"Artículo sobre "Políticas públicas y sexualidad".
Por: Dra Ma. Lucero Jiménez Guzmán
Dra. en Sociología.
Investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias; docente en el Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional Autónoma de México.
¿Qué son "Políticas Públicas", ámbito muy estudiado por politólogos y administradores públicos en años recientes en México y que, para variar, corresponden a una concepción que surgió y se implantó de manera importante en Estados Unidos?.
El Profesor Universitario Carlos Ruiz (1996) hace un recuento de estas definiciones y nos dice que para Dye (1984) política pública es "aquello que el gobierno escoge hacer o no hacer"; Eulau y Prewitt afirman que "Una política pública se define como una decisión permanente caracterizada por una conducta consistente y la repetitividad por parte tanto de aquellos que la elaboran como de aquellos que se atienden a ella"; (en Dye:1-2). Por su parte Mac Rae y Wilde (s/f) definen a esta política como "un curso de acción seleccionado que afecta significativamente a un gran número de personas" y la definen también como "una política elaborada por el gobierno" (s/f ;12-13).
Por su parte Frohock (1979) define a la política pública como Una práctica social y no un evento aislado o singular; ocasionado por la necesidad de: reconciliar demandas conflictivas o, establecer incentivos de acción colectiva entre aquellos que comparten metas, pero encuentran irracional cooperar con otros.
A partir de estas consideraciones para formular políticas públicas se parte (al menos en la teoría) de la identificación y definición de problemas; percepción de una problemáticas actual o futura tanto por parte del político como por el técnico, resultante de: demandas políticas, demandas sociales, necesidades identificables, juicios de valor sobre cierta realidad, compromisos políticos asumidos. A partir de ello se establecen algunas soluciones y algunos objetivos y metas preliminares La delimitación del problema se hace detectando a quiénes afecta, en dónde se presenta y cuánto miden las alteraciones que provoca.(Ruiz op. Cit.:16).
De lo anterior derivo que la política pública es llevada a cabo única y exclusivamente por el gobierno, que es diferente de lo privado, aunque éste se puede convertir en público.
En este sentido, me parece que un punto de partida central debería de ser el considerar que, por definición, el gobierno lo que intenta es mantener la estabilidad y conservar el poder, esa es su naturaleza y tomará las decisiones de política pública, cuáles, con que intensidad invertir en ellas, que prioridad ocupan en el ejercicio de gobierno, tomando en consideración fundamentalmente este elemento.
Digo esto porque parto de la premisa de que las transformaciones que los gobiernos y sus políticas han tenido en los últimos años, tienen mucho que ver con presiones, con quién presiona más, con quién puede ejercer más poder sobre los propios gobiernos y así inducirlos, si no determinarlos, a tomar decisiones e implantar ciertas políticas públicas.
Considero que el análisis del "androcentrismo" en la definición de políticas requiere de abordajes concretos a cada problemática que intentemos estudiar y que en cada temática podremos encontrar ciertas especificidades. Sin embargo, también es cierto que existen temas cuyo análisis nos puede permitir develar que en el fondo del establecimiento de las políticas existe una concepción que ha ahondado las desigualdades de género.
Considero que, seguramente, los que han implantado tales políticas no han ahondado tales desigualdades como objetivo deliberado de tales políticas, aunque sus consecuencias hayan sido éstas y que más bien han atendido a cumplimiento de metas, muchas veces establecidas desde el extranjero, por ejemplo y recientemente de manera más enfáticas por Organismos Internacionales tipo Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y también Organización de las Naciones Unidas.
Existen temas especialmente delicados como es el caso de las Políticas de Población y dentro de ellas las Campañas de Planificación Familiar, y sus diversas modalidades, la medicalización de la reproducción con todo lo que esto implica en cuanto a desigualdades especialmente de género, el papel que han jugado las disciplinas científicas en la reproducción de desigualdades y "naturalización" de procesos que no son naturales sino que son construidos socialmente; los efectos de políticas económicas en el establecimiento de políticas de empleo para mujeres en condiciones de subordinación, falta de derechos y sobre explotación del trabajo, no exclusivas de su género pero sí agravadas por esta condición, como es el caso de la industria maquiladora de exportación; la inversión vía presupuestos en distintas políticas de acuerdo al género, el cumplimiento de compromisos internacionales como los derivados de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo llevada a cabo en el Cairo Egipto en 1994, entre muchas otras.
La realidad es que el gobierno ha tenido una política en torno a la sexualidad. No solamente existen políticas que pretenden regular la expresión de la sexualidad de la personas, sino que incluso hay programas. Los hay de educación sexual en la educación pública, de salud, para atacar las enfermedades de transmisión sexual, que contienen acciones que pretenden orientar y regular el comportamiento y la expresión sexual. Además estas políticas forman parte no sólo del discurso político, sino de la normatividad institucional. (Careaga, G; 2000). La sexualidad y su tratamiento es siempre un tema que se convierte en arena de conflicto y controversia, al menos en México. En políticas públicas tenemos avances y retrocesos. A veces gana la visión tradicional, sustentada, impulsada defendida con fuerza por los jerarcas de la iglesia católica, influyen e impiden la promulgación de leyes como la de la Convivencia. A veces, la presión internacional, así como de grupos nacionales hacen que a pesar de las presiones eclesiásticas se apruebe el uso de por ejemplo "la píldora del día siguiente" No debemos dejar de lado que resulta o ha resultado más fácil el avance cuando se trata de "planificación familia" que de libertad en la expresión y vivencia de la sexualidad. Ha sido más fácil cuando se involucran problemas de salud, que cuando se trata de democratizar y liberar.
Por ejemplo, específicamente en el caso mexicano, aunque creo que podríamos generalizar, los temas como la sexualidad en los adolescentes se han tratado en políticas públicas por consecuencias "indeseables" desde el punto de vista del gobierno y los organismos internacionales. Por ejemplo se preocupan mucho por el embarazo adolescente por las consecuencias que esto tiene en abortos, riesgos a la salud, abandono de la educación, y el ejercicio de la sexualidad a edades "tempranas". Este tipo de políticas y de investigaciones de las cuales derivan se limitan a considerar enfoques biomédicos y epidemiológicos sobre el cuerpo y la sexualidad. Esto fortalece la idea de que son las características biológicas de cada sexo las que determinan la sexualidad humana. Este punto de vista supone (como plantea Lomelí) un funcionamiento universal del cuerpo humano en materia sexual, determinado por la fisiología y los impulsos naturales. A su vez, el análisis estadístico del cuerpo humano establece una equivalencia entre prácticas y significados y ha construido una serie de categorías clasificatorias que ordenan las prácticas de los individuos según criterios normativos (Szasz, 1998). Algo en lo que quiero poner el énfasis es que la posibilidad de expresión de la sexualidad no está regulada de la misma manera para mujeres y hombres, a pesar de los cambios, indudables, que estamos viviendo.
La perspectiva de género ha mostrado que los comportamientos sexuales y reproductivos, así como los papeles asignados a hombres y mujeres están determinados por valores sociales y representaciones simbólicas construidos al interior de contextos culturales específicos.
Szasz tiene razón al afirmar que la sexualidad implica comportamientos, prácticas y hábitos, normas y valoraciones, ideas, significados, discursos y representaciones que implican al cuerpo y, sobre todo, relaciones sociales, normatividades y acciones institucionales que tienen una especificidad histórica, social y cultural concreta.
Algunas ideas sobre sexualidad y género
Gracias a los avances aportados por autores como Freud, Foucault y muchas feministas se ha ido acepando la idea de que la sexualidad, más que algo natural, es algo construido. Una elaboración psíquica y cultural regulada y reglamentada socialmente. Es por eso que la explicación biológica pierde peso y lo ganan las explicaciones que toman en cuenta el proceso de simbolización de la diferencia sexual.
Es muy importante conocer los procesos mediante los cuales la cultura ha llegado a valorar positiva o negativamente ciertas prácticas sexuales. Sólo podemos comprender la sexualidad dentro de un contexto específico histórico y cultural, lo cual deberá llevarnos a abandonar argumentos universalistas.
Para Foucault, el modo fundamental de relación entre poder saber y sexualidad ha sido la represión, cosa que se ha desarrollado desde el siglo XVII, desarrollándose una rígida reglamentación con respecto a lo sexual. Foucault ha sido criticado por las feministas por no considerar la diferencia sexual y por no comprender la dimensión del género y dejar de lado el proceso de simbolización que se inicia con la oposición de los sexos. (Marta Lamas).
Por su parte Freud cuestionó la idea de la heterosexualidad como la manera "natural" de comportarse, argumentando que la libido es sexualmente indiferenciada. El psicoanálisis ha demostrado que la pulsión sexual busca su objeto con indiferencia del sexo anatómico y que el deseo humano, a diferencia del animal, jamás se colma. El sujeto se ve influenciado tanto por sus deseos inconscientes como por las prescripciones del orden social y cultural.
La cultura ha tenido un papel represivo. Derivado de esta cultura, también lo han hecho algunas políticas públicas. La sexualidad ha ocupado distintos papeles en la sociedad y en la vida de las personas y su interpretación se ha modificado, dependiendo de épocas y de culturas. Hoy mantenemos una posición ambivalente en torno a la sexualidad, incluso contradictoria. Por una parte, tenemos un vivo interés en saber más, en explorar nuevas prácticas sexuales. Por otra, mantenemos la cultura del silencio en torno a la sexualidad. (Careaga, (2001).
La sexualidad es celebrada y temida, reglamentada y simbolizada de mil maneras. La cultura insta y prohibe a renunciamientos y represiones, cada sociedad reprime determinados tipos de comportamientos y los obliga a convertirse en clandestinos. La vida de muchas personas no se ajusta a los esquemas tradicionales aceptados socialmente, como es el caso de los homosexuales que se sienten violentados en su identidad.
Si consideramos la historia de la sexualidad en nuestros países podemos observar las represiones que se han ejercido con el paso de los siglos por medio de valores y normatividades religiosas y sociales. Todo esto ha restringido la conciencia personal, la capacidad de decisión, la transformación de las emociones a través de la coacción del cuerpo y el ejercicio de la sexualidad para el placer y no solo para la procreación. El caso mexicano es patético cuando nos acercamos a las vidas cotidianas por ejemplo de las mujeres indígenas. Ahí el hecho de ser objeto y no sujeto es una realidad constante y la negación del placer condición de sobrevivencia.
El cuerpo en las Políticas.- La posición opuesta a la regulación de la sexualidad
El cuerpo, en particular los cuerpos sexuados han devenido en punto de atención en muchos casos legales con contenido político en años recientes. El derecho de los ciudadanos a controlar sus cuerpos, las imágenes de intercambio corporal; derecho legal a operaciones para cambiar de sexo, la legalización de matrimonios que incluyen derechos de los trans-sexuales, el derecho a utilizar fármacos, los bancos de semen, inseminación artificial, son temas de la época.
En el postmodernismo encontramos diversos autores que se plantean la ciudadanía en los sociedades contemporáneas; ahora nos planteamos la diversidad, la pluralidad y como se coexiste en el mismo tiempo y espacio. Nos planteamos cómo se da la regulación de los ciudadanos sexuados en las sociedades actuales.
En la historia política se han dado diversas respuestas a la regulación de la conducta de los ciudadanos, incluida la sexual. Así Platón consideraba la legitimación del Estado, incluyendo la realización de la justicia, y estrategias para defender la razón sobre las bárbaras necesidades del cuerpo. Para Aristóteles, en aras de reconciliar conflictos, el cuerpo sería regulado para el logro del desarrollo individual y social. Para San Agustín esta regulación del cuerpo era necesaria para la salvación del alma. Para muchos hay que regular a través de políticas sobre el cuerpo con la finalidad de limitar los deseos naturales de los cuerpos. En la teoría marxista se plantea que el capitalismo regula para tener un eficiente manejo de los cuerpos de los trabajadores, en el socialismo la regulación es base del estado de bienestar, con formas científicas de control de la natalidad para liberar al Eros de la sociedad capitalista, como se plantea en los trabajos de Reich y Marcuse.
Desde 1945 han surgido muchos argumento para oponerse a la regulación, a través de argumentos de liberación sexual. La racionalidad gubernamental, la gubernamentalidad han construido, según algunos autores, las técnicas de poder, en el binomio poder y conocimiento, las disciplinas de control del cuerpo en los individuos y los grupos sociales como planteó M. Foucault en 1991. Los gobiernos han visto la necesidad de controlar los cuerpos en términos de "crecimiento de la población", considerando como peligrosa la reproducción derivada de los cuerpos y el ejercicio de la sexualidad. Se da entonces el control de las poblaciones como respuesta a las conductas de estos cuerpos. Se han ido imponiendo las lógicas de la gobernabilidad y la gubernamentalidad.
En la modernidad, como ideología que postula la libertad individual, la elección y los derechos como centrales y esto se ha confrontado con los discursos de los riesgos a la salud, las enfermedades de transmisión sexual y las disfunciones. Las discusiones legales incluyen el problema de la violación y la violencia Se habla entonces de terapias, de promoción de la salud como resultado del conocimiento acerca de los riesgos que corren individuos y sociedades.
Para comprender por qué y cómo la sexualidad es regulada tenemos que mirar como se construye, fundamenta y las suposiciones esenciales de la realidad social. De acuerdo con Levi-Strauss los binarios como masculino/femenino, heterosexual/homosexual, normal/anormal, natural/no natural, propio/perverso, humano/bestia, civilizado/bárbaro y correcto/incorrecto son pares de un orden social, psicológico y político. Entonces construimos socialmente mitos legítimos. Hay muchos mitos acerca de las mujeres, y también acerca de los hombres. Siguiendo a Durkheim cada sociedad para funcionar necesita regular las desviaciones con el objetivo de preservar el orden social. (Gibbins, John R;1998)
Algo sobre Derechos Sexuales. Lo difícil que ha sido su inclusión en textos Internacionales y en Políticas Públicas.
Muchos grupos de activistas han pugnado por el reconocimiento de Derechos Sexuales y por la articulación entre sexualidad, reproducción y desigualdad. No obstante hasta el Cairo y Beijing la sexualidad y el cuerpo quedaron sumergidos en la idea de la salud y los derechos reproductivos. La vitalidad de la reciente visibilidad de los derechos sexuales debe más bien atribuirse a los esfuerzos del movimiento gay y lésbico. En la Plataforma de Acción de Beijing hubo gran controversia en las negociaciones por el término "derechos sexuales", pues esto incluía el derecho a la libre orientación sexual. El texto que se aprobó no utiliza el término derechos sexuales, pero establece los contenidos de lo que serían esos derechos en un marco que tiene como referencia principal las relaciones heterosexuales. Si consideramos la relativa precariedad de la elaboración conceptual sobre derechos sexuales y la composición de los países que negociaron el texto, el resultado final es significativo. "Los derechos humanos de las mujeres incluyen su derecho a tener control sobre las cuestiones relativas a la sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva, y decidir libremente respecto a esas cuestiones sin verse sujetas a coerción, discriminación o violencia. Las relaciones igualitarias entre la mujer y el hombre respecto de las relaciones sexuales y la reproducción, incluido el respeto a la integridad de la persona, exigen el respeto y consentimiento recíprocos y la voluntad de asumir conjuntamente la responsabilidad de las consecuencias del comportamiento sexual (Naciones Unidas, Plataforma de Acción de Beijing, Sección c, párrafo 96).
Coincido con Sonia Correa en que nuestro quehacer consiste en promover cambios en las esferas donde se definen necesidades sexuales y en los dominios donde se desarrollan relaciones de poder y se producen procesos de subjetivación. Es decir, el quehacer está impregnado por una perspectiva de emancipación, o, de empoderamiento. (Correa p.135).
Necesitamos pensar más sobre las relaciones de género y la sexualidad. Entre los muchos discursos normativos y disciplinarios que inciden sobre las construcciones sociales del género y de la sexualidad, están las doctrinas religiosas y la ciencia biomédica, en donde se incluyen las perspectivas de la salud pública, y las políticas públicas, y que siguen teniendo un papel crucial.
Vance (1996) nos habla de la convergencia entre los discursos médicos y la doctrina religiosa, acerca de la afinidad entre naturalización y biologización. El discurso religioso iguala los pecados mortales (sexuales) a las aberraciones de la ley natural. Por otra parte, la no distinción entre reproducción y sexualidad, como si fueran estrictamente heterosexuales y procreativas, sigue dominando el discurso médico. Esto es muy claro en las políticas públicas relativas a la salud. Se justifica la participación del Estado cuando se trata de controlar los cuerpos para que se reproduzcan menos, pues un exceso de población puede conducir a "ingobernabilidad" y a problemas en el sistema capitalista mundial, o cuando existen pandemias que es políticamente atacar como es el caso del VIH Sida. En otros terrenos las políticas son mucho más lentas, en caso de que existan y en su aplicación poco tienen que ver con los derechos.
Algunas ideas derivadas de la investigación que he realizado en México, desde la perspectiva de género, entrevistando a varones.
Partiendo de la perspectiva de género, cuestión que me parece crucial cuando hablamos de sexualidad y en este caso específico de las políticas públicas relativas al tema, debemos insistir en que existen profundas desigualdades sociales y una realidad que parte de un sistema social construido. En la realidad no vivimos en la equidad y la sexualidad es una arena muy nítida para demostrar que quienes han vivido las peores consecuencias del sistema desigual son las mujeres. No son iguales en cuanto al ejercicio de sus derechos. Las mujeres son las que han padecido la historia de la inequidad y es por ello que deben tener mayor protección en la Ley y en las políticas públicas, que deben tener como objetivo atacar las inequidades que el libre intercambio genera. No obstante, existe la necesidad de generar políticas y programas que tomen en cuenta la especificidad de la reproducción masculina; políticas de salud, de educación, laborales, etc.
Las políticas públicas referidas a la sexualidad deberían ser cruciales en el planteamiento de un mundo más democrático y mejor. Estas tienen, o más bien deberían tener influencia fundamental en la transformación de dos planos: las condiciones objetivas de desigualdad entre los hombres y las mujeres, y también en hacer visible que los hombres y mujeres concretas contribuyen, a través de concepciones socioculturales compartidas, a dar sentido a los hechos sociales, a reforzarlos o modificarlos, otorgando coherencia y/o conflictividad al entramado de relaciones existentes. Estas concepciones que en parte son una herencia cultural, son objeto de constante transformación por el hacer social de hombres y mujeres, que continuamente reinterpretan los significados culturales y los valores que orientan las acciones cotidianas; dichas acciones, a su vez, pueden reforzar o cuestionar su posición en las distintas jerarquías sociales). Es por su estrecha vinculación entre los aspectos objetivos y subjetivos de lo real, que resulta imprescindible incluir la dimensión de los valores y los significados en los análisis de estos temas (Ariza y Oliveira1997), y por lo que también es necesario documentar los procesos de cambio, particularizar, contextualizar y no suponer que los procesos que vivimos son inmodificables y que podemos generalizar acerca de una sola forma de masculinidad en una sociedad tan heterogénea y cambiante como la mexicana y seguramente en ninguna otra.. De hecho deberá proponerse que las políticas públicas se construyan en función de resultados de investigaciones que den cuenta de la realidad.
Considero indispensable empezar a cuestionar muchos valores e instituciones, visibilizar que la falta de conciencia hace que los seres humanos veamos disminuidas nuestras posibilidades de modificación de los procesos y situaciones que vivimos. El primer paso para lograr la superación de un problema es su conocimiento y el reconocimiento de su existencia y sus características. Si el individuo vive su frustración e insatisfacción como consecuencia de sus propias carencias, sin ser capaz de ubicar la situación en un contexto más amplio y de conocer los condicionamientos sociales que a estos resultados han colaborado, muy difícilmente encontrará respuestas que le ayuden a cambiar o a transformar esos condicionamientos sociales. La sociedad y sus instituciones harán siempre todo lo posible para impedir que los seres humanos compartan su insatisfacción y se organicen, es mejor que piensen que sus problemas son personales, como una cuestión de esfera privada y no pública. De alguna manera saber es poder y poder es poder referido a la capacidad de hacer. (Doring;1994;235).
En las investigaciones que he realizado para el contexto mexicano, entrevistando a varones, pude constatar que, por condicionamiento social se espera que el hombre, sin haber gozado de otra orientación, de otra posibilidad de experimentación e intercambio de opiniones, más allá de lo que se refiere a relatos exagerados y propositivamente deformados con el afán de obtener la admiración sobre todo de los pares, sea capaz de gozar, comprender y ayudar a su pareja a comprender juntos las infinitas posibilidades de la expresión del individuo a través de su sexualidad. Al varón, se le orilla socialmente, (y no existen políticas públicas que contrarresten esto) a sentirse y creerse incapaz de "fallar". El miedo, el pánico hacia esa circunstancia , aunado a la dependencia, desinformación y expectativas desmedidas de la mujer, junto con su incapacidad generada por la sociedad y la cultura, para expresarse libre, amplia y espontáneamente, conducen a la frustración, el desencanto y la insatisfacción. Todo ello contribuye al empobrecimiento de la relación de pareja.
Por lo tanto, es también necesario desarrollar mecanismos y políticas públicas, que nos permitan abordar la sexualidad como un espacio relacional, haciendo referencia a una visión dinámica de encuentros y desencuentros en las parejas y, a través de ello poder recuperar el carácter social de la sexualidad.
Considero indispensable entender a la sexualidad en sus significados sociales y en la creación de identidades, asumiéndolas como construcciones sociales. Creo necesario repensar la sexualidad como espacio en donde a través de una redefinición relacional de los derechos y responsabilidades permita enriquecer la interacción que se da entre los seres que se relacionan..( Figueroa y Rojas 1998;13-16).
Las políticas públicas relativas a la sexualidad y a sus variadas consecuencias deberían de partir de un análisis acerca de la comunicación en la pareja, así como de los procesos de toma de decisiones.
El proceso de la negociación de la sexualidad y de toma de decisiones son cruciales y deberían tomarse en cuenta en la elaboración de políticas públicas tanto educativas como de salud, entre otras. . Estas políticas deberían de partir del análisis y cuestionamiento de la construcción del sujeto social, varón y mujer .Actitudes y comportamientos derivados de estas construcciones tienen una influencia considerable y que es a partir de ellos que se generan otros procesos como los embarazos no deseados, muchas veces derivados de relaciones sexuales no deseadas, y la propagación de enfermedades de transmisión sexual, a menudo haciendo víctimas de ellas a mujeres que no tienen un comportamiento sexual riesgoso, pero que están expuestas al contagio de varones sexualmente más activos, que tienen parejas múltiples. Estos aspectos llevan necesariamente al análisis de la coerción y la violencia al interior de las relaciones sexuales, que pueden dar lugar a la procreación.
Dados los enormes cambios que se están experimentando en muchas sociedades en cuanto a las relaciones de pareja, el matrimonio y su duración, el número de matrimonios que se viven durante un ciclo de vida, las separaciones, los divorcios, entre muchos otros, creo que hoy resulta importante considerarlos como centrales y no tratar de analizar la sexualidad como si viviéramos en sociedades estáticas, homogéneas, cuando lo que en verdad las caracteriza es una enorme diversidad, que debe no solamente ser permitida sino respetada, en la acepción más amplia del concepto. Habría más bien que reconocer que el fenómeno de la inestabilidad, el cambio, la pluralidad y la heterogeneidad son inherentes a nuestra realidad social.
Considero que el pleno ejercicio de los Derechos, implica necesariamente la creación de una conciencia colectiva que tenga como base la idea de la "negociación muy básicamente en el terreno de la sexualidad.
Un elemento que considero central aportado por Ávila (citado por Figueroa 2000 ) es que el concepto medular de los derechos reproductivos es el derecho individual a la elección, pero además que las personas estén dotadas de los medios y garantías para llevarlas a la práctica. Es por ello que es indispensable que se den modificaciones en las formas de organizar la existencia de las personas en general y ello afecta las relaciones entre hombres y mujeres, cuestionando en especial, el orden impuesto. En este sentido es crucial incorporar la dimensión de la justicia social como garantía de los derechos sociales por parte del Estado, lo cual pone en cuestionamiento los modelos de Estado y de desarrollo. Esta manera de concebir el problema evita caer en la idea de una libertad como mera selección entre varias opciones, para pasar a la capacidad de autodeterminación para pensar, querer, sentir y actuar
Hoy vivimos una época de diversidad y fluidez de los arreglos domésticos y posibles alternativas al modelo tradicional de ama de casa y padre proveedor. Se han dado, sin duda, cambios en el sistema de género que causa crisis en las relaciones, aunque simultáneamente también se dan modelos que se reproducen, modelos sobre los cuales los sujetos fueron educados. Algunas cosas cambian, otras quedan intactas o se modifican muy paulatinamente. Esto lo he podido documentar en la investigación que he realizado en México, entrevistando a varones.
Los cambios en las relaciones entre las personas no se dan en un vacío social. Hoy avanza un nuevo mandato moral que se resume en dos grandes demandas : diálogo horizontal y negociaciones. Eso tiene mucho que ver con el cuestionamiento a formas tradicionales características de las sociedades jerárquicas (Fuller,2000) como la mexicana.
Las transformaciones en la estructura de la sociedad han conducido a una revisión de las bases jerárquicas y patriarcales en las que se fundan nuestras relaciones, incluidas las sexuales. En el mundo actual, o en parte de él, hay transformaciones, dilemas y crisis y un cuestionamiento al interior de los hogares en cuanto al papel que a cada uno le corresponde, la posibilidad de ejercer sus derechos, incluso a nivel de la esfera pública, tradicional dominio masculino, que es cada día ocupado por mayor número de mujeres.
Se tiene que avanzar en la construcción de nuevas formas de relaciones, basadas en el convencimiento de que es importante impulsar la democracia, la tolerancia, el respeto a la diversidad, el diálogo y la igualdad
En el tema que nos ocupa hay mucho que hacer. Hoy se plantea por ejemplo, la necesidad de desmitificar entre los hombres el concepto de que el cuerpo masculino es simple y mecánico y que no requiere ser conocido y estudiado. Hay que revertir la lógica, aún muy generalizada, de que ese conocimiento sirve solamente al varón para ser mejor en la "conquista amorosa". Deben conocer su cuerpo para cuidarlo y tratar de vivir con más calidad y dignidad. Hay que contribuir a deshacer la concepción de los hombres que condensan simbólicamente la fertilidad, potencia/erección y sexualidad, para generar nuevos procesos cognitivos y comportamientos afectivo/sexuales. (Arilha, 1999).
En este sentido en el caso de México, resulta preocupante ver en los testimonios de los sujetos que he entrevistado, que en muchas instituciones que proporcionan la educación escolarizada estos temas cruciales han estado ausentes y también en casos en los que está presente más que información han transmitido desinformación, dogmas y culpas. En la situación política actual de México creo indispensable poner el acento en la necesidad de que la educación y las políticas públicas en general, incorporen una adecuada perspectiva de género y en que a través de ella se pueda lograr avanzar en que los seres humanos conozcan sus derechos y aprendan a ejercerlos, dentro de un espacio amplio de libertades y de democracia integral, en la cual la pluralidad y la diversidad son elementos cruciales.
Considero que analizar las relaciones entre los géneros, desde ambos géneros, permite encontrar explicaciones más ricas y complejas de los problemas que enfrentamos desde una perspectiva relacional. En esta investigación se han podido descubrir factores que reproducen las desigualdades tanto en el campo masculino como femenino y he encontrado que la desigualdad también tiene costos para el género masculino. Considero que a partir de estos hallazgos, como propone De Keijzer (1999), se puede realizar un trabajo preventivo o de cambio en los propios hombres, avanzando en la reflexión sobre los jóvenes y el papel de la escuela en la promoción de relaciones igualitarias.
Como han propuesto alguno(a)s autores parece claro que para que el varón pueda desarrollar conductas de respeto y responsabilidad hacia sí mismo y los demás y de atención a las necesidades propias y ajenas requerimos una transformación de fondo de nuestras concepciones. Concebir la sexualidad como derecho al placer con responsabilidad y respeto podrá conducir a que los hombres consideren en verdad las necesidades de las mujeres así como las consecuencias del acto sexual, que deben ser compartidas. También podrá ayudar a construir un espacio de recreación en la sexualidad y a vivirla sin angustia.
La sexualidad en su emancipación constituye un proceso de la mayor importancia. El significado concreto de tal emancipación es la posibilidad de la democratización radical de la vida de las personas. Quien dice emancipación sexual, dice democracia sexual. Y no es solamente la sexualidad lo que está en juego, sino que la democratización de la vida personal se extiende también a todas las demás relaciones en especial a la de los padres con los hijos e hijas. Como plantea Giddens (1998), el nuevo tipo de relación que algunas personas en el mundo intentan construir está basada en el amor que presupone igualdad en el dar y recibir emocional; en él es fundamental el placer sexual recíproco como elemento clave en la consolidación de la relación.
El cambio requeriría un cuestionamiento de fondo acerca de la manera en que los seres humanos han sido socializados. En un mundo desigualmente dividido en géneros aún es común encontrar que las personas tienen actitudes y comportamientos que tienen como fundamento un supuesto moral que legitima la diferencia como origen de códigos morales diferenciados. Es así que sigue siendo común que la valoración social del comportamiento femenino es distinta del masculino, siempre en detrimento de la libertad y desarrollo de las mujeres.
Considero que nuevas Políticas Públicas vinculadas al tema de la sexualidad tendrán, entre otras cosas que contribuir a desmantelar la llamada "doble moral" que incluye que el varón siga considerando que las mujeres están clasificadas : unas para el placer, otras para la procreación; el control de los cuerpos femeninos, la estigmatización de formas distintas de sexualidad a la heterosexual, etc.
Dentro de las políticas públicas concretas destacan la de población, la de salud y la educativa. En esta última deberíamos de partir de la idea de que la educación sexual es un campo de construcción social cuya importancia reside en ser una de las dimensiones de la cultura estrechamente vinculada con la identidad, la construcción de normas morales y prácticas y la regulación de las relaciones sociales.
Los ejes principales que moldean la sexualidad son la subjetividad y la sociedad. Si bien la biología establece precondiciones, éstas son transformadas y cobran significado en las relaciones sociales. Hay que tomar en cuenta la enorme influencia que ha tenido el cristianismo en nuestras sociedades y cómo al sexualidad ha sido vista en el terreno de la angustia moral y el conflicto basado en el dualismo espíritu y carne. Por ello ha prevalecido la regulación moral centrada en la visión reproductiva de la sexualidad La verdad es que en distintos espacios de política pública la sexualidad sigue subordinada a la reproducción. Un nuevo programa educativo en esta materia deberá rebasar lo escolarizado y tomar muy en cuenta a los medios de comunicación y su notoria influencia en la creación de las mentalidades en el mundo globalizado.(Rodríguez G .17).
El estado actual de las relaciones entre los géneros y la vivencia de su sexualidad es modificable. Coincido con Marta Lamas cuando plantea ver a la sexualidad con un nuevo enfoque que reconozca su naturaleza multidimensional y le otorgue un significado menos injusto y opresivo, y que, en esta tarea la perspectiva de género tiene mucho que aportar. (p.4).
Se requerirían muchos cambios de fondo, entre ellos el incremento de los niveles de bienestar, información y cultura de toda la población que conduzca a una mayor conciencia sobre estos procesos. Una educación que se oriente al ejercicio de derechos, a la creación de ciudadanía y al ejercicio de la autonomía , la libertad y el respeto. El ejercicio de una sexualidad creativa y gratificante que nos acerque a un nivel más alto de salud mental del que actualmente gozamos, y de una procreación basada en una sexualidad y en relaciones diferentes, más igualitarias. Tener el coraje de averiguar como dijo Foucault (1997) cómo seríamos si no fuéramos como somos. "Hay momentos en la vida en los que la cuestión de saber si se puede pensar distinto a como se piensa y percibir distinto de cómo se ve es indispensable para seguir contemplando o reflexionando".
En México aún vivimos viejos modelos de subordinación de carácter servil, una conducta regida por férreos modelos culturales, un viejo dominio "patriarcal" que se está rompiendo pero que aún no se rompe del todo y que no es fácil superar, pues cuando transgredimos nos sentimos solos y solas, porque las condiciones no son favorables y porque muchas veces prevalece el miedo. Tenemos que pasar como pedía Pablo Freyre de una conciencia oprimida a una conciencia crítica.. Así como la mujer debe aprender a ser parte de nuevas identidades, el hombre se ha de incorporar al cambio. Se trata de construir una nueva cultura que combata, en general, cualquier expresión de opresión y subordinación; de hacer hombres y mujeres libres que asuman responsablemente el cambio; de luchar contra las estructuras de poder que detentan hombres contra mujeres y aquellas que un pequeño grupo de personas en el mundo detenta y oprime a la humanidad toda. (Montesinos, 1995;9). En este terreno el ejercicio pleno de la sexualidad puede ser un mecanismo realmente liberador y deberemos impulsar políticas públicas que tiendan a este objetivo y no a la sujeción de los seres humanos, hombres y mujeres.
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