PENSAR LA CULTURA MAS ALLA DEL NEOLIBERALISMO Y LA POSTMODERNIDAD
UNIVERSITE PARIS 8
VINCENNES SAINT DENIS
MASTER
FILOSOFÍA Y CRÍTICA DE LA CULTURA CONTEMPORÁNEA
TESIS
“ El matema existencial como condición de la filosofía
en la obra de Alain Badiou”
ANGELINA UZIN OLLEROS
DIRECTOR
DR. STEPHANE DOUAILLER
2006
Agradecimiento
A Andrea Benvenuto , por su generosidad, por su colaboración desinteresada,
por su amistad y por compartir una vocación filosófica.
INDICE
Objeto de la investigación
Las verdades matemáticas
Las verdades poéticas (artísticas)
L a invención política
El amor como condición de la filosofía
Pensar filosóficamente el presente
Citas textuales
Bibliografía consultada
Objeto de la investigación
Nuestra existencia transcurre en la frontera
entre la palabra que nos niega
y la palabra que nos afirma,
entre la palabra que nos nombra
y la palabra que nos ignora.
Esta tesis intenta ser una lectura situada, de alguien que se dedica a la filosofía en un lugar en el mundo que, lejano y ajeno al europeo, ha permanecido nostálgico de él a través de generaciones que descienden de pueblos europeos, y que en su historia académica permanece en la enseñanza y en la difusión del pensamiento de autores franceses, ingleses, alemanes, italianos, por citar sólo algunas de sus nacionalidades.
Dedicarse aquí, en el hemisferio sur a la filosofía, es traducir y recorrer, inevitablemente, ese pensamiento foráneo y propio al mismo tiempo, extraño y familiar, cercano e inalcanzable, sin que este fenómeno resulte totalmente contradictorio, sino más bien consecuencia de un perpetuo desafío.
Escribir una tesis es ante todo inscribir un gesto en el que se reúnen pensadores, poetas, filósofos, ensayistas, en una suerte de convocatoria invisible alrededor de un problema común, de un desafío común, en resumen, de depositar el goce en esa búsqueda por resolver - desde la precariedad de nuestra presencia en el mundo - una cuestión que consideramos crucial.
Como un director de orquesta, el escribiente de una tesis invita en una gestualidad amorosa a quienes considera una autoridad en el tema. Por esta razón me permito utilizar como metáfora de la vida social, de las sujeciones históricas, de las subjetividades actuales tanto en el terreno de la teoría como en el de la praxis, esta cita de Pierre Boulez: “Me he dedicado a la dirección de orquesta como una exigencia casi diría intolerante con las obras que se espera escuchar. Quería que hubiera las mismas garantías de profesionalismo y de calidad en la interpretación de la música de nuestro tiempo y en la que se denomina repertorio. Sin esto, no hay sino una caricatura miserable” (Boulez, P. La escritura del gesto. Pág. 167).
Se trata de desplegar un gesto que convoca tanto a las ideas del pasado como a las contemporáneas, en un esfuerzo profesional por abordar los pensamientos de nuestro tiempo y los de “repertorio”. Interpretar y componer las obras de los grandes filósofos, es un honor para los autores de tesis, desde el momento en que se toma la decisión de investigar y ahondar pensamientos que se consideran dignos de investigar.
El objeto de esta tesis en particular es:
En primer lugar expresar el aporte que ha significado para nosotros el pensamiento francés por medio de su arte, su literatura y su filosofía. En segundo término, exponer y analizar qué significa en el presente histórico, estudiar y comprender la filosofía francesa en uno de sus representantes más contemporáneos, como es el caso de Alain Badiou.
Fue discípulo de Jean Paul Sartre, Louis Althusser y Jacques Lacan. Para Badiou la Filosofía no es una práctica académica sino, más bien, una manera de abordar los problemas; lo que le interesa es analizar las condiciones en las que un pensamiento se torna activo. Comparte el escenario filosófico de la Francia contemporánea con Michel Foucault, Gilles Deleuze y acques Rancière; todos ellos formaban un grupo en el que el interés y el encuentro con la política era un compromiso muy fuerte.
Los pensadores europeos, a partir del año 1975 perciben que la propuesta y la experiencia del socialismo estaban naufragando. Se anuncian, entonces, el fin de los grandes relatos y el fin de las utopías, “los nuevos filósofos” , como los denominaba Deleuze, afirmaban que la filosofía también había llegado a su fin. La crítica hacia los totalitarismos abarcaba tanto al marxismo como al fascismo. En las búsqueda de los autores intelectuales de semejante desastre político, la filosofía ocupa el banquillo de los acusados. Badiou se mantendrá en la defensa de la filosofía y en la búsqueda de una nueva forma de hacer y pensar la política.
Como él mismo lo expresa: “...nuestros filósofos, echándose el siglo sobre las espaldas y finalmente todos los siglos desde Platón, han decidido declararse culpables . Ni los científicos, tantas veces sentados en el banquillo, ni los militares, ni tan siquiera los políticos han considerado que las masacres de este sigl afectaran seriamente a su gremio. Los sociólogos, los historiadores, los psicólogos, todos medran en la inocencia. Tan sólo los filósofos han interiorizado que el pensamiento, tropezaba con los crímenes históricos y políticos de este siglo y de todos los siglos de los que éste procede, a la vez como obstáculo a toda continuación y como tribunal de una felonía intelectual y colectiva e histórica” (Badiou, A. Manifiesto por la filosofía . Pág. 8).
Para Alain Badiou la relación entre la filosofía y sus condiciones se encuentra bajo la posibilidad de un pensamiento del ser, apuesta por definir la filosofía desde un propósito fundador. Defiende la existencia de cuatro condiciones de la filosofía: el matema, el poema (o arte), la invención política y el amor.
Estas condiciones son “ procedimientos genéricos “ . Es decir que posibilitan pensar el fundamento de lo que es.
Para Alain Badiou la filosofía no es matema, ni poema (arte), ni política, ni amor; lo característico de la filosofía radica en el hecho de “ composibilitar ” estos procedimientos genéricos que, por fuera de la filosofía, operan por separado.
A su vez, estos operadores de “ composibilidad ” son capaces de pensar conjuntamente las condiciones. Pensar filosóficamente es hacer pensar esta composición conjunta de las condiciones.
La filosofía no es ciencia ni es arte, pero ella es la que compone y posibilita la conjunción de lo artístico y lo científico como operadores de verdad. De este modo articula dos términos en un neologismo: “ compossibilité “ , que une dos conceptos “ composer ” (componer) y “ possibilité ” (posibilidad).
La filosofía como producción de verdad es el procedimiento de composibilitar las operaciones de verdades matemáticas, artísticas, políticas, amorosas en lo “ acontecimental ” (événementiel).
Para Platón la condición de la filosofía es el matema, si hay matema de la verdad, éste debe construirse, según Alain Badiou, teniendo en cuenta dos cuestiones fundamentales:
A) Las verdades pertenecen a la historia, tienen por condición “ acontecimientos ” . Para Alain Badiou un acontecimiento nunca se sitúa en la globalidad de la situación en que aparece, es local, hace advenir la situación para presentar los elementos que no estaban ahí presentados.
“ Un acontecimiento es siempre localizable. ¿Qué significa esto?. En primer lugar, que ningún acontecimiento concierne, de manera inmediata, la situación en su conjunto. Un acontecimiento está siempre en un punto de la situación, cualquiera sea el significado del término 'concernir'. De manera general, es posible caracterizar el tipo de múltiple que puede 'concernir' a un acontecimiento, en una situación cualquiera. Como era previsible, se trata de lo que he llamado un sitio de acontecimiento (o al borde del vacío, o fundador) ” (Badiou, A. Imágenes de la emancipación. Entrevista Suplemento RADAR).).
B) Si la verdad es el resultado de un procedimiento “ acontecimental ” su definición debe responder a un requisito primordial: es siempre la verdad de una situación, aquella donde el acontecimiento tiene su sitio. La verdad es la verdad del ser-en-tanto-que-ser.
Esto trae como consecuencia que la verdad no es una designación exacta y acabada, no es una construcción guiada, dirigida por la estructura para la cual los nombres están a disposición.
La filosofía como producción de alguna forma de verdad, se realiza en el despliegue de esas cuatro condiciones. Como afirma Alain Badiou:
“ La verdad no es una constatación ni un juicio sino una producción, una creación, una novedad que resulta de un devenir. Desde Platón, la filosofía distinguió cuatro posibilidades: producir verdades sobre la realidad objetiva del mundo (las verdades científicas); sobre las apariencias sensibles fabricando otras apariencias (las verdades artísticas); la creación de nuevas figuras sobre la sociedad (las verdades políticas) y la creación de nuevas figuras sobre la relación íntima con los demás (las llamadas verdades amorosas). Retomando esta idea, yo sostengo que en la ciencia, el arte, la política y el amor están los grandes procesos de producción de verdad ” (Badiou, A. El ser y el acontecimiento. Pág. 201).
La verdad es una producción histórica, en eso radica su multiplicidad, su inconsistencia. Esta es una época de inconsistencia, para la cual una filosofía debe transformarse en una teoría consistente de la inconsistencia; lo que equivale a decir que debemos plantear una nueva ontología -del ser de todo lo que es- entendiendo a lo que es como lo inconsistente.
De las cuatro condiciones de la filosofía, la principal es el matema. El matema hace posible pensar lo impensable: el vacío y el infinito. Cuando Alain Badiou pretende realizar una “ontología del múltiple puro”, necesita recurrir al platonismo: “si el uno no es, nada es“ dice Platón en su Diálogo Parménides , y lo que intenta Alain Badiou es un platonismo de lo múltiple. En su propuesta se trata de una matemática fundada en una teoría de conjuntos. Un conjunto es un múltiple. Un múltiple puro es pura multiplicidad, “multiplicidad de la multiplicidad”.
La filosofía como producción de verdad en la inconsistencia, es una posibilidad, un punto de partida y no un punto de llegada; es lo que viene no lo dado; es una invención, no lo heredado. La tercera condición de la filosofía: la invención política, es el acontecimiento que no resulta ni presentado ni presentable en el conjunto social, se produce en lo que queda por hacer, en lo que se vive como posibilidad, como conjunto abierto.
El mismo Alain Badiou presenta su programa filosófico anclado en las siguientes cuestiones:
a) La necesidad de realizar una ontología de lo múltiple puro. Ya no se trata de la propuesta platónica de dar cuenta de la multiplicidad a partir de la unicidad. Mientras que para Platón lo Uno hace posible comprender lo Múltiple, en Badiou lo Múltiple se piensa en lo Múltiple Puro.
b) El planteo de la teoría del acontecimiento como suplemento azaroso. Lo Uno se reparte en la multiplicidad que deviene de la historicidad, lo que acontece le otorga a la unicidad la multiplicidad de lo azaroso.
c) La esencia de la verdad como procedimiento genérico; porque la verdad no es una situación localizable desde lo sexuado sino desde lo genérico; tampoco se trata de la tensión dialéctica entre lo particular y lo universal, lo genérico hace tanto a la “generación” de una verdad a partir de un “generar” lo verdadero desde lo humano (ni masculino, ni femenino).
d) El sujeto como fragmento local de una verdad; sujetado a una situación histórica localizable que hace, al mismo tiempo, una verdad como recorte epocal de lo enunciado como verdadero.
e) El retorno de la verdad sobre el saber a través de un forzamiento; lo verdadero se encuentra forzado por la singularidad del acontecimiento, por las realidades locales y frágiles a partir de las cuales lo genérico se particulariza y se sitúa.
La filosofía debe plantear el pensamiento del ser en tanto ser en la aceptación del múltiple puro, que se encuentra afectado por su aparecer, ya que está presentado de manera localizada. Este concepto de situación es el que define lo múltiple en términos históricos.
El acontecimiento como categoría central de esta situación en la que se desenvuelve el múltiple puro, es el objeto de una nominación y a la vez es el producto de un sujeto que lo nombra.
El sujeto que nombra el acontecimiento se identifica a su vez como sujeto de una verdad -que por ser históricamente producida- no puede ser absoluta.
Alain Badiou intenta reformular una teoría ontológica -que hace a la esencia de la producción filosófica-, desde el reconocimiento de una actualidad que considera al presente como un “cierre de la edad metafísica”. Esta clausura de toda una época del pensamiento filosófico está representada en distintas propuestas, una es la Martín Heidegger quien habla del olvido inaugural de la pregunta por el ser; otra es la de la Filosofía Analítica que reduce el pensamiento filosófico a meros juegos del lenguaje; la de Karl Marx quien declara el fin de la filosofía; hasta llegar a Jacques Lacan que admite la necesidad de la antifilosofía.
En este acuerdo por cerrar la edad metafísica, se gestan los desacuerdos en cuanto a considerar ese cierre como revolución, como retorno o como crítica; ese cierre posibilita la declamación de un planteo que pierde, olvida o abandona el esfuerzo por pensar el ser en tanto ser. Para Badiou resulta necesario continuar con el planteo ontológico del ser de lo que es, pero lo hace planteando la necesidad de las cuatro condiciones de la filosofía en una operación de reunir las verdades que producen estas condiciones desarticuladas, incomunicadas entre sí. El propósito de la filosofía es composibilitar esas producciones de verdad desde una nueva proyección ontológica.
La filosofía funda su lugar sobre “recusaciones” y sobre “declaraciones”. Recusa lo anterior, lo dado, lo heredado; esto le permite declarar un pensamiento nuevo, propio, actualizado de lo que se piensa en una actualidad.
Todo pensador está amparado por la tradición, pero al mismo tiempo se encuentra parado -situado- ante lo recibido. A quiénes responde un pensador, a quiénes acusa su pensamiento, con quiénes piensa en este preciso momento. Alain Badiou realiza el esfuerzo de pensar su época en lo actual y en lo pasado; en la actualidad que cobra un pensamiento heredado y en las consecuencias que abriga un programa filosófico anterior. Intenta reunir en su propuesta de las condiciones de la filosofía, a pensamientos fuertemente separados en el tiempo (Platón - Heidegger) pero intensamente convocados en un momento histórico.
Su intención de reconciliar la postura platónica de el matema como única condición de la filosofía, con la postura heideggeriana del poema como lo que puede posibilitar la pregunta por el ser que ha caído en olvido; ha sido denominada en este trabajo como “ matema existencial ”, su abordaje es la tesis que pretendemos defender en el presente trabajo.
Las verdades matemáticas
Iluminados por la refundación cantoriana
de las matemáticas,
podemos decir que la ontología
no es nada más que la propia matemática .
Alain Badiou
La historia de la filosofía, para Badiou, es el devenir de las “ suturas ” a una de sus condiciones. En esta cuestión debemos recurrir a su concepción de verdad, puesto que “ las ” verdades no pueden encontrarse en (a partir de) una sola condición, o para decirlo de otro modo: hay una producción de verdades científicas, artísticas, políticas, amorosas.
Básicamente, el concepto de "sutura", en la obra de Jacques Lacan nombra la relación problemática del sujeto con la cadena del discurso.
Para Badiou la filosofía al quedar suturada a una de sus condiciones, deberá edificar un espacio de composibilidad de sus condiciones genéricas, si ese espacio queda bloqueado en la sutura de una de las condiciones, la filosofía delega sus funciones a un procedimiento genérico, ya sea éste el matema, el poema, la política o el amor.
"La filosofía queda suspendida cada vez que se presenta suturada a una de sus condiciones, y se prohíbe por ello edificar libremente un espacio sui generis donde las nominaciones de los acontecimientos que indican la novedad de las cuatro condiciones vengan a inscribirse y afirmar, en un ejercicio de pensamiento que no se confunda con ninguna de ellas, su simultaneidad y, por lo tanto, un cierto estado configurable de las verdades de la época" (Badiou, A. Manifeste pour la philosophie. Page 37).
El gesto de la filosofía es el de "de-suturarse" de sus condiciones, ya que ella debe circular, transitar entre los procedimientos de verdad. Las condiciones de la filosofía son compasibles bajo la forma del acontecimiento que prescriben las verdades en el transcurso temporal.
La idea central de la propuesta de Badiou es la de su concepción de "verdad", en Grecia se dio el nacimiento de la filosofía y, especialmente, en Platón lo verdadero viene de la mano del matema, desplazando de este modo el prestigio del poema en la tragedia como su máxima expresión literaria. "No entre aquí quien no sea geómetra" es la frase platónica que prescribe el matema como condición de la actividad filosófica. La categoría filosófica de verdad, en Badiou, se identifica con un procedimiento productor de verdades, es decir, es operatoria de un conjunto de verdades que son anteriores y exteriores a la filosofía misma.
Badiou plantea que existen tres modos de interrelación entre la matemática y la filosofía, uno reconoce en la matemática un pensamiento de los primeros principios que sirven para el conocimiento del ser y de la verdad, la filosofía es una forma perfeccionada de esta concepción. En este sentido tal relación se denomina “ ontológica ” .
Otro modo entiende a la matemática como una región, una sección del conocer en general. La filosofía se propone fundar esta regionalización de la disciplina matemática; a esta determinación se la llama “ epistemológica ” .
El tercer modo separa rotundamente a la matemática de la filosofía, ya que trabaja en un registro de meros juegos del lenguaje. La matemática es una gramática singular que no piensa nada. Este modo que se denomina “ crítico ” realiza una disyunción crítica del campo propio de la matemática y del pensamiento como asunto de la filosofía.
Para Badiou la matemática es una condición de la filosofía que está lejos de ser comprendida como una instancia descriptiva del cruce matemático-filosófico, como lo demuestran los modos ontológico, epistemológico y crítico.
Como lo expresa el mismo Badiou: “ ... la tesis que sostengo toma la forma de un gesto, un gesto de reintrincación de la matemática en el dispositivo íntimo de la filosofía, dispositivo del que ella es en verdad excluida ” (Badiou, A. Conditions. Page 152).
El estado actual de la relación entre filosofía y matemática está dado por tres tendencias: el análisis gramatical y lógico de los enunciados; el estudio epistemológico de los conceptos, el comentario de los resultados actuales del análisis de los filosofemas clásicos.
De lo que se trata, según Badiou, es de salir del romanticismo, por un lado, y del enfoque técnico, por otro.
El matema es el que autoriza a las verdades, ya que las legitima en sus procedimientos para decir algo sobre el ser. Es aquí donde Badiou “ dialoga ” con Platón, con Leibniz y con Cantor, porque ellos -en diferentes momentos de la historia de las ideas- presentan algunas soluciones pero también dificultades.
Platón es quien muestra la relación estrecha entre filosofía y matemática.
“ Para Platón, la matemática es una condición del pensar, o del teorizar en general, por la razón de que constituye un punto de ruptura con la doxa , con la opinión. Esto es bien sabido. Pero aquello sobre lo cual hay que poner atención es que la matemática es el único punto de ruptura con la doxa que se haya dado como existente o constituido. La singularidad absoluta de las matemáticas es en el fondo su existencia. Todo el resto de lo que existe es cautivo de la opinión, pero la matemática no lo es ” (Badiou, Alain. Conditions. Page 160).
La principal dificultad en la propuesta de Platón radica en su conclusión, si el ser es lo uno, lo que no es uno, es decir lo múltiple, no es. Pero todo lo que se nos presenta es múltiple y no podemos tener un acceso al ser fuera de toda presentación.
A esta dificultad Badiou le dedica la Meditación Uno de L'être et l'èvènement , La salida que propone a esta dificultad es que ante la afirmación necesaria de "lo uno no es", es preciso enunciar que lo uno existe sólo como operación. A riesgo de simplificar demasiado esta propuesta de Badiou, digo que: lo uno es una operación ontológica de la verdad (como producción) que es posible gracias a la matemática.
Lo uno existe solamente como "operación", lo que equivale a decir que nunca puede ser una "presentación". Lo uno se presenta en la multiplicidad de cada uno, que se cuenta por uno. Todo lo que se presenta es múltiple, se hace presente en una situación determinada. "Llamo situación a toda multiplicidad presentada... Una situación es el lugar del tener-lugar..." (Badiou, A. L'être et l'événement. Page 34).
Como él mismo afirma, su decisión ontológica consiste en demostrar el no-ser de lo uno.
La concepción de Leibniz es una concepción dinámica, no se trata simplemente de cambio de lugar y lo que importa no es la cantidad de movimiento, sino lo que él llama "la fuerza viva", que tiene la siguiente fórmula: mv 2
2
Su gran descubrimiento es el cálculo Infinitesimal, que llamó calcul de l'infinement petit . Un concepto muy importante, que está en el centro de la filosofía de Leibniz, es el concepto de mónada. Mónada es una palabra griega, monás, monadós , que quiere decir unidad. Y llama mónadas justamente a los componentes de la realidad. Son precisamente lo que denomina “substancias indivisibles“, porque no tienen partes; y por tanto no pueden proceder por agregación, ni pueden desaparecer por disgregación. Él dice que "las mónadas no tienen ventanas", no se pueden comunicar entre sí, directamente no se comunican. La comunicación que tienen es con Dios. Las mónadas por ser indivisibles, sin ventanas, no pueden aparecer más que por creación y no se pueden destruir más que por aniquilación.
Esta única comunicación de las mónadas es con Dios, no es entre ellas. Esta afirmación de Leibniz lo lleva a un concepto que ha sido muy famoso: la “armonía preestablecida“. Las mónadas son incomunicantes, no tienen ventanas, no tienen partes, sin embargo componen un universo coherente, porque han sido creadas por Dios justamente siguiendo la armonía preestablecida. Es decir, Dios ha preestablecido la coherencia de las innumerables mónadas de tal manera que es como si se comunicaran; no se comunican realmente pero la armonía preestablecida hace que estén concordes.
Hay una idea muy arraigada en Leibniz al decir que el mundo es el mejor de los posibles. El mundo ha sido creado por Dios y es el mejor de los posibles porque es lo composible (composibilidad).
Para Leibniz lo “composible” intenta resolver lo que en la concepción tradicional es entendido como “posible”, esto es, lo que no es contradictorio, no es posible un círculo cuadrado; eso es imposible porque justamente hay contradicción entre la circularidad y el cuadrado. Pero si pensamos si es posible el centauro (mitad hombre, mitad caballo), entonces sí. O la sirena, que es mujer y pez al mismo tiempo. Son los clásicos ejemplos de los empiristas y racionalistas para dar cuenta de lo posible y lo imposible, de lo percibido y lo pensado
En consecuencia, el mundo para Leibniz está regido por el principio de la composibilidad: las cosas tienen estructuras que las hacen a algunas composibles y a otras no. Dios ha creado el mundo como el mayor bien de lo que es composible, no es que el mundo sea óptimo, sino que es el que tiene mayor grado de perfección posible, tomando la realidad en conjunto. Esto se debe aplicar teniendo en cuenta que nosotros no conocemos el mundo, conocemos muy parcialmente el mundo, sabemos una parte de todo lo que habría que saber.
Leibniz tiene la idea de que la realidad está compuesta de mónadas, cada una de las cuales refleja el universo entero. Hay un verso suyo que dice: “en la partícula más pequeña se encuentra el reflejo del universo entero”. Cada una de las mónadas conoce en principio, aunque sea de una manera incompleta, el proceso entero del universo; y es libre, tiene espontaneidad. Las mónadas son cerradas, no pueden percibir nada de afuera, no tienen partes, las acciones de cada mónada son el despliegue de sus posibilidades internas. En el caso de los seres humanos, las monadas personales, son de una espontaneidad que añade conocimiento y libertad: son libres.
El pensamiento leibniziano está impregnado de la idea de libertad, él afirmaba la libertad personal y la relación del hombre con Dios al mismo tiempo. Para él, Dios es rigurosamente personal. Cuando se refiere a Dios emplea la palabra ternura ( tendresse) , dice además que Dios nos encanta, que es encantador ( charmant ). Existe una relación estrictamente personal con Él, de amor, de ternura, de libertad: justamente esto es lo que es lo humano para Leibniz.
En él, la existencia de dios es la garantía de lo posible, un garante que deja de ser el ente privilegiado en la mayor parte de las filosofías del siglo XIX (romanticismo, positivismo).
En los siglos XIX y XX la matemática prolifera, algunos matemáticos reflexionan sobre la naturaleza y alcance de su actividad, esta reflexión filosófica-matemática sobre la matemática existe de dos maneras. Por una parte hay una corriente unitaria de pensamiento que ejerce una enorme influencia sobre la investigación matemática y que ha dominado la enseñanza universitaria. Esta corriente “clásica” o “conjuntista” coloca en el centro de la matemática a la noción de conjunto. Iniciada por Richard Dedeking y Georg Cantor incorpora logros de Gottlob Frege y Giussepe Peano, entre otros; encontrándose como adversarios al conjuntismo ilustres matemáticos como Leopold Kronecker, Henri Poincaré y filósofos como Ludwig Wittgenstein y Paul Lorenzen.
La palabra «conjunto» (ensemble) designa en la literatura matemática una colección de objetos de cualquier clase, es decir los elementos del conjunto, reunidos en la realidad o en el pensamiento del estudioso. «Objeto» hace referencia a los individuos que forman parte de ese conjunto, sin hacer diferencias entre lo real y lo imaginario o entre lo sustancial y lo accidental. La reunión de tales o cuales elementos en un mismo conjunto puede fundarse en una propiedad común o en una relación entre ellos.
Podemos ver el conjuntismo en acción ya desde el comienzo mismo de la matemática moderna en la Geometría (Géométrie) de René Descartes, al caracterizar cada figura geométrica por la ecuación que satisfacen las coordenadas de sus puntos, la geometría cartesiana representa en efecto la figura mediante el conjunto de los puntos incidentes en ella, seleccionados de entre todos los puntos del espacio por la condición impuesta a sus coordenadas. Pero es, gracias a la obra de Georg Cantor que el conjuntismo se hará sentir con toda su fuerza.
Un conjunto en el sentido de Cantor es un objeto constituido por otros objetos -los elementos del conjunto- de tal modo que su identidad depende de la determinación precisa de cuáles objetos son elementos suyos y cuáles no.
Cantor define un conjunto de este modo «Llamo bien definida una variedad (una totalidad, un conjunto) de elementos pertenecientes a cualquier otra esfera conceptual si sobre la base de su definición y como consecuencia del principio lógico del tercero excluido hay que considerar internamente determinado , por una parte, si un objeto cualquiera de la misma esfera conceptual pertenece o no como elemento a dicha variedad y, por otra, si dos objetos pertenecientes al conjunto, no obstante diferencias formales en el modo como son dados, son o no iguales entre sí» ( Contribuciones a la fundamentación de la teoría de los conjuntos transfinitos ).
Para Badiou la teoría de conjuntos puede demostrar que todo múltiple es «múltiple de múltiples».
En síntesis:
En Platón el problema de la multiplicidad es resuelto en la unidad, lo uno que define lo múltiple deja a un costado los avatares históricos en los cuales se multiplican las posibilidades del ser. Para Leibniz existe una lengua completa, la de Dios, con lo cual no puede aceptar lo indiscernible como algo que se puede pensar y que puede existir. Cantor, por su parte, mostró que todas las multiplicidades son designables a partir del conjunto vacío, pero no pudo resolver el problema del continuo, en la dependencia entre los elementos del conjunto y el conjunto de sus partes no se puede “ prescribir ” .
Lo indiscernible es el matema de la ontología. Es decir, lo indiscernible es lo que no ha llegado a ser discernido, es un “ impasse ” del ser mismo, lo que no significa que no es, sino que no es captado (inasignado) a riesgo infinito de una intervención.
Como explica Fabien Tarby:
“ La théorie badiousienne du multiple affirme que c ' est la mathématique, et elle seule, qui rend raison de la dissémination de l´être. Cela ne signifie pas, comme on l ' a vu, que l ' ontologie se résout dans le scientisme ou le positivisme, sans quoi la philosophie, qui prend en charge les produits du mathématisme pour établir le discours ontologique, serait confondue avec une de ses conditions, la scientifique. Cela ne signifie pas non plus que le mathématicien est stricto sensu un ontologue; attelé à sa tâche d ' abord opératoire et technique, celui-ci peut fort bien ne pas savoir ce qu ' il fait. Il y a nécessairement un travail proprement philosophique qui demeure et sans lequel l ' ontologie n ' est pas. L ' affirmation ontologie = mathématique revient au philosophie comme ce dont seul son discours pourra s ' assurer. S ' agit-il d ' un commentaire des mathématiques?. Non pas exactement, mais d ' une pratique des ressources des mathématiques aptes à fournir au philosophe les outils dont il a besoin pour construire le champ du multiple pur, pour assumer comme telle la réalité et la totale immanence de l`être ici même prodigue en infini ” . (Tarby, F. La philosophie d ' Alain Badiou. Page 44).
La matemática como producción de verdades puede dar cuenta de tres instancias fundamentales: lo indeterminable (l ‘ indéterminable), lo indecidible (l ' indécidable) y lo indiscernible (l ‘ indiscernable).
Estas son modalidades a partir de las cuales la filosofía capta las verdades en operaciones sustractivas, lo "indecidible" que se relaciona con el acontecimiento, porque una verdad no es sino que adviene. Lo "indiscernible" que está relacionado con la libertad, porque el trayecto de la verdad es azaroso. Lo "innombrable" que se relaciona con el Bien, porque según Badiou forzar la nominación de un innombrable engendra un desastre.
Un concepto que organiza estas instancias es el de lo "genérico" que se relaciona con el ser, ya que el ser de una verdad es un conjunto sustraído a todo predicado en el saber.
En todo el recorrido de la obra de Badiou aparecen las nociones de verdad y de sujeto. La verdad como producción y el sujeto como soporte (sostén) de las verdades. Cada condición de la filosofía juega un papel importante en esta operación de producción de verdades, porque la filosofía no es en sí misma "la verdad" sino que es "...el lugar del pensamiento donde se enuncia el 'hay' de las verdades y su composibilidad. Para hacerlo monta una categoría operatoria, la Verdad, que abre en el pensamiento un vacío activo... En el vacío abierto por la distancia o el intervalo entre los dos ficcionamientos la filosofía capta las verdades. Esta captura es su acto. Mediante este acto la filosofía declara que hay verdades y hace que el pensamiento sea captado por ese 'hay'... Ficción de saber, la filosofía imita al matema. Ficción de arte, ella imita al poema. Intensidad de un acto, ella es como un amor sin objeto. Dirigida a todos para que todos estén en la captura de la existencia de las verdades, la filosofía es como una estrategia política sin apuesta de poder" (Badiou, A. Conditions. Page 71).
Las verdades poéticas
Como un matema,
el poema revela sin cesar
la capacidad afirmativa del pensamiento .
Alain Badiou
Del arte como imitación, al arte como cobijo de la verdad. Badiou entiende que la filosofía nació en Grecia porque el matema permitió interrumpir el relato sagrado en el ejercicio necesario para validar los saberes. Fueron los griegos quienes encontraron y dieron nombre a los tres modos posibles del vínculo entre el poema y la filosofía.
El primero es el parmenideano , es el que organiza la fusión entre la autoridad subjetiva del poema y la validez de los enunciados filosóficos. Este momento es denominado por Badiou como el de la “ rivalidad identificadora ” .
El segundo es el platónico , organiza la distancia entre el poema y la filosofía. La filosofía debe poner en su lugar a la poesía, debe arrancar el prestigio de la metáfora poética para encontrar en su opuesto -la univocidad del matema-, la condición que sustente el pensamiento filosófico. Es el momento de la “ distancia argumentativa ” .
El tercero es el aristotélico , que organiza la inclusión del poema en la filosofía. El poema es considerado en la categoría de objeto estético, recorta de este modo una regionalizad filosófica. Esta regionalización del poema da lugar a lo que se denomina Estética como disciplina filosófica. Este es el momento de la “ regionalidad estética ” .
Badiou sintetiza estas tres formas de relación entre el poema y la filosofía diciendo que la filosofía envidia al poema con Parménides, lo excluye con Platón y los clasifica con Aristóteles.
Nos detenemos en dos momentos de la relación entre el Poema y la Filosofía en el análisis que hace Badiou de las propuestas hechas por Platón y por Martín Heidegger, como los extremos de una línea de continuidades y rupturas entre el poetizar y el filosofar.
La filosofía para Platón es el momento de interrupción del poema. Éste realiza una captura por medio de la imitación, en una seducción sin concepto y sin Idea. Una ruptura dolorosa en la que se juega la existencia de la filosofía. El matema, por su parte, desacraliza y despoetiza la reflexión de una manera explícita. La educación política está amparada pedagógicamente en Platón desde la geometría y la aritmética; por otra parte la dignidad inteligible del matema es el verdadero soporte de la ontología que ... ” hace de vestíbulo a los despliegues últimos de la dialéctica... ” .
El arte como imitación es el peligro que avizora Platón cuando retoma la enseñanza socrática de los peligros del lenguaje; la expulsión de los poetas en La República es el signo de la búsqueda de nuevas formas de conocimiento permitidas ahora por el soporte de la escritura. Los poetas habían concentrado el conocimiento en sus obras, creando una tradición que se basaba en la repetición; ahora era el turno de los filósofos. Con ellos, el conocimiento se desplaza de la tradición a la especulación, a la reflexión crítica que se encuentra sustentada gracias a la escritura filosófica.
La palabra griega « eídolon » se traduce al español como « imagen » y en la traducción al latín como « simulacrum » . La imagen es un simulacro del ser.
En el uso platónico de esta palabra, el eídolon tiene tres acepciones afines entre sí: en principio es la imagen como presentación de una cosa; luego constituye su simulacro ; y por último, comprende la pretensión ilusoria que precisamente confunde el simulacro del mundo con su realidad, y convierte esta misma realidad en la ficción de un espectáculo, en la irrealidad de la experiencia y la vida, definidas como pura negatividad de lo singular. El simulacro como una presentación sustantivada que compite ontológicamente con lo presentado, lo sobrepuja, lo elimina y finalmente lo sustituye, para convertirse en el único ser objetivamente real.
Un simulacro, significa precisamente representar en el sentido de la apariencia externa de lo que es, copiar, imitar la realidad. Esta dimensión teatral, escenográfica de las imágenes como simulacros, simulaciones y disimulos es inherente al significado de eídolon . Está expresada en una de las narraciones originarias que definieron la filosofía como experiencia esclarecedora, reflexión sobre la existencia humana y del mundo: de eso trata « el mito de la caverna ». En este relato el eídolon aparece a la vez en su calidad de imagen o icono, y como ídolo, simulacro y espectáculo del mundo.
Esta alegoría platónica expresa el primer paso que conduce a la vocación del filósofo, que resulta en definitiva el salto a la búsqueda de la verdad. El esclavo rompe las cadenas que lo ataban a las sombras y transita hacia la luz de las ideas, luz que lo enceguece pero no lo acobarda. Esa vocación por la verdad lo lleva nuevamente a la oscuridad para advertirles a los demás esclavos que esas penumbras son mentiras, ficciones, simulaciones.
No es el arte la expresión de una verdad, sólo el matema es para Platón la garantía de dar respuesta al ser de las cosas, de la realidad del mundo, del hombre.
Otro extremo en esta escena filosófica es el de Heidegger, porque la época de la imagen del mundo está representada por el cálculo matemático que sustenta la ciencia y la técnica modernas. Partiendo de la pregunta « ¿por qué hay ser y no más bien la nada? », los filósofos han respondido a la pregunta por el ser con el ente, ya sea éste la idea, o dios, o la materia. Al identificar el ser con el ente, todo lo que no sea ese ente no es ( lo que no sea idea, o dios, o materia, no es).
La premisa heideggeriana de frenar esta confusión entre el ente y su ser, lo lleva a plantear que sólo los poetas se preguntan por el ser, porque la historia de la filosofía ha sido la historia del olvido del ser.
En uno de los pasajes de su obra Holzwege ( Sentiers del forêt ) Heidegger retoma la pregunta de Hölderlin « ... ¿y para qué poetas en tiempos de penuria? ».
« Forma parte de la esencia del poeta que en semejante era es verdaderamente poeta el que, a partir de la penuria de los tiempos, la poesía y el oficio y vocación del poeta se conviertan en cuestiones poéticas. Es por eso por lo que los ‘poetas en tiempos de penuria' deben decir expresa y poéticamente la esencia de la poesía. Donde ocurre esto se puede presumir una poesía que se acomoda al destino de la era. Nosotros, los demás, debemos aprender a escuchar el decir de estos poetas, suponiendo que no nos engañemos al pasar de largo por delante de ese tiempo que –cobijándolo- oculta al ser, desde el momento en que calculamos el tiempo únicamente a partir de lo ente, desde el momento en que lo desmembramos » (Heidegger, M. Holzwege. Pág. 243).
La modernidad es la huída de los dioses, aquellos que marcan el límite de lo humano, sin ellos lo humano queda despojado de todo misterio y construye un mundo tecnificado, ontológicamente vacío de su ser.
« El tiempo es de penuria porque le falta el desocultamiento de la esencia del dolor, la muerte y el amor. Es indigente hasta la propia penuria, porque rehuye el ámbito esencial al que pertenecen dolor, muerte y amor. Hay ocultamiento en la medida en que el ámbito de esa pertenencia es el abismo del ser. Pero aún queda el canto, que nombra la tierra. ¿Qué es el propio canto? ¿Cómo puede ser capaz de él un mortal? ¿Desde dónde canta el canto? ¿Hasta dónde penetra en el abismo? » (Heidegger, M. Holzwege. Pág. 244).
La verdad, como « aletheia » , es la posibilidad de desocultar el ser, pero ese desocultamiento ya no es obra de la filosofía, sino tarea de la poesía. Para los poetas, dice Heidegger, las cosas pierden su carácter habitual, porque el arte no pretende definir ni explicar científicamente el mundo, porque no se aparta de la experiencia existencial de ser-en-el-mundo. El poema encarna una forma de aletheia , la palabra como revelación trascendente.
Para Heidegger lo seres olvidados y los nunca percibidos están a punto de exhibirse, de pararse en el claro de su « presencia » y, al hacerlo, convertirse en relevantes. Sin embargo el poema puede asimismo leerse convincentemente como una ars poetica , es decir, como un poema que reflexiona acerca de la poesía, sus objetivos, sus estrategias, sus recursos. Aunque el poema parece enfocarse en el mundo exterior más que en su propia tarea, todo su aparato metafórico podría aplicarse sin violencia a la lucha por expresar una realidad que es propia de los poetas. De este modo se trata de sacar la palabra de su lugar para dejarla en el sitio de aquello que no habla. Este es el esfuerzo del poeta por escapar del asedio de los convencionalismos.
Según Badiou el tratamiento del poema que realiza Heidegger como condición de la filosofía, está condicionado por cuatro aspectos fundamentales.
-El apoyo buscado en el éxtasis del tiempo en la experiencia por la pregunta por el ser que se desarrolla en su análisis ontológico existencial en su obra Sein und Zeit .
-La militancia en la política nacional socialista practicada por Heidegger en su crítica al nihilismo de la técnica, al positivismo y al marxismo.
-La evaluación hermenéutica de la historia de la filosofía pensada en la vinculación entre el destino del ser y el logos en su recorrido por las obras de Kant, Hegel, Nietzsche y Leibniz.
-Los poemas de Hölderlin y de los poetas alemanes considerados los únicos interlocutores válidos para el pensamiento.
Este cuarto momento, que Heidegger desarrolla a partir de 1935 es el que sobrevive en la revisión y el rescate que hacen de él poetas y filósofos franceses hoy en día.
Heidegger, al decir de Badiou, restableció la función autónoma del pensamiento del poema y mostró los límites de una relación de condición que pone en evidencia la separación entre el poema y la filosofía.
Se podría establecer con Stéphane Mallarmé que la poesía es el pensamiento de la presencia en el presente, es por eso que no necesita rivalizar con la filosofía. La filosofía tiene como propósito la composibilidad del tiempo y no la pura presencia de las cosas en él. La presencia del poema tampoco se contradice con el matema, porque es la que puede dar cuenta que el número no puede ser otro.
En el orden del poema, a propósito del método de Mallarmé, Badiou afirma que su lógica radica precisamente en lo que inscribe el poema: la falta, el poder “ callar ” .
“ Así, el poema es ‘ distracción melódica callada de los motivos que componen una lógica ' . Digamos que el poema, como ejercicio de un pensamiento, sustrae (y él es el acto de tal sustracción) el pensamiento de ese pensamiento.
La complejidad del poema tiene desde ese momento dos fuentes: 1) El carácter inaparente de lo que lo gobierna. 2) La multiplicidad de las operaciones sustractivas, que no se confunden de ningún modo con la simplicidad (¿dialéctica?) de la negación. Yo establecería, en efecto, que hay tres tipos de ‘ negación ' en Mallarmé: el desvanecimiento, la anulación y la forclusión ” (Badiou, A. Condiciones. Pág. 98).
Badiou distingue en la complejidad poética de estas operaciones sustractivas que el “ desvanecimiento ” tiene una valor de “ marcaje ” ; la “ anulación ” revela lo “ indecidible ” y por lo tanto sostiene la verdad; por último la “ forclusión ” señala lo innombrable y fija un límite con el proceso de verdad.
Mallarmé elabora además, la distinción entre el lenguaje ordinario y la poesía. La imperfección del lenguaje en general hace que la poesía exista como un complemento superior. Si el lenguaje fuese perfecto, la poesía no tendría sentido ya que todo el lenguaje sería poesía. Carecemos del supremo lenguaje que hallaría la verdad material en una misma y única acuñación. Obviamente, esta verdad material expresa el deseo de una experiencia unificada del mundo, donde el lenguaje sería consustancial con su objeto. Para Mallarmé el lenguaje tiene una estructura jerárquica, y desearía que la poesía fuese a la prosa lo que la música al ruido.
Badiou resuelve esta crítica a lo que denomina “la edad de los poetas” diciendo que: “La filosofía quiere y debe establecerse en ese punto sustractivo en que el lenguaje se ordena en el pensamiento sin los prestigios y las suscitaciones miméticas de la imagen, de la ficción y del relato; donde el principio de la intensidad amorosa se desliga de la alteridad del objeto y se sostiene de la ley de lo Mismo; donde el esclarecimiento del Principio pacifica la violencia ciega que la matemática asume en sus axiomas y en sus hipótesis; donde, en fin, lo colectivo es representado en su símbolo, y no en lo real excesivo de las situaciones políticas” (Badiou, A. Condiciones. Págs. 90-91).
La filosofía se encuentra recortada y herida por sus condiciones, su malestar radica en el carácter acontecimental de sus condiciones, en la obra poética, en el teorema matemático, en el encuentro amoroso y en la revolución política. Ella debe mantenerse en la distancia y a su vez no renegar de lo que la hace posible.
La intemperie en la que habita el discurso filosófico no debe moverlo, llevarlo a la tentación del discurso universitario (de lo cual nos advierte Lacan), la Universidad limita y transforma a la filosofía en una estética, una epistemología, una erotología, una sociología política; no se trata de interpretar los procedimientos reales donde yace una verdad, sino de analizar las condiciones contemporáneas de los procedimientos de verdad. La verdad no es un sentido sino más bien un “agujero de sentido”.
La invención política
Es una pesada tarea para el filósofo,
arrancar los nombres a quienes prostituyen su uso.
ya Platón padecía todas las penas del mundo
por mantenerse firme sobre la palabra ‘ justicia '
contra el uso enredado y versátil que de ella
hacían los sofistas.
Alain Badiou
A diferencia de otros autores, Badiou no se detiene en la protesta o en la denuncia, él propone desentrañar las consecuencias políticas de un pensamiento filosófico para ofrecer una apuesta por una política acorde a los tiempos que corren, superando una sociología positivista que intenta predecir los “hechos” sociales por una política del acontecimiento que está siempre atenta a lo azaroso y a los sucesos que nos sorprenden en medio de la cotidianeidad, la normalidad, la corrección.
Según él, lo que se denomina filosofía política es un programa que considera lo político como un dato objetivo e invariante de la experiencia universal, y por lo mismo, se propone remitir el pensamiento político al registro de la filosofía. Para quienes abonan esta concepción, le corresponde a la filosofía producir un análisis de lo político y someter este análisis a las normas de la ética.
Badiou afirma que desde esta perspectiva, el filósofo tiene un triple beneficio: ser el analista y el pensador de esta objetividad confusa que es la percepción empírica de las políticas reales, ser quien determina los principios de la buena política, que es la que se ajusta a las exigencias de la ética; y por último, no ser el militante de ningún proceso político verdadero de modo que podría indefinidamente enseñarle a lo real en la modalidad que más le atrae: el juicio.
La denominada política filosófica consiste en reducir previamente la política al ejercicio del “ libre juicio ” en un espacio público donde en definitiva sólo cuentan las opiniones. Esta objeción de Alain Badiou toca tanto a las lecturas contemporáneas de la “ capacidad de juzgar ” propuesta por Inmanuel Kant, como a las nociones de “ pluralidad ” que organizan la propuestas de cierta “ filosofía práctica ” en autores como Hannah Arendt, por ejemplo.
Su libro Abrégé de métapolitique es una invitación hecha al filósofo, para colocar su trabajo bajo las condiciones del pensamiento político. ¿Qué es lo que eso implica? Pues, el final de la filosofía política.
Sin inscribirse en un proceso de militancia, el filósofo que se cree un especialista de la política poniéndose de acuerdo sobre ella desde los plenos poderes del análisis, determinando desde el exterior las leyes de una política ideal, no hace más que mantener una sola confusión. Sólo los que tienen una experiencia política tienen algo de determinante que decir sobre la política.
Como ex maoísta y viejo militante Badiou se pronuncia contra los regímenes democráticos o capitalistas-parlamentarios, que sólo son para él un festival de opiniones traídas sobre el lugar público, invariablemente sujetos a la vía mayoritaria e incapaces de generar un verdadero cuestionamiento de toma de decisiones favorable a una verdadera emancipación.
El parlamentarismo, porque no decide nada, es una ideología que debe temerse. Fue promovido abstractamente por la filosofía política de Arendt y criticada de manera amarga por Badiou en el capítulo 1 del Compendio de meta política .
Poner a la filosofía bajo las condiciones de la política no significa que es necesario colocarla bajo las condiciones de cualquier política. Son las políticas de emancipación que deben servir de guía. Más concretamente, está bajo las condiciones del ciclo revolucionario y proletario cuyos principales jalones son los pensamientos de Marx, Lenin y Mao, constitutivos del primer ciclo de las políticas modernas de emancipación en los que la filosofía debe colocarse.
De allí, Badiou plantea verdaderas cuestiones encaminadas a comprender mejor la política histórica, y también a sacudir el régimen más general de las escuelas filosóficas. Entre estas interrogaciones, se pregunta si las guerras de liberación no desembocan a menudo en sólidas e impenetrables construcciones oficiales. Con el fin de retirarse a esta lógica de revolución/fortificación, se pregunta sobre la necesidad que tiene un militante de adherir a un partido.
Deseando encontrar una alternativa al comunismo, para el cual sólo mantiene una nostalgia parcial, y al régimen capitalista-parlamentario, que no hace más que imponer una opinión mayoritaria, especula sobre lo que denomina “una política sin partido“.
En una política sin partido, se encuentran militantes sin jefe. Badiou invita al filósofo a adjuntarse a la multiplicidad afirmativa para hacer nacer a un hombre polivalente y retira a las dictaduras comunistas o parlamentaristas del Estado.
La figura del militante sin partido nos recuerda, sin que se haga mención, al planteo de Spinoza, Libro XX del Tratado político teológico . El militante sin partido, que se vuelve el más apto para tomar decisiones políticas, es pues el que no presta lealtad a ningún soberano y a ningún Estado. No espera ya nada de los grandes movimientos revolucionarios y se conecta sobre una multiplicidad de ideologías sin nunca considerar una sola como perfectamente se acaba. Badiou no cree ya en la gran política, en las utopías, en las uniones internacionales y en la universalización de los capitales. Ninguno de estos ideales podrían los que salven la humanidad. Es necesario superar estas tentaciones y elaborar una clase de democracia sin Estado. En esta nueva política, el gesto de un militante libre tendrá, según una expresión de Mallarmé, el tamaño de una acción restringida. La política sin partido no podrá realizarse sino en favor de un “rodeo necesario” y aún increíble por las verdaderas obras revolucionarias que fueron las de Lenin y Mao.
Si la idea de una política sin partido contenida en el germen de estas obras nos resulta aún increíble, es porque el espíritu democrático es demasiado incuestionable hoy, o incluso despótico, es el que administra el FMI, desgraciadamente como el juez del progreso, y que defiende los derechos generales de un hombre privado de su singularidad. La vuelta a los revolucionarios de la política debiera - por otro lado - permitir a filosofía liberarse de los lazos de una ideología vinculante. Ya que no cabe duda de que toda filosofía mantiene relaciones más o menos reconocidos sino también, medidas siempre concretas con la política (escuelas, directores, reuniones, propagación de la noticia y reglamentos).
Representa incluso un peligro cuando se constituye en política de Estado; entonces se vuelve desfavorable a la polivalencia del pensamiento que no toma ya ninguna decisión de conformidad con las necesidades singulares de su medio. Badiou define con mucha exactitud algunas cuestiones no dichas de las filosofías contemporáneas y determina de manera muy fuerte lo que estimula a los motivos de filosofía innovadora.
La audacia calculada de su sistema requiere de una serie de cuestiones. Proponemos tres, relativos a cada uno de los procedimientos de verdad estudiados por Badiou, tal como lo pedía pertinentemente François Wahl en su prólogo a Condiciones :
1. ¿La voluntad de desenredar la conexión entre la filosofía y el pensamiento no hace aparecer una sutura más profunda, o incluso sometiendo la filosofía a la ciencia matemática?.
2. ¿Si el poema no consiguió conquistar su propia laicización, de otras formas de expresiones como la música o la pintura, éstas no llegaron a superar la opción mesiánica en el arte?.
3. ¿Finalmente, qué diferencia se puede establecer entre, por una parte, las decisiones de militantes que no se adhieren a ningún partido político, de qué forma de Estado se desligan y, por otra parte, esto no significa abrirse a un régimen anárquico que deja libre curso a todos los deseos?.
La esencia de la política no es la pluralidad de las opiniones, en eso radica la crítica de Badiou al dispositivo de Arendt, al que concibe como “opinión filosófica”, evidentemente enmarcada por el modo parlamentario de la política. Propone, entonces, la prescripción de una posibilidad en ruptura con lo que hay. Desde luego, el ejercicio o la prueba de esta prescripción y de los enunciados que dominan esa autoridad de un acontecimiento desvanecido, pasa por discusiones, debates, confrontaciones discursivas; pero no sólo por allí: las
declaraciones, las intervenciones y las organizaciones son más importantes todavía. En realidad, si la prescripción política no es explícita, opiniones y discusiones están
inevitablemente bajo el yugo invisible de una prescripción implícita, o disimulada. Ahora bien, sabemos a qué se adhiere toda prescripción disimulada: al Estado, y a los políticos que se organizan alrededor de él.
Así presentado como la filosofía de una política de la pluralidad, de la resistencia al mal y del valor del juicio, este neokantismo tan especial ya no es un “filosofema” adecuado para las prescripciones de las que se alimenta el Estado parlamentario. Es por esto que poner la filosofía bajo condición de las políticas de emancipación exige romper con la “filosofía política” en el sentido de Arendt y comenzar por el comienzo: el reconocimiento que la política misma, en su ser, en su hacer, es un pensamiento.
Alain Badiou dice: “Por ‘metapolítica‘, entiendo los efectos que una filosofía puede obtener, en sí misma y por sí misma, del hecho que las políticas reales son pensamientos. La metapolítica se opone a la filosofía política, según la cual, puesto que las políticas no son pensamientos, es al filósofo a quien le corresponde pensar ‘lo' político”.
Una teoría del acontecimiento se opone, en consecuencia, a la teoría de la acción propuesta por autores que defienden el «pluralismo» como eje de su propuesta política.
La política como una cuestión del otro plantea la problemática siguiente:
Podemos advertir al menos dos paradojas en el problema de la otredad. La primera radica en el hecho de que cada uno de nosotros está habitado por los otros, lo que nos hace alguien "en sí mismo" y alguien "en otro" al mismo tiempo. La segunda se funda en el hecho de que siempre se es para los demás "un otro" y los demás son para nosotros, eso, "los otros".
En un balance de nuestra identidad, se conjugan las herencias y los legados que recibimos a través de la cultura, la educación, los mandatos, las obligaciones impuestas y propuestas; pero en nuestra singularidad eso recibido se transforma en algo nuevo, inaugural, particular de cada uno a partir de lo irrepetible que resulta de esa conjugación, conformación, reunión de lo interior y lo exterior.
Cada rasgo de nuestra interioridad está marcado por lo adquirido y a su vez está signado por lo innato, eso que algunos denominan "programación genética". Entre la filogénesis y la ontogénesis se construye nuestra propia historia de especie humana e individuo humano, pero en cada caso es única: se consuma y se consume en nuestra temporalidad y nuestra espacialidad.
Esta circunstancia es consecuencia del hecho que no podemos prescindir de los otros, el animal humano es un ser predominantemente social y político; es vulnerable y necesita de la comunidad, del grupo, y eso marca una interdependencia de individualidades que hacen del mundo un "plexo de significados" y un "plexo de útiles".
La autonomía sólo puede pensarse como una aspiración, pero planteada de forma absoluta es autismo, es pura interioridad encerrada en sí misma y, por lo tanto, patológica.
La política como preocupación por el otro: ¿Cómo se trazan los límites de la relación con el otro?. La preocupación por el otro puede transformarse en un trámite previo a su ocupación. El otro en vez de ser el destinatario de nuestros cuidados y nuestra solidaridad, puede convertirse en un ser ocupado, invadido, inhibido en su propia capacidad de elección y decisión de su propia historia, como historicidad, como camino y destino personal.
Esta ocupación lo lleva a ser heterónomo y esclavo del otro que no le permite desplegar su propio proyecto para alimentar sus anhelos individuales. Una heteronomía vivida como tragedia y sin salida.
Como animal social, el hombre necesita de los otros, es conviviente, puede autocomprenderse en la medida que es considerado por otro que lo afirma o niega en su existencia. Aquí aparece la cuestión del conflicto, que puede leerse en términos de la distinción entre "nosotros y ellos".
Como seres sociales somos, además, animales políticos. O si se quiere plantear de otro modo, somos personas políticas o sujetos políticos.
Podemos tomar dos líneas que devienen de la etimología de la palabra política, "polis" que hace referencia a poder vivir conjuntamente y "pólemos" que refiere al antagonismo y al conflicto. En el sentido de la polis, deberíamos abordar el problema en términos de organización, de la forma en que como grupo podemos o debemos convivir. En el sentido del pólemos, podemos distinguir entre dos figuras que hacen a la cuestión del conflicto: el enemigo y el adversario.
El antagonismo es la rivalidad tenaz que se sostiene ante otro que se considera enemigo, en la esfera política puede plantearse la misma como la resolución de conflictos en términos de amigo/enemigo para evitar el choque, el enfrentamiento. El "borde" de la política, su fin (o fracaso) está en la guerra.
Para Hannah Arendt la condición indispensable de la política es la irreductible pluralidad que queda expresada en el hecho de que somos alguien y no algo. Para Arendt el mundo humano es este espacio entre cuya ley sería la pluralidad; el mundo es lo que está entre nosotros, lo que nos separa y nos une. Lo propio de la condición humana es la acción, actuar es inaugurar, hacer aparecer algo por primera vez en público, añadir algo propio al mundo. La libertad es posible entonces en la acción, ser libre y actuar es una y la misma cosa.
En el pensamiento de Arendt el sentido de la política es la libertad. Ella plantea la necesidad de abordar la pregunta por la política, y advierte que los prejuicios son inevitables al intentar responder a esta interrogación: ¿qué es la política?.
“En nuestro tiempo, si se quiere hablar sobre política, debe empezarse por los prejuicios que todos nosotros, si no somos políticos de profesión, albergamos contra ella” (Arendt, H. ¿Qué es la política?. Pág. 52). A lo que agrega: “El peligro del prejuicio reside precisamente en que siempre está bien anclado en el pasado y por eso se avanza al juicio y lo impide, imposibilitando con ello tener una verdadera experiencia del presente” (Arendt, H. Obra citada. Pág. 62).
Responder a la pregunta por la política, demanda una revisión de nuestros prejuicios para arribar al juicio (formación del concepto) acerca de la respuesta (definición) de lo político. Aquí está incluida la noción de "comprensión" que la filósofa desarrolla en otra de sus obras: De la historia a la acción . Comprender no significa perdonar, la comprensión está orientada a la necesidad del juicio acerca de lo acontecido en el pasado, para afrontar un presente que no debe repetir las políticas propias de los totalitarismos que han teñido de horror y espanto a la raza humana.
La ética de la alteridad sostiene que:
Cuando el otro es un espejo en el cual nos miramos a nosotros mismos y, a partir de ahí, reconocemos su humanidad, no es él mismo quien aparece frente a nosotros, sino lo que queremos ver de nosotros en él. Es, cuando nos atrevemos a mirarlo como sí mismo que aparece su verdadero rostro. Esto es, la otra cara del otro . La de él mismo.
Ver el rostro del otro en su autenticidad, tratar de comprenderlo, de interpretarlo, de interpelarlo en su interioridad, es intentar ponernos en su lugar, ver el mundo desde su propio punto de vista. El otro es siempre diferente y, las diferencias son lo que enriquecen nuestra mirada. Pero este esfuerzo por "alterizarnos" puede transformarse en una obsesión.
Si esta pre-ocupación por el otro no respeta su libertad ni admite su dignidad, se transforma en la colonización del otro. No permite que su singularidad se despliegue en libertad y lo condena a la violencia de traicionarse a sí mismo.
Friedrich Nietzsche nos dice en sus aforismos que la única traición es la traición a nosotros mismos, cuando abandonamos nuestro propio deseo para satisfacer el deseo del otro; en la voluntad de poder obligamos al otro a cumplir con nuestro objetivo y en esa obligación lo anulamos. Estamos habitados por los otros, es cierto, pero también esto puede transformarse en la violencia de encontrarnos invadidos, colonizados, alienados por la fuerza del otro.
En esta orientación es que Nietzsche plantea que el buen discípulo es aquel que traiciona a su maestro; no se trata de traicionarlo éticamente, sino desde la propia singularidad.
Pero no existe la liberación absoluta de los otros, un yo es eso porque otro yo lo nombra, lo cobija, lo protege. El otro, que es un yo en sí, es a veces el infierno - parafraseando a Sartre - cuando ese otro me cosifica; o el otro es un sujeto que aspira a su autonomía - parafraseando a Kant -. Pero es un sujeto que no puede aislarse ya que lo que sujeta también es lo que lo sostiene.
El ideal ilustrado de un sujeto humano que pretende universalizarse, resuelve el problema del otro - en cuanto al reconocimiento de su humanidad - en términos también universalizables que resultan o devienen en la violencia hermenéuitica de nombrarlo desde ese imperativo.
Como plantea J. F. Lyotard “Aun lo que puede haber de inquietante en Kant a este respecto, lo que no es antropológico sino propiamente trascendental y que, en la tensión crítica, llega a romper la unidad más o menos presupuesta de un sujeto (humano), como ocurre en el caso, que me parece ejemplar, del análisis de lo sublime o de los escritos histórico políticos, aun eso se expurga. Con el pretexto del retorno a Kant, no se hace sino amparar el prejuicio humanista bajo su autoridad” (Lyotard, J. F. Lo inhumano. Pág. 9).
En la relación con los otros se juega la libertad como destino, como una empresa inacabada de libertad, como aspiración perpetua, inagotable, pero nunca absoluta.
Ser libre puede ser pensado, siguiendo cierta tradición de filosofía política, como alguien que se autodetermina desde su propia conciencia moral; o como alguien que no está afectado, limitado por una fuerza externa. Estas concepciones se definen en la modernidad como democrática la primera y liberal la segunda.
Política y acontecimiento: La desconfianza por la razón también se ha trasladado a la desconfianza de la política. Una política que no asegura los lazos sociales sino que los traiciona, los cristaliza en leyes no siempre justas, favoreciendo a los mismos sujetos que se renuevan en los discursos y en los modelos temporalmente hegemónicos. Una política colonialista, dictatorial, reemplazada por una política de la tolerancia, que no alcanza para definir la experiencia de la libertad y la de creatividad.
El sueño moderno de un estado que organice al resto de las instituciones desde un gobierno tripartito que asegura el cumplimiento de la ley y de las garantías de los ciudadanos, ha sido denunciado por ser un ente controlador y vigilante de las conciencias individuales.
En esta dirección, Michel Foucault se dedica a investigar la formación de lo que él denomina sociedad disciplinaria en la que predominan los mecanismos de control. Lo que caracteriza a este tipo de organización social es la vigilancia que precede a todo conocimiento, a diferencia de sociedades anteriores al siglo XIX, en las que la indagación promueve a los saberes. “El control de los individuos, esa suerte de control penal punitivo al nivel de sus virtualidades no puede ser efectuado por la justicia sino por una serie de poderes laterales, al margen de la justicia, tales como la policía y toda una red de instituciones de vigilancia y corrección: la policía para la vigilancia, las instituciones psicológicas, psiquiátricas, criminológicas, médicas y pedagógicas para la corrección” (Foucault, M. La verdad y las formas jurídicas. Pág. 98).
Dice Foucault que este paso de la indagación a la vigilancia significa el surgimiento de lo que él denomina “la edad de la ortopedia social”, caracterizada por el panoptismo (haciendo alusión al Panóptico de Jeremías Bentham). El panoptismo es el tipo de poder propio de una sociedad de vigilancia que se expresa en las políticas de encierro y en las instituciones de secuestro. Plantea que los tres aspectos propios del panoptismo son: la vigilancia, el control y la corrección que “constituyen una dimensión fundamental y característica de las relaciones de poder que existen en nuestra sociedad” (Foucault, M. Obra citada. Pág. 177).
Por otra parte destaca dos funciones primordiales de las instituciones de secuestro: la explotación completa del tiempo y el control sobre el cuerpo de los individuos. En las políticas de encierro los sujetos están "fijados" a las instituciones (escuela, hospital, fábrica, oficina) y si éstos son excluidos por anormales o criminales quedarán fijados a otro tipo de institución (prisión, manicomio).
En el discurso se despliegan las luchas, los combates por apropiarse de un espacio, una geografía política a favor de una episteme dominante. Desde el discurso se designa un destino para los sujetos, esa historia de la verdad se construye históricamente. El loco era considerado alguien poseído por el demonio en la Edad Media, pero a partir del surgimiento de la Psiquiatría y su discurso científico, el loco es considerado un enfermo mental. En este sentido Foucault habla de la “materialidad del discurso”.
Aun teniendo en cuenta las revisiones de la obra de Foucault, es cierto que, en las sociedades disciplinarias y en las sociedades de control, lo que predomina es la obsesión por el otro, la que se encuentra expresada desde los “mecanismos de exclusión” que operan institucionalmente desde la partición “normal/anormal”, “locura/razón”.
Una política del acontecimiento: Crear un pensamiento político es crear su propia práctica, la que es interior a su propia dinámica. Toda multiplicidad pertenece a un conjunto de múltiples puro, pero pertenecer no significa estar incluido. En todo conjunto hay más partes que elementos, por eso todo conjunto está excedido por sus partes.
La política socialista se equivoca al pensar la sociedad como un conjunto cerrado de inclusión pura. Las políticas revolucionarias de Francia entre 1792 y 1794, la de la Comuna de París en 1871, la bolchevique entre 1902 y 1917, la de la guerra popular china entre 1920 y 1949; son ejemplos de este tipo de pensamiento fundamentado desde “ la representación de la capacidad colectiva ligada a la más estricta igualdad ”.
«El acontecimiento está ligado, desde su misma definición, al lugar, al punto, que concentra la historia de la situación. Todo acontecimiento tiene un sitio singularizable en una situación histórica.
El sitio designa el tipo local de la multiplicidad ‘ concernida ' por un acontecimiento. No es que hay acontecimiento porque el sitio existe en la situación. Pero para que haya acontecimiento es necesaria la determinación local del sitio, es decir, una situación en la que sea presentado un múltiple al borde del vacío.
La confusión entre la existencia del sitio (por ejemplo: la clase obrera, un determinado estado de las tendencias artísticas o un impasse de la ciencia...) y la necesidad del acontecimiento es la cruz de los pensamientos deterministas o globalizantes. El sitio sólo es una condición de ser del acontecimiento. Siempre puede ocurrir que no se produzca ninguno» (Badiou, A. El ser y el acontecimiento . Pág 202). Lo sintetiza de este modo: «Sea, en una situación histórica, un sitio de acontecimiento X. Llamo acontecimiento de sitio X a un múltiple tal que está compuesto, por un lado, por los elementos del sitio y, por otro, por sí mismo». (Pág. 202).
Como Badiou expone: «Recordemos las tres dimensiones capitales de un proceso de verdad, que son:
- el acontecimiento , que hace advenir ‘ otra cosa ' que la situación, las opiniones, los saberes instituidos; que es un suplemento azaroso, imprevisible, disipado apenas aparece;
- la fidelidad , que es el nombre de un proceso: se trata de una investigación coherente de la situación, bajo el imperativo del acontecimiento; es una ruptura continuada e inmanente;
- la verdad propiamente dicha , que es ese múltiple interno a la situación que construye, poco a poco, la fidelidad; aquello que la fidelidad reagrupa y produce» (Badiou, A . L a Ética . Pág 142).
En estos términos se produce una verdad política, la que se acompaña con ciertas características ontológicas esenciales. El acontecimiento (político) es a la vez algo situado y suplementario, desprendido de las reglas de la situación. El lazo, lo que liga al acontecimiento con su razón de ser es el «vacío de la situación anterior». Badiou ofrece el ejemplo del pensamiento político de Marx cuando designa bajo el nombre de «proletariado» el vacío central de las sociedades burguesas incipientes; ya que el proletariado se encontraba ausente de la escena política y a su alrededor se organiza la plenitud de los propietarios de capitales.
En el propósito de algunos filósofos de delimitar «criterios de demarcación» entre política y ética, o de subordinar una a la otra, en Badiou podemos identificar una propuesta política situada en el acontecimiento y una ética de las verdades que se producen al calor del acontecimiento.
Badiou propone, en contraposición a la ética universal (del otro, de la diferencia, de la bioética, del relativismo cultural, de la visión victimaria del Hombre, de los derechos naturales...) lo que denomina una «Ética de las verdades». La verdad es heterogénea a los saberes y al mismo tiempo los origina ( la verdad ‘ fuerza ' los saberes ). Como él mismo dice: «La ética de las verdades no se propone ni someter al mundo al reino abstracto de un derecho, ni luchar contra un mal exterior y radical. Al contrario, ella intenta, por su propia fidelidad a las verdades, evitar el mal - del cual ha reconocido que es su revés o su faz oscura» (Badiou, A . L a Ética . Pág 158). Se trata entonces de experimentar la humanidad en el sentido del acontecimiento en el sitio de una producción de verdad, cuyo sostén o soporte es el sujeto.
El amor como condición de la filosofía
La palabra ‘ amor ' será pues aquí construida
como una categoría de la filosofía,
lo que es legítimo,
tal cual se ve en el estatus
del Eros platónico.
Alain Badiou
De las cuatro condiciones de la filosofía, el amor es la instancia que articula a las demás, porque es en el amor que se manifiesta la experiencia de la humanidad. Badiou dice al respecto:
« Por 'humanidad' yo entiendo lo que hace de soporte para procedimientos genéricos, o procedimientos de verdad. Hay cuatro tipos de tales procedimientos: la ciencia, la política, el arte y -justamente- el amor. La humanidad es atestiguada si, y sólo si, hay política (emancipadora), ciencia (conceptual), arte (creador) o amor (no reducido al conjunto de una sentimentalidad y de una sexualidad). La humanidad es lo que sostiene la singularidad infinita de las verdades que se inscriben en estos tipos. La humanidad es el cuerpo historial de las verdades » ( Badiou, A. Condiciones. Pág. 246).
El amor es, entonces, el lugar donde se enuncia el problema de la verdad como una cuestión sexuada, existe una manera masculina y otra femenina de tratamiento de la verdad. Este conflicto sexuado de saberes se piensa a partir de la división del uno en dos, el amor es también el lugar donde se enuncia que hay dos cuerpos sexuados y no uno.
Selon Fabien Tarby: « On a souvent dit que la philosophie, pendant des siècles affaire masculine, s'était toujours distinguée par son incapacité à penser le féminin. O bien la femme se trouvait réduite, la philosophie ne faisant pas exception, aux préjugés de l'époque; ou bien la puissance spéculative prope à la philosophie se désintéressait de la sexuation sous le couvert de l'Homme en général, de l'humanité. Même le Dasein de l'analytique existenciale de Heidegger semble étrangement a-sexué » (Tarby, Fabien. La philosophie d'Alain Badiou. Pág. 173).
En el poema de Raúl Scalabrini Ortíz, podemos leer la referencia al número dos, a los números que son - en definitiva - los seres humanos cada uno por su lado y todos en su conjunto. El hombre pasa como un número entre números, entero y personal para sí mismo, nadie para los otros. Su eternidad está marcada por el canto que escucha, el canto del lenguaje que lo marca y lo transforma en animal simbólico. Esa experiencia de eternidad es lo que Badiou denomina lo « inmortal » que hay en él, la inmortalidad de la permanencia de lo humano en el mundo.
Pasaba como un número entre números
Era el sin nada y el de nadie,
Tan para sí entero y personal,
Tan nadie de afuera para otros.
Jamás figurará su nombre en prodigio de hechos
Ni su efigie ornará la sombra del pasado,
Pero él ya tiene una eternidad
En el canto que sólo su corazón escucha,
Canto que pasa y queda
Como la lozanía que el rayo de sol
Deja en la tierra que acaricia.
¡Qué juntos mundos estamos
Entre los dos haciendo!
El un número y yo el otro.
Raúl Scalabrini Ortíz
Jacques Lacan recurre a la mitología griega para dar cuenta de lo que manifiesta sobre el amor, sobre el mito del amor que refleja los problemas de la división, la separación de los sexos y la diferencia entre ellos. Al realizar el « giro lingüístico » al psicoanálisis freudiano, recurre a la narración filosófica para mostrar la forma en que se estructura lo inconsciente en el lenguaje, pero Lacan no filosofa, utiliza la filosofía para desvelar en sus intersticios: los vacíos, las paradojas, las aporías que convierten la investigación erudita en el mito fundador de la ciencia que está muy lejano de la verdad.
Del mismo modo que Alain Badiou dialoga con Platón, con Cantor, con Heidegger, también lo hace con Lacan, de esta manera puede tomar algunas categorías de análisis, para luego separarse del significado de sus autores y así dar cuenta de su propia teoría.
El amor en la tradición griega: Hesíodo define a eros como una fuerza originaria “ ...que relaja los miembros y domina dentro de su corazón la voluntad de los dioses y de los hombres... ” . Para Hesíodo son cuatro las fuerzas originarias que posibilitan el origen del mundo y de las cosas. La primera es khaos (caos), la segunda es gaia (tierra), la tercera es tartaros. La cuarta es eros, que es la fuerza originaria que hace posible la reproducción (la generación) de todos los elementos de la naturaleza.
En el amor los más divino del caos se hace deseo, ama y es amado. Él es el gran anhelo; en su presencia cada fuerza sale de sí para ir al encuentro de otra fuerza, deja atrás su soledad. Sin el amor los primeros dioses habrían permanecido sin descendencia, aún aquellos que en un comienzo pudieron engendrar por sí mismos, como Caos, la Noche y la Tierra. Así, el amor es el principio de la diferencia, pero de tal modo que en su encuentro los contrarios se complementan, engendrando una nueva reunión, una armonía segunda y superior.
Aristófanes dice: « No existía la raza de los inmortales hasta que el Amor reunió entre sí todas las cosas, y al mezclarse unas con otras, nació el Cielo, el Océano, la Tierra y la raza imperecedera de todos los dioses felices ». Aquí el amor es el origen del Cosmos, la forma como el Caos se ordena entre nosotros, y está llamado a completarse, una y otra vez.
En el prodigio del Amor todas las cosas ocuparon su lugar, hubo un Cielo y una Tierra, y un sinnúmero de seres felices llenaron la vida con su resplandor, la transfiguración.
El Amor es el principio de la felicidad, el reencuentro mismo del Caos. Porque, si bien, sólo en el Infinito el Amor es posible, también, sólo al amante le es dado tocar la Infinitud con sus manos. En el Amor todas las fuerzas descansan, relajan sus miembros. Pero él mismo hace del Alma su morada, y en el Cielo de la Noche se resguarda. En la Teogonía de Hesíodo el Amor es un principio tan originario como Tártaro, la Tierra y el caos. Y, como ellos, el Amor simplemente nació.
Pero su aparición sólo acontece « en el tiempo oportuno ». Entonces el Amor cierra los ojos, como la noche, el sueño y el mito.
En Platón eros es un dios, el dios del amor. En su célebre diálogo El Banquete (o Symposium, que significa “ beber juntos ” ) define al amor como deseo, amar es desear aquello que no se posee. En este sentido la filosofía es “ amor a la sabiduría ” , el filósofo es consciente de su ignorancia y ama (desea) el saber.
En otro de sus diálogos Lisis , Platón habla del amor como philía (amistad), de ahí deriva el término familia, es el amor a los amigos cercanos, a los descendientes, a los familiares. La philía hace posible el sentimiento de fraternidad.
Por último, destacamos la relación que establece Platón en otro de sus diálogos el Fedro entre el amor y la locura. Existen dos formas de locura, una es provocada por la enfermedad humana (lo que hoy se conoce como psicosis); la otra es un trastorno de las reglas acostumbradas en virtud de una intervención divina.
De esto se deriva la distinción entre cuatro formas de locura, a saber, la locura poética que ha sido inspirada por las musas; la locura adivinatoria que fue inspirada por el dios Apolo; la locura mística inspirada por Dionisios y la locura más noble de todas que es el amor, inspirada por el dios Eros.
En este sentido San Agustín dice que el amor es la locura divina, es la locura enviada por los dioses, la que posibilita la transformación.
Apolo es el dios de la distancia, con su arco y su flecha “ mide la distancia entre lo humano y lo divino ” , que es infinita. Platón afirma que sólo el amor nos acerca a lo divino. Por otra parte, Apolo (lo apolíneo es la perfección) es el dios que hiere a distancia.
El eros es el amor – deseo, de ahí deriva el término erótico, pero no solamente hace alusión al amor carnal, lo erótico es el deseo por alcanzar lo inalcanzable, es la presencia en la ausencia. Estar habitado por el ser amado en su ausencia física. La philía es un amor calmo, el amor de la amistad y la familia.
Existen por otra parte, dos divinidades menores relacionadas con el amor. Una es Philotes, el amor carnal, el amor físico. Otro es Anteros, el amor recíproco, el amor correspondido.
Eros es el dios universal del amor, el más grande de los dioses, hace posible la vida, genera vida. Pero nunca ha sido personificado. En Grecia no existen templos para Eros, sí para los otros dioses.
La primera personificación del amor es la de Afrodita (que significa espuma del mar), es la diosa del amor. Esto significa que la primera personificación del amor es una mujer, el amor se hace humano a partir de lo femenino. Platón distingue entre dos afroditas, la terrestre (el vulgo) y la celeste (la areté).
El verdadero amor es aquel que trasciende el cuerpo, la materia; es el que permanece en el tiempo a pesar de las adversidades y de las imperfecciones. Es lo que hoy se difunde como “ amor platónico ” .
La filosofía como amor a la sabiduría: Retomando lo expuesto brevemente en el punto 1, podemos pensar al amor como condición de posibilidad de la filosofía, no ya en un sentido kantiano de lo independiente de la experiencia, sino como lo constitutivo a la naturaleza del filosofar.
La filosofía es esa búsqueda de un saber (de una verdad) sin objeto, es en cierto modo un no lugar, es deseo por lo que está ausente y nunca puede llegar a presentarse de manera absoluta a nuestros sentidos y nuestro entendimiento.
Amor como fuerza originaria que posibilita el filosofar como acción y como un dios sin personificación. Alfonsina Storni dice en uno de sus poemas ... Mi corazón es como un dios sin lengua... la lengua de la filosofía, la que posibilita la palabra es esta instancia originaria de la puesta en acto del lenguaje filosófico a partir de la locura divina, del estar fuera, sin lugar, en una instancia sin personificación alguna, sin cuerpo, sin imagen. Puro deseo, lanzado desde el misterio de la existencia, desde la incompletud del ser.
El corazón de la filosofía es esa inquietud por lo no sabido, por lo no hallado, por la ausencia de un saber sin género ni especie.
¿Acaso la verdad es masculina o femenina?, ¿el saber puede personificarse desde lo sexuado?, ¿la palabra un vacío infinito que se completa infructuosamente en el concepto?.
El amor como fuerza (¿pulsión?), como divinidad imaginaria e imperfecta, como locura, es la llama que aviva la energía del pensamiento y la acción filosofante. Storni concluye en su poema ... yo necesito un sol que me disuelva...
UN SOL
Mi Corazón es como un dios sin lengua,
Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo amor fue magro,
Que todo amor lo conocí con mengua.
He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.
Amor que fructifique mi desierto
Y me haga brotar ramas sensitivas,
Soy una selva de raíces vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.
¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.
¿En dónde está el espíritu sombrío
De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.
¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.
Alfonsina Storni.
El sol de las ideas platónicas es una forma de resolver el problema de lo múltiple, la vocación por el uno que anula toda diferencia. Pero ¿es posible pensar políticamente sin la diferencia?.
El amor como philía es la metáfora de la convivencia, y no hay convivencia posible sin la multiplicidad de rostros que habitan el symposium, es que bebiendo juntos hacemos la filosofía como un programa colectivo, como diálogo en el que debe imponerse lo genérico como experiencia de la humanidad.
Amar es dar lo que no se tiene... afirma Lacan; en el sentido del filosofar, es dar un saber que se sabe perspectivo e incompleto, que no escapa de la inconsistencia propia del devenir humano; es este oficio de dar como ofrenda, como herencia aquello que se sabe siempre en camino sin puerto ni meta absolutas.
Y es dar lo que no se tiene porque, como locura divina, nos transforma al punto de hacer y decir aquello que en otro temple de ánimo sería imposible.
La posible imposibilidad del filósofo radica en esta continua transformación, arrojada desde lo divino, que lo hace humano, genéricamente humano, ni femenino ni masculino.
Badiou dice que: « Es lo que ya dejaba presentir Platón, cuando indicaba que su famoso prisionero evadido de la caverna y encandilado por el sol de la Idea, tenía como deber volver a la sombra y hacer que sus compañeros de servidumbre se beneficien de aquello que, en el umbral del mundo oscuro, lo había capturado » (Badiou, A. La Ética. Pág. 136).
Luego agrega: « Hemos evocado este tema (de la verdad) a propósito del 'retorno' del prisionero de Platón a la caverna, que es el retorno de una verdad hacia los saberes. Una verdad 'agujerea' los saberes, es heterogénea a ellos, pero es también la única fuente conocida de saberes novedosos. Diremos que la verdad fuerza los saberes » (Badiou, A. Obra citada. Pág. 144).
Ser dos o no ser dos, he aquí la cuestión: Badiou afirma que “ la amistad es un amor calmo y el amor una amistad excesiva ” . El amor es la experiencia de ser dos, por lo cual se rompe el uno. El uno de lo genérico, de la experiencia de la humanidad.
“ Creo que la distinción entre la amistad y el amor es más bien de proyecto, más que de intensidad y afectos. La amistad es una suerte de intercambio a propósito de la experiencia del mundo, una manera de ser compañeros en la experiencia del mundo, y la elección del amigo se hace en esa dimensión, mientras que el amor es realmente una experiencia de la dualidad, de la diferencia. El amor, como proyecto, se refiere a qué es ser dos. Por otra parte, puede haber un grupo de amigos, puede haber tres, cuatro amigos que salen a pasear, a tomar algo y charlar juntos; en general, en el amor, son dos. Entonces, hay una diferencia, pero no me parece una diferencia tan radical. En el fondo, podríamos decir que la amistad es un amor calmo, mientras que el amor es una amistad excesiva. Pero son cuestiones más de tensiones que de diferencias cualitativas ” .
El amor ¿es dos o es tres?; la pretensión neurótica es ser el Uno del Otro, excluidos del tres. Lacan nos recuerda en el Seminario 21 que el amor son dos medios “ decires ” que no se recubren.
La tensión que existe entre el decir y lo dicho, como dos momentos constitutivos de la verdad del sujeto de lo inconsciente, es expresada por Lacan con este concepto de « mediodecir » (mi-dire) o « decir a medias »; esto significa que la verdad del sujeto no se puede decir toda, el ocultamiento del decir en lo dicho, afecta al modo de referirse a la verdad en el análisis. El sujeto del deseo es sólo recuperable en el plano de la enunciación, y al mismo tiempo resulta inalcanzable como « decir pleno ». Esta oposición entre decir pleno y medio-decir en Lacan no es una cuestión de estilo, sino que forma parte de los postulados que surgen de una cuidadosa lectura del tema del nacimiento de la cultura en la obra de Sigmund Freud y de la teoría freudiana del incesto.
Cuando el neurótico intenta recubrir estos dos medios “ decires ” que no se recubren, se constituye lo fatal (lo trágico). Es la división irremediable (no hay remedio), pero sí hay algo que interviene a título de medio. Si el amor deviene medio, no es lo fatal, ya no es la "ate" griega, la fatalidad del destino. Tragedia pensada como el intento de superar lo imposible.
La castración no instaura una bipolaridad sexual, sino que la hace imposible; el Otro sexo no es demostrable. Instancia del malentendido entre los sexos. Hay dos sexos, ni uno ni tres, pero es posible la existencia de estos dos por el tres, el tres es cardinal, no tercero; y como dice Lacan es lo real.
Cada sujeto habla desde el lugar que lo marca y que lo orienta, en el ideal de su sexo, con lo cual habría dos lugares desde donde el sujeto habla; por ende la interpretación analítica estará orientada tanto del lado Uno (fálico) como del lado Otro.
La interpretación hace un corte de lo verdadero a la verdad, es decir que modo la interpretación toca lo real.
Esto opera en transferencia que como dice Lacan revela la verdad del amor.
La experiencia del amor divide, rompe el Uno para ser padecido en el dos pero aquí se presenta la arrogancia del deseo de restituir a los amantes en una unidad originaria.
Como lo expone Platón en El Banquete:
“(...) Antes la naturaleza humana era muy diferente de la que es hoy. Al principio había tres clases de hombres: los dos sexos que subsisten aún, y un tercero opuesto de ambos. Este ha sido destruido, y lo único que queda de él es el hombre. Este animal formaba una clase particular, y se llamaba andrógino, porque reunía el sexo masculino y femenino; pero ya no existe, y su nombre es actualmente oprobioso (...) La diferencia entre estas tres especies de hombres procedía de sus principios. El sexo masculino era producido por el Sol; el femenino por la Tierra, y el compuesto de los otros dos por la Luna, que participa de la Tierra y del Sol. Conservaban de estos principios su forma y su manera de moverse, que es esférica. Sus cuerpos eran robustos y vigorosos, y su valor, elevado, lo que les inspiró la audacia de subir hasta el Cielo y combatir contra los dioses (...) Júpiter examinó con los dioses el partido que había que tomar. El asunto no se presentaba sin dificultades. Los dioses no querían aniquilar a los hombres, como antes a los digantes, fulminándolos, porque entonces el culto y los sacrificios que los hombres les ofrecían habrían desaparecido; pero, por otra parte, no podían tolerar semejante insolencia. En fin, después de largas reflexiones, Júpiter se expresó en los términos que siguen: ' Creo haber encontrado -dijo-, un medio de conservar a los hombres y tenerlos muy sujetos; este medio consiste en disminuir sus fuerzas. Los separaré en dos y así serán más débiles y tendremos, además, otra ventaja, que será la de aumentar el número de los que nos sirven (...) ' .
Después de esta declaración, el dios efectuó la separación que había dicho (...) Mandó después a Apolo que curase las heridas y que colocase el rostro y la mitad del cuello del lado en que se había hecho la separación, para que a la vista de estos castigos fuesen más modestos. Apolo puso el rostro del lado indicado y recogió la piel cortada sobre lo que hoy se llama vientre, dando la unión a la manera de una bolsa que se cierra, no dejando en medio más que una abertura que se llama ombligo. En cuanto a los demás pliegues, que eran en gran número, los alisó y formó el pecho, con un instrumento semejante al que usan los curtidores para pulimentar el cuero de los zapatos sobre la horma, dejando sólo algunos pliegues sobre le vientre y en el ombligo, como recuerdo del antiguo castigo. Hecha esta división, cada mitad buscaba encontrarse con la que le correspondía y, cuando se juntaban ambas, se abrazaban con tal ardor, con el deseo de recobrar su antigua unidad, que en ese abrazo perecían de hambre y de inanición no queriendo hacer nada el uno sin el otro (...) De ahí proviene el amor que, naturalmente, tenemos unos por los otros; nos devuelve a nuestra naturaleza primitiva, hace todo lo posible por reunir las dos mitades y por devolvernos a nuestra antigua perfección...” (Platón. Obras Completas. Pág. 575).
El destino humano cuando está fijado por los dioses es la encerrona trágica, lo inevitable. La tragedia griega es la expresión literaria de este destino sin salida, sin solución posible.
El amor como locura divina, enviada por los dioses, es en cierto modo la expresión del Otro que envía la posibilidad de transformación. ¿Es este el sentido que guarda la etimología de la palabra filosofía?.
Para Badiou la filosofía es como un amor sin objeto, en consecuencia, el filósofo se comporta como un enamorado sin amada, un amante en espera.
Pensar filosóficamente el presente
La filosofía, al menos aquella que tengo en cuenta,
no encuentra ningún punto de partida interesante
en la consideración de las víctimas,
ni tiene la menor intención de tomar como acontecimiento
del pensamiento filosófico la acumulación de desastres
con los que se teje la historia de la humanidad
desde hace milenios.
Alain Badiou.
La filosofía ha sido definida en el transcurso de su historia de diversas maneras: como actitud, como pensamiento, como acción, como lenguaje.
Esta necesidad de definirla se debe a su propia naturaleza teñida de múltiples aspectos que hacen a su complejidad, podemos señalar -a modo de ejemplo- las diferentes posiciones frente al mismo problema; el debate entre autores que comparten un espacio y un tiempo definidos; desafíos de época junto al peso de las tradiciones. En un intento más contemporáneo, que rechaza el anuncio del fin del relato filosófico, nos conduce a pensar su condición.
La condición de la filosofía, siguiendo el propósito de Alain Badiou, me lleva a plantear el problema en plural, es decir, a las condiciones.
Entiendo que el concepto de condición nos acerca tanto a lo que hace posible algo, lo posibilita; como a lo que lo condiciona, lo limita.
En esa tensión que existe entre lo que posibilita y limita al mismo tiempo está planteado este problema, que intenta a su vez pensar, interrogar las condiciones de la filosofía -tanto en su punto de partida como en su punto de llegada-, admitiendo que este último es -en definitiva- un punto de fuga.
Como partida, el comienzo de la filosofía, su posibilidad, es inmanente, inseparable de su razón de ser, de concebirse a sí misma. Al considerar más de una condición de la filosofía, estoy aceptando que la posibilidad de la filosofía no se anuda a un aspecto, sino que se reparte en una multiplicidad.
Como llegada, el arribo de la filosofía se transforma en un punto de fuga, una dispersión que conduce a las interrogaciones de las que no puede escapar; es de este modo que los sistemas filosóficos clausurados en su síntesis, han sido desmembrados por sus seguidores o detractores.
Si lo propio de la filosofía es abrir la interrogación al límite de interrogarse sobre sí misma, esa afirmación (es) o esa negación (no es) se suspende en la pregunta, queda en suspenso, sospechada.
En la afirmación: “ la filosofía es pensar “ , anida la interrogación: ¿qué es pensar filosóficamente?, la afirmación se pierde en la interrogación; cada pregunta remite a otra y al mismo tiempo cada respuesta queda suspendida en nuevas interrogaciones.
En esta puesta en juego se apuesta, se juega el destino del filosofar, del pensar. Toda actitud inicial marca un rumbo pero a su vez en ese caminar, transitar la respuesta, se gestan las consecuencias del pensamiento filosófico.
Esta puesta en acto de pensar las condiciones nos conduce principalmente a las consecuencias políticas de pensar filosóficamente, ¿qué significa pensar filosóficamente el presente?. En la gravedad de esa interrogación, gravita y se agrava la posible salida; si es que la respuesta es una salida o un alertarse ante lo real.
Arriesgar una conjetura de esta naturaleza, nos deja situados ante el siguiente desafío: mostrar que pensar filosóficamente nos conduce a pensar políticamente la situación actual.
La afirmación heideggeriana “ todo lo grave da que pensar ” se consume en su conclusión “ lo grave de nuestra época es que todavía no pensamos ” , es mi intención completar esa frase al decir que lo grave de nuestra época es que no pensamos políticamente.
Pensar políticamente significa advertir el peligro de un pensamiento que puede llevarnos al nazismo; algo que el mismo Martín Heidegger no podía admitir, razón por la cual su afirmación queda suspendida en la pregunta ¿qué significa pensar?
“Todo lo grave da que pensar. Mas este don lo confiere siempre y solamente en la medida que lo grave es ya de por sí aquello que ha de ser pensado. De aquí en adelante lo llamaremos aquello que, por haberlo sido siempre y en primer lugar, continúa siendo lo que ha de ser pensado: lo gravísimo. ¿Qué es lo gravísimo, y cómo se manifiesta en nuestra época grave? (...) Lo gravísimo de nuestra época grave es que todavía no pensamos” (Heidegger, M. ¿Qué significa pensar? . Págs. 10-11).
El tiempo presente posibilita al pensamiento filosófico y también lo condiciona. Las problemáticas de este momento histórico nos marcan un camino para interrogar la época y al mismo tiempo interrogarnos como sujetos políticos.
Pensar, por ejemplo, las patologías de consumo, las adicciones, las pol&iac