Los sofistas
Para entender cierto
psicoanalisis, el poder, el saber, la modernidad y la postmodernidad
........... Atenas está en la cumbre de su vida artística: Ictinus y Calícrates diseñan y construyen el Partenón. Fidias esculpe sus frisos. Píndaro escribe sus últimas odas. Sócrates presenta Antígona y Edipo Rey. Atenas, además, ha llegado al máximo de su democracia: se gobierna a sí misma en asamblea de todos sus ciudadanos varones adultos; cualquiera puede ser electo para cualquier posición; Pericles ha introducido el pago a los jurados para que los pobres puedan ocupar esos puestos; hay puestos públicos a los que no se llega por elección sino por sorteo. Otras ciudades griegas imitan la democracia ateniense.
La política es la principal actividad de los ciudadanos atenienses y de los ciudadanos de las ciudades que también han establecido la democracia. A cargo de todos está el gobierno de la ciudad. ¿Qué habilidades hacen falta para participar exitosamente en la vida pública? ¿Cómo se triunfa en política? Estos son los temas que ahora interesan. Estas son las preguntas para las que se quieren respuestas. Por ese tiempo habían aparecido unos señores que decían tener esas respuestas.
Los sofistas
La palabra sophistes significaba maestro en sabiduría. Como tales se presentaban estos señores que andaban de lugar en lugar, participaban en la política y cobraban por sus lecciones. Sabían o simulaban saber de todo: astronomía, geometría, aritmética, fonética, música, pintura. Pero su ciencia no buscaba la verdad sino la apariencia de saber porque ésta reviste de autoridad.
Enseñaban la areté requerida para estar a la altura de las nuevas circunstancias sociales y políticas (recordemos que la palabra areté , traducida generalmente por virtud, no tenía entonces las connotaciones morales que nuestra palabra virtud tiene; era más "lo que es propio de", como se explicó en la introducción).
La primera exigencia de esa areté era el dominio de las palabras para ser capaz de persuadir a otros. "Poder convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles", dice Protágoras. Gorgias dice que con las palabras se puede envenenar y embelesar. Se trata, pues, de adquirir el dominio de razonamientos engañosos. El arte de la persuasión no está al servicio de la verdad sino de los intereses del que habla. Llamaban a ese arte "conducción de almas". Platón dirá más tarde que era "captura" de almas.
No eran, pues, propiamente filósofos pero tenían en común una actitud que sí puede llamarse filosófica: el escepticismo y relativismo. No creían que el ser humano fuese capaz de conocer una verdad válida para todos. Cada quien tiene "su" verdad.
Los filósofos anteriores daban generalmente a sus libros el título "Sobre la Naturaleza o lo existente". Gorgias parece burlarse de ellos cuando titula el suyo "Sobre la Naturaleza o lo No existente". Con ese libro pretendió demostrar tres cosas: 1) nada existe, 2) si existiese algo no podríamos conocerlo, 3) si conociésemos algo no podríamos comunicarlo a los demás. Platón comentó: ¿Son al menos estos principios verdaderos? Si no, ¿por qué los asegura Gorgias con tanta universalidad?
Protágoras decía: "Como cada cosa me aparece, así es para mí; y como aparece a ti, así es para ti."
El escepticismo alcanzó a los dioses.
"No dispongo de medios –dice Protágoras– para saber si existen o no, ni la forma que tienen; porque hay muchos obstáculos para llegar a ese conocimiento, incluyendo la oscuridad de la materia y la cortedad de la vida humana."
Y alcanzó a las leyes de las ciudades. Antes se creía que éstas tenían origen divino, ya fuese porque Apolo hubiese inspirado directamente al legislador –tal era el caso de Licurgo, legendario fundador de Esparta– ya fuese porque los legisladores acostumbraban consultar sus proyectos de ley al oráculo de Delfos. Ahora se ha viajado suficiente para poder comparar las leyes griegas con las leyes de otros lugares y, sobretodo, se tiene experiencia de cómo se redactan y aprueban leyes en las asambleas democráticas. Los sofistas eran miembros de esas asambleas. Protágoras estuvo en el grupo enviado a Turii, en el sur de la actual Italia, para dar leyes a la nueva colonia ateniense.
Para ellos, por tanto, las leyes eran convencionalismos humanos. Normas que los hombres adoptan para no vivir como animales. En el principio se vivió así y los fuertes se aprovechaban de los débiles. Las leyes protegen al débil del fuerte. En ese sentido son convenientes, aunque no tienen otro fundamento.
Porque no tienen otro fundamento los hombres pueden transgredirlas con tal de que los demás no lo adviertan. Por la misma razón, un hombre fuerte, realmente fuerte, puede ignorar las leyes, apoderarse del poder y satisfacer sus deseos; en ello brilla la dike (ver el sentido de esta palabra en la introducción) de la naturaleza.
¿Cómo asimilaron los alumnos estas enseñanzas de sus maestros? A los atenienses no les basta ser la ciudad principal, quieren ser la ciudad que manda sobre las otras ciudades y se beneficia de ellas. Si tienen poder para hacerlo les corresponde hacerlo. Es la dike de la naturaleza. Así, disponen que ciertas causas judiciales sólo puedan ser vistas en Atenas; el tesoro de la Liga de Delos al que habían contribuido todas las ciudades de la Liga y estaba guardado en Delos, es trasladado a Atenas para uso exclusivo de los atenienses; cuando Esparta propone la paz deciden continuar la guerra entusiasmados con la moción de que, en adelante, la guerra se financie sólo con tributos de las otras ciudades. También era dike de la naturaleza que la asamblea ateniense hubiese empobrecido con excesivos impuestos a sus conciudadanos ricos; también que hábiles acusadores manipulasen las pasiones políticas de los jueces para quitar a otros sus propiedades; también que los llamados sicofantas tuviesen la habilidad de ganarse la vida chantajeando a otros con la amenaza de una demanda.
La ciencia y la moral griegas parecen en trance de muerte. Pero, si fue admirable empresa de unos griegos iniciar el camino de explicar el mundo con la razón sola rodeados como estaban de una cultura que explicaba todo con dioses, es también empresa admirable que otros griegos iniciasen la búsqueda de la verdad ética y de la verdad política en la Atenas de los sofistas. El primero en hacerlo fue Sócrates y le costó la vida.
Sócrates
Nacido por el año 470 A. C., unos ocho años antes de que el filósofo Anaxágoras llegase a Atenas. Su vida fue filosofar y enseñar. Pero no le interesaron las preguntas sobre la physis que habían interesado primordialmente a Anaxágoras y a los filósofos anteriores porque su preocupación era la conducta degradada de sus conciudadanos; en consecuencia, enfocó su curiosidad intelectual en el ser humano y en su capacidad de conocer la verdad.
Contemporáneo de los sofistas, muchos creyeron que era un sofista más, pero era exactamente lo contrario. Nunca intervino en la política. No pronunciaba discursos. No escribió nada. Según él, nunca fue maestro de nadie. Simplemente se dedicaba a conversar con quien quería conversar con él; creía que la sabiduría se adquiere en el intercambio vivo de la conversación, haciéndose preguntas y buscando juntos respuestas. Así y sólo así enseñó a pensar, a buscar la verdad y a saber que es posible alcanzarla. A diferencia de los sofistas, no cobraba por sus enseñanzas.
"Esta labor fue para la inteligencia humana de una importancia tan considerable, que uno no se extraña al ver a Sócrates dedicarse a ella como cumpliendo un mandato recibido del cielo. Se echaba de ver en él, no solamente un alto poder de contemplación filosófica (Aulo Gelio y Platón cuentan de él que a veces pasaba días y noches inmóvil absorto en la meditación), sino también, como él mismo lo decía, algo de ‘demoníaco' o de inspirado, un fervor alado, un vigor libre y mesurado, y aun quizás a veces, un instinto interior y superior que parecen revelar una cierta asistencia extraoardinaria…" (1)
La areté es conocimiento
Como los sofistas, hablaba y enseñaba sobre la areté , pero mientras los sofistas decían que no podemos conocer nada Sócrates enseñaba que la areté era conocimiento. Si el zapatero quería ser buen zapatero (tener la areté del zapatero) debía conocer primero qué es un zapato, para qué se usa, cuál es su fin, el propósito que tiene el hombre cuando lo usa; conocido esto, hay que pensar qué forma debe tener el zapato y de qué materiales debe estar hecho; conocido esto, hay que pensar cuál es el mejor método de fabricarlo, qué habilidades hay que desarrollar para hacerlo bien. Cuando se tienen todos estos conocimientos y se han conseguido las habilidades requeridas, se tiene la areté del zapatero. Hoy decimos que tal persona "entiende de zapatería" o "entiende de electricidad" y lo que está en nuestras mentes es lo que estaba en la de Sócrates cuando enseñaba que la areté era conocimiento.
Con el ejemplo de los oficios útiles y cotidianos (en el diálogo Gorgias de Platón se dice que Sócrates "siempre está hablando de zapateros, bataneros, cocineros y médicos") enseñaba que la areté de cualquier actividad o posición comienza por conocer su fin, su propósito.
Ahora bien, si se trata de la areté de todo hombre –de la que pretendían ser maestros los sofistas– Sócrates insistía que había que comenzar por el conocimiento del fin o propósito del hombre –no como general o político o panadero– sino simplemente como hombre, e invitaba a los que conversaban con él a pensar juntos cuál es el objeto del ser humano.
Sócrates no contestó él mismo a esa pregunta, pero su gran mérito estriba en haber hecho que los hombres se la hicieran y en motivarlos a tratar de responderla en la creencia de que era posible darle respuesta. Platón no sólo escribió las enseñanzas de su maestro sino las hizo avanzar por cuenta propia.
Tan convencido estaba Sócrates de que la areté era conocimiento que le parecía evidente que si los hombres llegaban a entender qué era el bien o lo justo escogerían el bien y lo justo. Nadie escogería conscientemente el mal. Los que escogen el mal lo hacen por ignorancia. Si un panadero hace mal pan es porque no sabe hacer pan y no porque quiere hacer mal pan.
El método para alcanzar la verdad
A Sócrates le preocupaba la ligereza con que se usaban las palabras en la vida normal, en especial las palabras que pretendían expresar nociones éticas, como justicia, templanza, valor, etc. Cada quien parecía usarlas en un sentido diferente produciendo una grave confusión intelectual y moral. ¿Cómo dar con el sentido verdadero de sabiduría, de justicia, de bondad?
El primer paso era reconocer la propia ignorancia. Repetía en sus conversaciones que no sabía nada, pero que era más sabio que los demás porque estaba consciente de su ignorancia mientras los otros creían saber. Quien cree saber no se esfuerza en buscar la verdad. El primer paso hacia la verdad es barrer de la mente los prejuicios, las ideas incompletas, los errores que generalmente llenan las cabezas de la gente y no dan lugar a la verdad. Hecha la limpieza, el camino queda abierto.
¿Cómo se avanza ahora? De lo particular a lo universal. Si se está hablando de justicia y se quiere saber qué es justicia, la primera etapa de la averiguación consiste en recoger ejemplos de casos particulares en los que los presentes concuerdan en afirmar que allí se obró con justicia. La segunda etapa es examinar estos casos particulares, compararlos entre sí, ver sus diferencias, ver sus cosas comunes, hasta ir dando con la cualidad –común a todos– que nos hace afirmar que en cada uno de esos casos hubo justicia. Esa cualidad común es la esencia de la justicia, su definición. Ha sido abstraída de los casos particulares por la mente humana y gracias a un poder que sólo la mente humana posee.
En los Diálogos de Platón tenemos abundantes ejemplos de cómo Sócrates se valía de este método para ir dando con la esencia de otras virtudes.
Aristóteles afirma en su Metafísica: "Dos cosas hay que atribuir con justicia a Sócrates: el argumento inductivo y la definición general." La palabra griega "inducir" dice "guiar hacia". El pensamiento inductivo guía a la mente de los casos particulares a la definición común.
Así, buscando la verdad moral y siendo exigente con sus procedimientos, Sócrates inicia la filosofía del conocimiento: el objeto del filosofar es también el saber mismo. Tratar de asegurar que se está dando con la verdad
Los Jonios, la Materia.
Hacia el año 1.100 A. C. los griegos comenzaron a fundar colonias en Jonia, costa oriental del Mar Egeo (actual Turquía). Cinco siglos más tarde, por del año 580 A. C., unos griegos de Jonia inician la ciencia y la filosofía.
Durante esos cinco siglos, los griegos desarrollaron sus competencias olímpicas, comenzaron a construir con piedra, hicieron esculturas independientes de los edificios, avanzaron en su cerámica y su música, y el genial Homero les abrió el camino de la poesía. Si la epopeya de Homero era el canto a un mundo heroico y aristocrático, la de Hesíodo, agricultor de los campos de Beocia, era campesina. Después floreció la lírica con diversas modalidades, diversos metros y en diversos lugares: Tirteo es poeta de la valentía guerrera en Esparta; Mimnermo de Colofón revela el espíritu voluptuoso de Jonia; la canción subjetiva tiene como centro geográfico la isla de Lesbos donde están Alceo y Safo. Alceo dice que la concha marina "es hija de la piedra y del mar". Así pues, cuando comienza la ciencia y la filosofía, por temprano que sea en la historia, ya Grecia tiene una cultura digna de respeto y Solón -que también era poeta- está introduciendo sus geniales reformas sociales y políticas en Atenas.
Sigue siendo sorprendente, sin embargo, que, entonces, unos griegos de Jonia comenzaran a hacerse preguntas hasta entonces no acostumbradas . Ante sí tenían otros hombres, parecidos pero diferentes, animales de tierra, animales del aire, animales del mar, plantas de diferentes formas, piedras, montañas, vientos, olas, estrellas que giraban, días y noches que se sucedían; unas cosas parecían durar, otras desaparecían, otras se destruían entre sí. Se preguntaron: ¿Qué explicación podemos dar de todo esto? Aristóteles, refiriéndose a ellos, dice que buscaron la arjé de las cosas; traduzcamos: "el principio las cosas", donde lo temporal de la palabra principio se transforma en lo que constituye las cosas, lo que hace que las cosas sean lo que son.
En la ciudad de Mileto, un señor a quien conocemos por el nombre Tales (c. 640 - c. 546) consideró que la pregunta más importante a responder era ¿de qué están hechas todas estas cosas? Llegó a convencerse de que la respuesta no podía estar en la pluralidad. A pesar del caos aparente, tiene que existir algo que es común a todo, da permanencia a todo y da unidad al todo. Algo subyacente, discernible por la razón aunque no por los sentidos. Una materia común que perdura a pesar de los aparentes cambios y que explica esos cambios. Tales de Mileto creyó que esa "sub-stancia", eso que está como debajo de todo, era el agua o la humedad.
Lo del agua o la humedad habla del estado de la ciencia de aquel inicio. Para el pensamiento filosófico importa mucho más lo otro: el entendimiento de que tiene que haber algo común y permanente; sin ello el mundo no tendría sentido.
"Lo que constituye el mérito histórico del milesio es el concepto de principio originario de todo ser, concepto que fue él el primero en ver y definir." (1)
Anaximandro (c. 610 - c. 547) y Anaxímenes (c. 585 - 528), ambos también de Mileto y discípulos de Tales, pensaron igualmente que la pregunta fundamental era ¿de qué están hechas todas estas cosas? e igualmente respondieron con una materia común, perdurable y unificadora.
Anaximandro trata de poner orden y clasificar las cosas, y observa que hay cosas como opuestas a otras, como en guerra con otras; la oposición primaria se da entre lo caliente y lo frío, entre lo seco y lo húmedo. A veces ganan unos, a veces otros. (Probablemente Anaximandro no distinguía todavía entre el "estado" de una cosa, digamos caliente, y la cosa misma). Piensa que ni lo caliente, ni lo frío, ni lo seco, ni lo húmedo, podría ser la substancia primaria del universo. No podía ser el agua o la humedad, como había dicho Tales, porque la humedad no engendra fuego, más bien lo apaga. Entonces, la arjé de las cosas, el principio de las cosas tiene que ser una masa indiferenciada (ni caliente, ni fría, ni seca, ni húmeda) de enorme extensión en la que los elementos antagónicos estaban sólo de un modo latente o potencial. Llamaba a esta masa apeiron , lo indeterminado.
Para Anaxímenes la substancia primaria era el "aire" (en griego aer que en aquel tiempo decía aire, vaho o niebla). En su estado natural es la atmósfera invisible; pero puede condensarse en niebla y agua, y aun en substancias sólidas. El "aire" en su forma más pura y más enrarecida era el elemento de la vida. Este elemento está aprisionado en el cuerpo de todo animal y de todo ser humano, es su alma.
Un discípulo decía: el alma es "una pequeña parte del dios", entendiendo por "dios" el universo. Si el aire en su forma más enrarecida es la vida y es el alma de los vivientes, y si el alma es parte del dios-universo, el universo seguía siendo para estos filósofos un ser viviente muestra de pensamiento pre-racional del que aún no logran separarse enteramente. Es curioso observar cómo estos hombres que por primera vez pretenden explicarse el mundo en que viven con sólo el instrumento de su razón, al enfrentarse al fenómeno de la vida, como que no pueden con él y vuelven a respuestas pre-racionales. Bien mirado el asunto, sin embargo, su incapacidad para explicar la vida nos habla simultáneamente de su capacidad de comprender que el fenómeno de la vida era algo muy por encima de todo lo demás. Aunque en otros asuntos evitaban el lenguaje de la religión de su tiempo, llamaron "dios" a la substancia primera, a la arjé que creyeron descubrir. Así lo hizo Anaximandro con su "apeiron" y Anaxímenes con su "aire". Se atribuye a Tales la frase: "todo está lleno de dioses".
Pero había otra razón para que aquellos primitivos científicos siguiesen pensando en la substancia común como ser viviente; ignorando el problema de la causa primera (por lo que Aristóteles los consideró "indolentes") no se preocuparon de explicar por qué la substancia común que todo lo unifica se fue haciendo otras cosas: piedra, niebla, pájaro. La substancia común -como ser viviente- suple la "indolencia" porque -por viviente- explica su propio movimiento, sus propios cambios.
Los jonios creyeron que la pregunta importante era ¿de qué están hechas todas estas cosas? Respondieron con una materia común que perdura a pesar de los aparentes cambios. Por eso se les puede llamar "materialistas", pero con un sentido distinto al que ese adjetivo tiene ahora. En el lenguaje moderno designa a la persona que ha escogido entre materia y espíritu como causa última de las cosas y niega a lo espiritual todo poder causativo. El marco mental de los jonios era otro: su materia estaba dotada de espíritu y vida.
Esta concepción de unidad entre materia y espíritu fue creando problemas y tensiones a medida que se desarrollaba el pensamiento griego; hubo que irle asignando más y más atributos espirituales a la materia, incluido el pensamiento, hasta que la unión se volvió intelectualmente insostenible y la mente de los griegos separó al espíritu de la materia.
Los Pitagóricos, la Forma.
Aunque filosofan también sobre el universo, su motivación no es la curiosidad científica, como fue el caso de Los Jonios, sino mejorar la vida de los hombres. De hecho, constituían una hermandad religosa. La había fundado Pitágoras hacia el año 530 A. C. cuando salió de su isla nativa de Samos y se fue a Crotona en el sur de la actual Italia. El hecho de que Pitágoras proviniera de Samos, también en el oriente griego, asegura el enlace con el pensamiento de los Jonios. Aunque sus discípulos fueron perseguidos y dispersados por razones políticas, en el siglo V encontramos sus comunidades en varias partes de Grecia y el pitagorismo, como escuela, tuvo larga duración.
Como los Jonios, creían que el universo en su totalidad era una criatura viviente. El aire o aliento no sólo rodea el universo sino que impregna todo y le da vida . Ese mismo aire o aliento da vida a las criaturas vivientes individuales. El aliento o vida del hombre y el aliento o vida del universo infinito y divino eran esencialmente lo mismo. El universo era uno, eterno y divino. Los hombres son muchos, divididos y mortales. Pero la parte esencial del hombre, el alma , no es mortal porque es un fragmento del alma divina, separada y aprisionada en un cuerpo mortal.
El fin del hombre es librarse de la corrupción del cuerpo y, convirtiéndose en espíritu puro, volver a unirse al espíritu universal. Mientras no lo consiga, el alma se irá reencarnado repetidamente no sólo en cuerpos humanos sino también en otros seres. El hombre, pues, es pariente de todo lo demás. Más aún, todo tiene una relación de parentesco con todo. Este principio fundamental del pitagorismo viene de antiguas creencias similares a las que los antropólogos han encontrado en otros pueblos primitivos. ¿Qué tiene que ver esto con filosofía?
Pitágoras, ciertamente filósofo, introdujo el modo filosófico cuando explica el camino de la purificación y unión con lo divino. El camino de los otros era de ritos externos. El de Pitágoras, aunque conserva los ritos, insiste en la comprensión de la estructura o forma de las cosas buenas. El estudio de los seres vivos individuales nos lleva a la comprensión de que son organismos, es decir, sus partes no son partes sueltas sino partes estructuradas, subordinadas al fin de mantener vivo al todo (la palabra griega organon significa instrumento). La vida plena y eficaz depende de la organización. Así es el mundo. El mundo es bueno y vivo y divino porque es un todo organizado y sus partes obedecen a un orden . La forma del mundo es ordenada.
Para Pitágoras, sólo lo limitado puede estar sujeto a un orden. Dicho de otra manera, sólo lo limitado puede tener partes relacionadas entre sí, subordinadas las unas a las otras. De ahí que lo limitado es bueno, y lo ilimitado es malo porque no puede ser ordenado. Llamó al mundo kosmos , palabra intraducible que mezcla referencias a orden, correspondencia y belleza.
Si el fin del hombre es irse convirtiendo en espíritu puro para identificarse con el kosmos viviente, el camino es estudiar cómo actúa y cómo es ese kosmos . Este conocimiento capacita al hombre para ser un kosmos en pequeño, imitando la estructura, la forma, el orden del universo.
Al mismo tiempo Pitágoras hizo considerables progresos en matemáticas. Tal vez el que más influyó en su modo de pensar y a la vez confirmó ese modo de pensar, fue descubrir que los intervalos de la escala musical podían expresarse con razones aritméticas entre los números 1, 2, 3 y 4. La ilimitada variedad de posibles sonidos, sometida al límite y orden de los números, se transforma en música. Ejemplo perfecto de lo que acontece en el universo.
Por tanto, para explicar el mundo en que vivimos no hay que buscar la materia de que está hecho, pues es común a todo, sino la estructura , la forma de cada cosa. El foco de atención se ha desplazado de la materia a la forma. ¿Pero qué conceptos o palabras están a disposición de Pitágoras para expresar esa variedad de formas? El había logrado expresar algunas de ellas con números y tal vez por eso dijo que "las cosas son números".
El problema del movimiento
Hasta ahora los filósofos han buscado algo permanente para explicar el mundo en que vivían, a lo que Pitágoras ha añadido el orden y la armonía. Pero, mientras los atenienses avanzaban hacia su democracia, el pensamiento griego en general también se desarrollaba y ya no resultaba natural aceptar una única substancia material como principio de todo. Además, las explicaciones que daban de la variedad de las cosas, de sus cambios y movimientos, no parecían convincentes. Surgieron así nuevos filósofos que trataron de responder a esas preguntas.
Hacia finales del siglo VI o comienzos del V, Heráclito (c. 544 - 484) contradice todo lo anterior afirmando que nada es permanente y no existe armonía. Lo que vive, vive por la destrucción de otra cosa. El fuego vive por la muerte del aire. Lo que parece armonía es tensión de opuestos. La base del equilibrio es la lucha; la lucha es buena en sí puesto que es la fuente de la vida. La arjé (principio) ya no es agua o aire o apeiron sino devenir puro, mero fluir.
El fuego proporciona una especie de símbolo del mundo. Es la mejor expresión de sus dos principios centrales: 1) todo nace de la lucha y 2) todo está en constante flujo. El fuego vive consumiendo y constantemente cambia de materia. Como así es el mundo, podemos decir que es una especie de fuego.
La respuesta que da Parménides (c. 540 - 470) es exactamente la contraria a la de Heráclito y un regreso a la materia única: los cambios y la variedad de las cosas del mundo tienen una explicación: son pura ilusión. El movimiento es imposible. La realidad es una substancia simple, inmóvil e inmutable.
¿Cómo llega Parménides a tan extraordinaria conclusión? Para entenderlo recordemos de nuevo la pobreza de instrumentos de la mente con que estos pensadores se van abriendo paso. Aquí el problema es fundamentalmente gramatical con repercusiones lógicas.
En griego, el verbo ser significa existir. Parménides tomó esto muy en serio. Decir que una cosa es tal cosa, es decir que existe . Por tanto, decir que el aire se convierte en agua es una mentira y un disparate porque si ya no es aire ya no existe y el agua, que no era, no existía. Si aceptamos el cambio aceptamos que lo que es se convierte en lo que no es, lo que existe en lo que no existe. Tampoco existe el movimiento, porque si existiese movimiento existiría espacio vacío, pero espacio vacío sería lo que no es, lo que no existe.
El mundo real, por tanto, es un algo inmutable e inmóvil. ¿Pero no nos dicen lo contrario los sentidos? Sí, y es pura ilusión. Sólo la mente capta la verdad. Parménides fue el primero en exaltar lo inteligible a expensas de los sensible y pone, así, a los griegos en la senda del trabajo abstracto de la mente sola, senda para la que los griegos dieron muestras de bien dotados. Pero el desinterés de Parménides por los fenómenos de los que nos informan los sentidos, puso a la ciencia europea -según opinan algunos- en un camino equivocado y que duró más de mil años.
El pensamiento de Parménides influyó por mucho tiempo a través de lo que se ha llamado la Escuela Eleática. Pero, por otro lado, el sentido común de otros griegos se rebeló contra la exclusividad de la razón y trató de salvar el mundo del que nos informan los sentidos.
Para Empédocles (c. 492 - 432) la arjé eran cuatro elementos que él llamaba "raíces" (raíces de todo lo demás): la tierra, el agua, el aire y el fuego. Las combinaciones diversas de estas cuatro raíces explicaban la diversidad de las cosas. Vuelve, pues, siguiendo a Pitágoras, a la importancia de la estructura o forma de las cosas.
Cada una de las cuatro raíces son algo último e irreductible. Ni nacen ni perecen. De ellas se desprenden partecitas que, juntándose con partecitas de las otras, hacen combinaciones nuevas. Lo que los hombres llaman aparecer y desaparecer es este mezclarse y separarse de las partes. El devenir, por tanto, es un mero cambio de lugar de las partes o elementos constitutivos. "Aun cuando no fueran verdaderos elementos los que él tomo por tales... mérito será siempre de él haber tenido con exactitud la idea de elemento." (2)
Pero ¿qué hace que estas "raíces" se combinen de diversa forma? Por primera vez se piensa -gran paso hacia la verdad- que debe haber una causa motriz , distinta e independiente de la materia de que están hechas las cosas. El cree necesario aceptar que son dos causas motrices, como dos fuerzas, que llama "amor" y "lucha". Fuerzas como de atracción y repulsión. El "amor" hace que los hombres hagan el bien; la "lucha" hace que hagan el mal. Por ser estas fuerzas distintas de la materia de las cosas, ¿estamos ya dando también el paso del reconocimiento de que existe algo que no es materia? Por la forma de hablar de Empédocles no parece que su concepción de estas fuerzas sea de algo no material.
Este nuevo paso lo da Anaxágoras , (c. 500 - 428) quien vivía en Atenas en tiempos de Pericles. No sólo afirma con Empédocles que debe haber una causa motriz distinta e independiente de la materia de que están hechas las cosas, sino que añade que esta causa motriz no es materia, es espíritu y gobierna al mundo, le da orden.
El paso conlleva un doble avance: 1) Ser no significa siempre ser material; la inteligencia de Anaxágoras descubre un nuevo modo de ser : el ser espiritual. 2) Puesto que el espíritu gobierna al mundo, lo somete a un orden, el mundo y sus cosas tienen un propósito ; es lo que más tarde se llamará causa final; además de buscar la causa motriz hay que buscar también la causa final, la que descubre el sentido, el propósito, la orientación de las cosas.
Comenta Aristóteles: "...cuando alguien (Anaxágoras) dijo que al igual que ocurre en los animales había también en la Naturaleza una inteligencia, que era la causa del mundo y de todo el orden de las cosas, pareció sobrio y prudente en comparación de los antiguos, amigos de decir cosas banales" (3)
¿Es este el comienzo de la aceptación de un Dios que gobierna el mundo racionalmente y al que se le conoce porvía racional? Sócrates y Platón reprochan a Anaxágoras por afirmar que el espíritu es la causa primera de todo y luego olvidarse de ese espíritu tratando de explicar todo como si no existiese. En ese sentido el paso de Anaxágoras no tuvo trascendencia.
Un tercer esfuerzo por salirse de la camisa de fuerza impuesta por Parménides es el del grupo de los llamados atomistas , del que Demócrito (c. 460 - 370) es el más conocido. En vez de las cuatro "raíces" de Empédocles, Demócrito presume que el mundo en que vivimos está hecho de unas partículas mínimas, tan mínimas que no sólo no podemos verlas sino que no pueden ser partidas (por eso las llamó "a-tomos", impartibles). Se mueven a gran velocidad. Todas son del mismo material indestructible, pero tienen diversos tamaños y formas. La diversa combinación de ellas explica los diversos seres que nuestros sentidos perciben. Cuando más apretadas entre sí, más sólido el objeto que constituyen.
¿Qué es lo que captan nuestros sentidos? Las cosas dulces están formadas por átomos lisos que agradan a nuestra lengua cuando la tocan; las agrias, en cambio, por átomos punzantes. Los colores provienen de la forma y posición de los átomos que reflejan la luz que les llega; la luz es también hecha de átomos pero particularmente finos y veloces. Los objetos emiten unas como películas (también de átomos) que conservan la forma del objeto al moverse en el espacio y, al tocar el ojo, "vemos" el objeto. Los átomos más sutiles y volátiles hacen las almas de animales y hombres. Todo es materia y todo el conocimiento de los sentidos queda reducido al tacto.
La presuposición de átomos moviéndose velozmente obliga a Demócrito a aceptar que existe el vacío en el que se mueven los átomos. Pero si todo lo que existe está hecho de átomos, ¿cómo existe el vacío? Demócrito recurre a una paradoja: "Lo que no es, existe lo mismo que lo que es". ¿Por qué se mueven los átomos? Responden diciendo que un movimiento causa al otro. Aristóteles no se quedará satisfecho con esa respuesta y señalará que los atomistas escamotean el problema del origen del movimiento en su conjunto.
Por admirables que hayan sido estos primeros esfuerzos de la razón humana para entender el mundo, no podemos ignorar que dejaban al hombre corriente en un estado de confusión. "El hombre corriente se hallaba ante el dilema de creer, con Parménides, que todo movimiento era ilusión y la realidad un todo inmóvil, o de 'salvar los fenómenos' (como tenían la insolencia de decir los otros) aceptando como realidades únicas los átomos -los átomos invisibles, incoloros, inodoros, áfonos- y el vacío. Ninguna de las dos teorías era satisfactoria ni particularmente creíble. De todos modos, si se creía a los físicos, entonces lo que ellos llamaban la physis o naturaleza real de las cosas era algo extremadamente remoto del mundo en que nos parece vivir. Si estaban en lo cierto, la naturaleza del mundo real resultaba de muy poca importancia para el hombre que tenía que tratar todos los días con un mundo completamente distinto." (4)
Se fue perdiendo el interés intelectual por la physis y la curiosidad de los filósofos se va orientar hacia la vida humana misma, hacia los problemas de la convivencia, de las leyes y del gobierno. Al fin y al cabo eran los problemas que interesaban a muchos griegos desde antes de Tales, problemas a los que había dado sabias respuestas prácticas Solón en Atenas, y a los que fueron dando sus respuestas otros políticos para bien o para mal de sus conciudadanos.
Desde los tiempos de Heráclito y Parménides Grecia estuvo en guerra con Persia bajo la dirección de Esparta. Curiosamente, vencida Persia, no es Esparta sino Atenas la que surge como ciudad principal. Atenas avanza hacia su democracia y entra a un período de gloria de su arte, invita a las otras ciudades a formar la Liga de Delos con el propósito de prepararse para una posible nueva guerra con Persia pero la Liga resultó siendo el instrumento del gobierno ateniense -la asamblea de sus ciudadanos libres- para oprimir a las otras ciudades. En el momento en que ahora estamos detenidos está a punto de comenzarla Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta.
Obviamente, los filósofos tendrán nuevos temas de qué ocuparse.
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