Las logicas generalizadas antièticas en el neoliberalismo
que atraviesan las decisiones
Aportes a la comprenciòn del neoliberalismo, el poder, la vida cotidiana
Pensando el caso Young
Diálogo con el filósofo Mauricio Langón
El horror de la discoteca argentina Cromagnón, o el centro comercial paraguayo Ycuá-Bolaños, o la más cercana ciudad de Young, el tsunami en el sudeste asiático, hasta la potencial destrucción medioambiental y económica en Fray Bentos a partir de la instalación del enclave celulósico admiten varios enfoques que los relacionen, sin anacronismos ni extrapolaciones aberrantes. Pero es admisible y hasta imprescindible un hilo conductor. Sobre ello reflexionamos junto a Mauricio Langón.
Pensando los crímenes silenciosos
El horror de la discoteca argentina Cromagnón, o el centro comercial paraguayo Ycuá-Bolaños, o la más cercana ciudad de Young, el tsunami en el sudeste asiático, hasta la potencial destrucción medioambiental y económica en Fray Bentos a partir de la instalación del enclave celulósico admiten varios enfoques que los relacionen, sin anacronismos ni extrapolaciones aberrantes. Pero es admisible y hasta imprescindible un hilo conductor. De esta certeza intuitiva básica surgió una amena charla de café que en este caso toma la forma de una entrevista con el fi lósofo –y formador de fi lósofos– uruguayo Mauricio Langón.
—¿Qué es lo que está mal en este tipo de cosas? ¿Qué es lo que pasa? Es muy fácil librar de responsabilidad a todos y decir que fue un accidente. La tesis que fui armando a partir de lo de Paraguay (ver Siete sobre Siete N° 82, 28/03/2005) es que justamente no se trata de accidentes, se trata de crí- menes. No crímenes en el sen- tido individual, de asesinatos, sino de crimen en el sentido masivo, de los cuales el mo- delo sería el Holocausto. Ade- más me parecía buena la idea de los porteños de hablar de holocaustos, en plural, distin- guiendo el Holocausto modé- lico —digamos Auschwitz— de otros holocaustos que podrían ser próximos y similares, pero no exactamente lo mismo — Hiroshima, Nagasaki— o, lle- vándolo más allá: el hambre en el mundo.
—¿Esa calificación pone el énfasis más en lo cualitativo que en lo cuantitativo, va más a las causas por las cuales se pierden vidas que el número mismo de vidas segadas? —Sí, pero también toma en cuenta el tema de la canti- dad. Pero claro, ¿qué es masi- vo? ¿Seis millones, doscientos, cuatrocientos? No es el caso del asesinato individual, se trata de un problema grupal. ¿Qué ocurría por ejemplo en el caso de las puertas cerradas?
Que no es único, desde enton- ces ha habido otros más masi- vos y asimilables, como el del tsunami. El tema es que nadie quiso matar a otro, no hay los monstruos que hubo detrás del Holocausto Judío, no hay Hit- ler y Menguele, no hay bombas atómicas y guerras mundiales, no hay hornos crematorios; no hay “mala voluntad”, inclu- so digamos, y no son cosas que ocurren sistemática y racional- mente como pudo claramen- te ser el caso del Holocausto: la razón utilizada para come- ter un crimen masivo expre- so, como ocurrió en Nagasaki —y cuando digo Nagasaki lo digo pensando, no digo Hiroshi- ma: el tema es que Nagasaki no era estratégicamente necesario para los fines del bombardeo nuclear, sin embargo, había otros fines ocultos que hacían necesario arrasar Nagasaki—. El caso de la discoteca Cromag- nón en Buenos Aires es suma- mente parecido al de Ycuá- Bolaños, porque es también un incendio, las puertas tam- bién están cerradas, etcétera. Pero el tema es que —tanto en Ycuá-Bolaños, como en Cro- magnón— el tipo que cierra las puertas obedece una orden y en principio está bien que lo haga, porque en general la or- den es porque pensó que lo iban a robar. Y “está bien” que proteja su propiedad privada y sus intereses y se preocupe más de la seguridad de sus bie- nes que de la seguridad de las personas. En el caso de Young, la seguridad de las personas no importó demasiado: se estaba buscando otro tipo de cosas. La idea del valor de la vida huma- na y la garantía y seguridad de la vida de las personas no apa- recía en primer plano. En el caso de Ycuá-Bola- ños, el propietario que man- da cerrar las puertas no es un monstruo que quiera matar a sus clientes y empleados, no es esa su voluntad. De modo que estoy hablando de un holocausto aun donde no hay un criminal con voluntad de cometer un crimen, pero lo que hay es una especie de criminalidad del sistema en tanto y en cuanto el sistema económico global defiende más los bienes que las personas, le preocupa más la seguridad de los bienes que de las personas y genera determinados modos de actuar que sacrifican a la gente.
—La sacrifican en tanto la exponen a riesgos “justificados” económicamente...
—Sí, porque evitarlas —siguiendo en el caso paraguayo— hubiera requerido limpiezas de las chimeneas, otro tipo de construcción, inspecciones, un montón de cosas que son anti-económicas. Porque si voy a gastar plata en asegurar esto o lo otro, pierdo competitividad frente a otro que no tome esas medidas de precaución. Las cámaras de seguridad buscan filmar al que va a robar, no detectar si hay algo que pueda actuar en la inseguridad de las personas.
—¿Cómo razonar en el caso de Young?
—En el caso de Young, aparecen algunas declaraciones, por ejemplo del Director del Hospital, que dice “lo que pasó tiene una explicación, tal vez forma parte de eso tan irracional que es el entusiasmo, que se contagia cuando estamos todos juntos por un esfuerzo común”. Entonces de algún modo, ¿el entusiasmo de estar juntos en un esfuerzo común es algo irracional y como es algo irracional puede provocar lo que provocó? No hay nada de eso. Está macanudo que la gente se entusiasme y que ponga todo su esfuerzo en algo común. ¿Qué tiene de irracional eso? ¿Por qué habría irracionalidad en tratar de mejorar, en este caso, un hospital? Además está esa idea de que si es irracional es malo y si es racional es bueno. Hay que decir entonces que Hitler es bueno por ser racional, no cabe duda. En realidad el tema va por otros lados.
El cura, por su parte, dice que todo fue por un “exceso de amor”. ¿Cómo puede haber un exceso de amor? No es ningún exceso, la gente es solidaria, tiene necesidad de ser solidaria.
En el caso de Ycuá-Bolaños yo trabajaba ese tema, porque la solidaridad viene después: cuando la gente va corriendo a ayudar y de algún modo aparecía en Paraguay la solidaridad como una compensación. Es decir, “hay cosas horribles, pero hay solidaridad”. O en el caso del tsunami, cuando Tony Blair habla también de un exceso de solidaridad: nunca dimos tanta plata hasta que nos sorprendió esto del tsunami que mató a 260 mil personas de un saque. La gran solidaridad aparece como un equilibrio ante a una desgracia frente a la cual “no se podía hacer nada”. Pero la solidaridad no es irracional, lo que ocurre es que la solidaridad cotidiana no la vemos, ni la solidaridad del pobre, vemos la solidaridad del rico que saca la billetera. En ese sentido, en Young alguien rico sacó la billetera que no había sacado antes y pone la plata que necesitaba el hospital. Es el desastre momentáneo lo que lo lleva a sacar la billetera.
—También ocurrió un problema de auto-inculpación de la gente por ese “exceso” de solidaridad. Como por ejemplo, una de las mujeres que resultó seriamente herida en declaraciones a Canal 10 señalaba que se sentía culpable por haber participado en el evento sin haberse inscripto antes...
—En este tipo de fenómenos ocurren muchos problemas de tipo ético. Los sobrevivientes de los campos de concentración pueden sentirse culpables porque no murieron. El Gral. Viola, que fue uno de los violadores de los derechos humanos en la Argentina pudo decir “de algún modo todos aceptaron, todos son culpables” por lo acontecido en la dictadura. Entonces como a todos nos cabe una parte de culpa es lo mismo ser un criminal de plana mayor como éstos a ser una víctima que no llegó al grado de ser mortal.
Hablemos de responsabilidades, no de culpas. Porque si uno habla de culpas parece que eso requiere una sanción o algo por el estilo. En el caso de Ycuá-Bolaños era muy claro el tipo de responsabilidad sistémica: ¿qué pasa éticamente con una persona que se rige con los valores del sistema creyendo que son buenos? ¿Es distinto del soldado nazi que acepta las propuestas nazis porque cree que son buenas? ¿Son mejores éticamente determinadas propuestas de tipo neoliberal que dicen “confiá que en un futuro todo va a ser beneficioso y bueno para todo el mundo”, que aquellos que creyeron que todo iba a ser bueno en el mundo hitleriano? Es muy fácil decir que son cosas totalmente distintas, pero hay un cierto parentesco.
—En “El caso de las puertas cerradas” tú hablás de un cierto “sentido común” del sistema que hace “naturales” este tipo de tragedias....
—Seguro, termina por ser algo obvio, de sentido común. Cualquiera sabe que se puede esquivar un impuesto y mientras pueda va a intentar hacerlo. Y esto no solo es así sólo para el gran empresario, me refiero a cada uno de nosotros. Si podemos zafar de una cosa chiquita, lo hacemos, porque de alguna manera los principios éticos no van por la asunción de responsabilidades. ¿A quién le va a hacer mal que yo tire un pucho en la calle? Hasta lo puedo hacer en broma y hasta lo puedo hacer por “hacer mal”. Son cosas chiquitas, no tienen el mismo peso que el de una tragedia, pero existe un cierto sentido común del que determinado tipo de cosas se escapan y se escapa el sistema como responsable; responsabilidades no personales ni individuales, pero que hacen que el crimen sea posible. La responsabilidad es colectiva (y) de distinto tipo.
En un caso como éste, hay algo que es clarísimo: echarle la culpa al entusiasmo de la gente y que sea un accidente. ¿El juez qué dice, antes de investigar absolutamente nada?: “fue un accidente, de eso no hay dudas”. Bueno, pero los accidentes también tienen responsables. La Policía Técnica para al automóvil que chocó con el otro, le saca fotos de arriba, abajo y de los costados para establecer responsabilidades y nadie duda que fue un accidente por el que se llevaron por delante a la viejita y la viejita murió. Sin embargo, hay responsabilidades. En este caso, me parece que la responsabilidad que se elude es la de los medios.
—Además es un accidente que se da en el marco de un montaje mediático.
—No es un accidente común, no es gente que estaba atravesando la vía y pasó el tren. ¡Es un accidente ferroviario en un país que eliminó los ferrocarriles, que además no estaba andando, que estaba siendo tirado por gente! Claro, uno lo ve después y dice “cómo no se les ocurrió hacer tal cosa”. Lo que pasa es que también uno piensa que los juegos son siempre juegos y que no puede pasar absolutamente nada porque está todo controlado, pero controlado dentro de una irresponsabilidad muy grande porque en realidad no hay ningún control. Si uno lo piensa dos minutos debe pensar que si muchas personas tiran de una máquina pesada luego va a ser difícil pararla, etcétera. Los que no seguimos los programas de televisión no sabíamos si iban a tirar de un tren o cualquier otra gansada de las que le han pedido a la gente que haga. Normalmente uno ni siquiera imagina que puedan llegar a ser peligrosas, porque de algún modo ese juego es “necesario” ya que si no lo hago no consigo el dinero para... Porque para que se apoye una determinada actividad, tengo que llamar la atención sobre ella, despertar interés de alguna forma y en nuestros días esa forma es la forma mediática. Si pongo el Hospital de Young bajo las luces, va a haber ayuda para él. Debe haber en el país un montón de hospitales, tanto o más necesitados que el de Young seguramente. Debe haber un montón de cosas que no son hospitales y que tienen necesidades. Y obviamente no hay un sistema de solidaridad que se vuelque hacia la acción de la gente guiada, organizada, sistematizada, porque cualquier sistema de solidaridad como ése supondría formas de cuestionamiento a la situación, al sistema. Entonces claro, uno no puede decir que este tipo de solidaridades estén mal, como no puedo decir que esté mal que el Banco Mundial dé préstamos para aliviar el hambre en el mundo y que ponga en su página web “nuestro sueño, un mundo sin pobreza”. Pero uno puede preguntarse ¿por qué hay un mundo con pobreza? ¿por qué el que haya un mundo sin pobreza tiene que ser un sueño? Eso no excluye que haya personas que todos los días trabajen con los pobres y que eso sea altamente valioso. Mediáticamente, ponemos algo bajo los focos de la televisión y lo hacemos visible. Mientras es invisible, es como si no existiera. ¿Es visible, por ejemplo, el Plan de Emergencia? ¿Ha sido visibilizado? Independientemente de entrar a juzgar si está bien o mal, todo el mundo lo juzga de afuera, por lo menos hasta que los medios digan “hay que ir a apoyar el Plan de Emergencia”. Ese tipo de manejo de los medios es uno de los fenómenos más difíciles de entender y de pensar hoy, pero es absolutamente clave porque mueve a acciones, las provoca. Seguramente ha provocado muchas acciones buenas: hay una cantidad de obras de bien que recibieron un montón de dinero en base a que algunas personas hicieron payasadas para distraer a otras, pero payasadas variadas que tendían a decir “he aquí un problema, ayudemos a solucionarlo”... y que “salieron bien”. Pero esta salió mal y la idea es esquivar la responsabilidad diciendo “bueno, pero hubo una buena intención”.
Entonces, dilucidar, trabajar responsabilidades es muy importante. No sé como habría que trabajar a fondo y en serio el fenómeno de Young a partir de estas ideas, pero es clarísimo que todos —y me incluyo— tiramos el problema al subconsciente y lo dejamos en la invisibilidad ahora, cuando debería ser más visible. Total, no somos de Young, está tan lejos, no lo ponemos en primer lugar, no somos parientes de las personas que fallecieron... Hubo un pequeño sacudimiento y ese pequeño sacudimiento pasó y desapareció.
En el caso del tsunami casi inmediatamente algunas personas de Naciones Unidas inventaron una frase muy buena: “hay tsunamis silenciosos”. La malaria es un tsunami silencioso, 200 mil personas mueren en el mundo por mes de esa enfermedad. Si se lograra movilizar una ayuda para proteger de la malaria como se movilizó por el tsunami se podría avanzar muchísimo y salvar muchísimas vidas. “El sida es una endemia que...” y otro discurso similar. Ya que está, lo agarra (Jacques) Chirac en un discurso en Davos y no es solo el sida y la malaria, sino el hambre, el terrorismo... todo lo que está mal en el mundo es como un tsunami silencioso y “¡cómo a ustedes los ricos del mundo en Davos no se les parte el alma y no dan no su dinero sino algunas medidas, para curar la malaria, curar el sida, eliminar la pobreza, etcétera!”. El discurso muy bien, pero no funciona.
—Ese es otro camino para hacerlo invisible: diluirlo en un sinnúmero de casos puntuales.
—Lo que se está diciendo es que el problema es tan grande que no se arregla con limosnas. Esa cantidad escandalosa de problemas en realidad son un problema y le podemos poner el nombre de pobreza. Pero la pobreza en realidad es la mitad del problema, la otra mitad es la riqueza. Entonces si una mitad del problema se soluciona con la otra mitad, ¿cómo hago para que los ricos eliminen la pobreza cuando en una de esas la acumulación de riquezas de unos es producida por la pobreza de otros, y viceversa, la pobreza de unos es causada por la riqueza de otros? Entramos en una contradicción que está en otro plano, que no es el de la acción individual, es el plano ético-político, de responsabilidad sistémica, ético-económica. En qué medida determinadas normas económicas son éticas o cometen determinados holocaustos. Por ejemplo, el planteo político de Hitler uno lo puede descalificar éticamente entre otras cosas porque necesita cometer un crimen colectivo como es el holocausto. Sin embargo, un sistema económico que está funcionando está cometiendo todos los días un crimen colectivo pero no lo vemos como un Hitler que debemos liquidar.
—Al analizar el caso paraguayo describís un tránsito del “dolor físico” al “dolor ético”. Ese tránsito implica una reflexión que, en el caso de Young no parece contar con demasiados portavoces.
—Hablé de mal, no de dolor. Clásicamente uno puede pensar que un mal físico sea el del rayo que mata a una persona; el mal ético sería el de quien mata a alguien de una puñalada. En un caso existe un responsable, en el otro no. ¿Pero qué pasa con todas estas cosas que parecen accidentes —porque la persona muere de una enfermedad curable, o en un incendio—? Parecería que no fueran males éticos sino naturales, como el chiste del mexicano que dice “si le pegaron 24 balazos es natural que haya muerto”. Como yo veo el asunto hoy es algo más complejo: las causas naturales no lo son tanto, más bien lo que ocurre es que estoy naturalizando, haciendo pasar como naturales fenómenos que son culturales, que requieren un análisis antropológico y ético para ser pensados en el sentido de qué mundo construyo y no qué mundo hay. Qué mundo construyo para que sea humano, vivible, del cual pueda ser responsable. Hoy vemos los efectos que provoca el tipo de mundo por el cual se ha optado como efectos que son analizables del punto de vista ético, no como accidente. Yo terminaba el trabajo de Ycuá-Bolaños diciendo “se va a repetir” y después vinieron Cromagnón, el tsunami. Se va a seguir repitiendo, pero además se repiten todos los días. Entonces, ¿vamos a encarar el problema y lo vamos a pensar o vamos a seguir corriendo detrás para llenar baches? La última encíclica del Papa dice que la Iglesia debe llenar baches en cualquier sistema y en cualquier situación porque en cualquier sistema y en cualquier situación va a haber algo malo y va a ser necesario el amor. Y me sorprende que el cura de Young diga que pueda haber un “exceso” de amor. Pero no se trata sólo ni tanto de llenar baches...
DE YOUNG A FRAY BENTOS
—¿Es posible extrapolar este razonamiento de Young a Fray Bentos y que lo que dentro de 20 años se adjudique a “accidentes” sea lo que está en debate actualmente en relación a las industrias contaminantes?
—El problema es que uno diría que deberían analizarse todas las perspectivas y posibles consecuencias, pero el contexto mundial tiende a no dejar ese margen. Pareciera ser que hay una idea muy arraigada, alimentada también por el sistema mediático: hay un solo sistema posible mundial, no hay alternativa frente a eso y eso pone a cada país ante la alternativa de: o me sumo al carro del progreso en las condiciones que sea o quedo al margen y no tengo absolutamente ninguna posibilidad de lo que podríamos llamar progreso. Pasa que si uno da por aceptada esa base, acepta lo que hay detrás: la base económica del mundo actual es la maximización de ganancias y según esa racionalidad una empresa cualquiera va a invertir en un mundo globalizado donde le exijan menos y le permitan llevarse más ganancia. O sea, en términos clásicos, donde pueda extraer más plusvalía, con menores salarios e impuestos y retirar un máximo de ganancia, cosa a la que está “obligada” dentro de la eticidad del sistema porque si actuara de otra manera otra empresa le ganaría de mano y obtendría mejores posibilidades de meter su producto en el mercado, etcétera. Dicho esto en un nivel muy sencillón y sin entrar en matices. Hace poco leí un artículo de un norteamericano en que el tipo defendía por qué era económicamente redituable invertir en la formación ética de los ciudadanos: sostenía que entonces se gastaría menos en el control.
Porque si quienes trabajan son gentes responsables y de palabra, etcétera, difícilmente van a ser traidores, me van a querer robar, van a hacer trampas. Entonces, formando en principios morales salgo económicamente beneficiado. Lo notable del caso es que voy a hacer las cosas éticamente buenas si y sólo si me salen más baratas. Es decir, el criterio básico no es un criterio ético, es un criterio económico. Y en tanto yo pongo en una escala de valores el obtener la mayor parte de ganancia en primer lugar, todo lo demás está subordinado a eso. Porque si no obtengo esa ganancia máxima otra empresa me sustituirá y yo seré de los necesitados de ayuda. En ese contexto resulta muy complicado lo que les pasa a países como el nuestro. ¿Por qué? Porque habría que explicitar todo esto en la negociación con las empresas y presumiblemente si uno le rompe mucho la paciencia a las empresas con todo esto, éstas pueden decir “hay otros lugares que no son Uruguay para instalarme”. Uruguay es el lugar más maravilloso del mundo, ¿por qué? Porque las empresas se fijaron en nosotros para invertir. Argentina en cambio, no es un lugar seguro para invertir, le han dicho a quien quiera saberlo.
—Esto, aún contraviniendo discursos y compromisos electorales que hablaban de preservar los recursos naturales.
—Claro, como no puedo discutirlo argumentalmente porque va a quedar muy claro que dije en un discurso que no lo voy a aceptar nunca jamás porque “prefiero morir de hambre antes de vender el rico patrimonio de los orientales” —en el fondo sigue siendo el mismo problema—, pero ese discurso se sostiene en un lugar donde no haya el bajo precio de la necesidad. Pero cuando estamos en una situación de necesidad como es el caso, vaya si lo voy a vender, porque si no lo vendo tampoco estoy cumpliendo éticamente con mis responsabilidades. Entonces ¿qué pasa?: se hace todo el acuerdo sin que nadie sepa de qué se trata y viene el otros discurso: “ténganme confianza, usted me votó, crea en mí. Porque les dije ‘festejen uruguayos’, no les dije ‘participen’”. El problema es que la participación de la gente no puede ser sólo el festejo, debe ser una participación activa. Si alguien no le ha dado participación activa, todo esto no hubiera saltado a la palestra si no fuera por Gualeguaychú. Porque hace mucho tiempo vienen escuchándose periodistas preguntando si las papeleras traerían beneficios o no y uno esperaba una respuesta sensata en el sentido de tomar algunos controles o ventajas, no el tipo de respuesta que se ha dado diciendo “bueno, las vacas, los automóviles y los cigarrillos también polucionan”. No se trata de eso, las decisiones hay que tomarlas democráticamente y argumentativamente, pero sólo se contesta bajo presión, con contradicciones. Hay una contradicción que, por supuesto, la gente no siente: yo estoy defendiendo mis derechos, no sé cuál es el problema de las papeleras pero que las pongan lejos. El tema no son las pasteras sino todo un sistema de desarrollo: ¿quién va a pagar el pato? ¿hay garantías de que no lo terminemos pagando nosotros? No las hay.
Debería preverse para el futuro que las formas de argumentar del tipo de “a nosotros nadie nos patotea” será un discurso muy macho, pero es muy irresponsable. Porque en este tipo de cosas el daño que producen es a mediano plazo y no lo vamos a ver así nomás.
Pienso en casos como esos compromisos de inversión que se establecieron con Finlandia y con Estados Unidos que tienen elementos del tipo “en caso de inconvenientes los jueces tienen que ser de fuera del país y sin contrapartida de la empresa”.
Es decir —y volviendo sí a lo de Young— si no hay previsión de accidentes, vendrán cosas mucho más graves, si ya de entrada resolvemos no preocuparnos por si algo sale mal.
LAS LOGICAS ANTIÉTICAS GENERALIZADAS EN EL NEOLIBERALISMO QUE ATRAVIESAN LAS DECISIONES COTIDIANAS
MAURICIO LANGON - FILOSOFO - MONTEVIDEO – URUGUAY
El incendio del supermercado Ycua Bolaños V, "Botánico", ocurrido en Asunción del Paraguay el primero de agosto de 2004 es uno "de los diversos holocaustos" que constituyen la "experiencia que nos ha atravesado en el siglo XX y nos ha ubicado exhaustos en las puertas del tercer milenio". Difiere de otros -asaz más famosos- en que no se hace "en nombre de"... nada; y en que no se hace "para la abolición de..." nada. [1]
Por eso es más significativo. Porque permite empezar a pensar "los holocaustos del siglo XXI". Porque permite comprender las lógicas antiéticas hoy generalizadas, y poner de manifiesto el carácter nefando de insensatas decisiones cotidianas basadas en lo que aparece como el "sentido común" de nuestro tiempo, y que -justamente por ser habituales- suelen pasar desapercibidas en su sinsentido, antieticidad e inhumanidad.
[1] Grupo No Matarás: No matarás, sentido y sinsentido de una prohibición . (Presentación de las III Jornadas), Buenos Aires, 2004: "Si hay una experiencia que nos ha atravesado en el siglo XX y nos ha ubicado exhaustos en las puertas del tercer milenio, es la de los diversos holocaustos. En nombre de soluciones finales, de reconstrucciones patrias, de limpiezas étnicas, de purgas necesarias, de seres nacionales, se ha desplegado todo un arsenal metafórico para hablar de la abolición de lo impuro, distinto, extranjero, anormal, inhumano, irracional".
El Siglo XXI se abre bajo el signo de la consolidación y agravamiento de las peores calamidades sociales ligadas a la pobreza y del anunciado fracaso de los esfuerzos por paliarlas de los organismos internacionales, principalmente los "Objetivos del Milenio" de la ONU. Los intentos por salvar o reflotar esos esfuerzos, por parte de esos actores y algunos líderes políticos de importancia del "mundo occidental" pasan por procurar pensarlos con la creación de conceptos de marcado carácter retórico, como el de tsunami silencioso , creado por Jeffrey Sachs para referirse a los desastres ligados a "las necesidades de los pobres". [1]
En esta comunicación retomo críticas que realizara a ese concepto [2] y, utilizando la noción de diversos holocaustos introducida por el Grupo No Matarás, [3] considero a las infelicidades ligadas a la pobreza en el mundo actual como un tipo específico de holocaustos [4] . De este modo creo poder proponer una constelación conceptual más potente para pensar y encarar vías de solución a esos problemas.
Resumen. El Siglo XXI se abre bajo el signo de la consolidación y agravamiento de las peores calamidades sociales ligadas a la pobreza y del anunciado fracaso de los esfuerzos por paliarlas de los organismos internacionales, principalmente los "Objetivos del Milenio" de la ONU. Los intentos por salvar o reflotar esos esfuerzos, por parte de esos actores y algunos líderes políticos de importancia del "mundo occidental" pasan por procurar pensarlos con la creación de conceptos de marcado carácter retórico, como el de tsunami silencioso , creado por Jeffrey Sachs para referirse a los desastres ligados a "las necesidades de los pobres". [1]
En esta comunicación retomo críticas que realizara a ese concepto [2] y, utilizando la noción de diversos holocaustos introducida por el Grupo No Matarás, [3] considero a las infelicidades ligadas a la pobreza en el mundo actual como un tipo específico de holocaustos [4] . De este modo creo poder proponer una constelación conceptual más potente para pensar y encarar vías de solución a esos problemas.
Mauricio Langon ·
El incendio del supermercado Ycua Bolaños V, "Botánico", ocurrido en Asunción del Paraguay el primero de agosto de 2004 es uno "de los diversos holocaustos" que constituyen la "experiencia que nos ha atravesado en el siglo XX y nos ha ubicado exhaustos en las puertas del tercer milenio". Difiere de otros -asaz más famosos- en que no se hace "en nombre de"... nada; y en que no se hace "para la abolición de..." nada. [5]
Por eso es más significativo. Porque permite empezar a pensar "los holocaustos del siglo XXI". Porque permite comprender las lógicas antiéticas hoy generalizadas, y poner de manifiesto el carácter nefando de insensatas decisiones cotidianas basadas en lo que aparece como el "sentido común" de nuestro tiempo, y que -justamente por ser habituales- suelen pasar desapercibidas en su sinsentido, antieticidad e inhumanidad.
El acontecimiento se produjo cerca del mediodía del domingo 1º de agosto de 2004, cuando aproximadamente mil personas se encontraban dentro del moderno establecimiento Ycua Bolaños V, "Botánico", que fuera habilitado en diciembre de 2001, en la intersección de la Avda. Artigas y Trinidad, Asunción, Paraguay. Era una estructura de 4000 m 2 sobre un terreno de 8.340 m 2 , que incluía las instalaciones habituales de un gran supermercado, patios de comidas y de juegos, depósitos, estacionamiento en el subsuelo, etc.
Una explosión por acumulación de gas en la chimenea de un horno provocó el incendio que se expandió rápidamente al tomar contacto el fuego con materiales altamente inflamables. El edificio no contaba con dispositivos de seguridad adecuados para prever o atacar accidentes de este tipo. Tampoco contaba con salidas de emergencia ni otras medidas de seguridad de las personas. Según la descripción de un fiscal, "era un cajón con dos agujeritos". Pero contaba con habilitación. Las inspecciones de seguridad no se realizaron o fueron ineficientes.
Las puertas de entrada y salida del supermercado, así como los portones del estacionamiento de vehículos fueron cerrados a poco de iniciarse el fuego, por guardias de seguridad que cumplían órdenes de propietarios. Varias fotos, aparecidas en la prensa, documentan los momentos en que la gente que pasaba, advirtiendo que había personas atrapadas dentro del supermercado, recurría a sillas, picos, piedras y otros elementos para intentar romper vidrios blindados, portones metálicos y paredes a fin de permitir la salida. Otras fotografías muestran las puertas cerradas del estacionamiento, los cadáveres apilados tras ellas cuando los bomberos lograron derribarlas, las filas de muertos calcinados que luego fueron ubicados en un club nocturno cercano, transformado en improvisada morgue y más tarde en lugar de oración.
Hasta la fecha se han registrado 464 muertos, alrededor de ciento cincuenta desaparecidos [6] y varios centenares de heridos de diversa magnitud (muchos, con lesiones graves por el resto de sus vidas). A más de secuelas de diverso tipo entre los familiares de las víctimas (se menciona varios suicidios) y de la impresionante conmoción que provocó en la comunidad asunceña y paraguaya en general.
Esa conmoción, sin embargo, prácticamente no ha tocado al "mundo" que se sacudió de espanto y derramó ríos de tinta por el ataque a las "torres gemelas" de Nueva York o por los atentados en los trenes de cercanías de Atocha-Alcalá de Henares, en Madrid.
Sería demasiado simplista atribuir ese desinterés sólo a la insensibilidad moral que sistemáticamente producen los medios de comunicación al hacernos cotidiano el pavor, a la ubicación excéntrica de Asunción, o al insuficiente número de víctimas. [7] No. Nuestro "caso" no ha merecido las plumas célebres del primer mundo porque no les resulta digno de ser pensado .
El incendio de Ycua Bolaños no resulta digno de ser pensado si se le asimila a una desgracia "natural" (huracán, sequía, terremoto...) o a un mero accidente . En efecto, en tales casos, la responsabilidad humana se limita, por un lado a errores, impericias, descuidos o malas praxis (de los cuales se puede aprender en previsión de desastres futuros) y, por otro lado, a transitar caminos de solidaridad , generalmente durante algunos días o semanas, hasta que una nueva o mayor emergencia mueva a (so)correr a otra parte. Estos accidentes exigen enérgicas respuestas éticas, que movilizan las capacidades humanas de acción solidaria y de uso de la razón y desarrollo del conocimiento para superar diversas falencias de origen humano o técnico para prevenirlas mejor en el futuro. Pero no parecen invitar con la misma fuerza a la capacidad humana de pensar , de preguntar en profundidad. Porque no son producto de una acción humana voluntaria, racional, conscientemente planificada, sino de fenómenos naturales o de errores humanos.
Si nuestro "caso" fuera cualitativamente asimilable a una desgracia natural o a un accidente , entonces no sería digno de ser pensado . No sería de la misma envergadura ética de aquellas atrocidades que fueron llamadas holocaustos , que son sustanciales (no accidentales) en tanto afectan la esencia misma del ser humano , al ser perpetradas por seres humanos y sobre seres humanos. En tales casos, la reflexión ética sí tiene la responsabilidad de interrogar a fondo, de discernir claramente entre las víctimas, que claman por solidaridad, justicia y reparación, y los victimarios, responsables voluntarios y conscientes de un crimen .
El "caso" Ycua Bolaños parece un mero accidente o desgracia natural. Por eso, decir que el "caso" de Ycua Bolaños es uno de los "diversos holocaustos" de nuestra época y que, como tal, es digno de ser pensado , como sostengo en este trabajo, puede sonar a algunos como disparatado, si se considera que una de sus características peculiares, que lo diferencia de cualquier otro holocausto (de Auschwitz, de Hiroshima, de Nagashaki, del Plan Cóndor...) es que no fue una acción humana consistente en sacrificar conscientemente a otros "en nombre de" algo. Igualmente excesivo y absurdo puede parecer a algunos afirmar que " la Humanidad no es la misma después del incendio del hipermercado que antes". [8] Porque, aquí, el espanto no deriva de una serie rigurosamente concatenada de acciones humanas técnica y conscientemente planificadas como medios adecuados para el logro de fines supuestamente superiores, en función de una racionalidad que haría justa y buena la atrocidad. Por el contrario, se inicia como simple accidente. Y si pasa de desgracia a crimen , de mal físico a mal ético , si se cierran las puertas, ello no se debe a la voluntad de provocar daños a otras personas, sino al deseo de proteger los propios bienes, al interpretar erróneamente que se trataba de robarlos.
Y sin embargo... sostengo que se trata de un holocausto que cambia a la Humanidad y que exige reflexión ética y filosófica radical.
Es que el caso ético, lo que hace digno de ser pensado al holocausto de Ycua Bolaños, radica, justamente, en esa característica peculiar que lo diferencia de todo otro holocausto: en la impertinencia de atribuir maldad consciente a quienes ordenaron cerrar las puertas y a quienes obedecieron esa orden.
Lo que nos permite calificar al suceso de "holocausto" es que -en circunstancias análogas y supuesto el error indicado más arriba- cualquier "buen" propietario hubiera dado la misma orden y cualquier "buen" guardia de seguridad la hubiera obedecido. [9] Y, si el cálculo hubiera sido acertado -si alguien hubiera hecho estallar bombas de estruendo y humo para crear confusión a fin de robar mercaderías o dinero- ni la decisión de los dueños, ni la acción de los guardias aparecerían a muchos como condenables...
Lo que hace más espantoso este caso es, precisamente, que ha sido obra de agentes humanos que han asumido como modelo de pensamiento y guía de la acción la lógica que orienta al sistema económico que rige el mundo , tanto para su obrar cotidiano como para la toma de decisiones en momentos de crisis y estados de excepción. Y agrava ese espanto que la lógica que está detrás de este holocausto no se muestra como criminal, atroz, antiética e inhumana. Más bien, de hecho y en términos generales, a todos se nos está proponiendo asumirla, por diversos medios, y tal vez llega a contaminar nuestro modo de ver las cosas. Quizás como el "fascismo corriente" que asumía, sin comprenderlo del todo, la lógica genocida del nazismo. Por eso es fundamental una incansable actitud alerta en este sentido.
El riesgo cierto contra el que querría prevenir en este trabajo, consiste en caer en una insensatez no menos funesta que la de los agentes de este holocausto: asumir esa misma lógica sistémica al interpretar el suceso y al proponer acciones y normas futuras , adoptando ópticas que -en vez de dirigir la mirada hacia el análisis de las condiciones éticas del sistema- reafirman las mismas omitiendo la referencia a responsabilidades sistémicas y esforzándose por reducir el problema a un accidente o a encontrar "culposos" individuales.
El espanto se funda en un modo de concebir la realidad, en una "racionalidad" o una "lógica" que organiza todo en torno al mercado, cuyo funcionamiento óptimo (el que mejor le permitiría rendir sus beneficios, es decir, hacer el bien) dependería del libre juego de la oferta y la demanda, que operaría como ley natural. Toda interferencia en esa legalidad sería una traba que impediría sus beneficios produciendo efectos maléficos.
Resulta aceptable pues, para esa racionalidad económica hoy predominante, que los propietarios de los negocios procuren maximizar ganancias reduciendo todo lo posible sus gastos, de modo de competir eficientemente en el mercado. Entra en esa lógica que se tienda a reducir los gastos en seguridad; es decir, los gastos en medidas que -asumiendo que toda empresa implica riesgos- procuran prever posibles daños y peligros -que ella podría recibir o provocar- a fin de impedirlos, minimizarlos o indemnizarlos. Esa disminución de la seguridad, a su vez, tiende a hacerse priorizando la seguridad de las cosas (mercancías, dinero), por encima de la seguridad de las personas (empleados, clientes, terceros), pues las decisiones se toman según criterios económicos, no éticos. [10] Así es comprensible que en el cálculo riesgo-beneficio, el bien de las personas (su salud, su vida) no tenga prioridad, pierda valor .
Esta degradación de lo humano, repercute fuertemente en diferentes planos. Por ejemplo, genera la aparente irresponsabilidad ética del empresario que no sería libre de optar por políticas empresariales más seguras o más humanas, pues aparece como encadenado a una lógica mercantil que lo "obliga" a desresponsabilizarse por la eticidad de sus decisiones y a desentenderse de las consecuencias de sus actos. Esta perspectiva, pervierte lo humano (que liga exclusivamente a la capacidad de optar), al pretender responsabilizar (o culpabilizar) a los "pobres" (que tienen "poca o nula capacidad de optar") y al desresponsabilizar a los "ricos" (caracterizados por su amplia capacidad de opción). [11]
Esta corrupción de lo humano se profundiza y agrava si advertimos que el hecho de no actuar según esa lógica es presentado a menudo no sólo como irracional, sino como éticamente inadmisible, pues supuestamente iría contra la competitividad que garantiza la libre competencia en el mercado que beneficia a todos.
En nombre de la competitividad y sus presuntamente incontestables beneficios "para todos", también se pide o exige a nuestros Estados que se desresponsabilicen de la seguridad de los ciudadanos y que reduzcan su intervención en defensa del bienestar, la seguridad y la justicia sociales. Cada desregulación, cada deslegislación de lo que en el pasado se consideraba "conquistas sociales", marca la medida en que un Estado va siendo inducido a desentenderse de seguridades que antaño garantizaba (y ahora nadie garantiza). Ese proceso muchas veces no es presentado como el abandono de responsabilidades éticas sociales y el aumento sustantivo de la inseguridad pública y privada, sino como una necesidad para alcanzar el bien de todos. Sin embargo, se trata efectivamente de un peligrosísimo proceso de pérdida de resposabilidad y de seguridad.
Es consecuencia de esta degradación de lo humano, que la corrupción se considere pecata minuta , cuando los agentes e instituciones estatales que incumplen sus obligaciones son estimulados a ello por la misma sociedad civil que se rasga las vestiduras cuando ocurre una desgracia de proporciones.
Tampoco puede extrañar que, en situaciones límite, como la de este caso, guardias de seguridad se transfiguren en SS y, de padres de familia que consiguieron el inseguro empleo que pudieron, desdigan su humanidad y se conviertan en un instante en "el soldado perfecto del honor, el que obedece todas las órdenes": [12] aun las éticamente inhumanas y las lógicamente absurdas.
Ahora bien, como suele atribuirse (erróneamente) a esa lógica los logros de los avances científicos y tecnológicos de la humanidad, en la medida en que todos gozamos las ventajas de esos avances, se nos hace aparecer como aprovechándonos de esa lógica, a la vez que contaminados por esa corrupción que rechazamos y como negando los avances de la humanidad. Por esta razón es necesario insistir en que condenar las consecuencias deshumanizadoras de esa lógica es una exigencia ética que no implica rechazar aquellos avances, sino reorientarlos en base a criterios humanizadores y democratizadores que los potencien y los pongan efectivamente al servicio de todos.
El proceso de desgaste ético y humano , se hace pavorosamente evidente en ciertos sucesos como el que estamos analizando. Estos casos de excepción o extraordinarios son particularmente dignos de ser pensados por eso, porque en ellos se hacen visibles los aspectos ocultos, erróneos, nefastos e inmorales que actúan ordinariamente en nuestras sociedades pero que sin que puedan ser fácilmente advertidos.
Para que no nos gane ese deterioro de lo humano es importante considerar los casos como el de Ycua Bolaños (pese y gracias a su excepcionalidad ) como sustanciales y no meramente accidentales . Porque no son debidos a la fortuita confluencia de series causales no relacionadas entre sí, sino que son consecuencias lógicas de la asunción de determinada concepción ideológica que hegemoniza la orientación actual del pensamiento y de la práctica.
También nos ganaría esa corrosión, cuando la real inseguridad a que estamos expuestos todos los días, estalla en hechos brutales que instrumentalizan personas para obtener dinero (secuestros, mutilaciones y asesinatos con fines de robo o extorsión), si ante ellos interpusiéramos interpretaciones miopes, compatibles con la lógica que venimos criticando, que caen en graves confusiones en sus demandas al buscar soluciones por el camino autoritario de incrementar las fuerzas de seguridad que, más bien, aumentan la inseguridad. [13]
En nuestro "caso", se imagina que la desgracia no se habría dado si se hubiera tenido ciertos cuidados y precauciones que se exige que se tengan (o que se jura que se tendrán) en el futuro. De modo que, se dice: "Nunca más"; "No se repetirá". Pero no se trata de accidentes , ni tampoco de insensatos actos criminales, sino de holocaustos , perfectamente "lógicos" en la concepción hegemónica del sistema dominante. Entonces, se repetirá, en la medida en que se ataque sólo las causas circunstanciales (leyes y disposiciones que no se cumplen o son inadecuadas, descuidos en la limpieza de las chimeneas o en el diseño arquitectónico, funcionarios desganados, incompetentes o corruptos, dueños egoístas y torpes, guardias obtusos), y no se ataque sus raíces profundas. No con las mismas características, ni por las mismas causas ocasionales, ni en el mismo lugar, pero se repetirá. Se viene repitiendo desde hace tiempo... [14]
El espanto produce estampidas de las interpretaciones en direcciones que dispersan el foco de atención hacia aspectos accidentales, descuidando lo sustancial: la responsabilidad del sistema en que todos estamos inmersos. Sin embargo, a través de los diversos discursos y acciones motivados en este acontecimiento, se van poniendo de manifiesto aspectos sustanciales: atrocidades no advertidas como tales, a las que ya estamos acostumbrados y nos parecen irrelevantes hasta que estalla la tragedia; marcadas regresiones en los modos de pensar y actuar ante la crisis; distintas apelaciones a la participación popular y distintas formas de ésta. Lo que sigue no pretende ser una clasificación taxonómica de tales estampidas y manifestaciones, sino una ilustración representativa de discursos y modos de pensar y actuar.
En una sesión del Senado, en que se debatía la creación de una comisión investigadora, el senador Carlos Galaverna "dijo que no valía la pena la investigación porque eso no iba a poder 'resucitar a los muertos' y que pedirla era 'hacer morbo con los muertos'." [15] La breve argumentación no hesita en retroceder hacia la negación de los saberes históricos y éticos y la utilización de falacias con tal de "no menear" el caso.
Alfredo Jaegli, por su parte, "señaló que no valía la pena salir a buscar responsables, porque lo ocurrido fue un accidente que ni siquiera una inspección municipal hubiese podido evitar". [16] La calificación de "accidente" para este caso no es adecuada, pero por otra parte, es innegable que también los accidentes pueden tener responsables.
El Senador José Manuel Bóveda, en la misma sesión del Senado del 17 de agosto de 2004 (momento en el que ya hacía días que se podía tener una noción bastante ajustada de la etiología de las explosiones y el incendio) "defendió la tesis de que lo ocurrido el 1 de agosto fue un 'atentado terrorista' y lo ligó a las masivas manifestaciones campesinas que tienen lugar en distintos departamentos del país". [17] Aquí, el ansia de encontrar culpables y de utilizar el desastre para culpar a enemigos políticos se muestra en todo su absurdo; tanto en la negación flagrante de los hechos, como en el recurso a una metodología marcadamente inmoral y de fracaso reciente. [18]
Fue claro que hubo quienes "cerraron las puertas" del supermercado en cuanto se inició el fuego "para evitar que se roben las mercaderías". [19] Fue claro que "pudo ser un accidente, pero se trató de un horroroso crimen masivo", pues "alguien impartió la criminal orden de que se cierren las puertas del supermercado" y "no hay respuesta alguna que pueda sacarnos la eterna duda de cuántas vidas se hubieran salvado de no haber existido la criminal orden de cerrar las puertas y los portones". [20]
La identificación del acto como crimen representa un avance respecto a su clasificación como accidente . Pero se orienta hacia la exigencia de "justicia contra los criminales", [21] procurando el restablecimiento de cierto equilibrio. Al no caracterizar el suceso como holocausto y no analizar la intencionalidad no criminal de la orden dada y de su ejecución, este camino conduce fácilmente a líneas de pensamiento y acción que terminan en regresiones, bloqueos o impotencias, como las que van a continuación.
Equilibrar de algún modo el daño ocasionado por los criminales mediante un castigo proporcional, no es jurídicamente posible. Rompe los ojos la desmesura (o inconmensurabilidad) entre centenares de muertos y damnificados, por un lado y la pena de hasta 5 años de prisión o multa que podría recaer sobre los principales responsables de acuerdo al delito (homicidio culposo, es decir, sin intención criminal) tipificado por la fiscal. [22]
No puede sorprender, entonces, la estampida hacia el linchamiento: "¡Los vamos a matar, vamos a hacer justicia por mano propia!", ponía en boca de espectadores indignados el diario "Última Hora". [23] Descalificar la acción de la Justicia , es condición para "justificar" la venganza, tan injusta ella como el acto que pretende equilibrar. [24] La venganza, por otra parte, al no ser realizable, amplifica la impotencia. Se presume la culpabilidad de los acusados y se exigen condiciones de reclusión más rigurosas; algunos abogados, ante presiones, renuncian a defender a los principales acusados; con insistencia se exige la renuncia de la fiscal, cuya profesionalidad se pone en duda, [25] etc. La presunción de culpabilidad de los imputados y la presión sobre abogados, introducen elementos de suma gravedad que afectan las bases éticas de la Justicia , y entorpecen su funcionamiento independiente. La sensación de insuficiencia del poder judicial (abonada por denuncias de corrupción e ineficiencia, no necesariamente vinculadas al caso) abre el paso a la descalificación del Derecho y la regresión a formas prejurídicas de justicia; es decir, a formas actualmente injustas.
"Criminales también los que diseñaron y construyeron el enorme y supuestamente moderno complejo comercial como una enorme y moderna ratonera", y "los que aprobaron los planos de construcción haciendo vista gorda a las irregularidades", y "los que deben inspeccionar y no lo hacen a cambio de dinero", y "los que siguen manejando este país hundido en un mar de corrupción y de lucro fácil, a costa de la seguridad y de la invalorable vida humana". [26]
El acontecimiento hace surgir una cadena de inmoralidades, en las que no siempre se repara, porque son parte de nuestra cotidianeidad, [27] o nos son oculatadas, o son sabidas o sospechadas, pero se las "tolera". Por eso es importante ponerlas en el tapete para que todos nos vayamos haciendo preguntas cada vez más profundas. La conmoción generada por el caso revela la criminalidad establecida . Es importantísimo insistir en ella.
Pero también a veces deja espacios para diluir responsabilidades.
"Esta tragedia puso a los paraguayos frente a la más cruda de sus realidades: la corrupción e inoperancia que reina en el país". [28] La palabra corrupción que irrumpe acusadora en muchas bocas, abarca a todo el país en el que reina, y que en ella se hunde. Se extiende como mancha de aceite que desde siempre lo pudre todo y contamina a los corruptos, a los corruptores, a los tolerantes, a los cobardes, a todos: "los paraguayos nunca fuimos capaces de reclamar a nuestras autoridades municipales y gubernamentales mayor control en los mecanismos de seguridad." [29] Las donaciones, dan lugar a sospechas y denuncias de malversación: "¿Dónde está el dinero que se donó para los tratamientos y medicamentos caros en general?", se pregunta una lectora de ABC Color. [30] Esas culpas son atribuidas genéricamente a "personas que sólo quieren aprovecharse de la situación y de la tragedia"; [31] a "quienes nos robaron siempre", y a quienes sólo cabe pedirles "por qué no dejan de robar por lo menos una vez". [32]
Estos discursos de la "corrupción" simplifican la cuestión. No deslindan responsabilidades sino que las atribuyen difusamente. En una de las citas, se personifica a la propia corrupción como "reinante"; en otra, se habla de "quienes nos robaron siempre"; en otros casos se alude vagamente a "los políticos", "las autoridades", etc. [33]
El discurso toma particular fuerza de su carácter simple y absoluto que lo hace emplear términos como "todos", "siempre", "nunca"; pero choca con dificultades insalvables. Si no puede determinar quiénes son los corruptos, tampoco puede determinar quiénes no lo son y menos garantizar que no lleguen a serlo. Entonces, está imposibilitado de proponer alternativas; no puede sugerir sacar a los corruptos y poner en su lugar a los incorruptibles . [34] Sólo podría proponer la solución simple y absoluta de una célebre fórmula argentina: "Que se vayan todos". Pero retrocede ante la radicalidad a que la llevaría la retórica de su propio discurso. No propone guillotina ni paredón, sólo eleva a los mismos presuntos corruptos reclamos de "mayor control" o pedidos de que no roben... "por una vez". Este discurso surgido de la impotencia ("los ... nunca fuimos capaces de...") potencia la impotencia ("los... debemos ahora ser capaces de pedir que...").
Así, la indignación y la sensación de impotencia de la "gente común" (normalmente excluida de formas activas de participación democrática) se canaliza en pedidos, exigencias o protestas ... dirigidas a quienes se cuestiona. De este modo, las manifestaciones de indignación popular tienden a legitimar y fortalecer las estructuras de poder en el mismo acto en que las cuestionan.
Estas presiones, que exigen conductas morales, son expresión de descontento, y también sugerencia de cambio de actitudes o de personas. Pero no llegan a asumir el principio democrático por excelencia: que el pueblo tenga poder, que tenga el control. Resultan aún menos capaces de pensar las condiciones estructurales que están produciendo la corrupción de lo humano de que hablamos más arriba.
Sin criterios de discernimiento que permitan pensar adecuadamente el caso y sin abrir canales reales de participación y control, la sensación de impotencia generalizada se seguirá potenciando a sí misma, aunque estalle con bronca de vez en cuando.
Cuando la culpabilización se generaliza sin criterios de discernimiento explícitos, [35] se extiende hasta alcanzar a todos. [36] Entonces, si todos somos igualmente culpables, nadie lo es. Nadie está en condiciones de acusar y nadie puede ser acusado. Como lo decía un dictador argentino para esquivar su responsabilidad en aberrantes violaciones de los derechos humanos: [37] "el que esté libre de culpa que tire la primera piedra". El victimario se exime de su culpabilidad, escondiéndose en la conciencia de sus víctimas a las que procura hacer sus cómplices: el inmolado nunca es inocente; el sobreviviente siempre es culpable; el victimario no es peor que ellos.
Para evitar caer en estas confusiones me parece necesario profundizar en la noción de responsabilidad y distinguir entre ser responsable y ser culpable. La responsabilidad es la capacidad que tienen los seres humanos de responder por sus acciones y omisiones, de dar cuenta de ellas, de hacerse cargo de las mismas y de sus consecuencias. También es la capacidad de responder ante situaciones dadas. La noción supone la libertad: sin ella no sería posible hablar de responsabilidad. En la medida en que somos libres, somos responsables.
Entonces, en una situación como la que estamos analizando, todos somos responsables en el sentido de tener que dar cuenta de ella (comprenderla, cuestionarla, pensarla). Digamos que es responsabilidad de todos interrogar el suceso. En este sentido podría hablarse de asumir nuestra preguntabilidad , de asumir nuestra capacidad de cuestionar radicalmente cada situación. A su vez, nuestra responsabilidad ante los hechos, abre la oportunidad de interrogarnos a nosotros mismos, de cuestionarnos en qué medida hemos eludido nuestra responsabilidad con acciones y omisiones; de indagar por las causas de los acontecimientos (incluyendo otras responsabilidades sistémicas y humanas); de preguntarnos qué debemos hacer en esa circunstancia, para darle respuestas adecuadas. Lo que implica discernir el grado de culpa que a cada quien pueda caberle en el caso, para reconocerla, para estar dispuesto a las reparaciones, indemnizaciones o penas que eventualmente correspondieren y para tomar las medidas adecuadas de modo que la situación no se reitere en el futuro.
La responsabilidad está, pues, ligada estrechamente al uso de la palabra. Asumir la responsabilidad ante algo implica pensarlo y decirlo, no callar. Es contradictoria la difundida idea de que si se es responsable no se tiene derecho a hablar, cuando de lo que se trata es, justamente, de responder.
No muchos textos resaltan claramente la responsabilidad de todos y de cada uno en este caso. Sergio Cáceres trabajó especialmente con sus alumnos este punto. Eso me parece de suma importancia, porque reconocerse responsables es la primera condición para tomar la palabra con seriedad y poder preguntar y cuestionar a fondo. Advertir la propia responsabilidad es, también, el modo más directo de darse cuenta de la responsabilidad sistémica: visualizar que siempre me callé me hace ver qué cosas me hicieron callar y por qué no debo seguir callando. "Autocriticar" nuestro silencio es requisito indispensable para romperlo. Descubrir que a uno también le alcanza la criminalidad establecida, no debe hacer creer que uno no puede o no debe hablar. Por el contrario, lo bueno sería retomar todos la propia palabra, en el momento mismo en que advertimos nuestros defectos. No la palabra para justificar silencios u omisiones, ni tampoco la palabra para excusar el daño causado o eludir las penas correspondientes; sino la palabra para denunciar al sistema que hace silenciosos e injustos, que hace homicidas y genocidas de comerciantes y empleados, que nos hace a todos acríticos y mudos. Y la palabra para reconocer, pagar y enmendar las fallas de cada uno. Sin ese discernimiento y asunción de responsabilidades, cada uno seguirá siendo víctima y también victimario en holocaustos que se seguirán repitiendo.
Escribía el arquitecto Jorge Majfud pocos días antes del incendio de Ycua Bolaños, un texto que me parece particularmente claro respecto a asumir las propias responsabilidades y exigir a otros la asunción de las suyas. "Cuando ocurre un 'accidente' en el proceso de construcción o dentro de los diez años de construido un edificio, el responsable es el técnico que proyectó y dirigió su construcción". El arquitecto es "culpable" a menos "que demuestre que dio las órdenes correctas para evitar el accidente". Y no puede alegar "error de cálculo", pues tal error sería prueba de su culpabilidad. "Si de algo debemos de carecer, aquellos a los cuales la Ley y la sociedad nos han conferido de cierto poder, es de frivolidad a la hora de tomar decisiones en las cuales está en riesgo la vida ajena, la vida de aquellos que confían en nuestros conocimientos y en nuestra seriedad ética". Sin embargo -observa- "cuando el que conduce es un hombre al cual la sociedad o el 'sistema social' le ha conferido una gran parte o casi todo el poder", cuando "la diferencia de escala en los efectos humanos, transforma lo absurdo en obsceno, un crimen en un genocidio imperdonable", las cosas no funcionan así: "los discursos éticos que justifican la impunidad de los que mandan siempre están a la orden del día". [38] Esto es lo que hay que cambiar.
En suma: entre la concentración de la bronca contra los culpables directos y la diseminación de la culpabilidad entre todos, se arriesga perder la preguntabilidad radical, condición necesaria de cualquier responsabilidad. Esa preguntabilidad que se potencia al asumir concretamente las propias responsabilidades (individuales y colectivas), que incluyen: a) la responsabilidad de cuestionarse a fondo (no para autodescalificarse sino para garantizar la honestidad y radicalidad de su preguntar); b) la responsabilidad de cuestionar radical, humana, filosófica y éticamente al sistema detectando los puntos en que éste se aparta de la orientación hacia una mayor humanidad y se dirige hacia la deshumanización; c) la reponsabilidad de cuestionar a los victimarios directos e indirectos; d) la responsabilidad de proponer orientaciones para las acciones tendientes a superar los problemas de fondo, es decir, a reorientar personas, instituciones y sistemas hacia un mundo humanizado.
La conmoción provocada mueve inmediatamente solidaridades. Movimiento digno de ser pensado.
"La sociedad tuvo que recibir un golpe demasiado duro para hacer aflorar instáneamente y a raudales aquello que parecía estaba perdido: la solidaridad." [39] "Por sobre la tragedia nos conmueven las expresiones de increíble solidaridad (...) las muchas historias de heroísmo." [40]
La solidaridad aparece pensada como reacción ante la tragedia y como algo extraordinario , épico, heroico. Sin el disparador de la catástrofe, parecería perdida; tanto, que cuesta creer que exista.
El momento de excepción, es ocasión no sólo para pensar la crisis, sino para pensar lo que ordinariamente está ocurriendo, aquello en que se van cociendo las catástrofes que estallan raramente. Por eso me parece importante criticar la conceptuación de la solidaridad como reacción y pensar su invisibilización en la realidad cotidiana, que me parecen, ambas, productos de la misma lógica que estoy criticando.
En efecto, la solidaridad debe ser pensada en primer lugar como un dato de la realidad: funcionamos todos juntos; todos y cada uno somos solidarios (somos uno solo) con el destino de la vida y de la humanidad. Sólo que, habitualmente, no vemos esa realidad; no advertimos que la solidaridad es una necesidad , y nos pasan desapercibidos mil actos solidarios de todos los días (desde la silenciosa atención que acerca a diario a tantos activistas voluntarios a los más necesitados, pasando por el cuidado solícito de cada madre a sus hijos, hasta los mil pequeños favores que nos hacemos constantemente unos a otros). La solidaridad es parte sustantiva de nuestra vida, es motor constante de nuestra acción cotidiana, no un raro fenómeno de reacción . Un hecho extraordinario la patentiza, justamente porque esa realidad y esa necesidad han construido una sensibilidad solidaria que se vuelca y se concentra en la atención a la tragedia, pero no se genera en ella. Y al mismo tiempo, patentiza la unilateralización que produce una concepción que sólo deja ver el egoísmo y la competencia entre los seres humanos como únicos motores de acción y pretende ocultar la fuerza poderosa de las motivaciones solidarias y fraternales.
Por eso no coincido con la apreciación de que "al instinto criminal asomado por las ansias del lucro se opuso el sentimiento humanitario". [41] No se trata de la oposición entre un instinto (algo casi animal) y un sentimiento (algo humano): sino entre dos concepciones de sociedad. Y rescatar una concepción solidaria exige ubicar a ésta en el plano de una realidad y una necesidad donde lo humano se instale en el nivel de la razón, la reflexión y acción ética, y no sólo en el de la sensibilidad, la instantaneidad y la reacción ocasional ante catástrofes.
Tras la oposición entre esas dos actitudes, que guían acción y reacción, es posible ver otro antagonismo más profundo: entre el "ansia de lucro" como elemento constitutivo de una lógica que estructura un sistema deshumanizador y la solidaridad, como movilizadora de un sistema humanizador. La solidaridad no entra en la lógica que venimos criticando, es incompatible con ella. Una lógica que reorientara pensamiento y acción "tomando en cuenta" que todos somos uno solo, que tenemos un destino común, que "navegamos en el mismo barco", o que todos "somos hermanos", es inconciliable con la lógica hegemónica que articula todo en torno a la "competencia", la "maximización de ganancias", las "leyes del mercado".
Es porque nociones como fraternidad y solidaridad [42] no tienen lugar en la lógica sistémica actualmente dominante (y más en general, porque -en sentido estricto- ella no es ética) que es posible, por ejemplo, que se "ahorre" en seguridad, que se privilegie las cosas sobre las personas, que "se cierre las puertas"...
Ningún auxilio de los que llegan para paliar estas desgracias, ninguna ayuda internacional, ninguna campaña de emergencia, puede servir como coartada para ocultar o minimizar las responsabilidades de esa lógica sistémica. Por eso tales limosnas resultan a veces ridículas y hasta insultantes, y son siempre insuficientes, porque son absolutamente incapaces de disimular las razones de fondo de estos acontecimientos, sus causas ancladas en las profundidades del sistema. Por eso son siempre impotentes para restablecer ningún equilibrio, para lavar ninguna afrenta, para consolar ningún dolor.
Por eso es tan absurdo intentar equilibrar daños y auxilios como lo es (tal como dije más arriba) procurar balancear daños y castigos. En cambio, la solidaridad, concebida como acabo de proponerlo, lejos de tranquilizar conciencias, permite profundizar la crítica y -a la vez- abrir caminos a orientaciones alternativas. La ecolsión solidaria hace manifiesta una contraposición cualitativa entre los núcleos centrales de dos modelos sistémicos antagónicos: por un lado uno que propicia el sacrificio personal en aras del bien común, y por otro lado, otro que propicia el egoismo y la competencia ofreciendo a los demás en holocausto a los ídolos del mercado.
A partir de la reflexión sobre este caso concreto, empírico, propongo recuperar la preguntabilidad para alcanzar una visión (teoría) "global", que permita orientar el pensamiento y la acción: cambiar la dirección de la mirada hacia la responsabilidad sistémica para enmarcar la acción eficaz hacia transformaciones de fondo. Esta orientación habilitará la construcción del juicio ético de modo que, a partir de esta experiencia sea posible el aprendizaje colectivo.
"No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro". [43]
Borges, en una de esas ficciones que pueden servir para pensar la realidad, describe dos tipos de laberintos igualmente fatales: uno firmemente clausurado, de muros y puertas infranqueables; otro de ilimitada apertura, el desierto. [44]
El espanto es global. Ycua Bolaños no es un aislado caso casual. Hace archipiélago con el incendio de República Cromañón y con otros siniestros en todo el mundo cuyas imágenes impactantes enumeran con pulcritud los canales de televisión que las banalizan.
El fuego se emparenta con el agua y lo cerrado con lo abierto cuando un "Tsunami" arrasa el Océano Índico y deja centenares de miles de muertos que no pudieron huir y millones de otras víctimas que no podrán salir, aunque no hay espacios limitados ni puertas que cerrar.
Las puertas están cerradas, aunque no haya puertas. El mundo -no por accidente - es un gran Ycua [45] en llamas del que no es posible escapar.
Las condiciones éticas del sistema justifican y hasta pretenden hacer moralmente obligatorio el encierro y la condena. "No hay prisión por deudas" rezan los códigos, pretendiendo superar situaciones ya éticamente condenadas desde el siglo XII. Pero en Argentina -por poner un ejemplo notable, y extensible a todos nuestros países- los niños quedan confinados a una vida de pobreza o a la muerte por hambre; jamás podrán escapar de esa infame deuda eterna, cuya honra exige ese holocausto. [46]
No hay salida. Podrás dejar tu quemante trabajo, pero hacia el desamparo del desempleo que anhela ser explotado. Podrás emigar de tu país hacia otro, del que huyeron tus abuelos. Pero no podrás salir del sistema.
No hay salida técnica: ninguna previsión podrá evitar otros Ycua Bolaños. No hay salida jurídica: las justas condenas a culpables individuales, no evitarán la repetición (tal vez ni siquiera servirán para escarmentar a otros, ni para hacer posible sistemas de previsión generalizada en el seno del actual sistema, como creo que lo muestra el caso de República Cromañón). No hay salida por sacrificios y acciones heroicas: por valiosas que éstas sean no pueden por sí solas establecer una cotidianeidad solidaria que las haga innecesarias. Y el suicidio, el homicidio y el holocausto, no son salidas: son el problema.
La única salida posible recorre caminos éticos. Es decir, vías de construcción de juicios que funden en razones éticas la necesidad de superar la lógica que rige el actual sistema. [47] Así, considerar este caso como holocausto (y no sólo como accidente o crimen) permite determinar con precisión las responsabilidades concretas a distintos niveles; establecer sistemas de previsión y control con participación popular; recuperar la preguntabilidad como forma de responsabilidad. Y también descubrir la responsabilidad sistémica detrás de nuestra inoperancia, de la dilución de la participación popular, de la corrupción, del relajamiento de las responsabilidades profesionales -cuyas corporaciones a veces terminan defendiendo su mala praxis de los reclamos de sus víctimas-. Y poner de manifiesto las responsabilidades específicas de los "ricos y poderosos".
Estamos en condiciones ahora de recuperar el lugar del filosofar como una orientación de la mirada que habilite asumir la responsabilidad de una preguntabilidad a fondo, para advertir la lógica que hace del actual sistema global un encierro-abierto, sin exterior. Podemos alcanzar así una perspectiva crítica en profundidad que pone en evidencia la perversión del sentido de límites y aperturas en un sistema que pretende perpetuar su dominio de modo ilimitado e incuestionado.
Planteando bien los problemas, quedarán preguntas abiertas: ¿Es posible vivir en un sistema orientado según la lógica que denunciamos? ¿A qué costo? ¿Es posible vivir humanamente en tal sistema? ¿Qué es lo que hace irrespirable su interior? ¿No resultará éticamente obligatorio intentar salir hacia un cambio de orientación sistémica? ¿procurar construir relaciones y espacios capaces de permitir la convivencia humana?
Última Hora . Asunción, Paraguay (agosto 2004) [48]
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Ref : 000017787
Date : 2005-03-11
Langue : Español
El GERM nos propone "reaccionar" frente a dos documentos que representan preocupaciones serias por el bienestar de la humanidad. Se trata de dos documentos inconmensurables que resulta fecundo poner en interrelación: las propuestas del Presidente francés Jacques Chirac al Foro Económico Mundial de Davos (25/01/05) y las propuestas recogidas en el Manifiesto de Porto Alegre, firmado por importantes intelectuales de todo el mundo en ocasión del Foro Social Mundial (29/01/05).
Propuestas inconmensurables, incluso en sus no pocos puntos de contacto, porque fueron realizadas en contextos marcadamente diferenciados por el tipo de público al que van dirigidos, por los sujetos que plantean las propuestas, por las expectativas de realización de las mismas, por los sujetos de dicha realización, por los efectos buscados. Esta inconmensurabilidad explica las diferencias de estilo, de tono y de fondo de ambos documentos.
Por esta inconmensurabilidad parece fecunda la sugerencia de considerarlos en conjunto, pues dicha consideración no podrá ser una simple "comparación" de ambos documentos, como si fueran mociones de resolución presentadas en un debate sobre un mismo asunto, ante un organismo competente para tomar resoluciones e implementarlas eficazmente. Esto permite reflexionar sobre los tipos de racionalidad que entran en juego en el contexto actual que ya no admite considerar estos asuntos según el modelo de racionalidad foral que, sin embargo, da nombre a los dos eventos que son referencia de ambos documentos. Es decir, el modelo de racionalidad argumentativa que ha sido dominante en la historia de Occidente, que toma decisiones y ejecuta acciones basadas en un fallo emitido por un tribunal competente después de sopesar los argumentos y datos aportados en sustento de las propuestas presentadas para solucionar una cuestión.
En el contexto actual dicho modelo deja de funcionar para los problemas más generales que afectan al mundo entero, desde el momento en que los sectores que detentan el poder de realizar acciones de impacto global, pasan a considerar (y hacer considerar a los demás sectores de la sociedad) que la lógica que rige el sistema mundial depende en lo sustancial de leyes inmutables (del tipo de las "leyes de la naturaleza") que por definición son también beneficiosas y que -pese a inscribirse en el marco de una racionalidad instrumental- dejan un amplio margen a la libertad (de opción, de iniciativa, de empresa), de modo que la conducta humana racional consistiría en conocer dichas leyes para actuar inteligente y libremente de conformidad con ellas. Las soluciones de las cuestiones problemáticas más generales -específicamente, las relacionadas a los efectos nefastos provocados por una "mundialización" concebida en el marco esbozado (hambre, pestes, inseguridad ante las catástrofes ambientales, etc.)- no entrarían en la competencia de las decisiones humanas (y sus formas más aceptadas de "toma de decisión", las democráticas), por la razón ya dicha: tomar decisiones que no se ajustaran a las presuntas leyes cuasi-naturales del mercado, esto es, que pusieran en riesgo el sistema económico prevalesciente o su equilibrio financiero, provocaría desajustes de consecuencias aún más graves. Tratándose, pues, de problemas de tipo científico-técnico y no ético-político-prudencial, en el marco de la lógica mencionada, los grandes problemas de nuestro tiempo deben quedar en manos de una elite de cuyas decisiones somos beneficiarios todos.
Este cuadro permite visualizar dos tipos de estrategias en quienes están preocupados por solucionar dichos grandes problemas actuales, dependientes ambas del contexto en que están situados sus actores. Los dos documentos pueden considerarse ejemplos relevantes de estos tipos de racionalidad estratégica, inconmensurables en tanto se inscriben en juegos distintos. Pero que comparten una alta probabilidad de ineficiencia.
No me referiré aquí al Manifiesto de Porto Alegre, analizado en la reacción de Viscardi, sino sólo al discurso del Presidente de Francia.
Chirac despliega la estrategia de un país desarrollado, cuyo peso económico, político y militar está lejos de ser decisivo en la actualidad, pero que busca un mayor liderazgo ideológico procurando incidir en la reorientación del mundo en perspectiva ético-política, apoyado en una larga tradición humanista.
Esa estrategia incluye, por cierto, otros muchos interlocutores y espacios de actuación (varios de los cuales aparecen mencionados hacia el final del documento). Pero, aquí, habla en representación de su país ante agentes de la oligarquía(1) económica que concentra el más amplio poder de decisión y acción a nivel planetario, al menos en los aspectos económico-financieros.
En los límites de esta estrategia, el discurso de Chirac se inscribe en una racionalidad argumentativa foral acotada a sus interlocutores. Reconoce de hecho, en ese Foro, un tribunal competente para avalar o aprobar, apoyar y ejecutar (parcial, pero eficientemente) sus propuestas, tendientes a la construcción de un mundo menos injusto. Su objetivo es convencerlo.
Su inteligente argumentación se articula en torno a una catástrofe natural (el tsunami, "le raz-de-marée qui vient de ravager l'Océan Indien") que pone de manifiesto por un lado, la amplitud de la fosa que separa ricos y pobres en materia de seguridad y, por otro lado, la solidaridad humana que desata esta tragedia de inmensas proporciones.
Poniendo el dedo en ese punto sensible le es posible tejer una argumentación que liga lo ético con lo económico en un interés común a ricos y pobres. En efecto, la magnitud del desastre hace tomar conciencia de que la humanidad comparte un mismo destino,(2) nos hace a todos uno solo (es decir, solidarios) en ese desafío de solidaridad del cual depende el porvenir de la mundialización.(3)
Dando un paso más, Chirac engloba hambrunas, enfermedades infecciosas, violencias, revueltas, anarquía, migraciones desordenadas, extremismos y terrorismo en el concepto "atrapante" de tsunamis silenciosos.(4) Pretende así dar cuenta de los más diversos y devastadores efectos cotidianos y permanentes derivados del funcionamiento ordinario de una organización económica del mundo librada a la legalidad del mercado y fundada en la desigualdad, tratándolos como si fueran extraordinarias catástrofes naturales.(5) Y queda así "atrapado" en un tipo de racionalidad trágica que (al no distinguir entre desgracias debidas a fenómenos naturales y desgracias u holocaustos debidos a fallas o crímenes de los hombres y sus instituciones, y al no detectar responsabilidades humanas y sistémicas relacionadas con las desgracias naturales) se coloca en una situación de incomprensión que le imposibilita proponer soluciones eficaces a esos problemas.
La argumentación tiene fuertes supuestos. Da por descontado que ninguno de los graves problemas que enfrenta el mundo actual es consecuencia de (o está relacionado con) la lógica que hegemoniza el sistema mundial. Por el contrario a la misma se le atribuyen exclusivamente efectos benéficos para todos: "El dinamismo del Occidente y su modelo económico sin rival, suscitan orgullo legítimamente. Se apoyan sobre el trabajo, el espíritu de innovación, la libertad de empresa y el estado de derecho. Con la liberalización de los intercambios comerciales y la difusión del progreso científico, la mundialización permite a centenares de millones de mujeres y hombres mejorar su condición, en China, en India o en América Latina".(6) Al mismo tiempo que en esas afirmaciones la salvación del mundo queda inexorable y exclusivamente ligada dinamismo y al modelo económico de Occidente, queda aceptado y legitimado que la "mundialización"(7) se identifica exclusivamente con ese modelo y que es él quien "permite" "mejorar" (¿quizás hasta humanizar?) a los seres humanos del resto del mundo, que inevitablemente quedan instalados como pacientes, como receptores pasivos de la acción dinámica, eficaz, benéfica, solidaria de los "occidentales". El discurso parte de la afirmación de la desigualdad entre los seres humanos y, al hacerlo, convalida y la establece. La fosa entre ricos y pobres queda legitimada. Y lo queda a través de la acción caritativa que los primeros pueden ejercer sobre los segundos, para reducir la pobreza, jamás para eliminarla o abolirla. Porque al mismo tiempo que se la "combate", se la instituye y se la peremniza.
Es sobre esas bases (y no sobre una concepción igualitaria, fraterna o humanista) que la argumentación apela a la ética. Una vez ubicados todos los males en el mismo concepto de tsunamis y caracterizadas como "naturales" -y por ende inevitables- las raíces de todo mal, queda descartada toda responsabilidad moral en los tsunamis (silenciosos o no); una vez ubicados todos los bienes en los países ricos de Occidente y su modelo económico, las cuestiones éticas se reducen a apelar a la sensibilidad de los ricos (personas, empresas, países) para pedirles que financien con sobrantes de su dinero acciones que procuren paliar los efectos más graves, más antihumanos, de tales catástrofes.
Tal apelación resulta insuficiente. En efecto, al fundarse las acciones "solidarias" que se proponen a los ricos en los beneficios del modelo económico de Occidente, es lógico que aquellas no deban entrar en contradicción con éste. De modo tal que, si las propuestas "solidarias" pudieran llegar a afectar dicho modelo, habría que descartarlas. Es decir, el planteo ético no solamente renuncia a su universalidad (pues se refiere en exclusividad a qué debe hacer un sector de la humanidad, no todos), no solamente excluye las cuestiones relativas a la responsabilidad en la génesis de los distintos tipos de catástrofes de que se trata, sino que, además, la exigencia ética queda subordinada a su valoración económica.
Tomo un ejemplo en la argumentación cuando se refiere a los tsunamis silenciosos: "Estos dramas, estos desarreglos,(8) exigen una reacción colectiva y solidaria. No es sólo un deber de humanidad. Es también el interés bien comprendido de los países más favorecidos".(9) Aparentemente, el recurso al "interés", sería una argumentación complementaria, prescindible. Sin embargo, el hecho mismo de que se se sienta en la necesidad de recurrir a ella indica su papel central. En efecto, si el "deber de humanidad" fuera, para Chirac, argumento suficiente para convencer de sus propuestas, la referencia complementaria al "interés" propio sería totalmente inútil y aun debilitaría la fuerza ética del primer argumento; por lo cual parecería mejor -a los efectos de lo que se pretende- prescindir del débil recurso a la ventaja propia. El hecho de que, sin embargo, eche mano del argumento del interés propio, muestra que, en realidad, éste es el único argumento capaz de convencer, revestido de razones de humanidad. Porque si la "reacción colectiva y solidaria" no llegara a ser favorable a ese interés... entonces, el "deber de humanidad" se mostraría insuficiente para convencer de realizarla.
La insistencia en argumentos "complementarios" economicistas, unida a la argumentación "terrorista" que recurre al miedo a la rebelión, muestra que éstos son los argumentos de fondo que procuran convencer al auditorio, y no los argumentos morales y éticos: "Una inmensa mayoría de la población (...) espera todavía, pero no esperará indefinidamente la concreción de las promesas del progreso".(10) (El desarrollo) "Es una cuestión de moral. Es, para el sistema económico abierto (...) la mejor de las garantías y la mejor inversión para el porvenir".(11) "La juventud de África, de Asia, de América Latina reivindica a justo título su derecho al porvenir (...) Cuidado con su revuelta".(12) "Esta situación está llena de amenazas. Ella es moralmente inaceptable. Es también una absurdidad económica".(13) "La exigencia moral, la exigencia de paz y seguridad y el interés económico se juntan".(14)
El discurso deja entrever una tensión de fondo entre las valoraciones ética y económica: en caso de conflicto entre ellas, si "interés" y "humanidad" no coincidieran, ¿cuál prevalece? Entre las valoraciones éticas y las económicas: ¿cuál tiene prioridad? En un cuadro "clásico" uno diría que la ética, ya que su reflexión incluye fines (entre otros, al ser humano) mientras que la económica se refiere a medios (incluso los seres humanos en tanto "recursos"). Pero en el contexto actual (y muy específicamente en el contexto en que está hablando Chirac) la tendencia es invertir los valores y someter a la ética (y con ella a cualquier requerimiento humano, como por ejemplo, alimentación, salud, vivienda, trabajo, educación) a su consideración económica: habrá solidaridad, comida, salud, etc., si y sólo si cada una de ellas es capaz de demostrar fehacientemente que es una inversión redituable, que tiene buena tasa de retorno; es decir, que deja ganancia a los posibles inversores. En caso contrario, el esfuerzo de éstos seguirá otros caminos, dado que su fin no es ayudar a otros sino maximizar las propias ganancias.
Pero reconocer el conflicto actual entre lo ético y lo económico ya sería ponerse fuera de la lógica "capitalista". Por ello, el marco de racionalidad que el discurso supone en sus destinatarios no sólo obliga al mismo al tipo de argumentación que hemos considerado, también lleva a una fuerte restricción de las propuestas presentadas.
No estoy en condiciones de analizar las propuestas concretas que presenta Chirac. Pero me parece evidente que las mismas se preocupan muchísimo no sólo de su posible aceptación global por los interlocutores, sino también de su posible viabilidad concreta en el corto plazo, sin afectar de ningún modo los intereses económicos de la oligarquía a la que se dirige. De ahí que sea visible que un discurso que comienza por referirse grandilocuentemente a muchos de los grandes problemas de la humanidad en la actualidad, termine por proponer una serie reducida de modestísimas medidas concretas relativas a la vacunación y al SIDA. Al mismo tiempo, sin embargo, propone ensayar diversos caminos de ayudas financieras en un marco global de apoyo al desarrollo.
En suma: el contexto concreto condiciona en gran medida el discurso y sus propuestas. La estrategia racional de Chirac me parece aceptar el contexto y, por tanto, moverse en el estrecho margen de maniobra que el mismo le deja, a fin de intentar obtener algo (aportes para el desarrollo que permitan paliar algunos de los efectos más graves del modelo económico prevaleciente), cuya importancia no puede dejar de considerarse positivamente. A costa de un duro precio en debilidades teóricas y limitaciones prácticas, cuyos efectos en el mediano y largo plazo no parece posible evaluar positivamente, ya que implica sostener, legitimar y consolidar la orientación global insolidaria y antiigualitaria del sistema, que produce holocaustos y agrava las catástrofes naturales profundizando la brecha entre ricos y pobres.
(1) Empleo aquí este término simplemente en el sentido de poder de acción detentado por pocos, en oposición a "democracia".
(2) "A l'heure du monde ouvert, l'humanité, dans sa diversité, mesure combien elle partage une même destinée".
(3) "...cet enjeu de solidarité dont dépend l'avenir même de la mondialisation".
(4) " Cette catastrophe doit provoquer un éveil des consciences. Car le monde souffre de façon chronique de ce que l'on a appelé, d'une formule saisissante, les " tsunamis silencieux ". Famines. Maladies infectieuses qui déciment les forces vives de continents entiers. Violences et révoltes. Régions livrées à l'anarchie. Mouvements migratoires non maîtrisés. Dérives extrémistes, terreau fertile au terrorisme."
(5) Cfr. Langon, M.: El caso de las puertas cerradas. En: http://www.mondialisations.org/php/public/art.php?id=17651&lan=ES En ese trabajo, profundizo en estos conceptos en relación al siniestro del supermercado Ycua Bolaños V, en Asunción del Paraguay.
(6) "Le dynamisme de l'Occident, son modèle économique sans rival, suscitent légitimement la fierté. Ils s'appuient sur le travail, l'esprit d'innovation, la liberté d'entreprise et l'état de droit. Avec la libéralisation des échanges commerciaux et la diffusion du progrès scientifique, la mondialisation permet à des centaines de millions de femmes et d'hommes d'améliorer leur condition, en Chine, en Inde ou en Amérique Latine"
(7) No por casualidad siempre en singular.
(8) Nótese la insistencia en considerar los graves problemas sociales de nuestro tiempo, que el propio Chirac considera "crónicos", como desórdenes "accidentales", circunstanciales, casuales; como "desarreglos".
(9) "Ces drames, ces dérèglements exigent une réaction collective et solidaire. Ce n'est pas seulement un devoir d'humanité. C'est aussi l'intérêt bien compris des pays les plus favorisés".
(10) "une immense majorité de la population, dans les campagnes ou dans les bidonvilles, attend encore, mais n'attendra pas indéfiniment la concrétisation des promesses du progrès"
(11) "C'est une question de morale. C'est, pour le système économique ouvert et la civilisation humaniste que nous avons en partage, la meilleure des garanties et le meilleur investissement pour l'avenir".
(12) "La jeunesse d'Afrique, d'Asie, d'Amérique Latine revendique à juste titre son droit à l'avenir. Elle lui apportera son énergie et son talent, pourvu qu'il lui soit donné de le faire. Prenons garde à sa révolte".
(13) "Cette situation est lourde de menaces. Elle est moralement inacceptable. Elle est aussi une absurdité économique."
(14) "l'exigence morale, l'exigence de paix et de sécurité et l'intérêt économique se rejoignent".
El portal de información, investigación, formación y observación sobre los procesos de mundialización en curso
(Comunicación a la 4ª sesión de trabajo de las XII Jornadas de Pensamiento Filosófico "Las ideas del siglo XXI". Buenos Aires, FEPAI, 8 y 9 de abril de 2005)
Mauricio Langon
Resumen. El Siglo XXI se abre bajo el signo de la consolidación y agravamiento de las peores calamidades sociales ligadas a la pobreza y del anunciado fracaso de los esfuerzos por paliarlas de los organismos internacionales, principalmente los "Objetivos del Milenio" de la ONU. Los intentos por salvar o reflotar esos esfuerzos, por parte de esos actores y algunos líderes políticos de importancia del "mundo occidental" pasan por procurar pensarlos con la creación de conceptos de marcado carácter retórico, como el de tsunami silencioso , creado por Jeffrey Sachs para referirse a los desastres ligados a "las necesidades de los pobres". [49]
En esta comunicación retomo críticas que realizara a ese concepto [50] y, utilizando la noción de diversos holocaustos introducida por el Grupo No Matarás, [51] considero a las infelicidades ligadas a la pobreza en el mundo actual como un tipo específico de holocaustos [52] . De este modo creo poder proponer una constelación conceptual más potente para pensar y encarar vías de solución a esos problemas.
Uno de los orígenes del filosofar ha sido y es el asombro o espanto ante grandes desgracias que conmueven y mueven a filosofar.
El siglo XX sacudió los cimientos de la torre de naipes construida sobre la racionalidad "civilizatoria" occidental y culmina en la formación de subjetividades que, ante ese espanto, no se asombran ni filosofan: se espantan y salen en estampida renunciando a pensar.
El siglo XXI será "deleuziano". También en el sentidos de que competirán exitosamente contra el filosofar, como creadores de conceptos, la mercadotecnia, la publicidad y las burocracias internacionales, que pensarán en vez de la gente y establecerán controles a través de contraseñas conceptuales cuya repetición permitan el acceso a las condiciones para hablar. Espantos efímeros (como la caída de las Torres Gemelas) harán correr a acciones tanto o más espantosas que inmovilizarán el pensamiento, la crítica, la resistencia, y llevarán constantemente a (so)correr de un lado a otro atendiendo inútilmente catástrofes sucesivas (Ycua, el tsunami, Cromañón...) sobre el fondo invisibilizado del hambre y su cohorte de infelicidades. El siglo XXI, bajo el signo de las desgracias ligadas a la pobreza y ante el fracaso de sus principales "actores" y "líderes", seguirá produciendo tanques creadores de eslóganes conceptuales para que nosotros reiteremos. El más reciente: el tsunami silencioso .
La fórmula tsunami silencioso designa el fondo invisibilizado del hambre con el fin de indicar que las desgracias ligadas a ellas -aunque los medios las oculten- merecen la ayuda de los privilegiados tanto como las víctimas del devastador Tsunami del 26 de diciembre de 2004, que se beneficiaron de "sobreabundancia de generosidad" (T. Blair). Sachs creó ese concepto para referirse a la malaria, y Malloch-Brown lo aplicó al sida, enfermedades cuyas víctimas fatales mensuales son equivalentes al total de muertos del tsunami. El propio Sachs amplió el concepto para referirlo a las "necesidades de los pobres" y Chirac lo extendió hasta el absurdo: "el mundo sufre de manera crónica de lo que se ha llamado, con una fórmula atrapante, los 'tsunamis silenciosos'. Hambrunas. Enfermedades infecciosas que diezman las fuerzas vivas de continentes enteros. Violencias y revueltas. Regiones libradas a la anarquía. Movimientos migratorios desordenados. Derivas extremistas, terreno fértil para el terrorismo". [53]
El Tsunami y los tsunamis silenciosos tenían en común el ser catástrofes naturales, mientras eran la malaria o el sida. Pero cuando pasan a ser las migraciones, la violencia, el hambre, las necesidades de los pobres, tales infelicidades no pueden ser reducidas a fenómenos "naturales". Tenían en común un número de víctimas fatales comparable, pero ahora ocurre que algunos provocan muchísimas más (hambrunas) y otros quizás ninguna (migraciones). Tenían en común su efecto particularmente devastador entre los pobres, pero no necesariamente entre ellos seleccionan sus víctimas el extremismo o la violencia. De modo que lo que sigue en pie es justamente la nota diferencial entre ambos "tipos de tsunami": que uno es un fenómeno extraordinario, accidental, mientras que el otro tiene carácter crónico, cotidiano.
Entonces, más allá de su impacto retórico, comienzan los problemas del concepto de tsunami silencioso . Que trata problemas sociales (males éticos) como si fueran naturales (males físicos), tragedias debidas a un hado ineluctable. Que trata asuntos donde hay víctimas y victimarios, como si fueran situaciones en que sólo hay víctimas, sin responsables ni culpables. Que trata problemas crónicos, como si fueran accidentales.
Por eso sugiero otra conceptualización para considerar este tipo de problemas que, en general, podríamos llamar catástrofes o desventuras .
Distinguir, por un lado, las catástrofes de origen natural, en las cuales hay víctimas y no victimarios, para las que podríamos reservar términos que aluden a su carácter causal y casual, excepcional y necesario, como: desastre , siniestro y accidente . Y, por otro, aquellas catástrofes que implican mal ético, acciones humanas libres que las provocan, que podríamos calificar de desgracia (del punto de vista de la víctima) y de crimen (del punto de vista del victimario). Estos fenómenos pueden alcanzar gran duración , hacerse crónicos , sufrirse cotidianamente, transformarse en un estado de infelicidad .
El término Holocausto (y Auschwitz ) se ha usado para designar el crimen perpetrado por el nazismo contra el pueblo judío. Para crímenes y desgracias particularmente atroces y de efectos masivos, para etnocidios , genocidios o masacres (Ana Zagari), para las catástrofes que conocen su origen en la pobreza, hablo de holocaustos (asumiendo la propuesta del grupo "No matarás" de hablar de diversos holocaustos ) pues tienen en común con el Holocausto (Auschwitz) el tratarse de fenómenos masivos donde se puede hablar de mal ético y distinguirse responsabilidades; con víctimas, victimarios y sobrevivientes; con características de "sacrificio de sangre"; cuya superación exige una particular relación con la memoria .
En ese sentido cabe distinguir dos tipos de holocaustos . Uno, del tipo Auschwitz , donde los victimarios cometen actos atroces "en nombre de" alguna idea u objetivo presuntamente superior (otros ejemplos serían: Hiroshima, el Plan Cóndor, etc.). Y otro tipo de holocaustos, donde los victimarios no necesariamente realizan actos en sí mismos atroces, sino que realizan acciones aparentemente irrelevantes del punto de vista ético, que se rigen por "razones" propias de una "lógica" que puede contar con un alto grado de aceptación, pero que necesariamente producen desgracias o infelicidad masivas. Así, por ejemplo, en determinadas circunstancias, decisiones tan "inocentes" o "justas" como exigir el pago de deudas, procurar el máximo beneficio a costa de polución ambiental, no invertir en sanidad o sistemas de seguridad de las personas, etc., pueden transformarse en crímenes masivos, en horrorosos holocaustos.
Más, este segundo modo de cometer holocaustos , puede transformar ciertas situaciones que inicialmente no serían más que desastres naturales de reducidos efectos, en masacres de consecuencias masivas. Tales fueron los casos de Ycua Bolaños , el Tsunami y Cromañón . Un análisis similar podría realizarse respecto a algunas pestes, sequías, contaminaciones, huracanes, etc. Cabe prever que el Siglo XXI pueda traernos también desastres naturales producidos por decisiones humanas, de los cuales la ruptura de la capa de ozono, el efecto invernadero y los cambios climáticos que le están ligados son los primeros aspectos perceptibles.
El holocausto permanente que es la pobreza hace de todo el mundo una cámara de gas , un Ycua sin salida, que obliga a pensar en términos éticos también lo "natural" y lo que ha sido "naturalizado" (por ejemplo: las innúmeras muertes por hambre y pestes que anualmente reducen el número de personas que sufren pobreza y pareciera que "palian" sus efectos, cuando son parte de ellos). Por el contrario, "naturalizar" las catástrofes político sociales, como lo hace el concepto de tsunami silencioso , no plantea bien esos problemas y por tanto no se pone en condiciones de solucionarlos: al tratarlos como fenómenos naturales, los hace insuperables; al tratarlos como accidentales y excepcionales (y por tanto, paliables) los consolida.
MLC. 18-04-05
[1] Entretien avec Babette Stern, Le Monde , 18-01-05.
[2] Langon, M.: Dos propuestas inconmensurables (Análisis de un discurso de Chirac) En: http://www.mondialisations.org/php/public/art.php?id=17787&lan=ES Y Langon, M.: Tsunamis silenciosos (artículo en preparación para el Dictionnaire des mondialisations del GERM.
[3] Grupo No Matarás: No matarás, sentido y sinsentido de una prohibición . Buenos Aires, Universidad del Salvador, 2004.
[4] Cfr.: Langon, M.: El caso de las puertas cerradas (Incendio del supermercado Ycua Bolaños V, Asunción, Paraguay, 01-08-04). http://www.mondialisations.org/php/public/art.php?id=17651&lan=ES
· Profesor de Filosofía. Asociación Filosófica del Uruguay. Con la colaboración del Prof. Sergio Cáceres, Asunción, Paraguay. Ponencia presentada a las Terceras Jornadas Internacionales de Ética: "No matarás", Buenos Aires, Escuela de Filosofía de la Universidad del Salvador, 30 y 31 de agosto de 2004. Versión escrita completada en enero de 2005.
[5] Grupo No Matarás: No matarás, sentido y sinsentido de una prohibición . (Presentación de las III Jornadas), Buenos Aires, 2004: "Si hay una experiencia que nos ha atravesado en el siglo XX y nos ha ubicado exhaustos en las puertas del tercer milenio, es la de los diversos holocaustos. En nombre de soluciones finales, de reconstrucciones patrias, de limpiezas étnicas, de purgas necesarias, de seres nacionales, se ha desplegado todo un arsenal metafórico para hablar de la abolición de lo impuro, distinto, extranjero, anormal, inhumano, irracional".
[6] La página web www.pla.net.py incluye la lista del Ministerio Público de 426 cadáveres identificados. La misma fuente incluye los nombres de 154 personas desaparecidas. Neike ( www.neike.com.py ) da la cifra total de 464 fallecidos.
[7] Aunque duela particularmente la proporción de víctimas infantiles, y aunque sea la mayor "desgracia en tiempos de paz" del Paraguay, empequeñecido por vieja guerra genocida de la que los uruguayos seguimos sabiéndonos responsables y por ello sintiéndonos más próximos , el número de víctimas no es significativo si lo comparamos con el de las desgracias que suelen asolar a otras comarcas del mundo.
[8] Feinmann, José Pablo: El capitalismo de Ycua Bolaños; la condición humana en llamas . En Página 12 , Buenos Aires, 10/08/04.
[9] Entrecomillo "buen" porque tales órdenes y obediencias sólo pueden parecer "buenas" a condición de que se considere "buena" la reducción de las personas a una única dimensión, en este caso, su "rol" de propietario o guardia. Ese tipo de "reducciones" son bastante habituales actualmente. Sólo en algunos casos, como éste, resulta manifiesta su inadecuación. En otros, la toma de decisiones considerando una sola "escala", podría aparecer como adecuada. Pero tomar una decisión humana supone considerar las posibilidades, alternativas, escalas y dimensiones, en la mayor medida que sea posible. Agradezco a Dardo Bardier sus sugerencias que me permitieron hacer esta aclaración y otras varias correcciones y ajustes en el texto.
[10] Los criterios propios de esa racionalidad economicista se aplican también para ponerle precio a la moral. Se ha argumentado, por ejemplo, que la inversión en la formación moral de los ciudadanos, posibles consumidores-clientes-empleados-socios, es económicamente valiosa (es decir, es un buen negocio) porque tiene alta tasa de retorno , pues esa formación permitiría tener mayor confianza en las personas y así ahorrar en mecanismos de control tendientes a la seguridad de los bienes (económicos) . Cfr. Gossling, T.: El precio de la moralidad; Un análisis de personalidad, comportamiento moral y reglas sociales en términos económicos. En: Journal of Business Ethics , vol. 45, p. 121-131, 2003. El problema en esa concepción radica en que los valores de determinada ideología ("neoliberal") en determinado aspecto (económico) de la realidad, son aceptados acrítica y dogmáticamenet como criterios últimos o absolutos para valorar todos los otros aspectos de la realidad y todas las otras concepciones. Así por ejemplo, se ha preguntado, respecto a informes del Banco Mundial (que calculan el costo en dólares de abortos, muertes de madres en parto y muertes infantiles) que valoran la educación en función de su alta tasa de retorno , si -en el supuesto de que dicha tasa dejara de ser favorable, o no lo fuera en determinado lugar- habría que dejar de educar. (Cfr.: Soler Roca, Miguel: El Banco Mundial metido a educador . Montevideo, Universidad de la República , 1998). Con criterio análogo se procura a veces determinar si es económicamente redituable o no la solidaridad, la seguridad social, etc