PEQUEÑO HOMENAJE A KANT EN SUS 200 AÑOS
Hace
Unos pocos meses, se cumplieron los 200 años del nacimiento de KANT.
Queremos desde este sitio, rendir un homenaje a "este pequeño
gran hombre" ícono del mejor pensamiento de occidente.-
Para ello, reuniremos 3 trabajos, realizados por distintos filósofos,
que a nuestro entender, presentan admirablemente al gran público las
ideas bases de este pensador.-
Recurrimos para ello, a tomar prestados dos trabajos que publicara especialmente
para ese aniversario el diario Página 12, producidos por FERNANDO MOLEDO
y RICARDO IBARLUCÍA y una contribución de la filósofa
ANGELINA UZIN OLLEROS
A manera de anticipo
"Pocos
son los filósofos (y seres humanos en general) que pueden asegurar
no haber sido rozados por el espíritu y el pensamiento de aquel metódico,
frágil y pequeño gran hombre llamado Immanuel Kant que, con
sus ideas sobre la moral, la conciencia, la libertad, el sujeto y entorno
de qué es lo que se puede conocer marcó a fuego el devenir de
Occidente".-
Fernando Moledo
Fragmento de un escrito realizado en el Diario Página 12
De todas
maneras lo que un objeto es no depende para nada del sujeto; Kant no va tan
lejos. Es sólo su estructura objetiva, aquello que hace de eso justamente
un objeto de conocimiento, la que viene "prefabricada" y tiene el
sello del sujeto desde el comienzo. Este es el gran cambio en la concepción
de la estructura de la experiencia, al que Kant llamó "giro copernicano".
Hay conocimiento de objetos, porque es el sujeto el que pone las condiciones
de posibilidad de la objetividad.
Por otro lado, como todo lo conocido es en última instancia producto
de una síntesis entre lo que entrega la sensibilidad y aquello que
pone el sujeto, lo que está más allá de esa síntesis
queda fuera del alcance del conocimiento. Hay conocimiento seguro, dice Kant,
si; pero el precio es que no puede haber conocimiento científico de
las cosas como son en sí, porque lo único que podemos conocer
son las cosas como son para nosotros. Es decir, los fenómenos. Con
esto se termina la pretensión de una metafísica científica
ocupada justamente de conocer teóricamente las "realidades en
sí", que están más allá de toda experiencia.
Kant señala así, por medio de la imposibilidad, del límite,
una región infinita que queda totalmente clausurada para el conocimiento
teórico. Hay conocimiento, pero el precio es alto: aceptar la finitud
del hombre.
El hombre como un fin en sí mismo
Pero que la metafísica sea imposible como conocimiento científico no quiere decir que sea imposible en absoluto. El hombre mismo es mucho más que la conciencia cognoscente, hay en él también una conciencia moral relacionada con sus acciones, que está allí tan patente como la física de Newton con relación al movimiento de las estrellas y los planetas.
·
Cómo es posible que haya moral
· Cuáles son las condiciones de posibilidad de la conciencia
moral
son las preguntas que propone la segunda crítica que escribe Kant: La crítica de la razón práctica, publicada en 1788.
El hecho
de que haya conciencia moral, dice Kant, presupone la posibilidad de la libertad,
porque no tendría sentido hablar de moral sin libertad, no tendría
sentido hacer un juicio moral sobre una acción que no sea producto
de una voluntad libre sino mecánica, como la que rige en los objetos
naturales. No tiene sentido hacer un juicio moral sobre la caída de
una piedra o en el movimiento de los planetas. En la naturaleza hay mecanismos,
necesidad, determinismo puro.
Entonces, ¿Adonde acudir para encontrar la libertad que debe ser lo
opuesto a la naturaleza? A la razón.
¿A qué otro lado podría acudir el hombre si lo que quiere
es "salirse" de la naturaleza? La razón es lo único
que puede determinar la voluntad y oponerse a la determinación mecánica,
necesaria, que rige en la naturaleza.
Y eso, por medio de la ley, una ley que no puede venir de la naturaleza, porque
requiere que haya libertad y en la naturaleza todo se mueve en forma necesaria.
La razón, que antes legislaba teóricamente sobre los objetos,
es decir, daba las condiciones de posibilidad del conocimiento, va a legislar
también prácticamente sobre la voluntad, produciendo las condiciones
de posibilidad de una voluntad independiente, autónoma, libre.
Así, determinado por la Razón, el hombre sale del curso natural que gobierna las cosas, la necesidad, y se vuelve hacia lo que le es propio, la libertad.
La libertad, para Kant, es lo más propio del hombre, porque justamente el hombre no es una cosa sino una persona, que no solo obra libremente sino que, por medio de la razón, se transforma en auto legislador de la libertad. Por otro lado, como la ley es válida universalmente, es válida para el que legisla y para todos los hombres, para toda la humanidad.
Y en eso consiste para Kant la dignidad del hombre que resiste por medio de la ley de la razón el imperio de la necesidad y del sometimiento, tanto del poder de la naturaleza como de los otros hombres: En el hecho de ser capaz de darse la ley e incluir en esa ley a toda la humanidad.
En eso consiste la dignidad de la persona, que no debe ser jamás tratada como una cosa, como un medio, sino como un fin en sí mismo.
Por eso el hombre es en realidad el único fin posible al cual se puede atender en una acción para que sea moral; por que el hombre, dice Kant, es un fin en sí mismo, el precepto último de la voluntad.
Una última formulación del imperativo categórico, menos conocida, pero tan importante como la anterior, manda que se debe obrar "de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio".
Al salirse de la ley que gobierna a los fenómenos y llevar consigo al hombre, la Razón Práctica puede lograr, a su modo, lo que la razón teórica no; trata, prácticamente (éticamente), sin que haya conocimiento de por medio, con aquello que es en sí.
Por eso es que la razón teórica debe estar al servicio de la razón práctica, (Ética), y que todo el conocimiento, si ha de servir para algo, debe estar al servicio de la libertad del hombre, el único fin en sí mismo.
¿Qué es la ilustración?.
Ricardo Ibarlucía
Kant, cuando contesta la pregunta, ¿qué es la ilustración? da una respuesta concreta y positiva: ilustración es la emancipación del hombre de su autoculpable minoría de edad. Para ello se trata de que el hombre se atreva a pensar por sí mismo, a valerse de su razón, para dejar de concebirse como menor de edad, como alguien que está bajo tutela; en otras palabras: como un súbdito.
La respuesta de Kant a la pregunta qué es la ilustración es en sí misma de una tremenda actualidad.
Se trata de una respuesta dirigida justamente al presente, a las aspiraciones infinitas que inscribe al presente del hombre en su pasado y su futuro, en la trama misma de la historia. Porque si el hombre declina su posibilidad de pensar, su posibilidad de ser libre, se condena a la esclavitud y al vasallaje.
PROPUESTA AL HOMBRE DE UN PROYECTO DE HUMANIDAD
La apuesta
de Kant consiste entonces en proponer al hombre un proyecto de humanidad:
a partir de la dignidad de su libertad, de la independencia de toda tutela
y de la emancipación que se logra por medio de su propio actuar. A
todo eso convoca Kant cuando declara la necesidad de atreverse a pensar (sapere
aude): atreverse a ser libre.
Ricardo Ibarlucia
De estos conceptos de la filósofa Angelina Uzín Olleros se trata "la cuestión de ética"
"El sujeto kantiano no es solo un sujeto cognoscente, en su "Critica a la razón práctica" el filósofo nos presenta un sujeto moral que es autónomo porque políticamente no está obligado a obedecer una orden que repugne su conciencia moral; pero su autonomía también se basa en una ética que lo considera un fin en sí mismo.
LA POSIBILIDAD SIEMPRE PRESENTE DE SU LIBERTAD
SER UN SUJETO MORAL Y ETICO REFIERE A LA POSIBILIDAD SIEMPRE PRESENTE DE SU LIBERTAD Y SIGNIFICA NO PODER SER UTILIZADO POR OTRO, ES NO SER UN OBJETO.
Al decir de JEAN PAUL SARTRE somos un proyecto lanzado al mundo y estamos condenados a ser libres, los seres humanos no podemos dejar de aspirar a la libertad. ENCONTRARNOS con otro es estar frente a un igual, a un semejante, estar ANTE otro sujeto que también es libre."
LO HUMANO Y LA HUMANIDAD
Pedro Bugani
También
al decir de J. P. Sartre, "todo lo humano nos concierne, y todo lo que
nos concierne en este sentido, es humano".
Esto significa que tan humanos son Gandhi como Hitler, aunque, al decir de
Kant, sus propuestas a los hombres como proyecto de humanidad, son opuestas
e irreconciliables.-
Es por esta razón que los hombres estamos obligados por las situaciones que nos toca vivir, a realizar un pensamiento crítico y juicios éticos, tanto como sujetos políticos, como sujetos sociales, sujetos culturales y como sujetos únicos y singulares.-
En todo momento tenemos que decidir que nos parece bien y que nos parece mal, para nuestra comunidad, para nuestro grupo o clase social de pertenencia, para nuestro grupo de pertenencia afectivo, y como sujetos únicos y singulares ante una situación y sus posibilidades diversas.-
CRITICA Y PENSAMIENTO CRITICO
Angelina Uzín Olleros
Crítica proviene del griego "kríno": separar, discernir, teniendo en cuenta diversas calidades
Cuyo significado etimológico remite a la actividad de los agricultores:
· al separar los granos de los residuos,
· distinguiendo la paja del trigo,
· el alimento del desperdicio.
La tarea crítica de la razón y del pensamiento tiene relación con este sentido originario de la crítica, con la tarea de "SEPARAR, DISCERNIR, TENIENDO EN CUENTA DIVERSAS CALIDADES".
CRITICA: en el pensamiento de la filosofía europea significa: discernimiento, búsqueda de las calidades pertinentes y verdaderas que diferencian, precisan e identifican a la vez a una cosa, idea o situación humana.-
LA CRITICA
La crítica no es otra cosa más que examinar, revisar y poner a prueba las posturas epistemológicas, los rituales y las prácticas; su intención es la de democratizar las organizaciones institucionales en favor de la libertad y la dignidad de los sujetos que circulan en ellas, que afrontan y padecen una cultura institucional que disfraza muchas veces una imposición en nombre de lo aparentemente verdadero.
El debate actual respecto del estatuto científico de diferentes disciplinas y la pretensión de presentar unívocamente a la ciencia como discurso lógico, no es más que reemplazar el imperialismo metodológico de las Ciencias naturales por el imperialismo de los seguidores de una lógica de las ciencias sociales que excluye la razón práctica (aquella que plantea la cuestión ética de una praxis) para dar paso a una razón meramente instrumental.
Kant
Por Fernando Moledo
Fragmento de un escrito realizado en el Diario Página 12
De todas maneras lo que un objeto es no depende para nada del sujeto; Kant no va tan lejos. Es sólo su estructura objetiva, aquello que hace de eso justamente un objeto de conocimiento, la que viene "prefabricada" y tiene el sello del sujeto desde el comienzo. Este es el gran cambio en la concepción de la estructura de la experiencia, al que Kant llamó "giro copernicano". Hay conocimiento de objetos, porque es el sujeto el que pone las condiciones de posibilidad de la objetividad.
Por otro lado, como todo lo conocido es en última instancia producto de una síntesis entre lo que entrega la sensibilidad y aquello que pone el sujeto, lo que está más allá de esa síntesis queda fuera del alcance del conocimiento. Hay conocimiento seguro, dice Kant, si; pero el precio es que no puede haber conocimiento científico de las cosas como son en sí, porque lo único que podemos conocer son las cosas como son para nosotros. Es decir, los fenómenos. Con esto se termina la pretensión de una metafísica científica ocupada justamente de conocer teóricamente las "realidades en sí", que están más allá de toda experiencia. Kant señala así, por medio de la imposibilidad, del límite, una región infinita que queda totalmente clausurada para el conocimiento teórico. Hay conocimiento, pero el precio es alto: aceptar la finitud del hombre.
El hombre como un fin en sí mismo
Pero que la metafísica sea imposible como conocimiento científico no quiere decir que sea imposible en absoluto. El hombre mismo es mucho más que la conciencia cognoscente, hay en él también una conciencia moral relacionada con sus acciones, que está allí tan patente como la física de Newton con relación al movimiento de las estrellas y los planetas. Cómo es posible que haya moral y cuáles son las condiciones de posibilidad de la conciencia moral, son las preguntas que propone la segunda crítica que escribe Kant: la crítica de la razón práctica, publicada en 1788.
El hecho de que haya conciencia moral, dice Kant, presupone la posibilidad de la libertad, porque no tendría sentido hablar de moral sin libertad, no tendría sentido hacer un juicio moral sobre una acción que no sea producto de una voluntad libre sino mecánica, como la que rige en los objetos naturales. No tiene sentido hacer un juicio moral sobre la caída de una piedra o en el movimiento de los planetas. En la naturaleza hay mecanismos, necesidad, determinismo puro. Entonces, ¿Adonde acudir para encontrar la libertad que debe ser lo opuesto a la naturaleza? A la razón; ¿A qué otro lado podría acudir el hombre si lo que quiere es "salirse" de la naturaleza? La razón es lo único que puede determinar la voluntad y oponerse a la determinación mecánica, necesaria, que rige en la naturaleza. Y eso, por medio de la ley, una ley que no puede venir de la naturaleza, porque requiere que haya libertad y en la naturaleza todo se mueve en forma necesaria. La razón, que antes legislaba teóricamente sobre los objetos, es decir, daba las condiciones de posibilidad del conocimiento, va a legislar también prácticamente sobre la voluntad, produciendo las condiciones de posibilidad de una voluntad independiente, autónoma, libre.
La razón legisla sobre la voluntad, y lo hace por medio de "imperativos categóricos", mandatos que no dependen de nada empírico y que determinan la voluntad sin atender a ningún fin en particular, sino solo al deber incondicional, categórico: La primera fórmula del imperativo categórico, bastante conocida, dice: "obra de manera tal que puedas querer que el motivo que te ha llevado a obrar sea una ley universal".
Así, determinado por la Razón, el hombre sale del curo natural que gobierna las cosas, la necesidad, y se vuelve hacia lo que le es propio, la libertad. La libertad, para Kant, es lo más propio del hombre, porque justamente el hombre no es una cosa sino una persona, que no solo obra libremente sino que, por medio de la razón, se transforma en auto legislador de la libertad. Por otro lado, como la ley es válida universalmente, es válida para el que legisla y para todos los hombres, para toda la humanidad. Y en eso consiste para Kant la dignidad del hombre que resiste por medio de la ley de la razón el imperio de la necesidad y del sometimiento, tanto del poder de la naturaleza como de los otros hombres: En el hecho de ser capaz de darse la ley e incluir en esa ley a toda la humanidad. En eso consiste la dignidad de la persona, que no debe ser jamás tratada como una cosa, como un medio, sino como un fin en sí mismo. Por eso el hombre es en realidad el único fin posible al cual se puede atender en una acción para que sea moral; por que el hombre, dice Kant, es un fin en sí mismo, el precepto último de la voluntad. Una última formulación del imperativo categórico, menos conocida, pero tan importante como la anterior, manda que se debe obrar "de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio".
Al salirse de la ley que gobierna a los fenómenos y llevar consigo al hombre, la Razón práctica puede lograr, a su modo, lo que la razón teórica no; trata, prácticamente, sin que haya conocimiento de por medio, con aquello que es en sí. Por eso es que la razón teórica debe estar al servicio de la razón práctica, y que todo el conocimiento, si ha de servir para algo, debe estar al servicio dela libertad del hombre, el único fin en sí mismo.
La esperanza en el progreso
El hombre
tiene dentro de sí aquello que lo libera, y que libera a toda la humanidad
junto con él, pero, ¿Qué se puede saber sobre la realización
de la libertad en la naturaleza, en el mundo en cual el cual está inmerso
el hombre? Lo que no es fenómeno no se puede conocer, y sólo
puede ser postulado por la razón como un ideal al cual se aspira y
se tiende progresiva e infinitamente. Entre la libertad y la naturaleza, entre
lo que es fenómeno y susceptible de conocimiento y lo que es en sí
y solo es posible prácticamente, o entre lo finito y lo infinito, hay
un abismo insalvable puesto por el propio sujeto, aquel que separa los fenómenos
de las realidades en sí. Lo único que se puede hacer, con relación
a la pregunta de si habrá o no conciliación entre un ámbito
y otro, ya que no es posible tener certeza, es esperar, tener esperanza.
En la última de sus críticas, la crítica del juicio,
de 1790, Kant señala la belleza como uno de esos signos que permiten
dar sustento a esa esperanza porque, en la belleza, la naturaleza deja de
mostrarse como el puro mecanismo ciego que es, y parece, en cambio, dirigirse
al hombre con un obsequio, un favor que está allí solo para
él. La belleza, que revela una naturaleza que depone por un momento
la necesidad para dirigirse al hombre, permite sustentar la espera de un entendimiento
sobre la necesidad y la libertad. La belleza es la promesa de un acuerdo,
es esperanza, ¿O acaso no lo es?.
Finalmente, la filosofía de Kant, o como dirá Johann Gottlieb Fichte (1762-1814), "La filosofía" que comienza por la revolución copernicana de los cielos, concluye con la esperanza en la revolución de los hombres. Kant fue contemporáneo a la Revolución Francesa, y se preocupó mucho por llevar la filosofía al plano de la reflexión histórica. Ante los hechos revolucionarios, la pregunta que se hace es si, después de todo, el hombre progresa o no, si hay algún tipo de progreso y de qué tipo de progreso podría tratarse. Pero esa pregunta solo tiene sentido con relación a la libertad: que el hombre progrese quiere decir que progresa como hombre, en aquello que le es propio, y eso que le es propio es la posibilidad de ser libre. El único progreso del que tiene sentido hablar, aquello en lo cual el hombre progresa como un hombre, es en el camino hacia la libertad. A pesar del Terror y la masacre que involucra a los actores de la Revolución, el entusiasmo de los espectadores por lo hechos desencadenados a partir de 1789, que es el entusiasmo por la libertad, por el derecho y por la igualdad de las personas, funciona como otro de los signos que permiten dar sustento a la esperanza en el progreso de la libertad, en el progreso del hombre.
En esas cosas pensaba Immanuel Kant, que, como escribe Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) en sus Lecciones sobre la historia de la filosofía, "nunca llegó a salir de su ciudad natal".
Sobre su tumba están escrita las palabras con las que concluye la Crítica de la razón práctica: "dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral que hay en mí".
Actualidad y vigencia de Kant
Por Ricardo Ibarlucia*
Kant
hace cuatro preguntas que de alguna manera estructuran el proyecto de la filosofía
crítica.
Esas preguntas son:
· ¿Qué puedo saber?, pregunta sobre la que gira la Crítica
de la razón pura;
· ¿Qué debo hacer? Sobre la que gira la Crítica
de la razón práctica;
· ¿Qué puedo esperar?, alrededor de la cual orbitan una
serie de trabajos que van desde la última de las críticas que
escribe, la Crítica del Juicio, a una serie de cuestiones relativas
a la filosofía de la historia y la religión, y
· ¿Qué es el hombre?, sobre la cual giran sus reflexiones
en el campo de la antropología.
Pero hay una quinta pregunta que Kant también se ocupó de responder: ¿Qué es la ilustración?.
Kant contestó a la pregunta ¿qué es la ilustración? Propuesta por una revista alemana, con un pequeño artículo que se llamó, justamente, Una respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración? Publicado en 1784. Michel Fucault ha observado que la respuesta de Kant es una flecha dirigida al corazón del presente. Cuando Kant se pregunta por la ilustración, está preguntándose por el presente, dice Fucault, porque con Kant la filosofía reflexiona por primera vez sobre su propio hacer filosófico, sobre sus propias posibilidades y limitaciones. Con Kant la razón toma conciencia de su actualidad discursiva en el mismo momento en que pregunta por sí misma y se auto examina.
Pero curiosamente esta quinta pregunta, la pregunta por la ilustración, la pregunta por el presente, como muchas veces sucede con Kant, es la que lleva las cosas mucho más allá del ámbito de la propia ilustración.
El propio pensamiento de Kant es, de hecho, una bisagra entre la ilustración que lo precede y el idealismo y el romanticismo que lo sucede inmediatamente. Este es el desplazamiento que comienza a cristalizar alrededor de la Crítica del Juicio. La última crítica que escribe Kant tiene un enorme impacto entre los contemporáneos suyos como Goethe, Schiller y Hender y produce finalmente una revolución filosófica en el terreno de la literatura y del arte en general. Una revolución de tal magnitud que luego se vuelve imposible escribir una historia del romanticismo alemán sin comenzar con una introducción o un prólogo que diga algo sobre Kant. Así, Kant se inscribe por un lado en el ámbito de la ilustración, pero al mismo tiempo la excede. Hegel mismo, a la hora de ubicar a Kant en la historia de la filosofía no lo hace en el marco de la ilustración sino en el comienzo mismo de lo que denomina "La nueva filosofía alemana". No es casual que todo esto arranque con las reflexiones sobre la estética de Kant, porque justamente con él terminan en forma definitiva las estéticas ilustradas.
Kant desplaza el problema estético central de la ilustración, la pregunta por los efectos, una pregunta que se dirimía en el ámbito del psicologismo, y pone en su lugar la pregunta, tan kantiana, por las condiciones de posibilidad de que haya conocimiento y de que haya conciencia moral, la pregunta ahora es por las condiciones de posibilidad de que haya juicios estéticos. La cuestión del gusto, por ejemplo, que era central hasta entonces, se transforma en la mano de Kant en la pregunta por el juicio de gustos y por sus condiciones de posibilidad. Y de hecho, Kant concibió en algún momento a su Crítica del Juicio simplemente como una Crítica del gusto. Lo cierto es que a partir de Kant la estética se convierte en una esfera autónoma de la reflexión filosófica y las puertas quedan abiertas desde ese momento para la lectura romántica e idealista. Los sucesores de Kant, superado el subjetivismo psicologista del efecto característico de la ilustración, van a dirigir la reflexión filosófica a la realidad concreta, objetiva, de la obra de arte y de su producción.
Pero Kant, después de todo, cuando contesta la quinta pregunta, qué es la ilustración, sí da una respuesta concreta y positiva: ilustración, dice en la revista, es la emancipación del hombre de su autoculpable minoría de edad. Para ello se trata de que el hombre se atreva a pensar por sí mismo, a valerse de su razón, para dejar de concebirse como menor de edad, como alguien que está bajo tutela; en otras palabras: como un súbdito. Y así como Fucault señala que cuando Kant pregunta por la ilustración dirige una flecha al corazón del presente, porque toda su filosofía, al hacer visible el preguntar, hace visible al mismo tiempo el momento del preguntar, la respuesta de Kant a la pregunta qué es la ilustración es en sí misma d una tremenda actualidad. Se trata de una respuesta dirigida justamente al presente, a las aspiraciones infinitas que inscribe al presente del hombre en su pasado y su futuro, en la trama misma de la historia. Porque si el hombre declina su posibilidad se pensar, su posibilidad de ser libre, se condena a la esclavitud y al vasallaje. La apuesta de Kant consiste entonces en salvar al hombre a partir de la dignidad de su libertad, de la independencia de toda tutela y de la emancipación que se logra por medio de su propio actuar. A todo eso convoca Kant cuando declara la necesidad de atreverse a pensar (sapere aude): atreverse a ser libre.
El presente de Kant
El presente
de Kant, sostenido en nuestro país por una gran cantidad de excelentes
profesionales dedicados al estudio de su filosofía, consiste justamente
en la actualidad práctica de su pensamiento:
· La libertad es indeclinable y la esperanza en su realización
histórica es innegociable.
· Quitarle la esperanza al hombre es lo más vil que se pueda
concebir, porque implica acabar con el hombre mismo
· La aspiración infinita a la igualdad y a la justicia, son
en definitiva las formas bajo las cuales Kant recupera en términos
seculares el problema de la redención.
En esto
consiste hoy su ineludible vigencia.
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