, que eso que acostumbramos a pensar como realidad de consistencia inmutable,
que gusta ocultarse, no es más que otro despliegue ideológico?
Nada hay más allá de las "puertas finales", allende
el carácter arbitrario del signo. En las fronteras oscuras donde el
psicoanálisis se encargó de mostrar que habita lo "siniestro".
Espectro desgarrador del que hasta la misma Filosofía huye.
Así la posición del filósofo. En un movimiento bascular,
recorriendo los bordes del silencio. Dejando escapar una imagen algo graciosa
y a la vez triste, pues se entrecruzan el él, la nobleza de saber que
es un ser lo bastante frágil como para no morir, y porque ofrece su
herida más profunda. La de alguien que da cuenta de eso que ocurre
entre el caelo y el humus , en esa franja que de a ratos se oscurece, paralelamente
a la impresión de que algo "grande" puede llegar a pasar.
Miscelánea.
El pensar
filosófico es, en tanto se piense filosóficamente, una meditada
representación de la categoría "ser". Así también,
exige la existencia auténtica del existente que lo anuncia y una verdadera
conciencia histórica y de la época en que se vive.
Pero no habrá posibilidad de advenimiento y persistencia de tal pensamiento,
si paralelamente no se lleva acabo una emancipación de la reificación
de la conciencia. Es decir, de la cosificación de la conciencia, del
anquilosamiento que se produce a partir de las estructuras ideológicas
generales de lo social.
Cuando no existe dicha posibilidad de emancipación de la conciencia
cosificada, la tarea filosófica deviene "ocupación",
es imposible que germine una auténtica y genuina Filosofía,
sin el "desprendimiento" de dicha conciencia. La conciencia reificada,
si se dirige a la Filosofía, no hará más que "ocuparse"
en ésta, nunca podrá aquella conciencia conquistar y poseer
a la Filosofía.
Esta conciencia es la verdadera enemistad del filósofo. Ella existe
como una raigambre hasta en los sectores sociales que jamás se podría
sospechar, puesto que en esos lugares al menos no debería existir.
No solamente en las Universidades y centros culturales de enseñanza
subsiste esta conciencia estructurada, sino que también ahí
se reproduce.
Si la "academia universitaria" debería ser un espacio donde
se gesta el originario pensar que no reconoce autoridad alguna, hoy a devenido
un espacio o sistema de reglas de formación de sujetos al servicio
de las estructuras ideológicas sociales. No solamente la reificación
de la conciencia ideológica es la acérrima enemiga del filósofo,
lo es también de lo social en general.
"Una masa enorme de informaciones se ofrece a personas cada vez menos
capaces de elaborarlas y comprenderlas. El diploma y el libro de bolsillo
no deben enmascarar esta falsa cultura de la sociedad de consumo. Este es
el peligro que nos amenaza (...) las estructuras mentales constituyen obstáculos
que es preciso vencer."
No es
que exista una batalla entre el filósofo y la estructuración
de la conciencia, pues el filósofo no lucha contra nadie, a nadie tiene
o debe que explicarle o fundamentarle algo. Esto de que la conciencia estructurada
es la enemistad fundamental del filósofo se debe, a que de continuo
es un esfuerzo para éste el poder darse a entender tanto en el diálogo
como en la escritura.
El filósofo se limita a una actividad reflexiva e interpretativa del
mundo, y desde este lugar se expone para aquel "otro" que en realidad
siente que se está exponiendo.
Sin embargo este lugar de desarme, de examen, de revisión, puede generarle
algunos altercados. Tanto es así, que su actividad puede parecer la
de un hombre soberbio. "El más soberbio de todos los hombres,
el filósofo..."
Nada podrá hacer el filósofo contra esta apariencia, si es que
se trata de una apariencia. Pues el filósofo que sí lo es, no
puede dejar de serlo, y basta tan solo con una tenue mirada y cercanía
a él para refutar brillos de soberbia.
"El filósofo es un hombre inquieto e inquietante (...)su riesgo
permanente e ineludible es la soberbia; pero esta se cura solo con que el
filósofo siga siéndolo...".
Históricamente, y en la mayoría de los casos, el filósofo
realizó el papel del solitario y oscuro. Pero posiblemente ninguna
época como esta ha tomado tanta distancia de él. El filósofo
hoy es confundido con el técnico académico, la funcionalidad
social no le brinda espacio alguno, y su voz aunque débil, retumba
en algunos rincones y páginas, pero en nada encanta a la conciencia
estructurada.
El filósofo hoy no es ni inquieto ni inquietante. Es el técnico
del saber de los fríos salones, y prueba de esto es que no tiene discípulos,
sino distantes alumnos.
La sangre fría de estos salones es la metodología de investigación
proveniente de las ciencias duras, metodología que resulta en Filosofía
pura arbitrariedad. Eso justamente que de continuo la Filosofía rechaza
para poder ser, arbitrariedad.
¿Qué
es lo que se puede concluir en un ensayo de filosofía?
Debemos pensar en la gran confusión que se despierta al tratar el tema
de sí a la Filosofía le corresponde o no un fin, que no sea
el fin que ella es en sí misma.
Este tema tratado hasta el hartazgo, es sin embargo el que define la posición
en última instancia del pensador, y siempre es oportuno dejarlo madurar.
Todo se resume en la siguiente cuestión; la de poder pensar si la muerte
declarada a la Filosofía, las grandes responsabilidades que se le atribuyen,
el compromiso que se le exige de asistente social, y todo el menosprecio expresado
en distintas fórmulas, no tienen que ver sino, con el espectro de la
Filosofía, con esa imagen que se coagula en el intento de arrastrarla
a la institución y al consenso social.
Cabe por esto, reflexionar siempre, que se entiende por Filosofía y
por esa extraña actividad del pensar. En todo caso saber siempre quien
es la dama y quien su sombra.
8 VATTIMO,
Gianni. "Las aventuras de la diferencia." Altaya, Barcelona, 1999.
Págs, 54-55.
Bibliografía de referencia.
HEIDEGGER,
Martin. "Carta sobre el Humanismo". Sur, BsAs, 1960.
BOEDER,
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Quadrata, BsAs, 2003.
FERRY,
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BsAs, 2001.
GOLDMANN,
Lucien. "Lukács y Heidegger". Amorrortu, BsAs, 1975.
SAVATER,
Fernando. Heidegger para la ética. En "Etica como amor propio".
Grijalbo Momdadori, Barcelona, 1995.
VATTIMO,
Gianni. "El pensamiento débil". Cátedra, Madrid, 1988.
"Las aventuras de la diferencia". Altaya, Barcelona, 1999.
ZIZEK,
Slavoj. "El espinoso sujeto". Paidós, BsAs, 2001.
La
intuición irracional y los bordes del silencio.
Cuando
la intuición irracional se presenta, porque exige ser presenciada y
pensada, no hay posibilidad de postergar la "cita" con ella. La
intuición irracional avisa, pero siempre que lo hace ya es tarde, pues
en ese momento, está por encima de nosotros y cubriéndonos con
toda su "sombra", la Filosofía. Ella consiste en un pensamiento
intuitivo, y este es casi siempre imposible de definir. Experiencia singularizada
que no se deja transmitir originalmente.
Se trata de los bordes del silencio, es ahí hacia donde arrastra este
pensar intuitivo. Filosofía de la tortura, que se complace en aislar
el espíritu, dejándolo solo y opaco, triste y eufórico,
aborreciendo todo lo que comparece a través del pensar, y con pocas
chances de poderlo expresar y darlo a entender.
En estos bordes del silencio donde se impone la intuición casi siempre
irracional de la realidad, ha venido la desdicha humana a revelarse y entregarse.
Clama ser escuchada y comprendida. Su mensaje; la estancia forzada del hombre,
su conciencia, y su conocimiento, no debería estar siendo.
Así, la Filosofía obliga al hombre a que sea testigo de ella,
y ante él, patentiza la decadencia y pobreza de la conciencia humana
y de su destino.
* * *
El hombre es el ser más egoísta que jamás haya existido.
Por no haber aceptado tener que perecer, ha forzado una y otra vez su destino.
Y su sola estancia, que no es más que una existencia "artificial",
no hace sino destruir y arruinar todo lo que a sus anchas encuentra y toca
en el planeta.
No contento con ser un protagonista de poca impronta en la historia "natural,"
y graso alimento condenado a desaparecer, ha apostado por el desciframiento
de la "realidad" a través de la inteligencia y el conocimiento.
Y de este modo, ha logrado sortear su único camino honrado, la extinción.
De no ser por el egoísmo propio que caracteriza a la especie humana
y por su afán irracional de perpetuarse, nos habríamos ido más
rápido de lo que creía Nietzsche, cuando nos cuenta sobre la
joven muerte del hijo de Lessing. Puesto que nuestra historia, estaría
más a tono con la vida del "chico de Turkana" y la del "niño
de Taung." Y no solo a tono, puesto que nuestra dignidad, si es que alguna
vez la hemos tenido, ha quedado en aquellas praderas del "infierno,"
tierno lugar de donde nunca tuvo que haberse escapado.
¿Es que la madre "naturaleza" no tuvo tiempo para advertir
que su hijo mayor el Homo ergaster, pasaba mucho tiempo mirando y jugando
con esas piedras? ¿Y que el menor el Homo neandertal, gozaba de mucho
tiempo libre en esas frías regiones ayudándose y tratando de
imaginar junto al fuego?. No, no lo advirtió. Y de no ser por esta
madre distraída y por estos dos chiquillos tan inquietos, que distinto
hubiera sido todo. Que justo hubiera resultado para nosotros los egoísta,
y que libre para todos los otros seres, hermanos que nos padecen y que ven
como desolamos la tierra.
Nuestra historia hubiera sido muy noble sin ser contada. Y tendría
un final digno y justo, si se hubiera desplomado el último homínido
de nuestro linaje llevándose con el, la extinción en la pradera
africana y el postrero hermano perverso, el Homo sapiens..
Einstein y su teoría de la relatividad, nos han enseñado algo
muy valioso para esta época pobre de sentimientos. Nos han hecho entender,
que mirar el firmamento del cosmos, es dirigirse con la mirada al pasado.
Y esto descubre en nosotros, una profunda tristeza por aquellas luces y por
esos tiempos que vienen viajando muy rápido para tener que morir.
Los grandes historiadores, nos han mostrado la complejidad de la historia.
Nos enseñaron, que las vidas de aquellos hombres, y sus representaciones
de la realidad, casi siempre son imposible de reconstruir una vez que el tiempo
se ha alejado de ellos.
La paleontología, aparte de corroborar la teoría evolutiva de
Darwin. Nos ha puesto ante los ojos, pruebas concretas de la vida pasada y
del paso del tiempo sobre ella.
Pero nada de esto puede conmover el egoísmo y la centralización
del poder del hijo "traidor" que no quiso irse. La bóveda
oscura no le trae nostalgia. No respeta la historia porque no la conoce. Ni
se estremece al ver emerger fosilizados los restos de aquellos seres, que
le han precedido en el camino evolutivo, y que le han asegurado para hoy,
su puesto en la vida.
Especies enteras han emergido bajo el sol y se han marchado dignamente cuando
la voz de la vida se lo ha hecho entender. Así, por ejemplo, Dimetrodon
en el Pérmico, y Basilosaurus, en el Terciario.
Quien no pueda sentir estremecimiento y tristeza al mirar los registros fósiles,
puede preguntarse seriamente que tan vivo está, y que lugar la vida
le ha otorgado.
El miedo a desaparecer. A que el universo se quede sin ojos y sin conciencias
que lo contemplen. El terror a tener que ceder el trono inventado durante
la larga noche para burlar la muerte. La negación a aceptar que la
vida ya ha pasado, y que ha dejado grandes cuencas petrolíferas para
que los postreros parásitos jueguen con el, he inventen su nuevo mundo.
Como el voraz y alegre gusano, que se alimenta de la muerte y lo ignora.
Hay que empezar por aborrecer la idea de supervivencia humana. También,
la gran mentira del bien de la ciencia por la humanidad, junto a la paz y
la seguridad de esta desdicha forzada de seguir aquí. Pues el invento;
es ser la especie superior. Y la cruda "verdad;" es ser el remanente
y la lacra cósmica, que ni los "dioses" ni nuestros "hermanos"
ya son capaz de reconocer.
Los esfuerzos del hombre están condenados a la nada. Por más
ciencia, ética, y política que realice, siempre va a ser lo
que es; una criatura desagradable para su entorno, falsa y egoísta,
rodeada de estupideces y delirios para fingir que vive.
La coraza del tranquilo Gliptodonte, en algo se nos parece. Pero no se trata
de ofender a este amigo tan cercano con nuestra imagen. Pues el la utilizaba
para defenderse en esa vida austera, pero "real". Nuestro anquilosamiento,
es por el contrario, para no dar con la vida, es para permanecer bajo él,
en "invierno" y en "primavera." Es para seguir siendo
ajeno a la vida y para reforzar bajo su tejido óseo; el egoísmo,
la soberbia, y la ignorancia que nos caracterizan.
Lo triste en esta historia, no es el haber arrebatado al mundo su tesoro;
la urdimbre delicada de la vida en su estado más auténtico.
Por el contrario, se trata de ignorar el "robo" y la matanza. Y
de creer que los pasos que damos en esta superficie profanada, son honrados
y merecedores de darse. Pues en estos casos y por "jurisprudencia",
es preferible el asesino arrepentido y contribuyente a atenuar el daño,
que el asesino dispuesto otra vez a matar.
En la historia natural, cuando el Homo sapiens se encontró cara a cara
con el Gliptodonte lo aniquiló, sin saber lo que hacía lo masacró.
Hoy el Homo sapiens, lo encuentra nuevamente bajo la vida del humus a escasos
metros, y en una indiferencia abismal ni siquiera lo destruye, sino que se
molesta, porque hay que apartarlo y su obra de este modo se retrasa.
Heidegger, sentenció alguna vez, que tan solo un dios podría
salvarnos de la indigencia en la que hemos caído y también convertido.
Y de ser así, sería oportuno preguntarle a este dios, si el
daño que nuestra ignorancia a causado en esta tierra, merece o no perdón.
Pero antes de que esta pregunta sea posible, faltan consumirse millones de
litros de combustible para ir a ningún lugar.
Que tan grande ha de ser lo que ignoramos, y que errada nuestra imagen de
la vida, que llamamos a esto "progreso" y "adelanto".
Mientras otros, que alaban y se sorprenden con los descubrimientos de la ciencia,
esperan impacientes que esta venga a socorrerlos y le prolongue esa languidez
que llaman la vida.
La vida del hombre en su estado prístino y auténtico ha quedado
más allá de aquella traición. Desde el momento en que
se reveló a su destino y forzó su estadía, a entrado
en una larga agonía, caracterizada por el sufrimiento que conlleva
sentirse muerto y desterrado en vida.
Tan irracional es este pulular de aquí para allá, que en toda
una vida quizá la razón, no logre sacarle el mínimo de
un destello.
Así, el narcisismo humano, brilla hoy en su más resplandeciente
fulgor. Puesto, que ha olvidado, y olvida de continuo, cual es su papel en
este gran escenario irracional. Y también, porque ha hecho oídos
sordos a las palabras de los pensadores que se lo han anunciado. Pero esencialmente,
porque se ha alejado bruscamente de los bordes de silencio, de aquel lugar
de "arenas doradas", en donde alguna vez habitó.
De lo que alguna vez pudo ser aquel entorno, solo queda penuria. Y solo una
imaginación dignamente usada, nos puede conducir prudentemente y no
sin errores, a partir de restos y evidencias conservados, a una tarde tormentosa
del Pleistoceno donde un Homo ergaster intuía y veía venir un
cielo azul verdoso que amenazaba con ceder.
Pero este no es el tiempo de la tristeza, ni el tiempo de encontrar egoístas
responsables y criminales. Pero sí lo es, el de apartarse del trono,
y el de encontrar la nostalgia interna que nos refleja el cielo en la noche.
Junto con la rareza que despierta en nosotros, un escarabajo y sus élitros
mineralizados que vuelven después de tanto tiempo, a recibir la luz
del sol.
La tierra indica por doquier con sus accidentes, su historia y la de sus hijos.
Ahí tenemos que mirar entonces, para encontrarnos y para volver a pactar
justicia sobre "juncos". Porque el sentimiento de desarraigo, de
lejanía y de no pertenencia a esta morada, nos hizo mirar hacia lo
"celeste", sin saber que la miseria de la soberbia es la que impide
mirar hacia el suelo.
La vida versa sobre la tempestad, vivir es tener frío, hambre, dolor,
heridas. El hombre que quiere vivir, y no simular que vive, odia la rutina,
la seguridad, la respuesta a la pregunta y el aniquilamiento del imprevisto.
Todo conspira para tener la vida bajo control, sabiendo que el precio a pagar
solo lo vale la libertad y que nuestra vida se hunde en la más plena
futilidad y ligereza.
No existe otra libertad que esta; la que se obtiene en la pasión por
recuperarla y poseerla, para luego dejarla escapar. Estar vivo trata de la
búsqueda de la libertad perdida, y de notar que este suelo está
plagado de muerte pasada. Es el momento de llevar la novela de Proust, más
allá del tiempo perdido de nuestras vidas. Es el momento de recuperar,
el origen mismo del tiempo.
METAFORAS POR FUERA DE LA CULTURA POSTMODERNA
El jardín de Perséfone.
El manto
de la noche no sabe que pueblo abraza, y estos jamás se conocen entre
sí.
Llegando a sus puertas algunos perros siempre reciben, vagabundos y preparados
para el asalto, la oscuridad les pertenece y lo hacen notar. Una calle se
prolonga a un humilde centro, señalada por enfermas luces, da la impresión
de que la angustia avanza y que ya nada la puede descarnar. Un camino a la
izquierda provoca una apertura en el campo, en él se pierde lo profundo
en lo profundo y lo oscuro cae sobre la vida y sobre el húmedo calor,
de todas formas nada trata de indicar, pero la angustia se descarna.
Cuando se mira el cielo desde el campo, es fácil advertir porqué
latinos y griegos han hablado de bóvedas celestes que se desplazan,
nos arrastran hasta ellos y recordamos el curioso personaje llamado Anaxágoras,
pensamos entonces y sufrimos, pues extrañamos nuestra casa.
Con qué se puede profanar tanto la tierra de un campo, no es acaso
que el Hades se hace llamar técnica, y que un Dios ruega por la astucia
de un tal Hermes que disfrazado bajo lengua interpretativa ha llegado para
negociar la libertad de una doncella desconocida para nosotros, reina adolescente
de una pradera florecida.
La bóveda celeste está olvidada, nadie quiere verla, potentes
cristales la atraviesan para no lograr ver nada, el jardín está
marchito y su doncella perdida, nuestro mensajero casi rendido, mientras tanto
pensamos para mantener el todo, y esperamos en silencio que la joven doncella
sea tocada por Flora para así volver a reinar.
Ermácora Jorge.
Céfiro y el Siete colores.
El viento
comenzó a soplar del sur. Era el frío fantasma corriendo la
vida cálida que se había establecido en el estero. Todo un ciclo
tejido en delicada urdimbre, que ahora debía perderse por unos tristes
meses. La vida de todos esos seres cambió, se perdió, como se
pierden los colores del estero, cuando la magnifica ave llamada siete colores
de la laguna vuela lejos de él.
El viento es quien trae y lleva, quien dirige, anuncia y avisa, todo el regula.
Ni el pájaro de los muertos logra persuadirlo en su canto, ni la reina
mora aquietar.
Ahora todos debían volverse rígidos, los que pertenecen al agua,
al aire y a la tierra. Pues ellos, son todos hermanos que han pactado su justicia
sobre juncos. Así deben esperar en la noche irredenta la calidez para
volver a reír.
Oí al siete colores cantar algo lejos, anunciaba en su canto, llevar
prestada en el tiempo y en su plumaje la policromía espectral ...pronto
la devolveré, como se devuelve nuestra aparente complejidad, que a
lo simple y siempre lejana, aspira volver...
El alma del estero voló lejos, se fue con el aire cálido. Nunca
sus hermanos han sabido de ella en los meses de agonía. Solo saben
que un día venidero, sus colores se reflejarán en el agua, y
que el viento caluroso del estío, se encargará de devolverlos,
para animar aquello, que entre el caelo y el humus, inevitablemente no se
puede apagar.
Ermácora
Jorge. Dedicado contra el reinado de la Técnica.
Donde mueren las aves.
Quien
haya estado un mediodía de verano en alguna cañada en plena
soledad, es un gran testigo. Al solitario esa tierra de dulce olor, le devela
sus encantadores secretos. No solamente en las alturas brama ese áspero
y a veces suave viento del oeste, hijo de Aurora que los hombres de otros
tiempos llamaron Zephyrus.
El que en esas tierras avanza nada logra conocer, ha de dejar que esas vidas
comparezcan, entonces sí, su inocencia será llamada a soñar
aquello que no lo asombraba.
Hombres de tierras lindantes descargan maldiciones sobre esas peligrosas tierras
poco fértiles e indomables, donde mora el crótalo.
En su opaca noche sobrevuelan el bañado unas aves negras nunca vistas,
son las hijas del estero, portadoras de los más intrigantes secretos
que les fueron revelados para custodiar, entre ellos, el anuncio de un nuevo
reinado, y más profundo aún, el lugar en donde mueren las aves.
Ermácora Jorge. A mi tierra.
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