"¿Transmisión del saber...comunicación...educación...formación...?".
"¿De qué hablamos, qué pensamos cuando enunciamos estas palabras...? "
¿Una tarea imposible?.
No se puede definir el acto educativo prescindiendo del lenguaje, la relación maestro -discípulo es una muestra de eso, pero toda educación como acto voluntario de enseñar y de aprender sigue apoyándose en la conciencia. En una Filosofía y en una Psicología de la conciencia.
Sin embargo tanto el maestro como el discípulo manifiestan un deseo de saber, y a partir de esa falta (ignorancia), ambos transitan la senda de la búsqueda de una verdad que se encuentra fuera del sujeto deseante. "Quien desea ya tiene lo que le falta, de otro modo no lo desearía, y no lo tiene, no lo conoce, puesto que de otro modo tampoco lo desearía. Si se vuelve a los conceptos de sujeto y de objeto, el movimiento del deseo hace aparecer el supuesto objeto como algo que ya está ahí, en el deseo, sin estar, no obstante 'en carne y hueso', y el supuesto sujeto como algo indefinido, inacabado, que tiene necesidad del otro para determinarse, complementarse, que está determinado por el otro, por la ausencia." (Lyotard, J.F. ¿Por qué filosofar?. Barcelona. Paidós. 1989. Página 82).
El deseo está provocado por la ausencia de la presencia. Esto nos remite al nacimiento del proceso simbólico, en el momento en que el niño se vuelve capaz de simular, por medio del juego, la ausencia o la presencia de la madre. Freud lo ejemplifica a partir del juego del Fort-Da. Al observar cómo su nieto de 18 meses arrojaba al otro extremo de la habitación todo lo que caía en sus manos. Al lanzar esos pequeños objetos decía "Fort" (se fue), en otras ocasiones mandaba a lo lejos un carretel atado a una cuerda y después tiraba hacia sí diciendo "Da" (aquí está). Mediante este juego el niño inventaba el símbolo relacionado a la ausencia de su madre; reemplazaba el objeto real por el significante. Él sabía que su madre iba a regresar, se divide entre el carretel que simboliza la madre ausente y el "Da" es decir él mismo.
La simbolización como tal surge de este juego del Fort-Da, en el proceso intelectual aparece a su vez como el símbolo mayor que representa la negación. Así lo indica Freud en la distinción entre negación y denegación .
En la base misma del proceso lógico tenemos el juicio de atribución (esto es de o esto no es de) y el juicio de existencia (esto es o esto no es); estos dos juicios derivan de un mito: el mito del afuera y el mito del adentro. Una vez que el sujeto pudo definir lo interior, el juicio de existencia se expresa así: esto es yo y esto otro no es yo. En el juicio de atribución, el yo puede experimentar por la percepción, la realidad del mundo exterior: hay cosas que existen y otras cosas que no existen.
Freud señala que todo juicio depende de la creación del símbolo de negación: esto no es; y por la negación lo intelectual se separa de lo afectivo. Podemos aventurarnos y agregar: que en el acto educativo se separa lo consciente de lo inconsciente. Y el saber está escindido del deseo que lo provoca.
En la relación entre el deseo y el saber, entre la falta y la búsqueda de aquello que pueda cubrirla, estamos siempre en una relación del sujeto con su propio "interior" y en relación con lo otro, "exterior".
El deseo le pertenece al sujeto (deseante) y busca en otro la satisfacción de ese deseo (deseado). Podemos en términos psicoanalíticos entender de este modo la relación maestro - discípulo, como una relación pedagógica. A propósito de esto Foucault hace referencia a la distinción entre Pedagogía y "Psicagogía".
"Podemos denominar pedagogía a la transmisión de una verdad que tiene por función dotar a un sujeto cualquiera de actitudes, de capacidades, de saberes que antes no poseía y que deberá poseer al final de la relación pedagógica. En consecuencia, se podría denominar psicagogía a la transmisión de una verdad que no tiene por función dotar a un sujeto de actitudes, de capacidades y de saberes, sino más bien de modificar el modo de ser de ese sujeto. En la Antigüedad grecorromana el peso esencial de la verdad reposaba, en el caso de la relación psicagógica, en el maestro; era él quien debía someterse a todo un conjunto de reglas para decir la verdad y para que la verdad pudiese producir su efecto. Lo esencial de todas estas tareas y obligaciones recaía sobre el emisor del discurso verdadero. Por esta razón se puede decir que, en la Antigüedad, la relación de psicagogía estaba muy próxima relativamente de la relación de la pedagogía, ya que en la pedagogía es efectivamente el maestro quien formula la verdad. En la pedagogía la verdad y las obligaciones de la verdad recaen sobre el maestro. Y esto que es válido para cualquier pedagogía es válido también para lo que se podría denominar la psicagogía antigua, que es también percibida como una paideia." (Foucault, Michel. Hermenéutica del sujeto. Bs. As. Editorial Altamira.1996).
En la historia "clásica" de la educación, el protagonista es el maestro, el giro copernicano del Psicoanálisis centra la escena educativa en el sujeto deseante, que busca cubrir la falta de aquello que ignora y que por lo tanto desea encontrar.
En esta relación (¿vinculación?) entre maestro y discípulo podemos - además de entender esta relación en términos de deseo y falta, de ausencia y presencia - la necesidad de establecer lazos entre uno y otro. Giordano Bruno afirma al respecto que no puede no haber lazos; "...un artista liga (une) por su arte, ya que el arte es belleza modelada por el artista..." (Bruno, Giordano. Des liens. París. Allia. 2001. Página 10). El maestro une a partir del arte de enseñar, a sabiendas que enseñar no es dar algo que el otro no posee, sino satisfacer una necesidad, un deseo de aquel que busca cubrir una falta.
Por naturaleza los seres humanos somos racionales, somos libres, por ese motivo buscamos el saber y la libertad. En esa búsqueda a veces infructuosa, establecemos lazos que pueden diferenciarse por ser naturales, racionales y voluntarios. Esos lazos "...tienen que ser múltiples y variados porque un solo lazo cae en la violencia extrema..." (Bruno, G. Obra citada. Página 11).
Esa multiplicidad se despliega en las múltiples respuestas a la misma pregunta y en las múltiples enseñanzas de diferentes maestros. Podemos concluir - provisoriamente - que es esa multiplicidad la que nos ayuda a evitar en todo acto educativo la tiranía del concepto (dogma) y la tiranía de la autoridad (heteronomía).
Educar es establecer lazos con otro, un otro que sale al encuentro de una posible respuesta a un deseo de saber, y busca fuera de sí aquello que en su interior está vacío.
Angelina Uzín Olleros.
Bibliografía Consultada:
ASSOUN, P. L. Freud: la filosofía y los filósofos. Barcelona. Paidós.1982.
BRUNO, Giordano. Des Liens. París. Allia. 2001.
COSENTINO, Juan. Lo Real en Freud: sueño, síntoma, transferencia. Bs. As. Manantial. 1992.
DI TELLA, Torcuato. Diccionario de ciencias sociales y políticas. Bs. As. Puntosur. 1989.
FOUCAULT, Michel. Hermenéutica del sujeto. Bs. As. Altamira. 1996.
FREUD, Sigmund. La interpretación de los sueños. De las Obras Completas. Volumen III. Ensayo XVII. Bs. As. Orbis. 1988.
FREUD, Sigmund. Psicopatología de la vida cotidiana. Bs. As. Santiago Rueda. 1952.
GEORGIN, Robert. De Levi-Strauss a Lacan. Bs. As. Nueva Visión. 1988.
LEVI-STRAUSS, C. Antropología Estructural. Barcelona. Paidós. 1987.
LYOTARD, J. F. ¿Por qué filosofar?. Barcelona. Paidós. 1989.
MILLER, Jacques-Alain. Lectura del Seminario 5 de Jacques Lacan. Barcelona. Paidós. 2000.
ZIZEK, Slavoj. Mirando al sesgo. Una introducción a Jacques Lacan a través de la cultura popular. Barcelona. Paidós. 2000.
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