"Historia de las mujeres. Estudio de género. Modelos de socialización, imágenes de género y proyecto de vida: su relación con la maternidad adolescente".
Por: Graciela Irma Climent
Instituto de Investigaciones de Ciencias Sociales.
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y Consejo Nacional de Investigaciones cinetíficas y técnicas.
Por Diana Beatriz Arias
Programa de Asolescencia del Hospital Materno Infantil "Mohibe Akil de Menem",
Gran Bourg, ex Gral Sarmiento, Prov de Bs. As.

Colaboradores :
Dra.Graciela Guarna (Coordinadora del Programa de Adolescencia)
Lic. Nilda Giacoy
Dr. Daniel Oller Barón
Dr. Rodolfo Ríos

Dra. Maritza Muzzillo

I. INTRODUCCION
Objetivos y metodología

El presente trabajo es parte de una investigación más amplia sobre los "Recursos personales y sociales en el enfrentamiento de la maternidad adolescente",cuyo objetivo general es elaborar un perfil sociodemográfico y psicosocial de las mujeres embarazadas hasta 18 años. En esta presentación se focaliza en un aspecto del perfil psicosocial mencionado -las imágenes de género- relacionándolas con el empobrecimiento del proyecto de vida, dentro de los distinto modelos de socialización.
La información se obtuvo mediante la aplicación de una encuesta psicosocial a las mujeres, de hasta 18 años de edad, que consultaron por primera vez por el embarazo en el Hospital Materno Infantil de Grand Bourg, ex Partido de Gral. Sarmiento, Prov. de Buenos Aires, Argentina, entre julio de 1993 y julio de 1994, hasta completar 250 casos. A este hospital concurre una población perteneciente a los sectores populares urbanos y a los mismos corresponden las adolescentes entrevistadas.

II. MARCO TEORICO
1. La maternidad adolescente como problema social
La maternidad adolescente ha sido objeto de estudios en América Latina , América del Norte y Europa y en la mayoría de los casos se lo muestra como un "tema problema" al vinculársela con una serie de consecuencias no deseadas ni previstas.
Entre los determinantes del problema pueden reconocerse pautas culturales, representaciones sociales, información inadecuada y dificultades en la accesibilidad a los servicios de salud que brindan atención en anticoncepción.
Entre las consecuencias, se lo relaciona con una serie de problemas sociales que van desde el aborto ilegal, los niños abandonados y maltratados, la mortalidad infantil y materna hasta los más variados conflictos conyugales y familiares (Aztarayn 1990, Atkin 1991, Balán y Ramos 1989, Becerra Grande 1986, Caldiz et.al. 1994, González Santos 1989, Harper 1989, Raczinski 1985 , Pantelides y Cerrutti (1992), Palma 1991, Palma y Quilodrán Le Bert 1994, Ippolito 1987, Lutz 1991, Portillo 1992, Rubarth G. et. al. 1994, Jelin E.1994)
Desde una perspectiva psicosocial, el carácter conflictivo del embarazo precoz deriva de factores propios de la interacción del individuo y la sociedad : las alteraciones en los vínculos familiares, la decreciente posibilidad de inserción en las instituciones educacionales, laborales y de participación social, la restricción de oportunidades recreativas, el aumento de responsabilidades familiares a una edad temprana etc. Todos estos aspectos hablan de una limitación al proyecto de vida (Palma 1991)
El embarazo y el nacimiento del hijo significan una ruptura en la cotidianeidad de la joven y la introducen en el mundo adulto. El nacimiento de un hijo es un hecho tan definitivo, tan "irreversible", que el proyecto del mismo requiere de una madurez y una posibilidad de preveer el futuro que es difícil que las adolescentes tengan.
El interés por el embarazo adolescente deriva tanto de lo que expresa en relación al cambio en la sexualidad de las mujeres, como de los problemas que ocasiona a un grupo etáreo -las adolescentes-. A la vez expresa una desigualdad social al producirse preferentemente en los estratos sociales más bajos, según lo que se ha observado a través de datos de censos y encuestas realizados en diversos países latinoamericanos. (Infesta Domínguez 1993, Portillo 1992, Palma 1991, Viladrich 1991, Caldiz 1994, Palma y Quilodrán 1994) 2. La ecología de riesgo
Para entender el problema de la maternidad en la adolescencia es útil analizarlo a partir del modelo ecológico de riesgo desarrollado por Bronfenbrenner (1979). El término "riesgo" se refiere a las probabilidades que tienen los individuos de experimentar problemas de salud y el modelo socioecológico intenta detectar tanto las condiciones comportamentales y sociales consideradas como factores de riesgo, como las características protectoras necesarias para hacer menos vulnerables a las personas, tornándolas más resistentes a dichos problemas. (Climent et.al. 1993 a)
Bronfenbrenner considera al ambiente como una red de cuatro subsistemas concénticos: micro, meso, exo y macrosistemas. Puede considerarse que los adolescentes se hallan expuestos a riesgo cuando el contexto inmediato -micro y mesosistema- se encuentra empobrecido o perturbado por factores propios de dichos sistemas -ambiente familiar poco contenedor, aislado, con carencias materiales, etc.- y/o por factores del exo y macrosistema -políticas sociales, laborales y educacionales, legislación de protección al menor, la familia y la mujer, ideología,etc-, que afectan a los sistemas anteriores y por los cuales son afectados.
Los adolescentes de los estratos más bajos de la sociedad estarán expuestos a riesgos por las carencias materiales y educacionales, las dificultades de acceso a los sevicios de salud, a la recreación y al trabajo y a la incertidumbre que el satatus de pobre o empobrecido generan. (Gershanik 1992) Además, estos adolescentes a menudo deberán afrontar responsabilidades adultas -trabajo, atención de la familia- a una edad en las que todavía no están preparados.

3. El estilo de vida y comportamientos de riesgo
Este modelo puede complementarse con el análisis de los estilos de vida que considera el comportamiento de las personas en el contexto microsocial familiar vinculado al contexto macrosocial con sus determinantes políticos, económicos y culturales.
El estilo de vida, que incluye los modelos de socialización, ha sido definido como el conjunto de pautas de comportamiento de grupos e individuos, sostenidos por un tiempo prolongado, las cuales están condicionadas por los valores, creencias, actitudes, hábitos, conocimientos y condiciones económicas del grupo de pertenencia del individuo y que directa o indirectamente condicionan su conducta personal. (Ippolito 1987)
A partir del análisis de los estilos de vida se pueden identificar tanto las condiciones materiales y la calidad de vida de un grupo como los factores de los distintos subsistemas que funcionan como factores de riesgo o protectores -por ejemplo en relación a un embarazo precoz no deseado o no planeado- posibilitando intervenciones que variarán de acuerdo a cada subsistema.
Los estilos de vida se relacionan con los procesos de socialización dentro de condiciones concretas de existencia y pueden caracterizarse según las pautas modernas o tradicionales configurándose distintos modelos. El modelo "parroquial" y el "cosmopolita" (Suchman, citado por Ippólito 1987 y Langlie 1977) fueron descriptos en relación a los comportamientos relacionados con la salud, pero -ampliándolos con otras caracterísitcas, tal como las propuestas por Germani- es posible aplicarlos a otros aspectos de la vida.
En el primero prevalecen pautas más etnocéntricas, inflexibles y tradicionales y las relaciones afectivas y las actividades en torno al grupo de parentesco. Los roles en la familia son definidos rígidamente y las relaciones entre cónyuges e intergeneracionales son de tipo autoritario. Se naturalizan el sistema de género, siendo la socialización marcadamente diferenciada entre varones y mujeres. La acción social es de tipo prescriptivo, basada en la aceptación de pautas instituidas por la tradición.
En el modelo cosmopolita se observan actitudes más modernas, progresistas y de aceptación de lo nuevo, los individuos son más mundanos en sus relaciones y, por lo tanto, menos aislados. Los roles familiares son más flexibles e intercambiables y las relaciones entre los cónyuges y entre padres e hijos son de tipo democrático basadas en una mayor participación, igualdad y libertad.La socialización entre mujeres y varones se da bajo pautas más o menos comunes. La acción social es de tipo electivo, basada en la elección deliberada de cursos alternativos de acción, que preferentemente, pero no exclusivamente, es de carácter racional.
En cada no de ellos se dan comportamientos propios respecto a la salud, la reproducción, la familia, etc. En los grupos en las que predomine el modelo parroquial-tradicional se encontrará una actitud fatalista, de aceptación de los problemas de salud o de los embarazos imprevistos como cuestión del "destino", no se considerará posible prevenirlos y se buscarán menos soluciones a dichos problemas. En las que predomine el modelo cosmopolita-moderno se encontrará una actitud favorable a la prevención y una mayor capacidad de enfrentamiento de los problemas .
Los comportamientos de riesgo en relación a la sexualidad del adolescente son el resultado de conductas aprendidas -inicio sexual precoz, relaciones sexuales no protegidas, promiscuidad, etc.- en las que influyen los factores del contexto micro y macrosocial.Entre ellos se encuentran la falta de conocimiento acerca de la sexualidad, los tabués acerca de la misma, la influencia de los medios de comunicación y el grupo de pares, las imágenes de género de las jóvenes que privilegian su realización a partir de la maternidad, la falta de proyectos de vida alternativos, etc.
El ejercicio de la sexualidad en la adolescencia, condicionado por dichos factores de riesgo, expone a la probabilidad de sufrir determinados "daños" como el embarazo no deseado o no planificado, que adquieren su carácter de "dañino" por las consecuencias ya sean de tipo biológico, psicológico o social. Interesa, particularmente, la limitación del proyecto de vida personal y el deterioro de la calidad de vida de la joven, su hijo y su entorno familiar. (Palma 1991, Serrano 1992, Climent y Arias 1993 b, Jelin 1994)
Por otra parte, dado que los modelos de socialización tienden a reproducirse, puede anticiparse que a los jóvenes pertenecientes a familias autoritarias les será difícil superar las pautas en las que fueron socializados.
Desde una perspectiva psicosocial el autoritarismo y el aislamiento serían factores de riesgo que en los estratos bajos se ligan a la pobreza y la marginalidad determinando contextos "empobrecidos".
Aunque históricamente se ha ido dando un proceso creciente de individuación y autonomía, no se ha dado en todos los estratos sociales con la misma fuerza, ya que en la base de dichos procesos se encuentra el aumento de los niveles de escolaridad y, es sabido, que el acceso a la educación está limitado en los estratos más bajos (Jelin 1994)4. El carácter social de la sexualidad : Las imágenes de género
Las expectativas acerca de los roles femeninos y masculinos y las prácticas y valores dominantes en una sociedad en relación a la sexualidad, que incluyen las pautas de permisividad o restricción - referidas a heterosexualidad, monogamia, fidelidad conyugal, virginidad, sexualidad orientada hacia la procreación, tamaño deseado de la familia- están culturalmente determinados.
Las creencias, valores y actitudes acerca de lo roles de la mujer y el varón constituyen las imágenes de género que también están socialmente construidas. El concepto de "imágenes de género" incluye un conjunto de representaciones acerca de : a) las características individuales de cada uno de ellos, b) los comportamientos esperados de cada uno de ellos, c) las relaciones esperadas entre los individuos de distinto sexo, d) la valoración social de los roles de varón y mujer. Las imágenes de género se forman por la internalización de dichas representaciones sociales y de los valores inherentes a ellas a partir del proceso de socialización. (Geldstein et.al. 1993, Grosman et. al. 1992, Palma 1991, Palma y Quilodrán 1994, Caldiz et.al. 1994, Kornblit et.al.1994)
Pero la transmisión de papeles de género no es una imposición unilateral de un sistema de valores, sino que se da en un proceso dialéctico de aceptación y respuesta a las imágenes de género que se construyen en una sociedad. Dichas imágenes emergen a partir de determinadas condiciones pero no se contituyen como un reflejo automático de las mismas sino que recrea esa realidad en el universo simbólico del individuo y se expresan en un conjunto de creencias, expectativas, valores y conductas. (Figueroa y Perea 1993)
Las representaciones sociales en torno a la sexualidad que definen los comportamientos reproductivos no son iguales para varones y mujeres. Durante siglos, mediante un proceso de "naturalización de lo social" se ha dado una reprodución de ideas por la cual a la diferencia biológica se la ha considerado como una desigualdad por "naturaleza" en la que el hombre es superior a la mujer y por ende tiene mayor poder. En nuestra sociedad se espera que el varón se desempeñe en el ámbito público del trabajo, que sea independiente, racional, agresivo y activo mientras que de la mujer se espera que se desempeñe en el ámbito privado de lo doméstico, que sea sumisa, dependiente, débil, pasiva y emocional.Si bien en la actualidad se observa la tendencia a flexibilizar estos roles, en las sociedades menos desarrolladas y en los estratos sociales más bajos dichas expectativas de rol funcionan con fuerza de estereotipos.
La mujer está en una situación de sometimiento en relación al varón : a él se le asigna la "capacidad" del sostenimiento económico del hogar y la de conocer sobre las cuestiones "importantes de la vida". (Grosman 1992, Dorola 1989, Fernández 1989).
La maternidad y la formación de la pareja estable son considerados como hitos vitales-principalmente para las mujeres-.Se los visualiza como un signo de madurez que las habilita a asumir responsabilidades adultas como la educación y crianza de los hijos. (Llovet y Ramos 1986, Llobera 1987, Geldstein et. al 1993.) 5. El proyecto de vida
El embarazo durante de la adolescencia tiene un impacto importante en el proyecto y en la calidad de vida de quienes pasan por esa experiencia, afectando principalmente a las mujeres.
El "proyecto de vida" surge de la evaluación subjetiva que las adolescentes hacen de sus posibilidades biográficas: en este caso la situación de embarazo que las pone ante la la necesidad de elegir ante opciones y de tomar decisiones. Dicha evaluación integra en mayor o menor medida una lectura adecuada de la realidad que incluye las evaluaciones de los "otros significativos" que interactúan con la adolescente.
Las opciones disponibles y decisiones que se tomen estarán condicionadas socioculturalmente. Definir la situación de pareja y el destino del embarazo son dos de los puntos claves que debe abordar. El matrimonio, la unión libre o concubinato, la maternidad en soltería, la entrega en adopción y el aborto, son las respuestas socialmente toleradas que se organizan ante esta situación. (Palma 1991, Palma y Quilodrán, 1994)
La sociedad asigna valores distintos a cada una de estas respuestas según el orden social vigente. Desde un modelo tradicional, la respuesta de máxima integración social sería el matrimonio y la de menor el aborto, ubicándose las demás en una posición intermedia. Pero estas pautas son cambiantes y difieren según los distintos grupos sociales.
Las condiciones de deseabilidad y aceptación en que se producen los embarazos, los sistema de apoyo para la implementación de esas opciones, así como el grado de autodeterminación de la adolescente respecto a su maternidad son factores claves en la decisión que hace frente al embarazo. Cada una de esas respuestas tienen implicancias referidas al proyecto de vida más amplio, que trasciende lo referido al hijo y la pareja e incluye la posibilidad de continuar los estudios, de trabajar, de disponer de tiempo libre . Se relacionan también con las condiciones materiales de vida futuras: alimentación adecuada para ella y el niño, vivienda que asegure abrigo e intimidad, acceso a los servicios de salud y educación, entre otras.
Tiene consecuencias también en la configuración familiar que determina. Al ser difícil la independencia económica de sus familias de origen -de la mujer y/o del varón- la joven queda en una posición de subordinación en el grupo familiar y se le dificulta la asunción de roles adultos en relación a su pareja y su hijo.
III. ANALISIS DE LA INFORMACION
1. CARACTERISTICAS SOCIODEMOGRAFICAS DE LAS ENTREVISTADAS
Se presentará la información haciendo algunos comentarios sobre su relación con el nivel educacional, variable que mostró estar asociada a las imágenes de género. Cabe mencionar que el nivel educacional está asociado con la edad y con el nivel socioeconómico de las entrevistadas.
La distribución por edad de las 250 adolescentes entrevistadas fue la siguiente: 14 años: 4% ; 15 años: 10% ; 16 años: 25% ; 17 años: 28% ; 18 años: 33%. La edad aumenta a medida que aumenta el nivel educacional.
La mayoría, 74%, nació en la Capital o el Gran Buenos Aires, siendo mayor el porcentaje entre las de mayor nivel educacional. De las que lo hicieron en el interior del país (22%) la mayoría nació en las provincias del noreste y noroeste. Un 2% nació en países limítrofes, y un 0.4% en otro país.
El 40% es soltera, el 48% está unida consensualmente, el 7% está casada y un 4 % está separada. Entre las de menor nivel educacional es mayor la proporción de las que están unidas consensual o legalmente.
Sólo un 0.4% es analfabeta, el 22% tiene estudios primarios incompletos, un 39% primarios completos, un 36% estudios secundarios incompletos, un 1% estudios secundarios completos y otro 1% con estudios terciarios incompletos. Sólo un 6% cursa estudios primarios,secundarios o terciarios, actualmente.
El 88% no trabaja actualmente. De las que lo hacen más de la mitad lo hace como empleada doméstica. De las restantes, casi el 80% trabajó anteriormente -el 70% en el servicio doméstico-.El porcentaje de las que no trabajan ni lo hicieron nunca es mayor entre las de menor nivel educacional. 2. IMAGENES DE GENERO
2.1 Valoración del trabajo y de la independencia económica
En esta variable se consideran la asignación y asunción del rol de la mujer circunscripto al ámbito doméstico y/o al ámbito público, dando prioridad, en este último caso al ámbito del trabajo.
Un 41% considera que es preferible que la mujer se ocupe sólo de la casa; un 30% que trabaje afuera y un 23% que es preferible que la mujer se ocupe de ambas cosas.
Si se toma al total de las entrevistadas y se analizan la preferencia del trabajo doméstico o extradoméstico unido a las razones de la misma, tenemos que el 41% se ubica en una perspectiva "tradicional" -la mujer en la casa-, siendo el porcentaje mayor entre las de nivel educacional más bajo. La mayoría sostiene que la mujer "debe" ocuparse de los hijos, el marido y de la casa, aclarando, en algunos casos, que "siempre fue así". Otras puntualizan que "el hombre tiene que trabajar y mantener la familia".
Sólo un 14% se ubica en una perspectiva progresista o moderna -la mujer en el mundo, autorrealizándose- que ve en el trabajo la manera de satisfacer una necesidad emocional de primer orden y que consideran que es preferible que la mujer tabaje afuera "por vocación" , "porque les gusta", "para tener independencia" o que "es un derecho", siendo el porcentaje mayor entre las de mayor nivel educacional.
A éstas podrían agregársele un 3% para las que ven en el trabajo un modo de satisfacer una necesidad material de primer orden-mantenerse, mantener al hijo-, que se da en proporción algo mayor entre las de menor nivel educacional. Esto hace un total de 17% en esta segunda perspectiva.
Un 30% consideran al trabajo como una necesidad de segundo orden --ayuda, distracción, lograr más bienestar- ubicándose a medio camino entre las anteriores perspectivas.
Éstas dan como principal razón "ayudar al marido" o, en menor medida, a los padres, ven el trabajo un medio para mejorar económicamente. Otras condicionan el trabajo extradoméstico a "que no desatiendan el hogar", o "si lo necesita económicamente" . Para otras el trabajo es una "una distracción". Las restantes no tienen una posición definida al respecto.
La dependencia en la que se encuentran estas jóvenes mujeres -explicable por su edad- se manifiesta en la dependencia económica que mantienen con sus parejas o padres. Sólo un 4% se mantienen solas y otro 4% aportan a su mantenimiento. En el 48% de los casos las parejas se hacen cargo de los gastos de las entrevistadas, en el 23% lo hacen sus padres, en un 8% otras personas y en un 13% una combinación de los anteriores.
Un 39% de las entrevistadas quisiera que esta situación fuera de otra manera y dentro de éstas, un 66% declaran que quisieran hacerse cargo de sus gastos o por lo menos cooperar, porcentaje que es más alto entre las de mayor nivel educacional.
De las que son mantenidas por sus parejas y están de acuerdo con esta situación, el 63% dice "estoy cómoda así", "está bien así", "es natural" . Menores porcentajes están de acuerdo porque es obligación y responsabilidad del hombre mantener a la mujer, porque él le da lo que necesita y/o no necesitan que ella aporte económicamente al hogar, porque están embarazadas, porque se quiere dedicar al hogar o no quieren trabajar y/o porque la pareja no la deja trabajar.
2.2 Representaciones sociales acerca de la familia
Las motivaciones para vivir en pareja casados o sin casarse pueden dar pautas de las representaciones sociales y valoraciones en relación a la formación de la pareja.
Para el 54% es preferible que una pareja viva junta estando casados, en mayor porporción en el mayor nivel educacional, mostrando que adhieren a una pauta más acepatada socialmente. Para un 26% es preferible que lo hagan sin casarse y para un 11% es igual.
Una tercera parte de las que prefieren el casamiento sostienen que de esa manera se obtienen más beneficios legales y sociales -obra social, apellido para ella y el hijo, la pareja la puede sacar de la maternidad,etc.,y más seguridad si se separan ya que de esa manera él está "obligado a mantener al hijo", ella tiene "derecho a la tenencia", disminuyendo las posibilidades de "que él se lo pueda sacar" y tiene "derecho a los bienes gananciales". A otras el casamiento les da una mayor seguridad de que no se separen o de que él las abandone. En conjunto hacen un 68% de respuestas que se refieren a la "legalidad" y a la "seguridad", o sea al orden legal.
En un 29% de los casos aparecen argumentos que tienen que ver con un orden tradicional o moral : "por el que dirán", "es más respetado por la sociedad", "me pueden decir señora", "es más lindo casarse por la iglesia", "mi ilusión es el traje de novia, los anillos".
Por último, sólo un 10% sostiene que el casamiento implica una mayor responsabilidad y compromiso entre los dos miembros de la pareja.
Las que consideran que es preferible vivir juntos sin casarse o que es igual estar unidos o casados, dan respuestas similares.Se refieren a que es mucho compromiso estar casados y que es más fácil separarse en caso de que no se lleven bien (30% ).Otro importante grupo alude a los costos y dificultades que implican los trámites para casarse por ser menores, por no estar a cargo de sus padres, etc. Un número menor de entrevistadas mencionan que "que los papeles no atan a nadie ni dan seguridad" , o que "lo importante es llevarse bien".
En muchos casos aclaran que por el bebé es mejor estar casados y por último algunas aluden a su situación personal : No quieren casarse porque "él toma", o "es muy agresivo". En un caso no puede casarse porque él es casado.
Parecería que varias de las que prefieren estar unidas o las que consideran que es lo mismo estar unidas o casadas -las que ven como obstáculos los trámites o los costos, las que encuentran reparos en la personalidad o conducta de la pareja o las que consideran que es mejor para el bebé estar casados- no descartarían el casamiento como mejor opción.
En cuanto a los motivos por los que se unieron, el 35% declara que lo hizo por estar embarazada, el 63% porque estaban enamoradas o se querían, el 13% porque tenía problemas familiares y el 6% por otras razones.Sin embargo puede pensarse que el embarazo fue un elemento clave en la decisión de unirse ya que un 50% se unió estando embarazada siendo el porcentaje mayor entre las de mayor nivel educacional, indicando que se busca una solución que responda a la normativa social.
Además hay que considerar que el 56% hubiera preferido esperar un poco más para unirse -para tener la vivienda y los artefactos del hogar, para poder divertirse más, terminar los estudios- respuestas que son más frecuentes entre las jóvenes de mayor nivel educacional. Por otra parte un 22% de los padres no estuvieron de acuerdo con la unión y un 15% la aceptó porque "no les quedaba otra" dado que estaban embarazadas, respuestas más frecuentes entre los padres de las entrevistadas de mayor nivel educacional.
Para explorar el grado de percepción de la realidad con el que estas adolescentes encaran el proyecto de formar una familia se les preguntó "¿Para formar tu propia familia cuáles aspectos te parecen muy importantes a tener en cuenta? "Tener vivienda adecuada"(42%) y "trabajo seguro" (40%) fueron los más mencionados. "Llevarse bien" (33%), "estar enamorados o quererse" (27%),las características de personalidad de la pareja-"que sea bueno, trabajador"- (26%), otros aspectos materiales -"las cosas de la casa, muebles, artefactos"- (18%) y "conocerse bien" (8%) son otros aspectos mencionados.
Ha de considerarse que ante la pregunta se esperó una respuesta espontánea y luego se efectuó en forma inducida, item por item, observándose que todos los items fueron mencionados por menos de la mitad de las entrevistadas y algunos escasamente. Estos datos mostrarían que no hay reflexión acerca de la formación de la familia, que se lo toma como algo que se da naturalmente y/o que la realidad del embarazo inesperado no le ha permitido la alternativa de elegir. La llegada del hijo es inminente y la formación de la familia es un hecho que se impone a la mayoría de ellas.
Otra tabulación de la información muestra que un 27% tiene en cuenta sólo aspectos materiales, un 26% sólo aspectos psicoemocionales, mientras que un 38% tiene en cuenta por lo menos un aspecto material junto a uno psicoemocional, proporción que es mayor entre las jóvenes de mayor nivel educacional.
También se preguntó "¿Qué cosas pensás que van a cambiar con el nacimiento de tu hijo?" Las respuestas puede ser indicativas de la percepción más o menos ajustada de la realidad en cuanto a sus expectativas en torno a la maternidad y al enfrentamiento que una nueva situación implica -en este caso, el nacimiento de un hijo que en un 87% de casos es el primero-.
Un 17% responde que no va a cambiar nada con el nacimiento del hijo, y si bien en algunos casos aducen que es porque ya tienen otro, parecería que no reconocen el cambio que implica. En el polo opuesto hay un 3% que opina que va a cambiar todo.
Hacen una adecuada evaluación de la realidad las que opinan que va a cambiar su cotidianeidad -van a tener más trabajo, cambiar las rutinas de los horarios, la forma de vivir, etc.-; las que piensan que van a tener más gastos, las que preveen que van a ver limitado su tiempo libre y posibilidades de recreación -no van a poder salir tanto, ver a las amigas, mirar telenovelas, ir a bailar e incluso jugar-; las que ven limitadas sus posibilidades de trabajar o estudiar y las que asumen que van a tener más responsabilidad -tener que ocuparse del hijo, estar pendientes del hijo-. Todas estas respuestas muestran una posición realista ante la maternidad que permitirían un enfrentamiento adecuado de la misma mientras no sean valorados como cambios negativos.
Otras respuestas, menos realistas, son expresiones de deseos que, si no se mantienen a ultranza, pueden funcionar como una perspectiva "optimista" que permite enfrentar adecuadamente el nacimiento y la crianza del hijo-. Así, algunas piensan que éste "va a traer alegría", "traer felicidad porque lo van a querer" o "porque es un regalo de Dios",etc.
Otro grupo cree que el hijo va a ser un factor para que la pareja esté más unida, se lleve mejor o se pelee menos o para mejorar la relación con la familia. Ven en el futuro hijo "un sentido para vivir","una compañía", la posibilidad de "tener algo mío" y "no estar más sola". Este tipo de respuestas muestran carencias afectivas que esperan cubrir con el hijo. Pueden considerarse como orientaciones no realistas que dificulten la adaptación a la realidad.
Una quinta parte considera que el nacimiento del futuro hijo producirá cambios en su personalidad, en su conducta o en su posición social : "Voy a ser más madura", "a crecer de golpe", "a ser más ordenada", "a ser mujer"," a ser madre", "más adulta", "una señora", "no voy a ser más la mimada", "no voy a estar más con mis padres y me voy a tener que cuidar yo", "va a cambiar mi forma de ser", "me voy a vestir de otra manera". Esto muestra la representación del hijo como un pasaje inmediato, casi mágico, a la adultez.
Algunas consideran que se producirán cambios en la pareja : "su forma de ser","va a trabajar más"," va a llegar más temprano", expectativas que pueden no cumplirse. Finalmente el hijo es visto como un medio para retener a la pareja :"el no se va a ir".
En síntesis, se tiene que un 42% de las entrevistadas dan por lo menos una respuesta que expresa expectativas realistas,sobre los cambios concretos que se van a dar, aumentando el porcentje con el nivel educacional.
En cuanto a la autopercepción en relación al nuevo rol que van a asumir -el de madres- el 94% declara que se siente segura o capaz para criar a un bebé. Un 51% se basa en su experiencia -cuidó o crió bebés, o ya tuvo hijos-, mostrando un criterio realista. A éstas podría agregársele un 5% que se considera segura o capaz porque cuenta con el apoyo con la familia o la pareja.
Hay un 14% que tiene una actitud asertiva ante la crianza del futuro hijo: "voy a poder", "voy a aprender", "mis hermanas pudieron y yo voy a poder", se siente "responsable", "capacitada".
Una posición menos realista es la del 21% que se sienten seguras porque "lo quiero", "lo quise tener", "le voy a dar todo" , "me gustan los bebés" o "ser madre es el sueño de toda mujer".
2.3 Planificación de la maternidad : El embarazo como una situación crítica
La falta de planificación en relación a la maternidad se observa en cierta incoherencia entre los deseos o expectativas y los pasos dados para llevar adelante los proyectos siendo un indicador de que el embarazo es una situación crítica.
El 53% declara que querían quedar embarazadas -en mayor proporción entre las adolescentes de más bajo nivel educacional- debiéndose aclarar que no significa que planearan hacerlo en el momento en que quedaron. Sin embargo, entre las que respondieron afirmativamente el 49% no había pensado cómo lo iba a mantener, el 40% cómo iba a reaccionar la pareja y el 52% cómo iba a reaccionar la familia -en el caso de las solteras que vivían con ella. A medida que desciende el nivel educacional es mayor el porcentaje de las que no habían pensado acerca de estos temas.
Además, el 73% hubiera preferido esperar un poco más para tener al primer hijo -en mayor porporción entre las entrevistadas de mayor nivel educacional- y sólo un 25% considera que la edad adecuada para tener al primer hijo es antes de los 20 años -opinión más frecuente entre las de menor nivel educacional-.
El embarazo como una situación crítica se desprende al observar que en un 79% de los casos se dieron una o más de estas circunstancias : no querer el embarazo, ser soltera, haberse unido o casado estando embarazada, haberse separado durante el embarazo.

2.4 Posición de subordinación

La posición de subordinación de la mujer al varón se observa en el hecho de que el 64% declara que hay cosas que la pareja no la deja hacer -siendo la proporción mayor entre las de menor nivel educacional- : trabajar (38%), salir, ver amigas (23%),estudiar (4%) y otras -vestirse o maquillarse de determinada manera- (2%)
Si bien un 42% de las entrevistadas no le dejan hacer algo a él : trabajar -para que esté siempre con ella- (0.4%), salir, - ir a jugar al futbol, ir a bailar- (30%), y otras -"que tome alcohol, que corra con la moto"-. (8%)., ellas no tan son efectivas en esta prohibición como ellos.
En la misma línea, interesó conocer quien toma las decisiones sobre distintos aspectos de la vida cotidiana :(datos en porcentaje)
Si bien en casi todos los aspectos son más los que deciden conjuntamente, cuando predomina la decisión de uno de ellos, es la de él, salvo en el último item. Esto muestra tanto la posición de subordinación de la mujer como el rol asignado a ella. A medida que aumenta el nivel educacional, es mayor el el peso de la mujer en la toma de decisiones. 2.5 Vida cotidiana, tiempo libre y participación social
En cuanto a ocupación del tiempo el 92%, realizan las tareas domésticas, un 12% realiza un trabajo extradoméstico. Un 49% le dedica menos de 3 horas al trabajo y sólo un 23% le dedica 6 horas o más.-la mayoría de las que realizan un trabajo extradoméstico conjuntamente con el doméstico y las que dentro del trabajo doméstico, cuidan niños -hijos, hermanos-.
Un 6% cursa actualmente estudios primarios, secundarios o terciarios y un 1.2% realiza un curso de una o dos veces por semana. Sólo en el 24% le dedican más de 6 horas al estudio.
Considerando conjuntamente trabajo y estudio sólo una cuarta parte de estas jóvenes están "ocupadas" 6 o más horas por día, siendo el porcentaje mayor entre las de mayor nivel educacional.
El 49% mira televisión durante menos de 3 horas diarias, mientras que un 34% le dedica entre 3 y 5 horas y un 16% entre 6 y 12 horas. El tiempo que le dedican a ver televisión aumenta a medida que desciende el nivel educacional. La mayoría escucha radio o música,pero son muy pocas las que leen, se ven con amigas o familiares o realizan otras actividades con regularidad. El porcentaje de las que realizan estas actividades aumenta con el nivel educacional.
Para un 33% el tiempo libre del que dispone es mucho, para un 58% está bien y sólo a un 5% les resulta poco. Un 44% no hace nada diferente los fines de semana, en especial entre las de menor nivel educacional.
El rol social de la mujer confinado al ámbito doméstico se deduce de la escasa participación en el ámbito laboral y educacional -como se vio anteriormente- así como también en otras instituciones como clubes, asociaciones vecinales o cooperadoras escolares. Sólo un 4% participa en alguna de ellas, siendo mayor el porcentaje a medida que aumenta el nivel educacional. A la vez un 20% concurre a alguna iglesia, casi exclusivamente para el culto.
Esta situación sumerge a estas jóvenes en el aislamiento social, viendo limitadas sus oportunidades de crecimiento personal y de recibir apoyo social. Uno de los resultados es que el 65% declara que mucha veces se siente aburrida -en menor proporción entre las de mayor nivel educacional- un 30% se siente triste o deprimida -siguiendo la misma tendencia que en el caso anterior- y un 10% se siente frustrada en mayor proporción entre las de mayor nivel educacional, que lo funtamentan en no poder trabajar y/o estudiar.
3. PROYECTO DE VIDA
Un 15% declara que no tiene ningún plan para el futuro, lo que nos habla de ausencia de proyectos, de que están artravesando una etapa en que no pueden planificar, que tienen que resolver una situación crítica de inmediato.
Las que tienen proyectos los vinculan, en primer lugar, a los hijos. Un 61% formula proyectos para el futuro inmediato- "tenerlo","criarlo","dedicarme a él", o muy generales como "darle todo", "que no le falte nada". Un 14% tiene proyectos más mediatos -"que estudie", "hacerlo tomar la comunión"-
Los proyectos se refieren también a las parejas. Un 19% da respuestas como "seguir juntos", "llevarnos bien","dedicarme a él". Un 17% proyecta casarse y un 6%, unirse. Otros proyectos referidos a la pareja, que son más bien expresión de deseos, se evidencian en frases como"que tenga trabajo", "que no nos haga faltar nada" (2%)
Otros proyectos se relacionan con aspectos materiales -"tener mi casa", "tener mis cosas"(18%), a los que puede agregárseles proyectos que son más expresión de deseos que planificación para su efectiva realización -"vivir bien", "tener lo que nos haga falta".
En otro orden, un 8% proyecta "formar una buena familia", "vivir feliz con mi marido y mi hijo", "ser una buena esposa y madre".
Hay un 6% que piensa trabajar en un futuro inmediato -teniendo una idea de en qué actividad y con qué dedicación- y un 32% que piensa trabajar en un futuro mediato-cuando el hijo sea más grande, cuando vaya a la escuela-, más como una expresión de deseos que como una posibilidad concreta.Un 6% proyecta estudiar -generalmente concluir estudios iniciados- y un 16% manifiesta que le gustaría estudiar, pero más adelante, cuando el hijo sea un poco mayor.
Otra forma de leer los datos es la siguiente : Un 15% no tiene proyectos, un 37% formula proyectos centrados únicamente en el hijo, la pareja o la familia; un 32% le añade proyectos hipotéticos referidos a trabajar o estudiar y un 10% proyectos factibles de trabajar o estudiar- o sea que el 80% incluyen en sus proyectos al hijo, la pareja y/o la familia-. Sólo un 4% tiene como único proyecto hipotético el trabajar o estudiar y un 1% proyectos factibles en ese mismo sentido.
4. SINTESIS Y CONCLUSIONES
Dado las circunstancias y el contexto en el que se produce el embarazo, constituye una situación crítica caracterizada por la "provisoriedad" y "precariedad": lo que las adolescentes deciden hacer es "por ahora", sin demasiada proyeccción hacia el futuro.
Las imágenes de género prevalentes muestran que para un considerable número de este grupo de jóvenes, pertenencientes a los sectores populares, la maternidad y la formación de la pareja estable son los proyectos más significativos, lo que no implica que se tomen decisiones conscientes para concretarlos. Se los vivencia como algo "natural" que inexorablemente se tiene que dar. Las adolescentes son socializadas con esas pautas tradicionales por lo que la realización personal a partir del trabajo o el estudio no son opciones evaluadas como posibles o atractivas, constituyendo necesidades de segundo orden. Las escasas oportunidades de trabajos que permitan la satisfacción vocacional es una factor estructural condicionante de esta valoración.
De esta manera quedan en una relación de dependencia económica respecto a las parejas, a las que les adjudican la obligación de proveer la seguridad material de la familia y la autoridad y poder en la toma de decisiones, en mayor medida entre los sectores de menor nivel educacional.
Se vio también que estas jóvenes tienen escasa participación social en diversas áreas- laboral, educacional, recreativa, religiosa, comunitaria- quedando en una situación de aislamiento social : su vidas restringidas al ámbito doméstico.
Parecería que el proyecto centrado en la maternidad y la familia opera como determinante de un embarazo precoz a la vez que se reasegura con él.
El nivel educacional parece incidir en la construcción de imágenes de género encontrándose diferencias aún dentro del estrato social considerado, el de los sectores populares urbanos.
Parecería que a medida que aumenta el nivel educacional las estrategias pasan por respuestas socialmente más aceptadas -maternidad dentro del matrimonio o, por lo menos dentro de una unión consensual-. Pero también se observan relaciones más igualitarias con las parejas, mayor valoración del trabajo extradoméstico y de la independencia económica y mayor caoacidad de planificar.
La prevención del embarazo precoz y no deseado o planeado debe incluir el trabajo sobre los aspectos no conscientes que dan lugar a las imágenes de género que sustentan a la maternidad como único modelo válido. Los grupos de información y reflexión serían instancias válidas para el logro de este objetivo. Unido a esto es preciso que se implementen políticas sociales que favorezcan el empleo, la educación y la protección del niño y la joven madre, lo que significaría operar con un enfoque de riesgo ecológico que contemple tanto los factores de riesgo como los protectores provenientes de los distintos subsistemas en el que la joven embarazada participa.
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