"Varones: Género, Sexualidad y Reproducción. (Una investigación realizada en México ".
Por: Dra. Ma. Lucero Jiménez Guzmán.
Sociologa. Investigadora de la Universidad Nacional de México.

INTRODUCCIÓN.

En México estamos desarrollando investigaciones, desde la perspectiva de género, utilizando metodologías de tipo cualitativo, con la finalidad de abordar temas como el que yo trabajo: sexualidad de varones, reproducción de varones, derechos sexuales y reproductivos, entre otros.

Desde la perspectiva sociológica en las investigaciones que realizo parto de una serie de elementos teóricos y metodológicos que fundamentan la investigación empírica que llevo a cabo. Es en este marco en el cual desarrollé una tesis doctoral sobre estos temas, acercándome a las realidades, experiencias, expectativas, discursos de varones pertenecientes al los sectores medio y alto de la sociedad mexicana y cuyos resultados presentaré posteriormente a referirme al marco conceptual más amplio que ha guiado la investigación.

ELEMENTOS TEÓRICOS Y CONCEPTOS CENTRALES.

En primer lugar quiero apuntar que considero que hablar de sexualidad es hablar de relaciones sociales, de género y de poder. El concepto de poder, sus diversas acepciones y su aplicación al interior de las relaciones sociales, en particular en las relaciones de género, es un punto central en el desarrollo de la investigación sobre estos temas, por su enorme poder explicativo de las relaciones que se establecen entre varones y mujeres en la relaciones sexuales y reproductivas.

Cuando se habla de poder el sentido común imagina en primer instancia formas evidentes, fundamentalmente físicas, de dominación y sujeción, como del tipo de poder que se ejerce sobre un esclavo, al que puede venderse o incluso aniquilar. Pero el poder, entendido no como cosa, sino como relación social, no solamente adquiere expresiones obvias sino formas de dominio, manifestaciones de autoridad, control o superioridad que se ejercen en virtud de un sistema de representaciones que los garantizan (como las formas más obvias de poder), pero que muchas veces no son considerados dentro de los poderes que se ejercen. En cuanto que estas representaciones estructuran el orden social, se erigen en formas "invisibles" de poder. ( Núñez, 1994. ;.33).

Toda construcción de sujeto nos remite a la pregunta de cómo éste edificó su relación con la realidad, y a la vez, todo proceso de construcción de sujeto es efecto de una estrategia de poder dentro de un marco social determinado pero cambiante, como cambia la civilización. Los procesos de comprensión e interpretación de la realidad en el sujeto son un efecto de la estrategia de poder dentro de un marco social determinado y dinámico. ((Rodríguez, 1996;14-15).

Poder, desde la perspectiva de Max Weber comprende "la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa posibilidad. (Weber, 1964;43).

Un autor central en estos análisis que hizo importantes aportaciones y que actualmente está siendo revisado es Foucault, quien postuló que para hacer un análisis del poder que no sea económico disponemos de muy poco. Se dispone de la afirmación de que la apropiación y el poder no se dan, no se cambian ni se retoman, sino que se ejercitan, no existen más que en acto. El poder no es principalmente mantenimiento ni reproducción de las relaciones económicas, sino ante todo una relación de fuerza. El poder es esencialmente el que reprime. Reprime todo, la naturaleza, los instintos, a una clase, a los individuos. Si el poder es realmente un despliegue de una relación de fuerza, más que analizarlo en términos de cesión, contrato o alienación, hay que hacerlo en términos de lucha, enfrentamiento, de guerra. Las relaciones de poder en nuestra sociedad se han instaurado, en esencia, bajo una determinada relación de fuerza establecida en un momento determinado, históricamente localizable en la guerra. El poder político tendría el papel de reinscribir, perpetuamente, esta relación de fuerza, mediante una especie de guerra silenciosa, de inscribirla en instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje, en los cuerpos. No se escribe más que la historia de esta guerra, aún cuando se escribe la historia de la paz y las instituciones. (Foucault, 1979 ;135-136). Para Foucault el poder no se construye a partir de "voluntades" (individuales o colectivas), ni tampoco se deriva de intereses. El poder se construye y funciona a partir de poderes, de multitud de cuestiones y de efectos del poder. Las relaciones de pareja, la familia, el maestro y el alumno no son simple proyección del Estado. El macho no es el representante del Estado para la mujer. (Idem. 157). Para este autor, que el Estado funcione como funciona, requiere de que existan relaciones de dominación del hombre sobre la mujer y de los adultos sobre los niños. Estas relaciones de dominación son específicas, tienen su configuración propia y relativa autonomía. El poder se extiende a toda la sociedad, a todas las relaciones.

El poder entonces, desde esta perspectiva, no se posee, se ejerce y en las relaciones de fuerza el sujeto no tiene una posición fija; en un sentido es objeto de poder y su cuerpo lo sufre, en otro sentido es sujeto de poder y su cuerpo lo ejerce sobre otros cuerpos. Esta idea es central para el análisis de la familia, la pareja y sus relaciones. Puede documentarse en las investigaciones concretas que es común por ejemplo que sean las propias mujeres, quienes condicionadas y muchas veces hondamente determinadas por nuestra cultura y las relaciones sociales imperantes, sean ellas mismas quienes reproduzcan el sistema de dominación que las somete. Asimismo, es común encontrar que el varón dominado por ejemplo en la esfera laboral, ejerce una dominación brutal sobre mujeres y niños ; que se ejerza dominación sobre los infantes por parte tanto de hombres como de mujeres ; que mujeres mayores dominen a las mujeres más jóvenes.

Para Foucault el poder no se restringe a las relaciones entre grupos o clases sociales, sino que permea todas las esferas de la vida social, incluyendo el ámbito cotidiano. Esta noción de poder ha contribuido a cuestionar la separación entre el ámbito público y privado y a politizar los espacios privados e íntimos. Aunque algunas autoras consideran que Foucault no enfatiza suficientemente el carácter represivo e ilegítimo del ejercicio del poder masculino.

Otro punto central se refiere al carácter conflictivo del poder como relación social y al papel de las resistencias en su propia conceptuación. Foucault y otros autores, conciben al poder como una relación conflictiva y de lucha y aún más, como una relación de enfrentamiento que genera sus propias resistencias. Las resistencias constituyen un rasgo definitorio de las relaciones de poder, sin resistencia dice Foucault, no habría poder, habría obediencia, dominio o posesión. Desde esta óptica resistir es constituirse en un sujeto activo de su transformación (Foucault, 1979, 1984 ). (Ariza y Oliveira. 1997;28).

Otra concepción central que ha dado luz a la investigación realizada por mi es la idea de que uno de los hechos vitales en que se expresa la identidad genérica con mayor fuerza es la sexualidad, que es a la vez considerada como un ordenador social. A partir de la sexualidad se establecen las formas en que los individuos actúan y cumplen sus papeles a lo largo de sus vidas.

Todo acto humano implica en sí mismo una dimensión de lo social, y por tanto política, hay que enfrentar el hecho de que la experiencia sexual no debe ser confinada a charlas privadas, sino que también debe ser integrada al debate del que surja la conciencia social. (González,1987:13).

Sexualidad y Género son construcciones socioculturales históricas que justifican la opresión evocando principios supuestamente provenientes de la naturaleza. (Cazés, 1994;338). Para algunas autoras (Rubin, 1995) la sexualidad es concebida como una esfera autónoma en la cual se construyen y se transforman relaciones personales, sociales, culturales y políticas. Desde esta perspectiva, género y sexualidad constituyen la base de arenas distintas de prácticas sociales, lo cual implica reconocer que la construcción de identidades de género, de normas y de asimetría de relaciones entre hombres y mujeres no sobredeterminan necesariamente, las manifestaciones de deseo, las prácticas eróticas de las personas y las experiencias de placer. A partir de esta concepción (Correa) propone retomar a Flax (1992) quien afirma que las diferencias entre hombres y mujeres son en verdad menos relevantes de lo que sugieren las normas, representaciones, símbolos y prácticas culturales y de ahí a Badinter que propone caminar hacia la "unisexualidad". La necesaria pluralidad en nuestras concepciones también nos llevará según esta autora a la necesidad de empezar a hablar de sexualidades y no de sexualidad en singular.(Correa, 1999 :46). Esta deconstrucción del modelo de "dos sexos" tiene consecuencias positivas en el terreno de una mayor igualdad en todos los terrenos, pero además, y esto es central en esta investigación, amplía las referencias conceptuales en lo que se refiere a la deconstrucción de los masculino. Implica admitir que hombres y mujeres son prisioneros de sus géneros. Ellos también están sometidos a esas reglas, reglas que siempre tienen un costo. (Flax, en Correa).

La sexualidad ha sido definida como el conjunto de experiencias humanas atribuidas al sexo y definida por éste, constituye a los individuos y obliga a su adscripción a grupos socioculturales genéricos y a condiciones de vida predeterminadas. La sexualidad constituye un complejo cultural históricamente determinado consistente en relaciones sociales, instituciones sociales y políticas, así como concepciones del mundo, que define la identidad básica de los sujetos. Consiste también en los papeles, las funciones y actividades económicas y sociales asignadas con base en el sexo. La sexualidad humana es lenguaje, símbolo, norma, rito, mito: es uno de los espacios privilegiados de la sanción, del tabú, de la obligatoriedad y de la transgresión. Entre los resultados de la organización genérica está el control social de los cuerpos de hombres y de mujeres y del dominio de ellos sobre ellas, vía la expropiación de sus cuerpos y de sus creaciones. (Lagarde,1995;402).

Pero la sexualidad podría ser algo diferente. Cuando se lograra construir un mundo diferente, en el que las divisiones genéricas que llevan a relaciones desiguales, de ejercicio de poder y dominación fueran abolidas, la sexualidad podría vivirse a plenitud, con responsabilidad y libertad. Para ello sería necesario lograr el pleno ejercicio de los derechos sexuales, lo cual requiere de un ambiente favorable en el que las prácticas individuales sean inspiradas por el principio del respecto a la identidad del otro y a su voluntad, en condiciones sociales, económicas y culturales que conduzcan a la igualdad entre los géneros, a la libertad en la orientación sexual, a la no discriminación ; un mundo en el que las prácticas sexuales individuales no estén sujetas a la coerción moral o legal (Correa, 1999 ;47).

Así como la sexualidad es un fenómeno social que lleva la huella de historias complicadas, de moralidades impuestas y el juego del poder, así ahora debemos colocar como plantea Weeks (1995) nuestras elecciones sobre la sexualidad y el cuerpo en un marco ético más amplio. La sexualidad no posee un significado intrínseco, no puede decir su propia verdad porque sus manifestaciones sólo pueden ser siempre culturalmente mediadas. Pero pueden, por su maleabilidad, expresar una variedad de potencialidades humanas. Lo erótico brinda un espacio de posibilidad para explorar, y afirmar positivamente, las diferentes maneras de ser humanos.

Cada cultura y cada situación histórica constituyen sus propios rasgos de sexualidad permitida, restringida y prohibida.

Gagnon establece una serie de premisas sobre la sexualidad que me parecen esenciales en para los estudios que se realizan sobre el tema. En primer lugar, la sexualidad no es un fenómeno universal y ahistórico; la sexualidad no puede tratarse como una simple respuesta a un imperativo biológico o de desarrollo de la sexualidad, válido en cualquier época o cultura. La vida sexual, es como el resto de la vida, una actividad sugerida por las circunstancias sociales y culturales y que cambia de acuerdo a la época y a la cultura de que se trate; Hay un repertorio limitado de actividades corporales asociadas a lo sexual pero no hay similitudes en los significados que le son asociados. Por ello la conducta sexual debe estudiarse como un fenómeno local, de significados específicos en contextos históricos y culturales también específicos. Las ciencias que estudian a la sexualidad también son productos históricos y culturales, así como las herramientas teóricas y metodológicas son productos de fenómenos históricos y culturales y no herramientas privilegiadas para descubrir la verdad. La experiencia de la conducta sexual es resultado de circunstancias de aprendizajes particulares dentro de culturas específicas. La gente aprende la cultura sexual en grupos culturales específicos; la cultura de género y la conducta sexual son producto de culturas específicas. Son formas aprendidas a partir de una práctica social. (Gagnon y Simon 1984, en exposición de Oliveira, 1994).

La sexualidad es un fenómeno social, porque es histórico, cambiante y sólo definible en el contexto de una cultura. La sexualidad es una manifestación humana que está sujeta a convenciones culturales. Constituye un vínculo efectivo, amoroso, erótico, que busca la reproducción de la especie o el placer o ambos, y que se desarrolla generalmente en un ámbito de poder que no es equitativo, que incluye a la subjetividad pero que, como hecho social, va mucho más allá. Hay entonces un aspecto interpersonal, pero a la vez social y eso hay que tenerlo en cuenta para no dar una visión parcial o reductora de la sexualidad.

Hearn y Parkin establecen que es necesario vincular nuestra definición de sexualidad como un proceso público común y frecuente, más que uno extraordinario y predominantemente privado. En segundo lugar, proponen pensar la sexualidad como uno de los aspectos integrantes de un proceso que permea toda política del cuerpo más que como un conjunto de prácticas aisladas y discretas (Minello, 1998; 38-39).

La sexualidad tiene en el cuerpo humano la fuente y a la vez receptáculo de sus prácticas, relaciones y simbolizaciones. Quienes entran en contacto son poseedores de cuerpos particulares, cargados de atributos propios de la identidad genérica a la cual se adscriben. El cuerpo es convertido en el espacio de las significaciones sociales, centro de asignaciones de funciones y atributos sociales, entidad reguladora de comportamientos, actos y movimientos social y políticamente permitidos y prohibidos, síntesis histórica de las expresiones genérico-sexuales de cada sociedad y su cultura.

La sexualidad rebasa al cuerpo y al individuo; es un complejo de fenómenos bio-socio-culturales que incluye a los individuos, a los grupos y a las relaciones sociales, a las instituciones, a las concepciones del mundo -sistema de representaciones, simbolismo, subjetividad, éticas diversas, lenguajes- y desde luego al poder. La sexualidad es a tal grado definitoria que organiza de manera diferente la vida de los sujetos sociales y de las sociedades. Es un atributo histórico de los sujetos, de la sociedad y de las culturas; de sus relaciones, sus estructuras, sus instituciones y de sus esferas de vida. (Lagarde,1993;212).

El cuerpo masculino y el femenino, y en especial los órganos sexuales son percibidos y construidos según esquemas y de ese modo constituyen apoyos simbólicos privilegiados de aquellos significados y valores que están en concordancia con los principios de la visión falocéntrica del mundo. En realidad lo que se hace es legitimar una visión masculina del mundo que a su vez legitima una relación de dominio inscribiéndola en lo biológico, que a su vez es una construcción social biologizada. La definición del cuerpo en sí, apoyo real de la labor de naturalización, es en efecto el fruto de todo un trabajo social de construcción, sobre todo en su dimensión sexual. El cuerpo de la mujer es el objeto de un esfuerzo de construcción que tiende a hacer una suerte de entidad negativa, definida esencialmente por la privación de las propiedades masculinas y afectada por características peyorativas. El grupo, por considerar que la sexualidad es algo demasiado importante socialmente para ser dejada al azar de las improvisaciones individuales, propone e impone una definición oficial de los usos legítimos del cuerpo, excluyendo tanto representaciones como prácticas, todo lo que, en especial entre los hombres puede evocar las propiedades estatutariamente asignadas a otra categoría. El trabajo de construcción simbólica, que se termina en un trabajo de construcción práctica de educación, opera lógicamente por diferenciación en relación con el otro sexo socialmente construido; tiende en consecuencia a excluir del universo de lo pensable y de lo factible todo lo que marque la pertenencia al sexo opuesto. El cuerpo biológico socialmente forjado es así un cuerpo politizado. Los principios fundamentales de la visión del mundo androcéntrico son naturalizados bajo la forma de posiciones y disposiciones elementales del cuerpo que son percibidas como expresiones naturales de tendencias naturales. (Bourdieu 1990;36-53). Sexo y sexualidad son separados de acuerdo a las divisiones genéricas impuestas socialmente y en función de esto se establecen diferenciaciones entre hombres y mujeres y sus necesidades y papeles y obligaciones y derechos, que se hacen aparecen como "naturales".


La sexualidad es una parte de nuestro comportamiento, de nuestra libertad. Ella es algo que nosotros creamos y va mucho más lejos de un descubrimiento de la cara secreta de nuestro deseo; va haciendo nuevas formas de relaciones, de amor, de creación. El sexo no es una fatalidad, es una posibilidad de la vida creadora. Es un proceso de invención, que utiliza una relación estratégica como una fuente de placer físico. (Foucault. Sexo, Poder y Política de Identidad, 1982 en Minello 1997;72).

Dice Foucault que ahora el sexo no se juzga, se administra de acuerdo a las condiciones sociales prevalecientes. Es reglamentado por medio de leyes y mandamientos. Una característica común a todas las civilizaciones, es la de que el primer objeto intercambiado fue la mujer. Ella constituyó la primera mercancía, y por ende el primer objeto de valor de uso que adquirió también valor de cambio. Por ello las mujeres tienen que conquistar su liberación, junto con los hombres, de su categoría en cuanto fuerza de trabajo, y además tienen que ser liberadas de su condición de objetos de diversión y placer contra su voluntad. La sexualidad que practicamos se acerca mucho a la de los animales, con la consiguiente captura, afianzamiento y posesión de la hembra por parte del macho, en tanto que la hembra se deja poseer, se ve forzada a ello o es engañada para admitirlo sin violencia. Tenemos un sexto sentido, es el placer; pero la sociedad en que vivimos se encuentra empeñada en ignorar tal sentido, no obstante su enorme importancia y de que es una parte inseparable de cada persona. (De Gortari Elí.; 146-156).

Algunos autores (Braunstein, 1991) llaman la atención acerca del peligro que vivimos en la sociedad actual, pues afirman que tanto la mística represiva como la liberadora (de la que se habla en la actualidad respecto de la sexualidad) conllevan la misma represión que es la que hace depender a la sexualidad de la satisfacción otorgada a una cierta tendencia natural, que existiría por igual en todos los seres humanos, que tendería a su normalidad posible. De allí que vivamos en medio de una suerte de ideología sexológica difundida a través de estudios de divulgación. Este tipo de ideología es tan represiva como la que existió antes porque tiende a desatender la relación que existe entre el modo en que cada uno encarna su sexualidad y el orden simbólico, el orden del deseo y de la ley que regulan esa sexualidad. Nuevamente se imponen estándares, convenciones que tratan de definir lo que está bien y lo que está mal y hacen que los sujetos (o muchos de ellos) vivan angustia cuando sienten que no se están adaptando a lo que suponen es la norma social. Antes se trataba de virginidad, ahora tal vez lo que se pretende es ser "la campeona olímpica de la sexualidad", también en términos de rendimiento, de número de orgasmos. Este autor llama la atención también acerca del peligro de que se esté estableciendo el modelo del goce sexual masculino como universal y válido. Ese modelo que, tomando como punto de partida el del hambre, la alimentación y la saciedad, tendría su equivalencia en la erección y la eyaculación. Este modelo parece querer ser impuesto también a las mujeres y a su sexualidad. El modelo del goce fálico es el que se pretende extender como aquel que debería también dar cuenta del goce femenino, siendo que así no es posible comprender a la sexualidad en el plano de la satisfacción subjetiva.

El concepto de sexualidad que algunos sectores han propuesto actualmente, intenta rebasar aquellos conceptos que han planteado una división entre lo biológico, lo psicológico y lo social. El placer sexual, lo erótico, ocupa un punto medular en las reflexiones en torno al sistema de valores en las relaciones entre hombres y mujeres y también como un elemento fuertemente moldeado por la cultura. Se plantea que la terminología empleada en los discursos sobre sexualidad, comportamiento sexual e incluso aspectos relacionados con la reproducción se encuentra aún muy lejos de tener significados claros y unívocos, aunque en las últimas tres décadas haya crecido tanto el interés en el tema de la sexualidad. Algunos autores adoptaron posiciones críticas ante otros que veían contrapuesto lo biológico y lo social y han adoptado más bien la idea de que entre ambos existe interacción. Los estudios actuales sobre sexualidad establecen que la sexualidad excede al sexo, quedando éste último concepto remitido a la genitalidad. Hoy se reserva el concepto de sexo básicamente para los estudios de elementos biológicos, mientras que a la sexualidad le atañen expresiones de carácter psicosocial. Es decir, se reconoce que la sexualidad tiene una base biológica, la contiene y la rebasa, y tiene su énfasis en las complejas manifestaciones que resultan de la interacción entre el individuo y su medio. Aquí la cultura, las normas, los valores son esenciales. Lo aprendido socialmente se superpone a la base biológica, determinada genéticamente. Así, la variabilidad, diversidad e incluso aspectos "insólitos" de la sexualidad humana, dependen de la cultura de una comunidad, del sistema de valores que norman a esa sociedad. (Ehrenfeld,1989:383-385).

La sexualidad tiene tanto que ver con las palabras, las imágenes, los rituales y las fantasías como con el cuerpo; nuestra manera de pensar el sexo moldea nuestra manera de vivirlo. (Weeks1993), pero durante mucho tiempo la sexualidad se ha ligado a la naturaleza, explicándola como un impulso, como fuerza emergente o como una energía que la cultura modela y debe controlar. De esta manera se ha definido "lo femenino" y "lo masculino" como "naturalidades" y se ha dado un privilegio tanto teórico como social a la heterosexualidad. Hoy, se critica abiertamente la noción de sexualidad arraigada a la naturaleza y se propone entenderla como producto de fuerzas históricas y sociales. Así, la sexualidad debe definirse como construcción histórica, que involucra una diversidad de posibilidades biológicas y mentales, como las diferencias corporales, las capacidades reproductivas, las necesidades, deseos, fantasías, elementos que no siempre están asociados entre sí. La sexualidad sólo puede comprenderse dentro de su propio contexto social y cultural específico. No existe una esencia específica en lo que llamamos sexualidad y lo erótico solamente puede tener un significado en culturas específicas. La sexualidad es algo que la sociedad produce de manera compleja; es el resultado de distintas prácticas sociales que dan significado las actividades humanas, de definiciones sociales y autodefiniciones, de luchas entre quienes tienen el poder para definir y reglamentar contra quienes se resisten. Cada vez nos hacemos más conscientes de que debemos reconsiderar nuestra idea de la sexualidad, pues sabemos que existe una enmarañada red de influencias y fuerzas económicas, de raza, de género, de moral, que configura nuestras emociones, necesidades, deseos y relaciones. La sexualidad en fin, no es un hecho dado, es un producto de negociación, lucha y acción humanas. (Weeks, 1998 ).

Este es un concepto central en el desarrollo de mi investigación, pues parto de la idea de que en las relaciones sexuales en la pareja y en la reproducción, están siempre presentes elementos de choque y negociación, acatamiento de normatividades, resistencia y transgresión de las mismas. Para este autor, como para otros y otras, la sexualidad está sujeta en gran medida al modelaje sociocultural, a tal punto que no tiene otro significado que el que le atribuyen las situaciones sociales. Cada cultura establece "restricciones de quien" y "restricciones de cómo". Estas reglamentaciones tienen aspectos formales e informales, legales y extralegales. Suele haber por ejemplo, reglas distintas para hombres y para mujeres, reglas que constituyen guías prácticas. Determinan los permisos, las prohibiciones, los límites y las posibilidades. Para Weeks, existen cinco áreas que destacan en la organización social de la sexualidad: parentesco y sistemas familiares, organización social y económica, reglamentación social, intervenciones políticas y el desarrollo de culturas de resistencia. (Weeks,. 1998;34-35).

En nuestra cultura sí importa con quién tenemos relaciones sexuales. El género, la condición social de ser hombre o ser mujer, y la sexualidad, la manera cultural de experimentar nuestros placeres y deseos corporales, están estrechamente vinculados, de modo de cruzar la frontera entre el comportamiento masculino y femenino considerados socialmente "correctos", constituye en ocasiones la transgresión más grave. Aún no podemos, en nuestra sociedad, pensar la sexualidad sin tomar en cuenta al género; la fachada de la sexualidad se ha construido en gran parte sobre la suposición de diferencias fundamentales entre hombres y mujeres, en la dominación masculina sobre las mujeres. Vivimos en culturas que están preocupadas por la diferencia sexual y esto es trascendente, tiene efectos decisivos, pues la forma como pensamos sobre el sexo modela la manera en que lo vivimos. Hablar por ejemplo del "impulso vigoroso" de los varones en cuanto a la sexualidad ha servido para legitimar la dominación del hombre sobre la mujer. (Weeks, 1998; 47-49).

El cuerpo biológico es el sitio donde se establece y delimita lo sexualmente posible, pero la sexualidad es mucho más que simplemente el cuerpo. La sexualidad invoca nuestras creencias, ideologías e imaginación, además de nuestro cuerpo físico. (Vance,1984) Las relaciones de poder, particularmente las vinculadas con la raza, el género y la clase, los cuerpos socialmente diferenciados, adquieren significado para definir los comportamientos sexuales. Asumimos una manera de comprender la concepción histórica de los cuerpos y la sexualidad; una comprensión de las actitudes hacia el cuerpo y la sexualidad, que deben partir de un contexto específico y haciendo evidentes las relaciones de poder que conforman y hacen ver la conducta de los sujetos como algo normal o anormal, aceptable o inaceptable; oponiéndonos al esencialismo sexual que pretende explicar a la complejidad de lo sexual remitiéndola a una supuesta verdad o esencia interior.(Weeks, 1998 (a);182).

Considero que a partir de la idea de Poder y Resistencia de Foucault se pueden comprender además las formas de adaptación, de autonomía, de adecuación, toma de decisiones, y transgresión en diversas temáticas, que tienen que ver con las relaciones entre varones y mujeres.

Existen amplios debates acerca del análisis de la relación hombre-mujer como relación de poder multidimensional. Se discute, cuestiona y recupera la riqueza analítica de la microfísica de Foucault, por ejemplo entendiendo que cada dimensión específica donde se realizan las relaciones y se ejercen los poderes tiene un universo propio explicativo y por ello requiere esfuerzos, también específicos, para poder desentrañar y descifrar la naturaleza de sus lógicas. En cada espacio de representación social debe descubrirse lo que se produce y reproduce, lo que se teje, desteje y entreteje, lo que se deposita, arriesga y apuesta, así como el tipo de vinculaciones que se establecen en otros espacios. Aceptar que el análisis de la relación desde este recorte teórico, tiene que pasar por profundos vínculos afectivos de dependencia permite preguntarse por ejemplo: ¿En qué medida la construcción de la identidad de genero de la mujer está engendrada consustancialmente en el hombre? ¿Hasta qué punto la identidad genérica del hombre depende de la identidad genérica de la mujer, de la misma forma en que su lugar social de poder depende de la definición del lugar social de la mujer ...? Y de manera complementaria ¿qué tipo de poder es el que la mujer ejerce desde su lugar social?. (Cervantes, 1993;260).

La convención social que nos llega sobre la sexualidad y la reproducción existe en el presente como conjunto de instituciones, como pactos de referencia que una vez internalizados por los individuos a lo largo de su vida y como parte de un proceso permanente de aculturación, orienta sus prácticas y justifican una dominación. Desde esta perspectiva las instituciones, de acuerdo con Bourdieu "representan la materialización, la fijación y la codificación social del sentido.. Por tanto, la cultura puede ser aprehendida como una estructura de significados preconstruidos que constituye el marco de referencia de una sociedad y la base obligada - no pensada - de todas las prácticas significantes" (Bourdieu,1993).

Hay que tomar en cuenta que la construcción social de la sexualidad implica a las estructuras política, social, económica, jurídica, religiosa de la sociedad en la que se desarrollan los sujetos. Para el análisis es esencial como hemos apuntado, tomar en consideración el ciclo de vida, que es también una construcción social y que exige tener presentes las historicidades individuales y colectivas. Existen condicionantes biológicas, eso es un hecho. Pero el significado es social y varía históricamente, de una sociedad a otra. (Minello, op. cit.;44-46).

Es interesante observar que las prácticas y vivencias de los papeles familiares tienen lugar dentro de relaciones de poder, como se ha documentado en diversas investigaciones, que son asimétricas y jerárquicas y que se estructuran a partir de dos ejes básicos: el género y la generación. Estos determinan las situaciones de control y dominio por ejemplo de los hombres sobre las mujeres y de los padres sobre los hijos. Pero no es suficiente conocer cómo tiene lugar la distribución de estos espacios, sino que es necesario entender cómo se ejerce el poder dentro de ellos. Por ejemplo, la imposición del dominio masculino mediante la utilización de diversas estrategias de violencia de diverso tipo y la aceptación de tal dominio como legítimo y su cuestionamiento a través de diversas modalidades de resistencia y de negociación. Podemos así analizar la autonomía femenina mediante la consideración de la habilidad de tomar decisiones sobre la propia vida (sexualidad, reproducción utilización del tiempo libre); libertad de movimiento y asociación; el cuestionamiento de la autoridad exclusiva del varón; y la puesta en práctica de acciones de enfrentamiento del poder masculino (Ariza y Oliveira op.cit;62-63).

Además podemos afirmar como establece Weeks que en distintas épocas existen distintos patrones clasistas ante la sexualidad.. Por ejemplo, las actitudes hacia el control natal, vía el control normativo sobre las prácticas sexuales, han variado considerablemente, pero no se puede generalizar sobre patrones de clase. Factores geográficos, de ocupación y otros más, juegan inevitablemente un papel en la conformación de los patrones de clase; es decir que la clase es un factor clave, aunque no siempre decisivo en conformar las preferencias de la actividad sexual (Weeks;1998 (a);193).Asimismo, es importante insistir en que las diferencias de clase y estatus no pueden tener el mismo significado para hombres que para mujeres, el género es una división crucial. Así, los patrones de sexualidad femenina son, de manera ineludible, un producto histórico del poder de los hombres para definir lo necesario y lo deseable. En el corazón de las definiciones están siempre presentes relaciones políticas y culturales. Los cambios en las relaciones y en los equilibrios de poderes entre hombres y mujeres, derivados entre otras causas del movimiento feminista, los cambios en la inserción laboral, el discurso sobre los derechos humanos, las nuevas formas de negociación que se están dando en la práctica, han dado lugar a nuevas percepciones de la sexualidad femenina y masculina, y se empiezan a cuestionar los discursos biologicistas de la reproducción, fundamentales en la ideología social y política que ha enfatizado la diferencia y la división, más que la similitud y la complementariedad.

EL VÍNCULO GÉNERO Y PODER.

Género y poder están íntimamente relacionados. Como toda organización social, la organización genérica define un orden de relaciones y delimita una arena; es en ésta donde cada sujeto actúa las potencialidades que posee, en donde ejerce o padece los dominios que su ubicación social le exige o le permite. La asignación de género es el inicio de un proceso inacabable de especialización de los sujetos, especialización que origina diferencias y valoración social de las diferencias así creadas y da lugar a jerarquías, esto es, a poder y dominio. De acuerdo con el género asignado, cada sujeto accede a diversos recursos vitales valorados diferencialmente. La posesión monopólica de ese poder proviene de lo que Marcela Lagarde define como una expropiación de ciertos recursos vitales que un género hace al otro. Esa expropiación permite que el dominio sea atributo de un género y que el sometimiento lo sea del otro. Impone desigualdades y opresión. Establece condiciones y reglas de las relaciones de poder y dominio entre los géneros. Pero más importante es que define el orden genérico de la organización social y minimiza o suprime las posibilidades del cambio radical de este orden. (Cazés 1994;343-44).

El sistema sexo/género no implica solamente diferencias en cuanto a valores y expectativas sociales, entre hombres y mujeres, sino que implica principalmente una gran diferencia de prestigio y ejercicio de poder entre ambos sexos. En el proceso de adquisición del género se "enseña" a las personas a actuar y a pensar de acuerdo a normas que son de género, que los plantean además como opuestos y asignan en sociedades como la nuestra un mayor estatus al género masculino.

En este sentido, se considera que el poder patriarcal (o lo que queda de él) esta constituido por: El genérico de los varones sobre las mujeres (seres dependientes que se relacionan con ellos a partir del desamparo); el poder de clase del bloque de clases dominantes; el poder del grupo nacional y lingüístico dominante; el grupo de edad de los adultos (productivos); el grupo religioso dominante y la adscripción a las instituciones del Estado, como partidos, sindicatos, sistema educativo, etc. Las relaciones entre unos grupos y otros sintetizan en instituciones sociales y políticas del más distinto tipo, las cuales son espacios de reproducción del sistema político y de sus relaciones de poder. La mujer, la pareja, la conyugalidad, el noviazgo, el amasiato, la maternidad, la paternidad, la fidelidad, la familia, la banda, la iglesia, son instituciones sociales de poder "patriarcal" que reproducen para la mujer la división genérica del mundo y sus cautiverios (Lagarde 1993; 159).

No se trata de ver todas las relaciones sociales exclusivamente como relaciones de poder, pero si es posible señalar que en las diferentes relaciones sociales es posible encontrar al poder, con diferentes matices y formas, desde la posesión del saber, el conocimiento, la moral, la cultural, hasta la posesión de una existencia sexual. En las relaciones entre los géneros que constituyen, como hemos afirmado, formas no solo de diferenciación sino de desigualdad, de inequidad, el poder está presente a veces de manera muy nítida, a veces en sus formas más "invisibles" o "sutiles". Los seres humanos hemos dotado de sentido intelectual y afectivo a los objetos, hechos, cualidades, relaciones, seres, incluyéndonos a nosotros mismos y a nuestras creencias. Los sistemas simbólicos generados han incidido considerablemente, a su vez, en nuestra condición humana. Las diferentes comunidades han conformado sistemas de representación que pueden entenderse como convenciones sobre el sentido de sus signos, a lo largo de un complejo proceso histórico. Los principios de diferenciación constituyen una herencia. Hemos heredado una convención social a partir de la cual se organiza la distinción social. (Ariza y Oliveira op.cit.;38).

La condición genérica de las mujeres está estructurada en torno a dos ejes fundamentales: la sexualidad escindida de la mujer y la definición de ellas en relación con el poder - como afirmación o sujeción- entre otros. La condición genérica de la mujer ha sido construida históricamente y es una de las creaciones de las sociedades y culturas patriarcales. El poder define genéricamente la condición de las mujeres. Y la condición de las mujeres es opresiva por la dependencia vital, la sujeción, la subalteridad y la servidumbre (a veces) voluntaria de las mujeres en relación con su mundo. En nuestro mundo, la hombría se identifica con la osadía, en la esfera pública; mientras lo femenino se identifica con lo privado y la sumisión y aún en la esfera pública se espera de la mujer discreción y reserva,

El poder consiste fundamentalmente en la posibilidad de decidir sobre la vida de otro, en la intervención con hechos que obliguen, circunscriben, prohiben o impiden, el despliegue del poder es dialéctico y todos ejercen poder al interactuar. Pero existen los poderosos y los oprimidos. El poder puede también definirse como autoafirmación de los sujetos para vivir la vida y no implicar la opresión de otros, este es su sentido positivo. (Ibidem;36).

La reproducción y la sexualidad son ámbitos vinculados de manera decisiva con la construcción de la desigualdad de género. La sujeción de las mujeres a la reproducción constituye una de las fuentes principales de su subordinación. Las condiciones biológicas femeninas y la dependencia de los hijos e hijas respecto de la madre en los primeros tiempos de su vida ha sido objeto de una simbolización que construye la diferencia como desigualdad, con fundamento natural, que se ideologiza apelando a sus bases biológicas como "naturales". Pero la situación de subordinación en que se encuentran las mujeres en su condición de procreadoras no proviene de esta diferencia fundamental con los varones, sino del control que sobre ellas se ejerce no solamente en la reproducción sino también en la sexualidad. (Levi Strauss,1969; ; Godelier,1986). De ahí que en esta investigación uno de los ejes fundamentales constituya el análisis de la reproducción de los varones, en su profunda interrelación con la sexualidad. Existen aspectos claves que relacionan el ámbito de la reproducción socio-biológica y la sexualidad en la construcción del género. Uno es el carácter sesgado del trabajo reproductivo, ya que la reproducción descansa básicamente en las mujeres y se comparte muy poco con el varón todo lo relacionado con ella. El cuidado de los niños es uno de los espacios considerados de mayor exclusividad femenina desde la visión masculina (y también desde la visión de muchas mujeres). Otro aspecto central es el valor que para las mujeres pueden adquirir los hijos como resultado ineludible del ejercicio de su sexualidad, diferente de la de los varones.(Ariza y Oliveira, 1997;13-17).

Las implicaciones del poder sobre las mujeres afectan a todas las relaciones, las instituciones, las actividades y las concepciones que tienen que ver con el género. Las características genéricas se caracterizan por ser excluyentes y específicas, lo propio de un género le es ajeno al otro, por tanto la modificación o preservación del poder afecta tanto a los hombres como a las mujeres y a la sociedad y sus instituciones de manera general. Los cambios en las mujeres no pueden ser unilaterales, cualquier modificación de la feminidad implica tarde o temprano, algún cambio en la masculinidad y ello genera aún mayor oposición. Muchos varones todavía hacen uso de la exclusión y el desconocimiento de las mujeres y sobre todo utilizan cualquier medio para no perder sus beneficios y privilegios, que obtienen de la relación desigual que establecen con las mujeres. Asimismo, en general es más difícil para las mujeres cambiar en ámbitos en los que están solas frente al poder del otro, como es la familia, la pareja, ese mundo privado e íntimo, doméstico, en el que muchas veces se ejerce la violencia de todo tipo (Lamas, op. cit;158)


SEXUALIDAD, GÉNERO Y MASCULINIDAD.

Actualmente están en lucha dos conceptos distintos de sexualidad y también de masculinidad. El esencialista, que parte de la filosofía judeocristiana que ha permeado las instituciones de todo tipo en nuestra sociedad y que nos ha llevado a concebir a la sexualidad como algo que emana de la naturaleza y que se identifica con un hecho dado de origen biológico y espiritual, el pecado, la sexualidad es vista como lastre que hay que cargar, como algo añadido por cometer pecado; y, por otra parte el concepto de sexualidad propuesto por el constructivismo social de la sexualidad, que afirma que la sexualidad es básicamente construida por la cultura, así como es construido el sistema de género, a través de la historia y no como algo emanado de la naturaleza o la biología. La sexualidad no viene "dada", sino que es moldeada a través de relaciones de poder de gran complejidad histórica. No existe una sexualidad "natural" de forma única, existen diferentes opciones y posibilidades y prácticas sexuales. (Weeks en Meijueiro;6).

La organización genérica de la sociedad es una construcción social basada en marcas corporales. Asimismo, en el centro de la organización genérica del mundo, como sistema de poder basado en el sexo, se encuentra el cuerpo subjetivado. Pues, como se ha afirmado en diversos estudios, los cuerpos no son solamente productos biológicos, las sociedades ponen en ellos grandes esfuerzos para convertirlos en cuerpos eficaces para sus objetivos, para programarlos y desprogramarlos. Los sujetos, femeninos y masculinos pueden tratar de cumplir con sus deberes, impuestos por su género, aún en condiciones en que resulta imposible cumplir los mandatos, pero también pueden rebelarse, resistir y transgredir. (Lagarde, 1997;56)

La sexualidad rebasa en mucho el ámbito de la biología, se construye y se sanciona socialmente. Constituye un punto de confluencia entre las normatividades sociales y la ética personal. Es así que, nuestras concepciones de lo "natural" están permeadas y muchas veces definidas a partir de ideas sumamente arraigadas en la sociedad en que vivimos. Y es precisamente en este terreno - el de la sexualidad - donde se construye una arena política de la mayor importancia en la que se manifiestan las desigualdades de género, clase y etnia. En cada sociedad específica se define "el deseo" y lo que es "sano" o "desviado" en fin lo "correcto", lo "incorrecto", lo permitido", lo "prohibido". Asimismo, el cuerpo constituye el espacio más inmediato para la transgresión, y en la sexualidad se dan luchas y resistencias. De ahí que la sociedad y la cultura, acorde a sus especificidades e intereses, crean códigos y nociones como guía de acción para controlar a los sujetos, y ellos mismos, a partir de estos, hacen una evaluación ética de sus conductas. Y en esta área son claras y nítidas las asimetrías entre los géneros, que no son iguales ni en todas las etapas históricas, ni en todas las sociedades, ni en todas las clases sociales. El dominio no es estático (De Barbieri) y se da una articulación de múltiples factores en la balanza del poder. Es así que por ejemplo, la posición que se ocupa en la estructura social jerárquica es importante y muchas veces cuando ésta es alta, es menor la represión sobre la sexualidad específicamente femenina ( Córdova, Rocío, 2000).

En general podemos coincidir como plantea Cazés (1997b) en que quizás no sea la sexualidad la que aliena a los individuos, sino que es la sexualidad la que está alienada, es decir, la que se haya vuelto extraña con respecto a sí misma, desde el momento en que se ve obligada a mantener discursos sobre el cuerpo y con la ayuda del cuerpo, que no proviene de sí misma y que sirven como formas de alienación, de opresión social, cuya fuente no es ella misma. La sexualidad no solamente resulta alienada, sino que también se convierte en alienante.

En lo que se refiere a la sexualidad específicamente de los varones se manejan una serie de estereotipos. Se afirma, que la sexualidad masculina es instintiva, incontrolable y agresiva; que los hombres están "imposibilitados" de mantener la monogamia o de ser fieles a una relación estable; que los varones, en este terreno, como en muchos otros, dominan, mientras que las mujeres son sumisas; que son posesivos y son celosos; que tienen que ser fuertes. No deben expresar inseguridad, miedo, dolor, inseguridad, tristeza u otras emociones que los hagan aparecer como "débiles"; que en su caso el deseo sexual está desligado del deseo y del afecto; que socialmente se les exige tener experiencia sexual; que no deben expresar deseo o ternura con sus amigos, ni manifestar sus emociones con ellos, pues ponen en riesgo su fama de viriles; por supuesto no deben sentir deseo sexual por otros hombres ni jamás admitir ignorancia en el terreno de la sexualidad y además deben correr permanentemente riesgos. (Shepard p. 79).

El concepto de masculinidad evoca una serie de calificativos y atributos, muchos de ellos encontrados a través de las culturas y que incluyen primordialmente: poder, dominio, virilidad, potencia sexual, valentía, fortaleza, responsabilidad y honor, todos ellos valores culturales a los cuales los hombres deben acceder y mantener para ser verdaderos "hombres".

Pero, las construcciones sociales que definen los papeles de los géneros, masculino y femenino, varían de una cultura a otra, y se da diverso peso a los atributos. A pesar de la desigualdad con la que socialmente se definen los atributos del género, hay que aceptar que las mujeres mismas contribuyen a menudo a reforzar o mantener esos atributos culturales. Los atributos masculinos con su énfasis en el poder y la virilidad, simbolizados por el falo, son usados para ejercer el dominio sobre las mujeres, su sexualidad, su reproducción y sus familias. Y estros atributos son frecuentemente invocados para justificar actos de represión y violencia contra las mujeres, incluyendo la violación, el abuso sexual, las heridas físicas, entre otros actos coercitivos.(Mundigo, 1998;20).

Para algunos autores la historia ha tenido una profunda influencia en la construcción del lenguaje respecto de la sexualidad masculina. Las nociones de voluntad y rendimiento han sido centrales durante mucho tiempo dentro de la sexualidad masculina. El sexo se aprende en nuestras sociedades, en la niñez temprana no como cuestión de dar placer y nutrimiento al cuerpo, sino como un logro individual que se refleja en la ubicación del hombre dentro del orden de la ley del más fuerte de la masculinidad. Así, los varones en general, tienden a considerar la sexualidad en términos de poder y de conquista. Como niños el sexo es una cuestión de ver "hasta donde se puede llegar". El sexo constituye un ámbito en el que se prueban a sí mismos al obtener lo que de otro modo se les podría negar. Se trata de un proceso educativo muy poderoso, en el cual el logro reemplaza cualquier noción del sexo como placer. Resulta de esta manera fácil experimentar el sexo como algo que los otros "les deben" y que ellos están dispuestos a "obtener",. Así la sexualidad masculina es una cuestión de poder en que los hombres se preocupan por reafirmar el poder sobre las mujeres. El sexo asumido como rendimiento, aunque ahora en algunos sectores incluya la necesidad de procurar orgasmos a las mujeres, se mantiene como una inflexión del ego masculino. Se sigue tratando de una autoafirmación individual. Los varones están tan concentrados en probarse a sí mismos porque su verdadero sentido de la masculinidad puede fácilmente ponerse en tela de juicio. Es entonces el sexo una manera en que se demuestran como "verdaderos hombres",. Y por ello, la iniciación sexual con una mujer es tan poderosa, pues constituye un medio para convertirse en hombre.

Estas construcciones de la sexualidad masculina tiene graves implicaciones pues la sexualidad llega a identificarse como un acto de violencia y la idea del rendimiento puede fácilmente alentar una enorme insensibilidad hacia la pareja. La sexualidad no es considerada como comunicación, un compartir entre personas, sino que es algo que los hombres necesitan; mientras, la sexualidad femenina es apenas reconocida, y las mujeres aparecen simplemente como bloqueadoras de la necesidad masculina. Así, el sexo se vuelve conquista. Los hombres aprenden a tener las relaciones sexuales teniendo como única meta el orgasmo; se despersonifica la experiencia de la sexualidad y el cuerpo es tratado como máquina. Estas construcciones tienen toda una historia que hace muy difícil superar las profundas insatisfacciones en que vivimos y saber como podemos reeducar nuestros cuerpos mediante el aprendizaje, a fin de lograr un contacto más profundo y pleno. La verdad es que llevamos la historia en nuestros cuerpos. Y no basta con decir que nuestra sexualidad es construida histórica y socialmente, es indispensable comprender sus contradicciones y tensiones internas. Es claro que no es posible postular una visión alternativa de la sexualidad masculina sin comprender las fuerzas históricas y sociales más profundas de esta concepción dominante. (Seidler, 1991;40).

En las culturas occidentales puede constatarse que existe el "dominio de lo masculino", la concepción del varón que es fuerte, activo, en posesión indiscutible del poder en diversos ámbitos, en contraposición con la mujer y lo femenino que pasan a ser el discurso oculto y tenue de la historia social.(Ehrenfeld,1989:391). El varón en nuestras sociedades es aún el productor, el dominante, el poseedor del control y en esta cultura todos aprendemos desde el inicio lo que debemos ser, y también las consecuencias de negarse a serlo. En el campo de la sexualidad la mujer, o muchas de ellas, subordina al varón su capacidad erótica y también cumple, en muchos casos, el papel que socialmente se le ha asignado en la esfera de la reproducción.

Dentro de este análisis me parece fundamental la idea de tener siempre presente que en las relaciones personales el poder siempre está de alguna manera presente. Esto desafía la concepción liberal de que todo es cuestión de actitud y elección individual y que bastaba con "tratar a los demás como iguales". El liberalismo presupone que tenemos verdadera libertad de relacionarnos y elegir y nos alienta a creer que podemos minimizar la influencia de relaciones de poder y de subordinación de clase, sexuales y étnicas. Y trata de hacerlo al poner una demarcación entre las relaciones personales y las sociales más amplias. Sin embargo, es claro que nuestras relaciones personales son profundamente afectadas por el sentido que cobra ser hombre o mujer en la sociedad más amplia y por nuestra posición en los otros ejes de la desigualdad social: clase y etnia. Es entonces indispensable estar conscientes de la realidad que nos ha afectado y conformado, realidad que podemos reproducir, pero también confrontar. Para este autor hacerse consciente puede ser un proceso en que los hombres aprendan a recobrar su sexualidad como fuente de conocimiento y de placer; y parte del proceso consiste en comprender la dinámica de su experiencia, mediante la cual su sexualidad ha quedado atada, a un nivel mucho más profundo, a su necesidad de controlar a otras personas y a facetas de sí mismos. (Seidler,1991:42-44.).

Según algunas otras investigaciones en el campo de la sexualidad la experiencia sexual es el resultado de un complejo conjunto de procesos sociales, culturales e históricos que permite la construcción del cuerpo, la interpretación del deseo y que da sentido a las vivencias y sexualidad tanto de los hombres como de las mujeres. Una interpretación a que acude la masculinidad dominante para darle un carácter "natural" a su construcción está en la afirmación de que los hombres, al igual que los animales tienen "instintos" entre ellos el de reproducirse. El deseo sexual sería por tanto determinado biológicamente y se acrecienta en la medida en que no es satisfecho y lleva a los hombres a conquistar y penetrar mujeres. Esta interpretación, sentida subjetivamente por muchos varones los llevaría a vivenciar su cuerpo como un factor de fragmentación de su subjetividad, que asocia los deseos, placeres y emociones propias de la sexualidad con expresiones de una fuerza interna que no se puede controlar y que los lleva a ser violentos, aún a pesar de su voluntad, con tal de satisfacer su deseo. En cambio, se dice, el deseo de la mujer, nace del amor y está asociado con el amor que siente por su pareja. Los hombres entonces son quienes deben tomar la iniciativa. Así, ellos separan sexo y amor. (Valdés y Olavarría, 1998;14-15).

Existe en nuestras sociedades, una desigual distribución del ejercicio del poder y asimetría relacional entre los géneros. La posición de género se manifiesta en las relaciones de la pareja, al interior de la familia, en todos los ámbitos de la vida social, con diferentes matices. La cultura androcéntrica da al varón una posición de superioridad, de auto-afirmación y niega ese derecho a las mujeres, que deben entonces, si es que pueden, conquistarlo. Los varones entonces se sienten con el derecho de exigir a las mujeres y ellas se sienten obligadas, disminuyendo su valor y buscando la aprobación. Se habla de una ecuación protección por obediencia, que reproduce el dominio masculino. Las mujeres y los hombres naturalizan estas relaciones, lo que aunado a la falta de recursos de las mujeres y el ejercicio cotidiano del poder masculino hace muy difícil cuestionar y cambiar estas relaciones.

Para algunos autores la mujer ejerce el poder sobrevalorado de los afectos y el cuidado erótico y maternal. Se trata dicen, de un poder delegado por la cultura androcéntrica. Se establece para ellas un "altar engañoso" y se le otorga el título de reina, aunque ellas solamente tengan la posibilidad de "intendencia y administración de lo ajeno". (Bonino,196-197). Las mujeres, en general, no pueden expresar sus demandas abiertamente, pero lo hacen por vías ocultas, a través de distanciamientos, de quejas y muchas veces de cierta manipulación. Este terreno es sumamente importante en el campo de la sexualidad y de la reproducción, de la relación y educación de los hijos e hijas. Las relaciones de poder que se dan en estas esferas están casi siempre invisibles, lo cual contribuya a que el poder configurador de la masculinidad como modelo siga siendo enorme.

Encontramos que en sociedades como la nuestra existen claras diferencias entre las normatividades que se imponen a hombre y a mujeres, muy especialmente en el terreno de la sexualidad y las prácticas sexuales. En las mujeres la sexualidad aparece como más vinculada a la unión de la pareja y a la procreación que en los varones; mucho menos relacionada con el placer sexual, más monógama y mayormente vinculada con el deseo de afianzar una relación. Estas normas diferenciadas de la sexualidad según el género provocan una construcción social de mujeres divididas en dos tipos: las que tienen experiencia y experimentan placer, malas candidatas para la unión matrimonial y la procreación, aquéllas que no son merecedoras de respeto; y las que acatan las normatividades, que carecen o aparentan carecer de conocimiento y sobre todo de experiencia sexual, la mujer que se hace merecedora de ser candidata a la maternidad. Si bien esto es el modelo dominante, también hay que decir que , como construcción social que es, ante los cambios trascendentales en otros aspectos de la vida social, están emergiendo personas y grupos para las cuales estas normatividades ya son cuestionables.

Se habla también de necesidades sexuales diferenciadas según el sexo. En México y en otros países similares está aún muy difundida la creencia de que existen necesidades eróticas originadas en la biología que son de los hombres y no experimentadas por las mujeres. (Figueroa y Rivera, 1993) Las necesidades del hombre requieren ser satisfechas en todo momento. Esta creencia, basada en la "naturaleza" provoca que las mujeres acepten estas diferenciaciones e influye en la pasividad social hacia los abusos, la coacción y los intercambios desiguales en materia sexual. Asimismo, los varones deben ser expertos en sexualidad, en sensualidad y en placer, pero en cuanto a la procreación ese es terreno femenino. Los varones también tienen y ejercen el derecho de experimentar el placer sexual fuera de su pareja, manteniendo silencio respecto a ello en su familia. En este sentido parecería que para cierto tipo de hombres latinoamericanos no es suficiente la experiencia amorosa y sexual con su propia pareja para que deje de sentir deseo de poseer a otras mujeres. Ya que interpreta al deseo como animalidad, es como si el cuerpo se lo pide. El nuevo dilema que enfrenta el varón es la fidelidad (Valdés, et. Al. 1998:10) Además, presionan a las mujeres a excluir expectativas de placer en sus relaciones sexuales, pero deben ser expertas y responsables en cuanto a la reproducción. Los varones, a través de estos vínculos entre el género y la sexualidad aceptan la presión para permanecer excluidos de las decisiones y consecuencias en la procreación. (Szasz 1997:1-3)En todos estos aspectos queda claramente manifiesta la doble moral prevaleciente.

RESULTADOS Y CONCLUSIONES DE LA INVESTIGACIÓN REALIZADA POR LA AUTORA.

La investigación se realizó con sujetos varones, pertenecientes a los sectores medio y alto de la sociedad mexicana, Ciudad de México, con altos niveles de escolaridad y considerados profesionistas que realizan trabajo de corte intelectual, no manual. Sus familias de procedencia, procedencia geográfica, tipo de familia, edades son muy variadas, con la finalidad de hacer más representativa la muestra y tratar de establecer comparaciones por ejemplo en el ámbito generacional.

El estudio se realizó con base en la técnica de "relatos de vida" y se llevó a cabo una reconstrucción con el sujeto acerca de su propia vida, desde la niñez hasta el momento presente teniendo como ejes temáticos las diferencias genéricas y creación de papeles genéricos en la familia y otras agencias de socialización; la construcción de pareja, la reproducción y la paternidad; se preguntó también acerca de planificación familiar, homofobia, aborto, características principales de las parejas, entre otros aspectos.

Entre los resultados más relevantes de la investigación realizada destacan:


RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN. (Síntesis del análisis de las Entrevistas)

Me parece importante empezar este apartado abordando algunos de los hallazgos metodológicos que se derivaron de esta investigación. Un primer elemento que me parece importante apuntar, sobre todo porque era una de las inquietudes que discutí al iniciar este proyecto y además constituye un tema de polémica actual en muchos Seminarios y Conferencias a los que he asistido últimamente, es el referente al hecho de que una mujer emprenda este tipo de investigación y sobre todo, como es el caso, sea ella la que realice el diseño, aplicación, e interpretación de las entrevistas. Las razones y motivaciones, así como la problemática social con la que se vinculan los temas tratados, los he expresado en la parte introductoria de este trabajo. En este apartado el punto a discusión central es: qué pasa cuando una mujer entrevista a varones en temáticas tales como la sexualidad, la relación con las mujeres, su historia familiar y su reproducción. Según alguno(a)s, este hecho hace que los varones se inhiban y no respondan, o bien mientan para "quedar bien", o inclusive que, el entrevistado trate de emprender otro tipo de relación con la mujer que lo entrevista. En ese sentido, se considera que la información obtenida es menos válida que la que puede obtener un varón entrevistando a otro varón.

Después de realizar las entrevistas puedo concluir que, en todo caso, la información que una mujer que entrevista obtiene puede ser diferente, pero no necesariamente, por el hecho de ser mujer es información menos fidedigna o de la cual hay que dudar más. Si esto sucede será por otros motivos. Más bien, como plantea Figueroa, se generan distintos tipos de representaciones por la composición del intercambio entre hombre y mujer.

Considero que al emprender las entrevistas uno(a) debe estar convencido(a) de que el sujeto que concede la entrevista comparte sus percepciones y representaciones sociales y sus vivencias con el o la investigador(a), quizá dependiendo del sexo del(a) mismo(a). Lo que no se debe dejar de lado es el hecho de que, cuando se abordan temáticas como las de esta investigación, que implican una reconstrucción de la vida del sujeto, éste ya ha permeado por experiencias posteriores, por los cambios que ha experimentado, etc, esas vivencias del pasado y seguramente, en ese proceso, no se puede obtener información exacta de cómo vivió el sujeto, en su momento, tal experiencia. En todo caso se lograron obtener, a través del discurso de los entrevistados, percepciones reconstruidas de hechos pasados.

A pesar de que conozco el punto de vista contrario de alguno(a)s autore(a)s, por considerar que existe el riesgo de provocar un sesgo, resalto la importancia de que el (la) investigador(a) platique con la persona que va a entrevistar, abiertamente sobre el contenido, fines, utilización de la información, objetivos, anonimato, entrega de resultados una vez obtenidos para poder compartir los logros del proyecto con el sujeto que ha dado parte de su tiempo para contribuir a la investigación. El consentimiento explícito del informante, cuando ya se le proporcionó toda la información me parece un factor básico para que la entrevista pueda ser exitosa.

En mi caso, antes de iniciar las preguntas, me pareció fundamental dar a conocer al entrevistado con toda precisión, de qué se trataba la entrevista, poniendo mucho énfasis en aquellos aspectos que se consideran, socialmente, más difíciles de abordar. Por ejemplo las temáticas relativas a sexualidad y prácticas sexuales, a la iniciación de la vida sexual, a sus relaciones familiares más problemáticas o conflictivas, a la evaluación de su propia educación, de sus parejas y sus conflictos en estas áreas, los traté explícitamente y dejé a ellos la posibilidad de decidir si aún así querían concederme la entrevista. A algunos de los sujetos ya los conocía, a otros no. En este sentido es relevante el hecho de que este no fue el factor que permitió una mayor comunicación. Considero que más bien son otros factores de carácter personal, derivados de la historia de vida de cada persona, los que determinan de manera más importante la capacidad, posibilidad y deseo de abordar estos temas con cierta soltura y naturalidad. También resalta el hecho de que los procesos que el sujeto vive en el presente influyen en que la entrevista tenga mayor fluidez. Tal es el caso de sujetos que están pasando por ciertas crisis y cambios personales y que se mostraron muy abiertos a comunicar sus preocupaciones y expectativas, sus frustraciones y problemas, y que incluso buscaron apoyo en la entrevistadora para tener elementos que les permitieran abordar su problemática. Se les explicó que ese no era el motivo de la entrevista y que no se contaba con la capacitación necesaria para emprender por ejemplo, una terapia, pero que existía esa opción.

Sobre todo en algunos casos, fue para mi todo un reto el realizar algunas de las entrevistas. Resulta de verdad muy difícil acatar el precepto básico de no hacer juicios de valor, de recordar en todo momento que se debe mantener la "objetividad". En ocasiones es tan sorprendente constatar que en algunos sujetos está tan internalizada la masculinidad hegemónica que son capaces de hablar abiertamente inclusive de violencia física y simbólica; cuando afirman su superioridad en el "porque si", porque así son las cosas; cuando se refieren con hondo desprecio a una mujer, es muy difícil conservar la ecuanimidad, y sin embargo, creo que lo logré. Ese es un hallazgo que más allá de lo metodológico aborda temáticas de carácter personal y de crecimiento individual que me parecen centrales. Así, el aprendizaje no es solamente teórico, metodológico, sino que llega a lo más íntimo del propio(a) investigador(a) y establece una confrontación con los valores que son propios a la persona que entrevista.

Pero, a la vez, resulta personalmente muy gratificante, enfrentarse al discurso, los silencios, las risas, de sujetos que muestran que algunos varones tienen una sensibilidad realmente excepcional; que tienen la capacidad de cuestionarse a sí mismos, que abiertamente expresan sus emociones; que lloran cuando recuerdan ciertas etapas y personajes centrales de sus vidas; en fin, varones que están rompiendo de manera profunda el estereotipo de la masculinidad hegemónica y que intentan vivir de otra manera. Así como sucede cuando compañeras mujeres expresan sus hondas contradicciones y dolores, la investigadora experimenta un sentimiento conmovedor, cuando sucede este proceso con personajes masculinos.

Uno de los resultados centrales que puedo derivar de esta investigación, que viene a comprobar una de las hipótesis del proyecto es que existe una enorme heterogeneidad en las formas en que se vive la sexualidad, la reproducción y la paternidad. A pesar de que muchos y muchas ya plantean tal heterogeneidad, puede constatarse en ciertos estudios, que persiste cierto esencialismo y generalizaciones que creo no contribuyen al avance en el conocimiento de estos temas. De ahí que constatar tal heterogeneidad puede considerarse una de las aportaciones del estudio que se presenta. Pude comprobar que, si bien es cierto que existen características compartidas por los sujetos masculinos, que pueden corresponder a rasgos de la denominada "masculinidad hegemónica", también existen diferencias importantes entre ellos, en cuanto a percepciones, experiencias, actitudes y comportamientos en los temas tratados.

A pesar de pertenecer, más o menos, a un mismo sector socioeconómico, cultural, étnico; de tener similitudes importantes en cuanto al grado de escolaridad; a que viven en una gran metrópoli y lo han hecho al menos durante muchos años; a que tienen todos ellos una profesión y ocupación "no manual" y que se trata de personas con un acceso bastante amplio a la cultura, a los medios de comunicación, a la "modernidad" que nos viene del extranjero, que están insertos ampliamente en los procesos derivados de la "globalización", a pesar de todo esto, entre ellos existen diferencias muy importantes.

Poder llegar a resultados respecto a las causas de estas diferencias resulta una tarea sumamente compleja. De hecho podría decirse que por la complejidad de la conformación de estas actitudes y comportamientos relativos a la sexualidad, a la reproducción, a la relación con las parejas, se trata de fenómenos y procesos que tienen muy diversas determinaciones y condicionamientos. En algunos casos aparece nítidamente cuales han sido los factores que han hecho que el sujeto específico, por ejemplo, presente una mayor adaptación a las normatividades e instituciones, que otros que, a lo largo de su historia de vida han aprendido a resistir ciertas normatividades y en ocasiones a transgredirlas. Los momentos cruciales de crisis de los sujetos son muy variados, por ejemplo, derivados de rupturas de pareja y también derivados de situaciones de paternidad no deseadas ni planeadas; su historia desde el nacimiento también tiene enormes divergencias con otros sujetos.

Pude también constatar que más que la edad, la generación a la que pertenece el sujeto tiene cierta influencia, básicamente en términos de si la generación a la que pertenece vivió en el momento de la juventud rupturas y cuestionamientos sociales y políticos más generales y el sujeto se insertó en tales movimientos o no lo hizo. De ahí que resulte relevante documentar que los sujetos que vivieron intensamente el movimiento del 68 en México, poseen un discurso mucho más abierto, comparados con jóvenes que podrían ser sus hijos y que en lugar de un discurso de cambio, manejan uno que corresponde más a características de la masculinidad hegemónica.

En lo que se refiere a la familia de origen, existen matices importantes en las respuestas. Algunos de los sujetos calificaron abiertamente a sus familias como autoritarias, otros, como negociadoras y algunos otros las calificaron como una combinación de ambas. En este discurso resalta el hecho de que para muchos de los informantes, al menos como lo pude percibir, es muy difícil cuestionar a sus familias, seguramente por la vinculación normativa asumida. En una primera instancia las justifican, aunque a lo largo de la entrevista dejan notar que los mensajes educativos eran, en general, abiertamente verticales y poco democráticos.

Es también de resaltar el hecho de que no se corroboró que el padre, figura fuerte, lo sea en todos los casos. Existe también el modelo de la madre que es quien disciplina, en los cuales el papel de "negociador" lo tuvo el padre de familia.

Algunas de las familias de procedencia permanecieron unidas hasta la muerte de alguno de los padres; en otros casos se dan cambios radicales en la vida de los sujetos, sea por muerte de la madre, abandono del padre, separación de la madre de manera abrupta, o bien por la separación de los padres. En este aspecto encontré también gran heterogeneidad. Es interesante asimismo resaltar que pude encontrar casos de sujetos en los cuales la madre no cumplió el papel asignado socialmente por su género e incluso lo transgredió de manera radical, a través de haberse decidido, a pesar de tener hijos, a tener una vida sexual activa con varias parejas. Lo interesante es que la evaluación del entrevistado ante este hecho no es de reprobación, como podría esperarse acorde al estereotipo, sino de comprensión y en todo caso el cuestionamiento se refiere al hecho de que, debido a las decisiones de su madre, él padeció violencia intrafamiliar.

Un resultado interesante que se deriva de estas entrevistas es que el divorcio de los padres en sí mismo no es un problema, en ocasiones, constituye una verdadera liberación para los hijos. Lo que narran como importante es poder contar tanto con el padre como con la madre, pero no necesariamente unidos. De hecho recuerdan el momento de la decisión del divorcio como una posibilidad de empezar a vivir con tranquilidad y armonía, no obstante los cambios que esta decisión de los padres generó en la vida de los sujetos.

Parece indiscutible que la influencia de la familia en el proceso de formación de los sujetos es fundamental. Pero los efectos pueden ser muy diversos. No necesariamente el sujeto repite la historia de su familia de origen. A menudo, al menos de acuerdo a los resultados de esta investigación, una niñez difícil y conflictiva, o una adolescencia crítica, más bien lleva a los sujetos a buscar construir relaciones que les puedan proporcionar mayor felicidad y tranquilidad. Y, a la inversa, sujetos que vivieron en una familia armónica, han construido familias y parejas caracterizadas por el conflicto permanente.

En cuanto a los papeles diferenciados del padre y de la madre encontré también diversas experiencias. Un resultado que me parece de resaltar es el referente a que la evaluación que se hace de los padres a menudo no tiene que ver con que éstos asumieran funciones tradicionales. Es decir, no por la presencia permanente de la madre, por su falta de participación en el mercado laboral, los hijos tienen mayor comunicación con ella, mayor respeto, un recuerdo afectuoso. En ocasiones la madre trabaja, tiene que dejar largos periodos de tiempo a los hijos y ellos las valoran mucho. En otros casos, la división tradicional del trabajo al interior de la familia, y el papel de proveedor del padre y ama de casa de la madre no generó conflicto. Por el contrario, en la narración de algunos de los sujetos queda en evidencia que sus padres constituyeron parejas estables y felices y que esta división, que ahora ellos saben que se cuestiona, en esos momentos se vivía como "natural" y no generaba ningún conflicto. En otros, la madre tradicional, siempre presente, es vivida por los hijos como una persona que no valoró el esfuerzo del padre. La falta de carácter, según palabras de los entrevistados, o la irresponsabilidad, definida también por ellos mismos, son factores que si generan un cuestionamiento grave acerca del padre. En ambos casos los sujetos declaran no querer repetir la historia. Lo que sí es general es que con sus hijo(a)s quieren construir relaciones más democráticas y afectivas, a pesar de que, sobre todo los padres que tienen ahora hijos adolescentes, se quejan de no ser tomados en cuenta, al menos, de acuerdo con el modelo que sus padres les enseñaron a ellos. En otros casos, en uno especialmente, es de destacar el hecho de que a pesar de que el sujeto vivió, según su narración, en una familia más o menos armónica y en la cual sus padres siempre le transmitieron por ejemplo la importancia del respeto a la mujer, el entrevistado tiene comportamientos hacia las mujeres que implican no solamente el cumplimiento de las características de la masculinidad hegemónica, sino un profundo rencor e inclusive violencia.

Pude también constatar que la importancia de la familia es tal que aparecen historias en las que el sujeto, sin asumirlo con total conciencia, ha vivido durante largos años una relación matrimonial realmente destructiva, porque en su imaginario un hombre responsable hacia sus hijos nunca puede romper su relación matrimonial. Este es un mensaje que le fue transmitido por sus padres, no solo a través del discurso sino con la vida cotidiana y que fue hondamente internalizado por el sujeto al haber vivido el refuerzo de tales valores en una escuela confesional durante un largo periodo de su vida.

También debo destacar que en estas entrevistas aparece el caso de una crítica abierta a la figura materna. El sujeto encuentra en su evaluación que su padre representa un personaje fundamental, ético, responsable y comprometido; mientras que la madre aparece como el sinónimo de la frivolidad e incluso la tontería. La pésima relación con la madre constituye un factor de profundo problema para el entrevistado, aún ahora que es un adulto y que ha pasado por procesos de análisis a través de diversos métodos y Escuelas.

Otro resultado a destacar es el que se refiere a las diferencias que los entrevistados vivieron en el seno de su familia de origen en el caso de presencia de hermanas, derivadas de desigualdades de género. En el proceso de formación de estos sujetos se dieron cuenta de que, para sus padres, la educación escolarizada de ellos era fundamental. Con diversos matices la de las hermanas no era tan importante. Persiste la idea de que en última instancia la mujer, a la larga, será esposa y madre y que el varón será el encargado de ella. En todo caso, el "hombre bueno y decente" es el que ve por su familia. Por ello, en sus hogares era central que ellos llegaran a tener una profesión que les permitiera "responder" por las familias que formaran. Las hermanas en cambio, debían ser cuidadas de manera diferente. Persiste también cierta idea del "honor" de las mujeres, que debe ser resguardado en y por la familia. Los varones, ellos, en cambio, vivieron siempre con mayor libertad. Lo justifican por el hecho de que sus padres se preocupaban por la seguridad de sus hermanas. Apareció inclusive en las entrevistas el caso extremo en el que las hermanas, por muerte de la madre, se encargaron de la educación y cuidado de los niños varones y nunca pudieron lograr autonomía e independencia, ni siquiera cumplir con el estereotipo de mujer-madre-esposa.

En cuanto a los valores que recibieron de sus padres existe coincidencia en algunos como son: honestidad, responsabilidad, en algunos el amor a los otros y "nunca doblegarse". Introducen algunos de ellos la Justicia. Aunque en algunos casos el padre fue irresponsable y ausente, hay un consenso en el hecho de que los padres se sacrificaron por ellos; que, salvo excepciones, priorizaron el bienestar de la familia.

En este contexto, la concepción acerca de lo que "qué significa ser hombre" que se recibió como mensaje coincide en que un hombre es un sujeto honesto, responsable, trabajador, también protector. En algunos casos incluye la categoría de exitoso. Para muchos incluye el mensaje, implícito o explícito de que ser hombre, o más bien para llegar a serlo, hay que formar una familia y ser capaz de responder por ella. En muchos casos aparece también la figura del proveedor e inclusive la definición del ser hombre por la capacidad de "aguantarse". En algunos casos está también implícita la violencia en la definición de "ser hombre"

El aspecto de la religión tiene también coincidencias en estas entrevistas. La mayor parte de los sujetos provienen de familias que se declaran católicas, pero en muchos de los casos este aspecto en términos de práctica cotidiana referida al cumplimiento de ciertos ritos es bastante relativo. No obstante, en ellos aparecen los valores morales que a través de la religión se transmiten. En un cierto sentido positivo aparece la idea de la responsabilidad y el compromiso, en el sentido más negativo pude constatar que, a pesar de la educación superior y el acceso a muchos recursos culturales, el informante tiene a tal punto internalizado tales valores que aparece por ejemplo el sentimiento de "culpa" cuando considera haber actuado pensando en sí mismo y "fallado" a lo que se esperaba de él. Cuando se trata de ruptura con la madre de los hijos, se genera un sentimiento que lo ha acompañado por muchos años y que ha derivado en cierta imposibilidad de establecer relaciones sanas con sus futuras parejas.

Para algunos informantes la religión es realmente algo nocivo, curiosamente en casos en los que recibieron educación confesional y no quieren repetir este proceso con sus hijos e hijas; en otros casos, en los que la religión no tuvo un papel tan impositivo, el sujeto considera que la religión es positiva moralmente porque constituye un freno; en otros casos el discurso de los informantes que no fueron educados en ninguna religión, muestra que evalúan los aspectos religiosos como nocivos y dogmáticos, y que, de ninguna manera deben estar presentes en la educación de los hijos e hijas.

En algunos casos a través de la vida los sujetos van cambiando sus percepciones respecto a la religión. En otros casos, sobre todo en aquellos cuyos padres no tenían religión alguna e inclusive fueron perseguidos por sus ideas, como es el caso de republicanos españoles, o padres con ideas socialistas o comunistas, los entrevistados no han variado su evaluación negativa respecto a la religión.

En cuanto a la información sobre sexualidad en el hogar, encontré muchas variedad de casos. En el extremo, algunos declaran que ese era un tema que no se podía abordar en su casa, en otros la información se refería más bien a "protección" y "salud". En el otro extremo aparece el caso en el que el sujeto narra que la sexualidad era simplemente un tema natural que se podía abordar así, con la mayor naturalidad. En algunos casos fueron los padres varones quienes hablaron del tema; en otros los hermanos y en otros las madres, inclusive también en dos extremos. Un caso, como pecado, casi algo que enferma; otro, una maravilla.

En lo que se refiere a la iniciación de la vida sexual destacan algunos resultados. Pude constatar que en la mayoría de los casos, en sus hogares no se trató explícitamente el tema. En algunos casos se daba por hecho que ellos se iniciarían en la vida sexual y que eso era lo normal; mientras que si había hermanas se daba por hecho o se trataba de construir la "castidad". En general los entrevistados lograron informarse o "desinformarse" acerca de la sexualidad sin el apoyo de sus padres. En todo caso lo que se hablaba en sus casas, si es que se hacía, era básicamente referido a las consecuencias: embarazos no deseados, enfermedades, etc.

Para muchos de ellos la sexualidad representaba un tema de interés, a veces derivado de su desarrollo físico normal, en otros porque en su medio se hablaba del tema y era como un reto. Es curioso observar que en muchos casos ellos declaran que no recibieron presión alguna para su "iniciación" pero a lo largo de las entrevistas se puede constatar que vivieron un ambiente en el cual la sexualidad si era una especie de reto y de alguna manera, aunque a menudo matizada, sí vivieron cierta presión o estímulo. Apareció el caso en el que la iniciación se dio tardíamente (de acuerdo a la moda de su generación), pues pretendía llegar "virgen" al matrimonio, como le dijeron que "debía ser" tanto en su casa como en la escuela y la iglesia. Para este sujeto la sexualidad constituyó todo un tema de preocupación y narró que le pareció fascinante recibir aplausos después del acto sexual, y sobre todo, haberlo llevado a cabo en la cama de sus padres.

Algunos de estos sujetos se iniciaron con una sexo-servidora profesional, en algunos casos inducidos por sus padres varones; en otros la iniciación se dio con una amiga o con la novia en turno. En otros, la experiencia se vivió con la futura esposa. En general se pudo constatar que los informantes llegaron a esta vivencia con muy poca información y aunque en su mayoría lo recuerdan como experiencia placentera, es interesante constatar que para la mayoría de ellos no sería deseable que sus hijos y menos aún sus hijas se iniciaran de la misma manera.

En virtud de que la pregunta se vinculó con su percepción acerca del tema en relación con los hijos e hijas, resultó relevante documentar que para ellos en general, salvo excepciones, aunque en una primera instancia declaran que los hijos y las hijas tienen los mismos derechos, cuando se ahondó en el tema se constató que sigue prevaleciendo una cierta "doble moral". Justifican este hecho hablando de que para ellas la pérdida de la virginidad es un hecho de mayor trascendencia, que tienen miedo de que sufran, incluso físicamente. En general las consideran más vulnerables y están convencidos de que requieren mayor cuidado.

En cuanto a la influencia de los "pares" en el inicio de la vida sexual también existe gran variedad de respuestas. Algunos recuerdan que constituía todo un tema importante, incluso que ejercían cierta presión. En otros casos no recuerdan que los amigos tuvieran importancia o influencia en este proceso de sus vidas.

Resulta relevante el resultado de la investigación en el sentido de que las escuelas no tuvieron ningún papel en cuanto a la información que recibieron los sujetos sobre sexualidad. El papel de esta institución es prácticamente nulo, cuando no desinformador y nocivo, como en el caso del informante educado en escuelas confesionales en las que los instructores le dijeron una serie realmente larga de mentiras respecto a la sexualidad, como quedó de manifiesto en su testimonio.

La evaluación que los entrevistados hacen respecto a la homosexualidad, por lo menos en sus testimonios, hace pensar que se trata de personas que ven con naturalidad la preferencia sexual de cada quien. No establecen, según ellos, ningún juicio de valor negativo al respecto, a pesar de provenir de familias en las cuales, en algunos casos, la homosexualidad era vista como antinatural o como enfermedad. No obstante, en general no les gustaría que sus hijos fueran homosexuales y lo justifican por el hecho de que la sociedad no es aun, al menos en México, permisiva ante este hecho y podrían sufrir mucho al verse segregados o juzgados socialmente.


Relaciones de Pareja y Paternidad.

En cuanto a la historia de sus relaciones con parejas más o menos estables el estudio cuenta con una gran heterogeneidad como puede verse en el capítulo de las entrevistas. Se trata de sujetos que nunca se han casado, otros que se han casado y divorciado, otros vueltos a casar, algunos unidos por largos años pero nunca casados, otros que han tenido muchos matrimonios.

En términos generales para todos ellos la sexualidad tiene un papel central, fundamental en la conformación y estabilidad de la pareja.

Como establecí en el capítulo correspondiente y creo que es un resultado que hay que destacar, algunos varones piensan que las mujeres "usan" su sexualidad para manipularlos, para controlarlos o castigarlos. Esta situación los lleva a construir una justificación ante sí mismos y ante los demás para tener relaciones paralelas con otras mujeres. En algunos casos pude constatar que abiertamente declaran que son perfectamente capaces de vivir la sexualidad como un hecho meramente carnal, separado del afecto.

Pude comprobar que como se plantea en otras investigaciones (Seidler, 1995) existe una "masculinidad heterosexual dominante" que se sostiene dentro de la esfera pública en el trabajo. En general todos los sujetos que entrevisté dan a su trabajo un papel prioritario en su vida y dedican a éste la mayor parte del tiempo. Consideran que su esfuerzo en esta esfera es tan grande que deben recibir reconocimiento por parte de sus parejas y a menudo es tal la presión exterior que tienen poca energía para dedicar a su relación de pareja; por su parte, según la narración de los propios sujetos, las mujeres (compañeras o esposas) han aprendido a acallar sus demandas. Si se trata de mantener la relación de pareja ambos consideran que es mejor no ahondar en diferencias y tomar la parte gratificante de la relación sin cuestionarse demasiado. Esto es más común en la esfera de la sexualidad. Muchos de ellos encuentran en relaciones paralelas, continuas o esporádicas, una manera de "desfogue" para no confrontarse al interior de sus familias. En otros casos, la situación conduce a conflictos y a rupturas.

Para muchos de ellos, al menos en su discurso actual, no tiene importancia las relaciones anteriores de carácter sexual o de pareja que sus compañeras o esposas hayan tenido. También para la generalidad de ellos no existe esa clasificación tradicional, estereotipada de la mujer: una para divertirse, otra para hacer familia. Documentan que para ellos lo importante es encontrar en una sola mujer todo lo que necesitan. Reproducción y placer deben estar unidos. No obstante, la evaluación de su pareja va transformándose con el tiempo y a menudo la relación puede perdurar a pesar del "enfriamiento" de la relación en términos sexuales. Esto es así favorecido por el hecho de que la mayoría de ellos, sobre todo los que tienen o han tenido relaciones de largos periodos de tiempo, sus relaciones conyugales han sido acompañadas por relaciones paralelas. Para algunos de ellos estas relaciones son benéficas, porque "dan aire" a la relación, la hacen más duradera. Para otros, la experiencia de este tipo de relación ha llevado a la ruptura de sus uniones y a la "culpa" por afectar a los hijos. Para algunos sujetos las relaciones extramatrimoniales son siempre placenteras. Las tienen con mujeres que consideran que son sus verdaderas amigas, con las que además de actividad sexual desarrollan una comunicación que se ha roto al interior de su pareja conyugal. Declaran querer a todas, aunque con distinta intensidad y quizá manera. Declaran que no están dispuestos a romper sus vínculos matrimoniales y que son básicamente sinceros con las parejas eventuales, que saben siempre a que relación entran y lo que pueden esperar de ella. En general, consideran que es un tema que salvo cuando se quiera romper la relación matrimonial, nunca debe hablarse con la pareja, incluso hay que negar que existen estos hechos y esta es una "enseñanza" que según algunos de los entrevistados les fue transmitido por su padre. A la inversa, consideran que si fueran las mujeres quienes pudieran vivir tales experiencias, en general, ellos preferirían desconocerlas. También en general subyace la idea de que este caso sería más grave, porque en su concepción, la sexualidad tiene para la mujer mayores implicaciones. Quizá por ello, en prácticamente ninguno de los testimonios apareció que el sujeto considere posible tales experiencias por parte de su pareja. Pude también documentar casos en los que la relación tanto con la mujer-pareja-estable, como con las mujeres con las que se tiene una relación paralela no es de ninguna manera integral o gratificante y el sujeto está permanentemente tratando de cumplir con un desempeño sexual que lo define, que lo construye cotidianamente como "hombre". En este sentido el tema de la impotencia, sobre todo en este tipo de sujeto, constituye una experiencia, evaluada por él mismo, como lo peor que le puede pasar a un hombre, causa de la depresión más profunda que se puede sufrir.

La división entre géneros y la inequidad imperante en nuestra sociedad queda de manifiesto en los testimonios de los informantes respecto a la posibilidad de que su compañera o esposa tenga relaciones sexuales con otros hombres, manteniendo la relación de pareja con ellos. Considera, en general, que a pesar de que teóricamente les conceden el mismo derecho, en la realidad no lo soportarían y esto es así porque atribuyen a la sexualidad femenina característica distintas a las de los varones. Es decir, según ellos, los hombres pueden tener relaciones paralelas sin cuestionar, de fondo, su relación estable y su familia; pero, como según ellos, las mujeres vinculan afecto y deseo sexual, en caso de que ellas vivan estas relaciones significaría que su relación de pareja ya no existe, está totalmente cuestionada. Una valoración distinta para los comportamientos, dependiendo del sexo. Únicamente en uno de los casos apareció la idea de que la posibilidad de una "infidelidad" de la esposa implicaría para él un cuestionamiento de que ha faltado hacer por parte de él, las razones de porqué la mujer necesitó de otra relación, más que una descalificación o cuestionamiento.
En otros casos, algunos de los sujetos aceptaron que promovieron, en ciertas etapas de su vida, "relaciones abiertas", en las que era válido tener relaciones paralelas, ellos y sus mujeres, aclarando que en su concepción actual, ya siendo adultos, mayores de 50 años, la fidelidad es importante para mantener una relación adecuada de pareja.

En cuanto al matrimonio y/o relaciones estables con mujeres pude constatar que existe una gran diversidad de procesos y motivaciones. Como he apuntado la sexualidad tiene un papel central en las expectativas y vivencias de estos varones en cuanto a sus uniones, pero de ninguna manera constituye el único factor a considerar.

Para muchos de ellos es comprensible que las uniones se rompan, atribuyéndolo en parte, a la larga esperanza de vida que se tiene en la actualidad. Ya es difícil, dicen, vivir bien con la misma mujer durante tantos años y, sobre todo, mantener una sexualidad activa y gratificante con esa misma persona. Pero hay otros factores centrales al formar una familia y para la permanencia de los matrimonios y uniones, como lo es y muy básicamente la existencia de hijos e hijas.

Aquellos que han tenido rupturas y han emprendido nuevas relaciones con parejas estables han vivido muy diversas experiencias. En uno de los casos extremos, la existencia de hijo(a)s de uniones previas es un factor que el sujeto percibe como el fundamental para posteriores rupturas, dada la incomprensión de las parejas subsecuentes respecto a sus responsabilidades hacia los hijo(a)s y más aún el profundo deseo emocional de convivir con ellos, de estar presente y satisfacer sus necesidades, no sólo materiales. En otros casos, la existencia de hijo(a)s de parejas previas no ha implicado problema serio con parejas posteriores y se ha logrado establecer armonía y estabilidad.

En cuanto al aspecto específico de la reproducción de los varones entrevistados, también pude documentar coincidencias y algunas divergencias de importancia. Como establecí en el capítulo correspondiente, es importante considerar la etapa del ciclo de vida del sujeto para estos análisis, así como las circunstancias específicas en las que se dio la reproducción, básicamente la relación que en su momento se tenía con la pareja, la estabilidad de la misma, las posibilidades reales que el sujeto tenía para que esa relación resultara duradera, entre otras.

En algunos casos la reproducción del sujeto se dio de manera deseada y planeada, una vez que se vive en pareja, se han cumplido ciertas condiciones sociales y económicas y se percibe la estabilidad. En otros ha sido diverso el proceso en la vida del sujeto, algunos hijos fueron planeados, otros no. En el caso extremo aparecen casos de paternidad no deseada ni planeada en su momento, con diversos desenlaces y consecuencias. Un hecho que pude documentar es que en términos generales, una vez que nace el hijo(a), independientemente de las condiciones, los varones se involucran, de manera diversa en su proceso de paternidad. Algunos de ellos incluso se casan, otros no. Algunos permanecen muy cercanos a los hijos y otros simplemente los proveen de bienes materiales y eventualmente tienen relación cotidiana con ellos. Este último caso es el menos frecuente en de mi investigación, pues en general, la reproducción constituye para ellos un proceso de enorme importancia.

Es interesante también resaltar el caso del informante varón que asume abiertamente que se casó siempre pensando en formar familia, es decir, en tener hijos. No concebía la vida sin reproducirse, y curiosamente eligió para ese proyecto a una mujer que no deseaba ser madre y a la que presionó de muy diferentes formas para tener familia. Las consecuencias de este hecho han sido desastrosas a lo largo de la vida de toda esa familia. Esto contrasta con la idea, bastante generalizada, de que las mujeres siempre desean ser madres y que son los varones los que a menudo se oponen, por lo menos por un tiempo, hasta tener las condiciones que ellos consideran indispensables para reproducirse.

Como dije anteriormente, de manera general pude constatar que para la mayoría de los sujetos la paternidad es un hecho que llega en algún momento, pero que no se planea, al nivel que puede hacerse por ejemplo con un proyecto académico, de formación, de trabajo. La paternidad simplemente llega en algún momento de la vida, normalmente como algo por lo que se debe pasar en algún momento de la vida, es como una etapa más. A menudo el momento es definido más bien por la pareja. No es que la planeen, es que llega. Algunos de ellos incluso consideran que si se piensa mucho, nunca se daría la reproducción, pero es un paso necesario, es sinónimo de trascendencia, es un hecho "natural".

Así como se establece en los resultados de otras investigaciones recientes (De Oliveira, Coleta,1999) pude constatar que, tanto el matrimonio como la reproducción son eventos de la vida de los varones que no son realmente planeados, son situaciones que suceden, muchas veces porque se llega a una determinada edad, en otros, porque la mujer lo decide así. Para ellos existe en el futuro, sin definición de cuando, una unión más o menos permanente, así como los eventos reproductivos. Ellos, en general, planean su vida en otros terrenos. Algunos aspiran a tener una profesión, una actividad laboral gratificante ; a algunos les importa alcanzar el "éxito" económico o cierto estatus ; para otros, el conocimiento, el crecimiento individual es la meta. Para ello si se preparan, lo planean, pero para esos procesos vitales fundamentales no dedican mucha reflexión.

Para la mayoría de los sujetos que entrevisté la paternidad es una gran responsabilidad, a la vez que una experiencia maravillosa que requiere de su madurez, de su compromiso. Para la mayoría de ellos la paternidad es vista como trascendencia, como una forma de proyectarse y esto hay que destacarlo, para la mayoría es una experiencia gratificante, que los hace crecer en el terreno emocional, que les permite establecer en lazo emocional y afectivo que evalúan como único. No es solamente responsabilidad, aunque lo es básicamente, es también gratificación, recreación y aprendizaje mutuo, es incluso muy divertido.

Pude documentar que la presencia de los hijo(a)s es para algunos sujetos también un freno y un motivo para la estabilidad de uniones no totalmente placenteras. Sus relaciones paralelas sexuales son de alguna manera "frenadas" en aras de los hijo(a)s. Muchos varones consideran que ellos deben ser un ejemplo para sus hijo(a)s y eso implica refrenar su sexualidad "irrefrenable"; y en el caso de mantener relaciones paralelas, cuidar de no afectar a la familia, ya no es sólo la mujer y ya no lo es básicamente, lo importante son los hijo(a)s.

Para muchos de los entrevistados la vida cambió cuando nacieron los hijos; la relación con la pareja, cuando la tenían, se modificó substancialmente y lo asumen también como algo que "es así". Consideran que no tendría que ser así y que incluso hay que tratar de que la pareja siga existiendo con independencia de los hijo(a)s, pero reconocen que eso es algo muy difícil de lograr. De hecho parece que sin la existencia de los hijo(a)s las relaciones son más efímeras.

Un tema relevante que debe destacarse como una contribución de esta investigación se refiere a la búsqueda explícita para conocer si los varones viven "malestares" en el ejercicio de su sexualidad y de su paternidad. En general los sujetos entrevistados no manifestaron malestares por su paternidad, con excepción de aquéllos que consideran que los hijo(a)s les fueron "impuestos", que abiertamente negociaron con sus parejas que no tendrían, al menos en ese momento un embarazo, y que ellas los "engañaron" para lograr mantenerlos a su lado. En esos casos el malestar es muy grande, y sin embargo, una vez nacido el hijo(a) los varones establecieron algún tipo de compromiso y de lazo afectivo con los hijo(a)s. Para el resto, a pesar de vivir la paternidad como gran responsabilidad, la evalúan como una experiencia maravillosa que ha implicado un enorme disfrute.

En cambio, por lo que se refiere a sus relaciones de pareja, los varones manifiestan, en general, muchos malestares. Aunque la entrevista la realicé preguntándoles a ellos, y me parece muy importante hacérselas a ellas, a lo largo de la misma fueron apareciendo las percepciones que según ellos tienen sus parejas y se puede afirmar que, en los casos en los que ellos manifiestan molestias, también ellas las están viviendo, con otras percepciones, explicaciones y soluciones. En los casos de conflicto profundo y a menudo abierto, las causas de los problemas son vislumbrados de manera muy distinta por ellos y por ellas, según el testimonio de los varones.

En lo que se refiere a las preguntas relacionadas con los papeles genéricos en la pareja existe también gran heterogeneidad. Se pudo constatar que en algunos casos, los varones entrevistados han elegido parejas que cumplen más o menos con el estereotipo femenino de mujer dependiente, sin recursos económicos propios derivados de un trabajo remunerado y que más bien han cumplido el papel de esposa-madre-ama de casa. Algunos de ellos, en posteriores relaciones con las mujeres, han establecido el vínculo con mujeres más independientes. Aparecen casos en los cuales las mujeres son las principales proveedoras económicas de sus hogares y este hecho es vivido con naturalidad por los varones. En uno de los casos el sujeto posee actitudes y comportamientos que pueden definirse como de una "nueva masculinidad", o una "masculinidad emergente", pues no divide al mundo de acuerdo al género ni en función de la doble moral prevaleciente, sino que sostiene que tanto hombres como mujeres tenemos los mismos derechos y también obligaciones. En otro caso, por el contrario, el sujeto no se responsabiliza de la manutención del hogar simplemente porque no desea hacerlo y eso no lo lleva a establecer con su pareja relaciones más equitativas. En otros casos los varones son proveedores totales de sus hogares, porque así debe ser, según sus percepciones y ese hecho, según ellos, no genera ningún tipo de conflicto.

En algunos casos, tanto ellas como ellos tienen hijo(a)s de primeras uniones y este hecho a causado ciertos problemas. En otros casos la convivencia ha sido adecuada y no ha causado conflicto.

Uno de los hallazgos de la investigación que me parecen relevantes es el relativo a que hay varones que viven malestares con sus nuevas parejas derivados de que ellos desean practicar una paternidad afectiva, responsable, cercana y en las nuevas parejas eso genera mucho conflicto, pues según el discurso de los varones, ellas desearían que todo el tiempo y recursos económicos se les dedicara a ellas y no a hijo(a)s producto de anteriores uniones de estos varones.

Como se estableció en el capítulo correspondiente, las experiencias son muy variadas, pero se puede afirmar que para ellos la construcción y permanencia de la vida en pareja constituye un proceso muy difícil, cuando no, abiertamente conflictivo. Es de resaltarse el hecho de que en algunos casos desde el inicio de la relación de pareja ésta no funcionó. En otros, es claro el hecho de que las parejas pudieron haber vivido una relación en principio muy gratificante, que fue deteriorándose a lo largo de la vida. En algunos casos esa situación derivó en ruptura, en otros casos, la relación permanece y una de las justificaciones para tal decisión son los hijo(a)s. Los varones manifestaron diversas causas para explicar tal deterioro de sus relaciones con las mujeres. Como hemos dicho el factor de la sexualidad tiene un peso importante, pero muchos de ellos consideran que existen otros factores también muy importantes que resumen, en general, en términos de una ruptura en su comunicación, presiones, atentados a su libertad, falta de respeto y comprensión, entre otras.

Sexualidad y otros aspectos aportados por los entrevistados relativos a la construcción de pareja.-

En lo referente a la relación con la(s) pareja(s) pude constatar que la sexualidad es un terreno de la mayor importancia para los varones ; constituye una parte central de la construcción y armonía de la pareja. La mayor parte de los entrevistados considera que no ha vivido su sexualidad como rendimiento, y que para ellos constituye un verdadero disfrute. Aunque apareció el caso en el que la sexualidad si es rendimiento y cuando han sentido que no "cumplen" en este sentido, ven claramente cuestionada, ante sí mismos, su calidad de "hombre", su "virilidad", su "masculinidad.

La mayoría considera que el ideal, es encontrar en una sola mujer a la compañera, la amiga, la madre, la amante y desearían que las mujeres aceptaran tener prácticas sexuales, con ellos, que fueran más versátiles, libres, creativas. La sexualidad implica, para muchos, una real y positiva comunicación con la pareja. Consideran importante que se de una negociación con la pareja en este terreno, pero evalúan que ésta es muy difícil porque la gente no acostumbra hablar abiertamente de esto y se trata de un terreno sumamente delicado. Al hablar se puede incurrir en ofensas que después resultan irreversibles y dañinas. Inclusive, se da el caso de varones que ya renunciaron a tocar el tema y dicen "consolarse" manteniendo relaciones extramatrimoniales de carácter sexual.

Pude constatar que a algunos varones las experiencias vividas a lo largo de su historia los han hecho cuestionarse a sí mismos, y tratar de cambiar, pero a otros no les han servido para cuestionarse, sino incluso en algunos casos, para ratificar ante sí mismos que tienen la razón y que ante las "exigencias" femeninas ellos deben resistir y usar todo su poder para no ser desbancados de su situación de privilegio y ejercicio de poder.

Planificación Familiar.

También es de resaltar el hecho de que en general, los entrevistados siguen dejando en manos de las mujeres la responsabilidad de la planificación familiar. En ninguno de los casos ellos se oponen a tal planificación e inclusive parecen tener bastante conocimiento en cuanto a métodos, pero son ellas quienes van al Doctor(a) y quienes toman, se ponen o se inyectan los anticonceptivos. No obstante haber vivido experiencias de embarazos evaluados por ellos como claramente "impuestos" por mujeres que les pusieron "trampas" para obligarlos a quedarse con ellas, estos informantes y sobre todo ellos, no participan directamente en la planificación familiar, siguen dejando esto a las mujeres. En el otro extremo hay casos de sujetos que no solamente no dejan a la mujer sola en esto, sino que ya se han practicado la vasectomía. En otros casos son ellos los que se "cuidan" y para ello utilizan el condón y en algunos casos el control eyaculatorio. En general el uso del condón no es una práctica generalizada en estos informantes, aun en el caso de relaciones eventuales y/ o paralelas a su relación estable, lo cual no de debe a desconocimiento, sino a falta de responsabilidad, inclusive en términos de salud. Esta práctica viene a constatar la idea, reiterada en muchos estudios, de que los varones, derivado de su forma de vivir su masculinidad, no tienen cuidado alguno por su propio cuerpo y salud y sienten que tienen que vivir en el riesgo. Aunque en algunos casos los varones sienten que no están en riesgo, pues confían totalmente en sus mujeres.

El Cuerpo y el Aborto.

El feminismo ha buscado durante mucho tiempo una conciencia ciudadana para las mujeres y una defensa de la integridad corporal, y este movimiento ha permeado en muchas mujeres. En cambio, los varones no hacen alusión al cuidado corporal. No es común encontrar varones que se refieran al cuidado personal y del "otro(a)", derivado de un mutuo acuerdo, de la conciencia acerca de la importancia del cuidado y respeto por sus cuerpos. En las entrevistas pude constatar también que, en general, los varones no hacen referencia alguna al cuerpo y su cuidado, y cuando se refieren a las prácticas sexuales su discurso se refiere básicamente al placer.

Algunos de los entrevistados se han visto envueltos en experiencias de aborto. Tanto ellos como aquellos que no lo han vivido coinciden en señalar que la decisión respecto al aborto es de la mujer. Saben que en los casos en que una mujer decide tener un hijo(a) no hay manera de obligarla a abortar, algunos lo han intentado. Después de todo, declaran, el embarazo ocurre en el cuerpo femenino y ellos deben respetar eso. Es de resaltar también el hecho de que a pesar de verse envueltos en esta experiencia, que no consideran para nada agradable, algunos de los sujetos no cambiaron sus prácticas sexuales y reproductivas y en algunos casos no se hicieron responsables del cuidado personal de su procreación. En cambio, esta experiencia si marcó a otros y sus actitudes y comportamientos se modificaron radicalmente después de vivir un aborto.

Valoración de diferencias genéricas.

Por lo que se refiere a la valoración que estos sujetos hacen de las diferencias establecidas socialmente por motivos de género, pude documentar que para ellos, en general y al menos en su declaración discursiva, tales diferencias que conllevan desigualdad son calificadas de absurdas. Aceptan que en general en México se da esta desigualdad y que prevalece una doble moral en términos de que es diferente lo que se espera de la mujer de lo que se espera de un varón. Sin embargo, la consistencia entre valoración y práctica es bastante cuestionable. Algunos de ellos dicen criticar la doble moral y sin embargo son permanentemente infieles y lo consideran normal. Lo que para ellos es natural lo considerarían inadmisible si lo hace una mujer. Algunos siguen esperando de las mujeres comprensión y sumisión básicamente. A muchos de ellos les resulta difícil ser cuestionados y aún más confrontados.

Para muchos de los entrevistados específicamente en México existe una valoración desigual de los hombres y las mujeres y lo atribuyen a un problema de carácter cultural. Consideran que esta realidad es injusta y nociva y creen que con el tiempo las cosas se irán modificando, de hecho aseguran que ellos ya viven cambios importantes, en relación a lo que vivieron sus padres. En algunos casos, ellos tratan de vivir relaciones de pareja que pudieran considerarse más equitativas y hacen esfuerzos conscientes por cuestionarse cuando repiten patrones que consideran injustos.

Para muchos de ellos es importante ahondar en el proceso de liberación de las mujeres y que éste se acompañe de un proceso de liberación también de ellos, pues consideran que los condicionamientos, limitaciones, constreñimientos sociales los vivimos todos y que esta injusta realidad tiene que ser modificada. Este tipo de percepción es más clara en sujetos que, a pesar de ya no ser jóvenes, han vivido dentro de una ideología progresista de "izquierda" y tienen entrenamiento de muchos años en confrontar la realidad imperante. En parte por este cuestionamiento se trata de sujetos que se han negado a institucionalizar sus uniones, pero que ejercen, en los hechos, una paternidad comprometida, responsable, en la que la presencia y el afecto tienen un papel fundamental.

Derechos Reproductivos.

Por lo que se refiere a la concepción que estos sujetos tienen respecto a los Derechos Reproductivos, pude constatar que en su mayoría, aunque no conocen el término como tal que además es más bien utilizado en los círculos académicos, ellos conocen su contenido. Aportaron en las entrevistas elementos interesantes en términos de las condiciones estructurales del país que impiden su pleno ejercicio. En general consideran que constituyen un aspecto relevante en el cual hay que trabajar para lograr con el tiempo su aplicaci&o