Aportes a la comprención del neoliberalismo, el poder y la democracia.
25 de octubre de 2006 - Ricardo Viscardi
Decano de la Facultad de Ciencias de la comunicaciòn
Universidad de La Repùblica
Montevideo
Uruguay
Quedarse en la vía
Probablemente un tren expreso luciendo en su destino “TLC” haya pasado sin que nos diésemos por enterados. Si así fue, valió la pena perderlo, a la luz de lo que ganamos de paisaje a la izquierda. Sin embargo asistimos al mismo tiempo a una proliferación de crispamientos y a la multiplicación de aristas conflictivas entre derecha e izquierda. La impresión que deja la escena política es que pasamos a un segundo acto de la obra que se interpreta desde marzo de 2005. Quizás el desconcierto sea efecto de una incomodidad ante un palimpsesto que deja asomar, por debajo de lo que se dice desde 2005, una voz que pese a todo no deja de hacerse oír desde 1994 [1].
La generación espontánea de la unidad
El paro de los empresarios del transporte, del que se desolidarizaron sobre el filo de la significación política las patronales taximetristas, constituyó una alerta tanto en lo paradigmático como en lo concreto. El fantasma del golpe de Estado en Chile hace 35 años y la amenaza de una paralización económica (puerto, combustibles, alimentos) sirvió de instantáneo cemento de un compacto muro de izquierda. Incluso algún editorialista encontró demasiada distancia entre lo que amonestara hace no tanto y lo que encomia desde ahora. Esa percepción de un incómodo hiato en el concepto lo lleva a justificarse en el complot de la derecha para explicar la unidad de la izquierda [2]. Eso equivale a creer en la generación espontánea de la unidad por una mirífica intervención del deux ex machina de una intangible idealidad de izquierda.
Pocas explicaciones son menos izquierdistas en la filia conceptual, aunque una de las características históricas de la izquierda es no saber lo que hace, como corresponde a quien avanza sobre un territorio imprevisible, es decir, quien se abre paso contra resistencias y obstáculos enraizados en el terreno. Esta concepción de la energía como fuente del horizonte político no es lo que ha predominado en un gobierno inclinado a las perspectivas olímpicas, sobre todo porque “todo va bien” en la economía, al punto de escandalizarse por la tergiversación periodística de tales sargazos de realidad. Más de una vez se le dijo que lo que se dice no es mero ruido que oculta la objetividad, sino que la objetividad, en tanto que ajena a la polémica, es una manifestación logofóbica del mismo discurso que se pretende acallar [3].
Ahora, tras haber anunciado tantas veces que el lobo no está, que está en la Argentina entre piqueteros desmelenados, al primer enfriamiento de la globalización vía Tío Sam, se eriza la piel de muchos ante el aullido en la comarca. ¿No habíamos cursado invitaciones al mismísimo lobo feroz en son de unidad nacional para conjurar la amenaza populista que siempre nos acecha desde el peronismo consuetudinario de nuestros vecinos? ¿No nos abrazábamos hasta con culebras? ¿Cómo incluir en una misma perspectiva política la convocatoria a la unidad nacional en términos estratégicos de ayer y la acusación de faltar a los procedimientos democráticos de hoy [4]? ¿Estamos ante una orientación o ante un vaivén?
El canto de sirena nacional
La barba de Lula, tan comentada por los medios, hubiera debido servir de espanta-perspectivas, pero por el contrario, antes que propiciar el remojo de las vecinas, seducía por la frondosa capilaridad económica. El sufrido balotaje de hoy, así como una escueta declaración internacional que reúne tanto a centenas de intelectuales como a partidos políticos, muestran a las claras que no se quiere volver atrás, aunque se ha vuelto difícil, en medio de la bonanza de los índices, repetir Lula. No es un saldo muy lucido ni para un comentario de balanza de pagos.
Al mismo tiempo, con el giro que tomó el gobierno Lula, los intereses de la derecha han logrado un objetivo estratégico en la región que sólo puede compararse con el golpe de Estado de 1964. El Partido de los Trabajadores surge desmantelado y dividido, con múltiples alternativas escindidas de su seno. La derecha se ha revitalizado entre sus propias filas y vuelve a lucir verosímil en el plano de la gestión y los logros. El halo místico que la izquierda luce desde la gesta cubana en América Latina y que tuvo tantas figuras mártires en el propio Brasil, se ve reducida a una leyenda intraducible en perspectiva estratégica.
Sin embargo, la receta no es nueva. Fue probada ampliamente en Europa, con las socialdemocracias sucesivamente en el poder desde los años 80. Generando efectos análogos, entre ellos el de corrupción, con variantes de grado significativas, es cierto, pero sin dejar de articularse en una misma puesta a punto institucional, incorporada en el desarrollo mundialista del capitalismo, la tecnología y los mercados internacionales. Liberada ahora de sus famosas rémoras nacionalistas, aunque por una internacionalización de derecha, la izquierda no es nada, desde el momento en que se la entiende como cristalización de Estado. La razón no es complicada desde nuestra propia experiencia y nos la predican desde los años 80 quienes no se obnubilan en una objetividad de otrora: el poder en tiempos de matrices tecnológicas y de idiosincrasias masificadas no es supérstite, sino de red social [5].
Pero las mallas de esa red o son nacionales, sino que corresponden a escalas de inversión, de mercado, de tecnología y de comercio por las que transitan alegremente los límites fronterizos entre los estados. En estas condiciones, la representación nacional se convierte en justificación internacional, desde el momento en que lo propio nacional no es institucional por delegación de intereses y visiones, sino discursivo por el sello de una impronta enunciativa e idiosincrática. Ante ese cambio de escala del poder, por la misma subordinación en el terreno a la tecnología y la idiosincrasia, las instituciones de Estado sólo pueden someterse a la cultura de la globalización o apoyarse en la globalización de la contracultura. La pretensión tecno-intelectual de jugar el juego de macro-equilibrios mundialistas a partir de una sustentación alter-global gira rápidamente a la mascarada o a la debacle.
Esas improntas de inconsistencia rondan de alguna forma en todos los actuales gobiernos izquierdistas de América Latina, diferentemente mediadas por circunstancias nacionales. Mientras Lula ve perforarse su base de sustentación, tras aceptar las reglas del propio sistema que lo llevó a jugar su juego para denunciarlo después, Chávez cuenta a su favor con haber forzado la mano multinacional, abriendo curso a la energía acumulada por la desigualdad más injustificable.
El Gran Nombre del Poder
En cuanto la digitalización de los procesos de información conlleva la reducción de todos los códigos de expresión al común denominador digitalizado (el computador se ha convertido en el soporte de la comunicación [6]), el alcance simbólico de la actualidad informativa transita inmediatamente en devenir político. La “pantalla total” [7] de la globalización admite todas las posturas desde que todas jueguen el juego de la macro-eco-nomía (los Nombres de la Casa Grande), que es tanto como decir el Gran Nombre del Poder. Este Gran Nombre, lejos de suponer una designación racional de la realidad, adquiere una significación mitológica por la concentración simbólica de la dominación. Allí donde está la macro-economía está el Gran Nombre del Poder.
El dramatismo que se induce en el escenario político uruguayo en dosis generosas desde la decisión de abandonar la perspectiva del TLC, es producto de la sombra que esa decisión arroja sobre el futuro del Gran Nombre del Poder en el Uruguay. Como consecuencia del entramado de poder propio de globalización, esa percepción ata el destino estratégico a la incorporación, en el tejido social vernáculo, de las redes globalizadas de organismos financieros multinacionales, de inversión directa extranjera y de mercado mundial.
El fin del TLC señaló a fuego la inviabilidad del camino globalizador, sobre todo porque la señal provino de una diferenciación interna de la izquierda. Esto supone que el adversario de la globalización cuenta, en Uruguay, con recursos propios para erigir una alternativa, lo que constituye la peor noticia política para los intereses estratégicos de la derecha en la actualidad. Esa pésima constatación no generó ninguna estrategia alternativa, sino ante todo, la profundización de la ofensiva en varios frentes políticos que no en todos los casos se asociaban con la derecha. El registro de lugares respectivos ha sido concebido, en buena medida, desde ámbitos que tuvieron que encontrarse al límite de la imposibilidad estratégica para renunciar a tomar el tren TLC, que supuestamente pasa una única vez y lleva por destino el Gran Nombre del Poder.
Cantos rodados
Entre las acciones más visibles de hostigamiento político se encuentran el inmemorial contubernio de Sanguinetti con los militares y el desafío económico de las gremiales del transporte. El segundo merece ser percibido en su entidad propia, en razón de la carga ideológica que denota la palmaria ausencia de móviles económicos correlativos a una movilización sobreactuada. El exceso asimismo expresa con elocuencia la defensa de un proyecto de ingreso sectorial y de redistribución relativa de la renta nacional que se sobrepone, seguramente a través de sus propios fantasmas de integridad moral, a la lectura mayoritaria entre la población.
Sin embargo, el elemento más significativo proviene de la incorporación a una oposición radical de sectores que hasta el momento lucían cierto aura bienpensante. En ese sentido merece destacarse la reacción personal, aunque incluida en una pertenencia partidaria, del historiador José Rilla. En su renuncia por carta a la Comisión Organizadora del Debate Educativo (CODE) que integrara personalmente, Rilla denuncia el peligro de la hegemonía gremial radicalizada y la subsiguiente carencia de representación ciudadana genuina en la Asamblea Educativa, encargada a su vez de elaborar la futura Ley de Educación. En el marco de la conmoción que produjo su renuncia, Rilla insistió en cierto aire de familia que emparentaría la actuación dictatorial del pasado con las críticas que desde sectores gremiales y en los ámbitos de la CODE tomaría por blanco a los partidos políticos. En posteriores declaraciones, el mismo profesor descalifica posturas que vincularían las acciones tupamaras a la defensa de la democracia [8].
La significación de la postura de Rilla estriba en la reactualización de la teoría de los dos satanes que se disimula bajo la forma de una mirada histórica sobre la actuación gremial. Esta mirada llega a confirmar las peores sospechas que se dirigen contra la Historia cuando se la escribe con mayúscula, en cuanto el presente parece inspirar el pasado más de lo que se cuenta. En este caso, el presente inspira una discreta trivialización del totalitarismo efectivamente instalado en el pasado, mientras quienes lo sufrieron y le hicieron frente aparecen teñidos por los peores colores de sus verdugos. Pero la historia no sólo se escribe de la mano de los que oportunamente rasgan sus vestiduras, sino ante todo por el puño de los que luchan por sus propios medios, incluso cuando el justo medio no los justifica a priori o expost, ya que los demonios se desajustan por definición.
Otro poderoso intento de subrayado intencional por partes de lo acontecido se atisba desde ya en la lectura del presente, incluso sobre la página en redacción. [9] En ese engrosamiento de caracteres aparece un perfil de la crisis retrazado en torno a la figura presidencial, con semblanza de estratega avezado. Sin olvidar que heredamos la palabra “estrategia” del nombre de la autoridad militar griega, conviene relatar lo que se desgrana en los casos y las horas, hoy palpitantes, con lo que corresponde a cada quién.
Sin duda merece encomio y firme apoyo la resolución presidencial en la preservación de las formas democráticas, que no sólo se demostrara actualmente sino en múltiples oportunidades. Pero esa condición moral, con la significación que adquiere para ejercer un cargo de máxima responsabilidad, no puede obnubilar por mero brillo unilateral la inteligencia en su propio arranque de memoria. En este sentido las acciones de hoy no se encuentran en concordancia con las señales de ayer. Esa elaboración que apuntaba a una integración mundialista en aras del interés nacional, incluso convocando el apoyo de sectores comprometidos con el oscurecimiento de la democracia, difícilmente pueda pasar por fina elaboración del desencanto hacia la oposición que se exhibe hoy.
Se han expresado preocupaciones en torno a la índole de la izquierda [10], a su posible división y a su proyección bajo las actuales condiciones de acceso al gobierno y de creciente influencia social. Sobre esas interrogantes, nada arroja tanta luz como los acontecimientos que se acaban de desarrollar desde la relativa disolución de la perspectiva de un TLC “vía rápida”.
La significación de la ofensiva de la derecha tanto en su agudización como en su empleo de recursos de escala masiva, señala un intento de poner en línea de acción elementos decisivos, aunque más no sea en perspectiva de emplazamiento y ensayo. Esa motivación no surge sólo de la noche que parece caer sobre la idea de una globalización por súbita incorporación, sino que también emerge del vasto horizonte de fuerzas que se coaligaron, desde partidos del Frente Amplio hasta movimientos de opinión, pasando por movimientos sociales, sectores universitarios y el PIT-CNT, para hacer frente a esa propuesta globalizadora. Entonces, la causa de tanto estrépito en la derecha y por consecuencia de tanta cimentación en la línea democrática de la izquierda, surge de una división en la izquierda, que por su propio efecto trasciende y crea condiciones para una transformación de la izquierda.
La división precede porque en tiempos de intervenciones singulares y de perfiles individuados que requiere la perspectiva tecnológica, la unidad no supone fundir distintos metales de clase en un único cauce social, sino la diversificación motivada de postulaciones que exige el mundo elocuente de la técnica. El cuerpo social que ya hace mucho dejó de depender del Cuerpo del Rey requiere hoy, como condición paradójica de una comunicación virtualizada, la imagen de otro en su “pantalla y red”. [11]
Lo que se desarrolle bajo signo de aparato, no podrá sostenerse en la comunidad si no se erige sobre la base de la máxima diferenciación. La unidad presenta como condición la diferenciación y la transformación de la izquierda exige la división entre sus condiciones de emergencia enunciativa y sus condiciones de intervención operativa (gubernamental, parlamentaria, sindical, etc.).
============================================
[1] Nos referimos al fracaso de la Reforma Política propiciada por todos los partidos políticos en el plebiscito simultáneo a las elecciones nacionales. Ver sobre esta posición Viscardi, R. “1994” (julio 2005) Sección Sus Contribuciones, Groupe d'Etudes et de Recherches sur la Mondialisation, http://www.mondialisations.org/php/public/art.php?id=19769&lan=ES
[2] “La ofensiva desestabilizadora” La República (24/10/06), Montevideo, p10.
[3] Foucault, M. (1971) L'ordre du discours, Gallimard, Paris, pp.52-53.
[4] Amaral, H. “Vázquez aseguró tener "gran aprecio" por el ex comandante Díaz, pero "se equivocó"” La República (20/10/06) Montevideo, p.2.
[5] La teoría de los movimientos sociales, de Charles Tilly a Alain Touraine, de Foucault y Deleuze a Negri-Hardt es la constatación, desde los años 60 en delante, de esa transformación de la idiosincrasia política a fines del siglo XX. Ver al respecto “Diálogo sobre Imperio” en Negri, T. (2004) Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio, Paidós, Buenos Aires, pp.21-42.
[6] Bettetini, G. Colombo, F. (1995) Las nuevas tecnologías de la comunicación, Paidós, Buenos Aires, p.21.
[7] “Pantalla total” es un título de Jean Baudrillard.
[8] “Rilla: cuando hablan contra los partidos, se me eriza la piel” El Espectador (visitado el 25/10/06) http://www.espectador.com/nota.php?idNota=80534
[9] “Qué jornada! Tabaré se mantuvo firme ante embestida de la derecha” (titular de portada) La República (24/10/06) Montevideo.
[10] Rivoir, A. “Entrevista a Esteban Valenti: Ser de izquierda implica proponer soluciones” Agenda Info-Com Nº143 (visitado el 25/10/06) http://www.infoycom.org.uy/?q=node/456
[11] Baudrillard, J. (1988) El otro por sí mismo, Anagrama, Barcelona, p.9.
===============================================
Referencias bibliográficas
* Amaral, H. “Vázquez aseguró tener "gran aprecio" por el ex comandante Díaz, pero "se equivocó"” La República (20/10/06) Montevideo, p.2.
* Baudrillard, J. (1988) El otro por sí mismo, Anagrama, Barcelona.
* Bettetini, G. Colombo, F. (1995) Las nuevas tecnologías de la comunicación, Paidós, Buenos Aires.
* Cotelo, E. (entrevista) “Rilla: cuando hablan contra los partidos, se me eriza la piel” El Espectador (visitado el 25/10/06) http://www.espectador.com/nota.php?idNota=80534
* Foucault, M. (1971) L'ordre du discours, Gallimard, Paris.
* Negri, T. (2004) Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio, Paidós, Buenos Aires.
* Rivoir, A. “Entrevista a Esteban Valenti: Ser de izquierda implica proponer soluciones” Agenda Info-Com Nº143 (visitado el 25/10/06) http://www.infoycom.org.uy/?q=node/456
Artículos de órgano periodístico:
* “La ofensiva desestabilizadora” La República (24/10/06), Montevideo.
* “Qué jornada! Tabaré se mantuvo firme ante embestida de la derecha” (titular de portada) La República (24/10/06) Montevideo.
![]() |
![]() |
|||||||||||||||||||
![]() |
![]() |
![]() |
||||||||||||||||||
![]() |
||||||||||||||||||||
![]() |
||||||||||||||||||||
|
![]() |
![]() |
||||||||||||||||||
![]() |
||||||||||||||||||||