"La intimidad en hombres Mexicanos".
Por: Salvador Cruz Sierra
Ponencia presentada en el Congreso "Pleasure and Danger". Sexualities in the 21st Century, (30 de Junio al 2 de Julio de 2004
- Universidad de Cadiff, Inglaterra ).

Abordar la intimidad en el caso de los hombres representa un asunto delicado y difícil de explorar. Delicado en el sentido que apunta a una zona que se ha circunscrito a la feminidad, dado que puede atentar al estatus de la masculinidad, y por ende, difícil la disposición de los hombres para hablar de ello. Hombres y mujeres hemos aprendido a vivir y expresar los sentimientos de forma diferenciada en virtud de los valores culturales y modelos dominantes de masculinidad y feminidad. En este ensayo pretendo poner en la discusión algunas observaciones realizadas en hombres jóvenes y adultos, urbanos de la Ciudad de México, de clase media y con estudios universitarios con relación a la forma en que experimentan la intimidad.

En la literatura es común encontrar la noción de intimidad referida a sentimientos de cercanía, lazos emocionales, contacto sexual y físico, expresión de afectos, apoyo incondicional, compartir actividades, compartir verbalmente pensamientos y sentimientos (Mackey et al, 2000). En este trabajo se entiende que la intimidad es un sentimiento de fuerte y profunda conexión que tiene un sujeto con otra persona, que le permite mostrar y compartir de forma abierta y honesta aspectos internos; afectivos, emocionales, intelectuales, físicos y sexuales, no se limita a los vínculos de relaciones amorosas, ni a relaciones heterosexuales. Se considera que la intimidad no es una experiencia lineal ni consistente, sino que depende de diversos aspectosEn los estudios de masculinidad el poder representa el elemento central de análisis en el problema del patriarcado, asimismo, representa una dimensión fundamental en la experiencia de los hombres. Aunado a la dimensión del poder la construcción simbólica y valores culturales asociados al género también juegan un papel fundamental. Victor Seidler señala que la masculinidad se ha vinculado a la racionalidad y a la cultura, mientras que la feminidad a la afectividad y a la naturaleza. Ante ello, ser hombre implicaría establecer una distancia o escisión de la racionalidad con respecto al cuerpo y las emociones, supondría campos de especialización o habilitación para hombres y mujeres; los hombres en la razón y las mujeres en la afectividad. Así, se dice que las mujeres ejercen el poder sobrevalorando en los afectos, el cuidado erótico y maternal, y los hombres utilizan la sexualidad como una forma de poder y control sobre las mujeres, sus cuerpos y su sexualidad. La sociedad mexicana actual ha atravesado en las últimas décadas por profundos y acelerados cambios en lo político; la presunta democracia, en lo económico; la generalizada crisis de empleo, y en lo cultural; al menos en el campo de la sexualidad y del género se han planteado fuertes discusiones públicas sobre el aborto, las uniones entre homosexuales y la sexualidad de los jóvenes. Estos han obligado a los hombres a replantearse el tipo de relaciones que establecen con las mujeres y con otros hombres, y por ende cuestionar y resignificar los modelos estereotipados de género. La conocida práctica de hombres de generaciones anteriores que la situación económica les permitía tener "casa grande y casa chica", la primera referida al matrimonio oficial y la segunda la relación con una amante e hijos no reconocidos, hoy es casi inexistente, al parecer predomina más las relaciones paralelas con otras mujeres, casadas o solteras, y en el mejor de los casos proporcionar ayuda económica a las mujeres, de igual manera, cada vez es más evidente la imposibilidad de muchos hombres de ejercer su rol tradicional de proveedores, lo que ha generado en alguna medida el cuestionamiento de su lugar de jefe y autoridad de la familia, se ha incrementado el índice de divorcios, se inicia un reconocimiento del deseo y placer sexual de las mujeres, de igual forma, la palabra "macho" se ha constituido como un referente negativo y su uso representa un insulto para muchos hombres, particularmente jóvenes. Algunos de los resultados observados de la muestra de los hombres entrevistados, cinco de forma individual, y diecinueve en tres grupos focales, muestran que los varones están cuestionando las creencias de que los hombres no lloran, de la insensibilidad en los aspectos afectivos, del porqué son los responsables de guiar y proteger a las mujeres e hijos, de su distancia afectiva con las mujeres, de la distancia física y emocional con sus padres y con sus hijos. Muestran logros en materia de relaciones mas equitativas entre hombres y mujeres, pero también muestran permanencias de los viejos modelos culturales de género, dan cuenta de un nivel de conciencia e incorporación de los discursos de género, pero prácticas y comentarios que son contrarios al mismo, y en algunos casos poca o nula reflexión sobre sus propias vidas como hombres, y en algunos casos invisibilización de sus privilegios. Lo anterior deja ver la presencia de contradicciones, ambivalencias, rupturas, permanencias en la experiencia masculina que hace complejo definirla como lineal, homogénea y coherente. Los hombres mostraron un sentimiento de cierto pesimismo y desolación de la vida social actual, que bajo un mundo de imágenes, de uso de máscaras y de simulación perciben sus relaciones interpersonales como distantes, superficiales, pero no por ello menos complejas. Prevalece un sentimiento de una alta competitividad en la esfera pública, una lucha por los empleos, por los mejores salarios, ahora no solo entre hombres sino también con las mujeres, perciben un mayor desinterés para el compromiso a largo plazo por parte de las mujeres. Es en este marco en que los hombres dan cuenta de los vínculos más cercanos que establecen con las mujeres y con otros hombres. Un claro aspecto que se observó fue el silencio de los hombres, "Kafka dice que las sirenas tienen un arma prodigiosa que es el canto, pero descubrieron otra mas poderosa que es el silencio" señala un entrevistado al referirse a la comunicación que puede tener con las mujeres y con otros hombres. En su gran mayoría, los entrevistados refieren dificultad de hablar sobre aspectos privados o íntimos con sus parejas u otras personas cercanas. La comunicación se vuelve seccionada y diferenciada. A los amigos, vistos como cómplices, se les puede hablar sobre infidelidades, compartir parrandas, borracheras; a las amigas se les consulta sobre problemas emocionales o afectivos con otras mujeres, a las esposas o parejas estables se les confiere aún menor información personal, aunque idealmente es con ellas con las que desearían lograr una mayor cercanía, sinceridad, comunicación y confianza, porque es con ellas con quienes mantienen un acercamiento físico y sexual completo. Sin embargo, una notable presencia de miedo y temores se observó tanto en los hombres jóvenes como adultos. La abierta comunicación con las mujeres les puede generar, según sus palabras, ser manipulados, ser rechazados, ser dependientes de la otra persona, temen sufrir, ser dañados, ser lastimados, y finalmente no ser aceptados por ellas, se percibe que el ser sinceros con la pareja les genera reproches por parte de ésta de forma constante y por largo tiempo. Con los hombres, ante la constante competencia, se presenta el miedo es ser defraudados, como en el caso de un joven entrevistado, que su mejor amigo le quito a su novia por haber mantenido tanta confianza con él. El hablar abiertamente de ciertos temas les genera miedos, dado que "pueden incurrir en ofensas que después resultan irreversibles y dañinas". El mantener una comunicación abierta y honesta con la pareja les genera un sentimiento de vulnerabilidad, y la sensación de proporcionar elementos a sus parejas que pueden ser usados en su contra, o ser sujetos de manipulación, es decir, perder el control, el poder. A las mujeres "ni todo el amor ni todo el dinero", señala otro entrevistado. Tanto el amor como el dinero pueden considerarse elementos que les permitían a los hombres mantener cierto control y dominio sobre las mujeres. El hombre, en su papel de ganador de pan, le permitía proporcionar a la familia los recursos necesarios para su manutención, de igual forma, el llevar el dinero a la casa le posibilitaba una incuestionable autoridad y un mayor control sobre esposa e hijos. En los casos más tradicionales el que el hombre entregue todo su salario a la mujer es un indicador de sometimiento de él como varón por una mujer, es decir, la mujer toma el control sobre el.Con relación al amor y al sexo los entrevistados reportaron un sentimiento de vulnerabilidad tanto en el ejercicio de la sexualidad como de la afectividad; la atracción sexual por ciertas mujeres puede llegar a tener una enorme fuerza e influencia en sus acciones presentes y futuras, y por otro lado, el amor y cariño hacia otras podría tener el mismo efecto. En ambos casos se sienten propensos a ser manipulados por las mujeres, controlados, y eso les representa temor, enojo y violencia. Los hombres perciben control y manipulación de las mujeres en cuando limitan o dosifican el número y tipo de prácticas sexuales, su sentir es que los hombres al enamorarse se debilitan y las mujeres al ser amadas se fortalecen.Los hombres han aprendido a rehuir la intimidad por temor de involucrar la sexualidad en las relaciones de amistad y compañerismo con las mujeres, especialmente con aquellas que son consideradas atractivas físicamente. Implica un manejo difícil el separar una relación sentimental del deseo sexual en los vínculos de amistad. En las relaciones con otros hombres, implica un temor hacia la homosexualidad y a una feminización, lo que contribuye a la dificultad para expresar sus sentimientos y tener mayor proximidad.Un hecho, al parecer presente en muchos hombres, es el corto tiempo de su vida que pasan solos, sin una relación de pareja, o al menos así lo muestra el hecho de que antes de terminar una relación actual inician otras, o mantienen relaciones paralelas que al momento de sentir que aman a la otra persona renuncian a su actual pareja. Pero lo que llama la atención es el escaso espacio que les permitiría vivir consigo mismos, tener conciencia de sus fracasos, análisis y reflexionar sobre sus vidas, sobre su sexualidad y vida afectiva. Tal parece que la vida afectiva en el caso de los hombres casados heterosexuales, la paternidad representa una de las posibilidades más significativas de vivir a plenitud y desarrollar un vínculo afectivo profundo y satisfactorio con los hijos e hijas, en algunos casos en especial con las hijas. En este trabajo se observó que la función de proveedor, dadas las condiciones económicas del país, y los significados culturales asociados a la masculinidad siguen constituyendo elementos importantes en la vida cotidiana, concreta material, así como en el imaginario social como factores de distancia que anteponen los hombres respecto a las mujeres. La sensación de ser utilizados exclusivamente como proveedores hace que algunos de ellos rehuyan a los compromisos y a la cercanía emocional con las mujeres. La sexualidad y la afectividad en los hombres representan espacios en que el poder se ha configurado y sus expresiones son complejas y contradictorias. Los hombres al presentar mayores temores respecto a los aspectos afectivos genera mayor distancia, limitación de su vida amorosa y la evitación de compromisos emocionales profundos, por temor a ser objeto del control de otro, de estar bajo el poder de la pareja. La falta de comunicación honesta es la respuesta para evitar verse frágiles y vulnerables. La necesidad de controlar y ejercer poder sobre otras personas impide el forjar vínculos más plenos y satisfactorios tanto con mujeres como con otros hombres.

La vivencia de la intimidad necesita un clima propicio para el libre desenvolvimiento de las personas como seres íntegros y dignos de respeto. Los mandatos de la masculinidad en un contexto de fuerte competencia, discriminación, fragmentación, homofobia, el mostrar transparencia representa un fuerte riesgo y sentimiento de vulnerabilidad que pocos hombres deciden aceptar. Aunque como señala José Luis Pardo (1996) se puede vivir sin intimidad, porque la intimidad no es imprescindible para vivir, solo es necesaria para disfrutar de la vida.


Referencias

Mackey, R. ; Diemer, M. Y O´Brien B. 2000. Psychology intimacy in the lasting relationships of heterosexual and same-gender couples. Sex Roles. Vol. 43, núm. 3/4.Pardo, José L. 1996. La intimidad. Pretextos, España.

Seidler, Victor. 1995. "Los hombres heterosexuales y su vida emocional". En Sexualidad: teoría y práctica, Debate feminista. Año 6, Vol. 11, México.

 
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